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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDentro de menos de un mes, tendremos la excepcional visita del papa León XIV al Uruguay. Se repite la ilustre y notable visita que tuvimos en 1987 y 1988 del papa (hoy santo) Juan Pablo II a nuestro país, por todos recordada, de la cual queda como testimonio la cruz en el sitio donde celebró la misa entonces.
Para calibrar la magnitud de la visita del papa, alcanza solo con pensar que es el líder espiritual de 1.300 millones de personas, es decir, 1/6 de la humanidad. No existe otra persona en el mundo que pueda tener estas características de trascendencia.
Y viene a un país como el Uruguay, de tan solo 3,4 millones de almas, pues fue invitado oficialmente por el presidente Yamandú Orsi cuando estuvo con él en Roma. Un país que, como dicen muchos, es el menos religioso, el más secularizado de América Latina.
Antes, el papa León XIV ha estado en España y Francia, dos países europeos de gran tradición cristiana, pero actualmente también fuertemente secularizados. Sin embargo, en Francia se movilizaron 800.000 personas para seguir al papa, y en España se repitió un fenómeno similar. Basta haber visto los videos de su ingreso al estadio Bernabéu del Real Madrid, donde lo esperaron 80.000 jóvenes que lo ovacionaron como si fuera una superestrella deportiva.
Acá en Uruguay, los medios de comunicación, forjadores de opinión al igual que las redes sociales, se han referido pobremente y solo de manera tangencial a tan tremenda y trascendental visita. Repetimos el concepto de que no hay persona en el mundo que pueda compararse a lo que significa el papa.
Puede ser, con toda probabilidad, que en este Uruguay secularizado haya personas que rechacen, hasta profundamente la visita papal. Hasta hay algunos que con un argumento mezquino y falaz manifiestan que se “gasta demasiado” en su venida, como si no se despilfarrara en otros eventos mucho más banales e intrascendentes.
Aún recuerdo cómo en 1987 y en 1988 el entonces presidente, Julio Sanguinetti, estuvo en todos los detalles, y salió por cadena nacional a destacar la importancia de la venida de Juan Pablo II. Acá en Salto, ciudad en la que resido desde hace 41 años, tenemos las fotos de su presencia al lado del entonces intendente, Malaquina, observando cada detalle del hermoso quinchado que se construyó en el lugar del altar donde celebró misa el papa.
Cabe entonces esperar que, al igual que hace 38 años, ahora el pueblo oriental, siempre hospitalario y acogedor, sepa manifestar su alegría y gratitud a tan digno y augusto visitante, que nos hace el inmenso honor de venir nuestro querido paisito.
Dr. Carlos María Schroeder Gastelumendi