Fue Diego Aguirre el mismo director técnico que en 2011 lideró a Peñarol para llegar a la final de la Copa Libertadores, donde fue derrotado por Santos de Brasil. Desde entonces, solo Defensor Sporting fue capaz de llegar a una semifinal de este torneo, en 2014. En cuanto a la Copa Sudamericana, el otro campeonato continental anual, el único en alcanzar las semifinales fue Peñarol en 2021, dirigido por Mauricio Larriera. No es casualidad, entonces, que en ese lapso vuelvan a conjugarse los nombres Peñarol, Aguirre y Libertadores.
Vida, corazón, entrega, emoción, magia y ángel son algunos de los términos que se escuchan en estos días para explicar por qué Peñarol vuelve a codearse con la élite del continente: la historia de la institución, la fuerza de sus hinchas, la mística de Aguirre... Hay sin embargo algo más concreto y tangible que impulsó el director técnico para alcanzar este éxito: el orden al plantel, el convencimiento a los jugadores y la estrategia deportiva. Tres conceptos con los cuales, al igual que en 2011, Peñarol y Aguirre rebaten los pretextos y el abatimiento con el que futbolistas, entrenadores y dirigentes uruguayos enfrentan las competencias de clubes sudamericanos desde hace casi cuatro décadas.
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Maximiliano Olivera, capitán de Peñarol, tras la clasificación obtenida contra Flamengo
Confederación Sudamericana de Fútbol
¿Cuáles son las claves de Peñarol?
El 4-4-2 fue la figura elegida por Aguirre para sorprender a Sudamérica y definir en 2011 la Copa Libertadores contra el Santos de Neymar, Elano, Danilo, Ganso y Arouca. Hoy el esquema cambió a un más moderno 4-2-3-1, aunque con las bases de juego prácticamente iguales. Peñarol es un equipo vertical y con un contragolpe pulido, que se siente cómodo dándole el protagonismo al rival, tiene una pelota quieta muy peligrosa y un ataque sostenido en las bandas, con dos laterales y dos extremos que trabajan las puntas durante 90 minutos. Busca de manera consciente los pelotazos a espaldas de laterales y mediocampistas rivales, espacios a los que sus extremos van continuamente.
En defensa apela a la altura para defender el juego aéreo y muy excepcionalmente abandona la solidez y la comodidad de la línea de 4. “Era una posibilidad porque ya lo habíamos hecho en Bolivia, pero en ningún momento lo planteamos para este partido”, dijo Aguirre sobre la desestimada chance de jugar con una línea de 5 de defensores contra Flamengo en Río de Janeiro por el partido de ida de los cuartos de final. Peñarol tampoco defiende encerrado en su área porque es un equipo con una presión disciplinada, que varía según el momento pero suele ser constante, y de una intensidad abrumadora en ciertos lapsos como el inicio del partido.
Aquí se esconde quizás la gran base del equipo: el físico. No es un elemento inventado por Aguirre, pero sí olvidado por muchos entrenadores uruguayos, pese a que en 2011 Aguirre mostró la fórmula y a que la propia selección nacional juega desde 2006 sobre la base de ese pilar. Óscar Washington Tabárez antes y Marcelo Bielsa ahora han insistido en que el ritmo físico es la única manera en que el futbolista uruguayo puede jugarles de igual a igual a rivales de la misma capacidad física pero con mayores recursos técnicos. Bielsa, incluso, repite en sus conferencias de prensa la importancia que le da a este factor: “¿Cuál es el peso ideal de un jugador? Para mi gusto es aquel con el cual un jugador ha transcurrido un período de tiempo suficientemente prolongado con actuaciones satisfactorias. Tengo una planilla donde veo rendimiento físico, futbolístico y el peso. Si veo que tiene un buen nivel futbolístico en un período de tiempo, se lo comento”, explicó por ejemplo la semana pasada al discutir el intercambio que tuvo con el delantero Luciano Rodríguez sobre los kilogramos que añadió a su cuerpo —y que según Bielsa lo perjudicaron— desde que se fue en julio de Liverpool al Bahía de Brasil.
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Los mitos que derriba Peñarol
Con el estado físico como emblema, Aguirre rompió varios mitos en este camino a semifinales de la Copa Libertadores. Uno de ellos es la supuesta necesidad de un plantel apalancado en futbolistas de trayectoria, con recorrido en el extranjero y en selecciones nacionales, más cerca del final que del comienzo de su carrera, que oficien de líderes dentro y fuera de la cancha. Entre los titulares indiscutidos de Peñarol muchos son uruguayos con carreras más discretas que rutilantes, incorporados a inicios de año bajo el ojo del entrenador sin llamar la atención de propios ni de extraños: Washington Aguerre, Javier Méndez, Eduardo Darias, Javier Cabrera, Maximiliano Silvera y Guzmán Rodríguez, por ejemplo.
El gran fichaje de 2024 y el mejor jugador del equipo es Leonardo Fernández. Se trata del futbolista con el sueldo más alto del fútbol uruguayo y “el más caro de la historia de Peñarol”, según dijo en julio el secretario general del club, Edgardo Novick. En aquel momento Peñarol renovó el préstamo con Toluca de México —institución a la que Fernández pertenece— por un monto de alrededor de US$ 80.000 al mes hasta diciembre. Aun pese a su talento, Fernández, de 25 años, llegó a Uruguay en enero tras un periplo sin destaque en el exterior, donde integró cuatro equipos distintos en cuatro años.
Aguirre definirá la Copa Libertadores con un plantel sin excesiva calidad ni tampoco cantidad. Peñarol peleará tanto el torneo continental como el Campeonato Uruguayo con una rotación relativamente baja, contra la extendida teoría del fútbol uruguayo de que para competir en más de un frente son necesarios dos equipos del mismo nivel. Además de las semifinales de la Copa Libertadores, el club ganó el Torneo Apertura, fue finalista del Torneo Intermedio, es escolta del Torneo Clausura y lidera la tabla anual.
De la Copa AUF Uruguay se retiró por diferencias con el Comité Ejecutivo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Y aquí está otro de los mitos que Aguirre tiró abajo: lograr éxitos deportivos pese al clima político. El presidente de Peñarol, Ignacio Ruglio, ha sido crítico de la gestión de Ignacio Alonso al frente de la AUF e integra un grupo de instituciones respaldadas por Tenfield que buscan quitarle influencia a Alonso y lograr, entre otras cosas, que la empresa de Francisco Casal renueve en diciembre de 2025 el contrato por los derechos de transmisión de la liga local. En esta lucha está también involucrada la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), organizadora de la Copa Libertadores y afín a Alonso.
Además del frente externo, desde el año pasado Ruglio debe lidiar con fuertes cuestionamientos internos que surgieron en la campaña presidencial en la cual fue reelecto en noviembre de 2023. Evaristo González, actual consejero de la institución, es uno de sus habituales críticos. También lo han sido leyendas del club como Mario Saralegui, grupos de socios, periodistas partidarios e incluso un dirigente de fuste como el expresidente Juan Pedro Damiani. “Peñarol es así. Yo siempre apuesto a eso: a la unión”, respondió Damiani en rueda de prensa el martes pasado, luego de que Peñarol empatara con Flamengo 0-0 por la vuelta de los cuartos de final para sellar su clasificación a la próxima ronda de la Copa Libertadores.
Se refería a un abrazo que le había dado segundos antes a Ruglio. Damiani, quien fue el presidente en la campaña internacional de 2011, sabe que los logros deportivos disipan toda diferencia política, al menos momentáneamente. Y también sabe de la capacidad de Aguirre y de la historia de Peñarol. “A pesar de lo que todos decían de la diferencia de presupuesto, no tiene nada que ver el presupuesto con las ganas, la ilusión y la chapa”, destacó.
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El mensaje más contundente tras la eliminación de Flamengo ante Peñarol es que, aunque existen diferencias económicas con clubes de otros países —en especial brasileños y argentinos—, estas no son suficientes para abarcar todas las justificaciones de casi cuatro décadas sin títulos internacionales para el fútbol uruguayo. Es un argumento real pero simplista repetido al unísono por dirigentes, entrenadores, jugadores, periodistas e incluso hinchas para eludir responsabilidades, evitar un análisis profundo y aceptar un destino carente de nuevas glorias, con una grandeza que solo se sostiene en el pasado.
En estos últimos 35 años hay una larga lista de equipos extranjeros ganadores y finalistas de Copa Libertadores y Copa Sudamericana con una realidad económica similar a la de Nacional o Peñarol: San Lorenzo, Vélez Sarsfield, Estudiantes de La Plata, Newell’s Old Boys, Lanús, Defensa y Justicia, Arsenal, Huracán, Tigre, São Caetano, Ponte Preta, Goiás, Universidad de Chile, Universidad Católica, Sporting Cristal, Cienciano, Atlético Nacional, Santa Fe, Junior de Barranquilla, Deportivo Cali, Once Caldas, Liga de Quito, Olimpia, Nacional de Paraguay y Bolívar.
Flamengo es la institución con más hinchas del mundo y con más dinero de Sudamérica, con salarios y contrataciones que compiten a clubes de segundo orden en Europa. Pero la plata no necesariamente significa dominio ni esconde las debilidades que pueda tener un equipo, sobre todo en Sudamérica, donde el oportunismo, la improvisación y la inestabilidad suelen ser algo más comunes que en el más organizado fútbol europeo. A mitad de este año River Plate de Argentina, otro de los semifinalistas de la actual Copa Libertadores, debió cambiar a medio equipo y contratar de nuevo a Marcelo Gallardo como entrenador ante la falta de resultados. En Flamengo, desde que comenzó el siglo pasaron 40 entrenadores diferentes y solo Vanderlei Luxemburgo en 2011 logró comenzar y terminar una temporada.
“Desde la salida repentina del entrenador Jorge Jesús en medio de la pandemia en 2020, Flamengo coquetea entre la total osadía y el populismo en la elección de sus entrenadores. Es un club que nunca dejó de estar en ebullición, incluso en las victorias. La receta del club es contratar, contratar, despedir y contratar. Es un camino no exactamente sostenible. El Flamengo no pierde por la plantilla o por el técnico, sino por la falta de una dirección clara”, escribió en una columna de Globo Esporte el periodista Leonardo Miranda, tras la eliminación con Peñarol.
Para el duelo de cuartos de final contra Peñarol, Flamengo gastó alrededor de US$ 20 millones en fichar a Michael, Alex Sandro, Carlos Alcaraz y Gonzalo Plata, los últimos tres con pasado reciente en Europa. Ninguno desequilibró, ni siquiera se destacó, en los dos partidos de la Copa Libertadores. Arribaron a un equipo de rendimiento irregular, con algunos lesionados y que desde hace meses suele fallar en partidos definitorios.
Estudioso de estas debilidades, Aguirre se las transmitió a sus futbolistas: “Nos convenció de que podíamos ganarle la serie a Flamengo, y así fue”, dijo el atacante Jaime Baéz el domingo en el programa Punto penal, de Canal 10. Porque la plata no siempre es todo en el fútbol. Y Aguirre lo sabe.