Luciano Rodríguez es una de las joyas del fútbol uruguayo. En efecto, algunos medios de comunicación y usuarios de redes sociales comenzaron a llamarlo con ese apodo, la Joya. De 21 años, formado en Progreso, comprado por Liverpool, figura de la selección sub-20 campeona del mundo y vicecampeona de América, Rodríguez puede jugar por todo el frente de ataque, tiene velocidad, pegada, precisión en la pelota quieta, uno contra uno y cierto encanto para aparecer en los momentos importantes. Hizo el gol de la final del Mundial sub-20 contra Italia disputada en 2023 y encarilló ese mismo año otros tantos goles en la recta final del primer Campeonato Uruguayo de Primera División que Liverpool ha conseguido en su historia. Fue convocado por Marcelo Bielsa a la selección mayor y empezaron a manejarse sus posibles destinos europeos: Inglaterra, Italia, España, tal vez un equipo grande de Portugal para dar los primeros pasos.
Rodríguez, después de muchos rumores, finalmente está próximo a firmar con el Esporte Club Bahía, un club de mitad de tabla de Brasil que pagará US$ 12 millones por el 70% de los derechos económicos del delantero. Un ingreso récord para Liverpool, un paso de calidad para el jugador, un negocio importante para su representante y un refuerzo de envergadura para el Bahía. En todo ese escenario, el protagonista que menos feliz está es la selección uruguaya.
Desde hace tiempo, aun antes de que Bielsa asuma al frente del equipo, desde la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) se impulsa a los futbolistas con proyección a que intenten continuar su carrera en clubes de Europa, en especial en los que participan de sus ligas más potentes. El pedido es hacia ellos y hacia sus agentes, informal y no de forma institucional, y tomó más peso con la llegada de Jorge Giordano como director de Selecciones Nacionales en 2022.
Lugares como Arabia Saudita, Catar, China, Emiratos Árabes Unidos e India, antes considerados exóticos y hasta amenazantes, se han vuelto corrientes para jugadores de todas las nacionalidades por jeques, reyes, gobiernos y compañías dispuestos a desembolsar montañas de dólares. La Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos, antes reservada a norteamericanos, centroamericanos y estrellas mundiales en el ocaso de su carrera, abrió sus puertas a jóvenes sudamericanos que despuntan en sus ligas nacionales. Canadá pretende seguir ese sendero. Argentina se mantiene como el principal destino de futbolistas uruguayos, México es el centro de compras del fútbol latinoamericano y Brasil, que tradicionalmente salió a buscar pocos pero buenos jugadores, hoy compite incluso con México al importar futbolistas de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Uruguay; los fichajes allí son tantos que incluso ocupan puestos impensados e irremediablemente brasileños como el de lateral: tres laterales uruguayos —Joaquín Piquerez, Guillermo Varela y Matías Viña— juegan en Flamengo y Palmeiras, los dos equipos más poderosos del país.
Esta nueva realidad facilita la venta de futbolistas uruguayos y aumenta los ingresos al fútbol local: el año pasado se exportaron desde Uruguay 252 jugadores por US$ 67,9 millones, según datos del Global Transfer Report presentado en enero por la FIFA. Pero a la vez restringe su entrada a Europa: el dinero que muchos de estos mercados paga en transferencias y contratos es alto —en algunas ocasiones y dependiendo del futbolista, más que ciertas instituciones de Europa— y los países son más asequibles para que los agentes y clubes coloquen a sus jugadores, ya que la exigencia deportiva es menor que la que reclaman desde Europa. También suelen ser menores los requisitos administrativos, como poseer nacionalidad europea.
Esto determina que Luciano Rodríguez, cuya proyección marcaba una posible salida al fútbol europeo, termine en Brasil. O que Fabricio Díaz, excompañero suyo en Liverpool y capitán de la selección sub-20 campeona del mundo, se haya marchado en setiembre al Al-Gharafa Sports Club de la Qatar Stars League por US$ 6,5 millones. Instituciones europeas prefieren invertir ese dinero, y montos más abultados, en otros jugadores. “Cada vez hay menos jugadores que vale la pena ver. ¿Por qué hay cada vez menos jugadores que vale la pena ver? ¿Cómo nos damos cuenta? Por los valores exorbitantes que se pagan por los que juegan bien”, sostuvo Bielsa.
A Fabricio Díaz, al igual que a Luciano Rodríguez, desde la AUF se lo intentó convencer de que fuera a jugar a Europa en lugar de a Catar, una liga con poca visibilidad y discutible nivel. “La selección uruguaya es mi prioridad. Mi objetivo es poder estar en la selección mayor. Trabajo todos los días para que eso se pueda dar”, dijo Díaz en mayo a Sport 890, tras sucesivas citaciones al plantel mayor y sub-23 que no integró.
Inglaterra, el mercado dominante de Europa y el mundo
El delantero francés Kylian Mbappé es en la actualidad una de las máximas estrellas del fútbol global. Y, pese a sus goles, títulos, galardones y una reciente transferencia al Real Madrid, también ha generado ruido por sostener, en repetidas ocasiones, que el fútbol de Europa es mejor que el de Sudamérica. “La Eurocopa es más complicada que un Mundial. Es difícil a partir de la fase de grupos porque todos los equipos se conocen y saben cómo juega cada uno, ya que nos hemos enfrentado varias veces”, dijo semanas atrás.
Más allá de las respuestas que estas y declaraciones similares le han valido de colegas argentinos y brasileños, y de hinchas de toda Sudamérica, Mbappé tiene un argumento: los grandes futbolistas de todo el mundo están en Europa e incluso la selección campeona del mundo, Argentina, tiene prácticamente a su plantel completo en ligas europeas.
Aunque destinos como Arabia Saudita, Catar y Emiratos Árabes Unidos han profundizado sus gastos en transferencias y salarios, sigue siendo Europa el nodo del sistema. De acuerdo al Global Transfer Report el año pasado los clubes profesionales de todas las asociaciones integrantes de FIFA invirtieron US$ 9.630 millones en traspasos internacionales, un aumento del 48,1% con respecto a 2022. Los clubes ingleses volvieron a ser, con diferencia, los que más gastaron: su desembolso total casi alcanzó US$ 3.000 millones de dólares. Los 10 traspasos más caros de 2023 fueron todos entre clubes europeos salvo uno: el brasileño Neymar del París Saint-Germain de Francia al Al Hilal de Arabia Saudita.
Dentro de todo este esquema de cifras récords, a la AUF le interesa que Uruguay pueda incrementar la llegada de futbolistas a Europa para poder definir torneos como la Copa América o incluso un Mundial contra selecciones cuyos integrantes se desempeñan casi al 100% en las ligas de élite.
Argentina, por ejemplo, tuvo en la reciente Copa América 2024 de Estados Unidos a 24 de 26 futbolistas pertenecientes a clubes europeos y, en concreto, a 21 que se desempeñan en las cinco ligas más relevantes: Alemania, España, Francia, Inglaterra e Italia. Solo el delantero Lionel Messi (Inter Miami CF, Estados Unidos) y el golero Franco Armani (River Plate, Argentina) no compiten en Europa, e incluso en la posición de Armani el entrenador Lionel Scaloni dejó afuera a futbolistas como Juan Musso, arquero del Atalanta de Italia, que ganó este año la Europa League, el segundo torneo continental de clubes más importante de Europa.
Uruguay tuvo en la Copa América a 14 jugadores provenientes de Europa, 10 del top five de ligas; eso lo ubicó por detrás de Argentina, Brasil (22 y 19) y Estados Unidos (18 y 14).
La diferencia de jerarquía se pudo notar en la final entre Argentina y Colombia, que fue a alargue y se definió 1-0 para los argentinos gracias a la entrada desde el banco de suplentes de Leonardo Paredes (AS Roma, Italia), Giovani Lo Celso (Tottenham Hotspurs, Inglaterra) y Lautaro Martínez (Inter de Milán, Italia), quienes construyeron la jugada del gol.
Esta diferencia entre Argentina y el resto de su competencia en Sudamérica apunta a continuar. Pese a ser campeón del Mundial sub-20, ningún integrante del plantel uruguayo fue vendido a clubes de las ligas de élite de Europa: Luciano Rodríguez fue al Bahía, Fabricio Díaz al Al-Gharafa Sports Club, Santiago Homenchenko al Real Oviedo (Segunda División de España), Andrés Ferrari al Villarreal B (Segunda División de España), Mateo Ponte al Botafogo (Brasil), Randall Rodríguez a Vélez Sarsfield (Argentina), Sebastián Bosselli a River Plate (Argentina), Matías Abaldo a Gimnasia y Esgrima de La Plata (Argentina), Mathías de Ritis a Banfield (Argentina), y Franco González e Ignacio Sosa a Peñarol. La excepción es Facundo González, que fue adquirido por la Juventus de Italia pero enviado a préstamo a la Sampdoria, de la Serie B italiana.
Argentina originalmente fue eliminada del Mundial sub-20 de 2023 y luego polémicamente clasificada directamente al Mundial por albergarlo, tras la decisión de la FIFA de quitarle la sede a Indonesia por oponerse a la participación de Israel. En el torneo Argentina mostró de nuevo su discreto nivel y quedó eliminada como local en los octavos de final. Sin embargo, el destino de su plantel es muy distinto al de Uruguay. El delantero Alejo Véliz fue transferido por US$ 23 millones al Tottenham Hotspurs desde Rosario Central; el mismo club vendió al volante Gino Infantino a la Fiorentina en US$ 3,3 millones; el Brighton & Hove Albion de Inglaterra pagó 9 millones de euros a Boca Juniors por el polivalente Valentín Barco; el mediocampista de Gimnasia y Esgrima de La Plata, Ignacio Miramón, fue vendido al Lille de Francia por US$ 8 millones; y el delantero Juan Gauto pasó de Huracán al Basilea de Suiza en US$ 4,2 millones.