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    Analista de Citibank: “Urgencia no hay”, pero la trayectoria de la deuda es “un temita”

    Ricardo Dessy resalta como un hecho positivo que el gobierno tenga “diagnosticado” el problema fiscal, aunque señala que habrá que ver si se confirman algunos de los supuestos del plan

    En el mismo análisis regional de fin de junio en el que Citibank ubicó a Uruguay en una “zona difícil” para procesar reformas, el banco proyectó que la deuda pública aumentará hasta 74,7% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2027. La combinación parece encender una señal de alerta: más deuda y, al mismo tiempo, dificultades políticas para corregirla.

    Pero Ricardo Dessy, economista de Citi Research que cubre Uruguay, Argentina y Paraguay, relativizó en diálogo con Búsqueda una lectura alarmista del informe. “Yo no estoy tan preocupado con el caso Uruguay”, afirmó.

    Citi proyecta que la deuda pública pasaría de 67,2% del PIB en 2025 a 71,3% este año y a 74,7% en 2027, mientras que el déficit fiscal consolidado se ubicaría en 4,2% del Producto este año y 3,9% el próximo.

    El informe cruzó la necesidad de controlar la acumulación de deuda con un indicador construido a partir del respaldo parlamentario de los gobiernos y la aprobación presidencial. Uruguay quedó en el puesto 13, igual que Argentina, y solo por encima de Guatemala y Perú.

    Dessy aclaró, sin embargo, que el indicador fue concebido para comparar realidades muy diferentes dentro de América Latina y no como una evaluación integral del riesgo político o financiero uruguayo.

    “Creo que quizá el error (fue que) seguramente no fuimos suficientemente claros en ese índice. Capaz que había que ponerle un nombre más como de grado de adversidad para hacer reformas radicales”, explicó. El punto, sostuvo, no es que Uruguay tenga instituciones políticamente frágiles, sino que un gobierno con márgenes parlamentarios estrechos enfrenta mayores dificultades para impulsar transformaciones importantes.

    Dessy ubicó al país dentro de una tendencia regional de fuertes alternancias políticas, aunque con una particularidad: Uruguay se movió en sentido ideológico contrario al predominante.

    Caracterizó al gobierno de Luis Lacalle Pou como “bien ortodoxo” y añadió: “Estamos viendo un giro muy fuerte, principalmente desde las izquierdas hacia las derechas; el caso Uruguay es al revés, pero también fue un giro fuerte”.

    Para Dessy, esos cambios suelen elevar las expectativas sobre las políticas que deberá implementar el nuevo gobierno. “Esos cambios requieren hacer cambios de políticas radicales muy fuertes, y eso es muy difícil cuando tenés un congreso sin la mayoría (…) o tenés erosión en la imagen pública”, señaló.

    Ese es el sentido que, según el analista de Citi, debe darse a la “zona difícil” en la que el informe colocó a Uruguay junto con Colombia, Brasil y Panamá.

    Lo que mira el mercado

    Para Dessy hay, de todos modos, un indicador más directo para saber si los inversores realmente comienzan a desconfiar de la deuda uruguaya: cuánto rendimiento exigen para prestarle al país. Hasta ahora, sostuvo, esa señal no muestra una preocupación equivalente a la que podría desprenderse de una lectura aislada del ranking.

    Él atribuye buena parte de esa confianza a la fortaleza institucional de Uruguay y, en particular, a la forma en que procesa sus diferencias políticas. “Hay organizaciones o países que tienen instituciones muy sólidas y preparadas para que esas diferencias de opiniones se resuelvan dentro de ese conjunto de instituciones. Y eso es Uruguay”, afirmó.

    Utilizó como ejemplo el reciente debate previsional. En otros países de la región, dijo, una discusión de ese tipo podría provocar un movimiento inmediato del riesgo soberano; “en Uruguay ni eso se movió”.

    Esa apreciación coincide con un reciente análisis de Citi recogido por Búsqueda, en el que el banco destacó la “continuidad institucional” del proceso de discusión de la reforma previsional y el mantenimiento de salvaguardas para preservar su sostenibilidad.

    “Yo soy muy optimista con Uruguay a mediano plazo”, agregó Dessy.

    “Urgencia no hay”

    Ese diagnóstico explica por qué tampoco considera que el aumento proyectado de la deuda coloque a Uruguay frente a una emergencia fiscal. “Urgencia no hay, para salir corriendo no es, pero tenés un temita”, resumió.

    Su argumento es que el gobierno reconoce el desequilibrio y cuenta con una estrategia para intentar corregirlo. “Mucho peor que estar enfermo es estar enfermo y no saberlo”, afirmó. Y agregó: “¿Me preocupa la dinámica fiscal para el actual nivel de endeudamiento de Uruguay? No. ¿Por qué? Porque lo tiene diagnosticado”.

    Dessy valoró que el gobierno disponga de un plan para bajar el déficit, aunque introdujo una cautela sobre algunos de los supuestos utilizados para conseguirlo, como una mayor eficiencia de la recaudación y el crecimiento de la economía.

    La lectura tiene un matiz importante: que no exista una urgencia inmediata no significa que la trayectoria de la deuda pueda ignorarse.

    Un “barquito chico”

    La vulnerabilidad que más preocupa a Dessy surge de la combinación entre esa trayectoria fiscal y un eventual deterioro de las condiciones internacionales de financiamiento.

    El escenario base de Citi todavía contempla una reducción de la tasa de interés de Estados Unidos hacia fines de este año. Pero el economista planteó qué podría ocurrir si la incertidumbre internacional y las presiones sobre la energía y los transportes persistieran el tiempo suficiente como para mantener las tasas más elevadas.

    “Si sube la tasa de interés, ahí es donde estamos complicados”, afirmó. Para Uruguay eso podría significar una salida de capitales hacia activos de economías desarrolladas, menos recursos disponibles en los mercados locales y un costo de financiamiento mayor.

    El problema adquiere una dimensión adicional porque los propios países desarrollados mantienen déficits elevados y grandes necesidades de financiamiento. Eso obliga a economías pequeñas a competir por capital en un mercado donde los grandes emisores demandan cada vez más recursos. Dessy graficó la exposición de países como Uruguay con una metáfora: “Somos barquitos chicos (…). Después de una tormenta, por más que tengas el mejor marino del mundo arriba de la embarcación, se puede complicar”.

    Y allí aparece el límite de la reputación acumulada por el país. “El colchón de los países como los nuestros, chicos, es finito, cuidado”, advirtió.

    Qué podría cambiar la mirada

    La otra amenaza que el economista de Citibank identifica no viene del exterior. Ante la pregunta de qué tendría que ocurrir para que la confianza que conserva Uruguay comience a deteriorarse, apuntó a una eventual ruptura de la disciplina fiscal y actuarial, que, a su juicio, el país ha preservado.

    Volvió a utilizar el debate previsional como ejemplo. Una flexibilización de la edad de retiro no necesariamente supone un problema si los beneficios se ajustan de forma consistente con los aportes realizados. Lo que sí modificaría la evaluación sería desconocer esa restricción.

    “Si perdiera esa solidez actuarial, esa responsabilidad fiscal, esa visión intertemporal del balance entre recaudación y gasto (…), podría ser malo para la deuda del gobierno”, afirmó.

    No es el escenario que considera más probable. Hasta ahora, señaló, las diferencias sobre las reformas han continuado procesándose a través de negociaciones.

    Uruguay mantiene además problemas estructurales de productividad y competitividad, un diagnóstico que Citi ya había marcado previamente. Pero, para Dessy, esa no es hoy una crisis de confianza ni una urgencia de deuda.

    La advertencia es más acotada: el país conserva crédito, reputación e instituciones, pero proyecta una deuda creciente en un escenario internacional que podría volverse menos benigno.