Hasta hace pocos meses, la vida de Juan Ignacio Dorrego y la de su familia estaba armada fuera del país; trabajaba como investigador y docente en la Universidad de Linz, en Austria, y también en Europa se graduó como magíster en Estudios de Desarrollo (Universidad de Londres) y obtuvo un doctorado en Gestión, Finanzas y Contabilidad (Universidad Carlo Cattaneo, Varese). Decidió volver al país y sumarse a la generación de profesionales rondando los 40 años incorporados a los equipos del gobierno de Yamandú Orsi, convencido de que, puesto al frente de la Agencia Nacional de Desarrollo (Ande), puede contribuir a mover la aguja en materia de productividad —en particular de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), que son la gran mayoría—, a potenciar el desarrollo con un enfoque de regiones y sustentable en lo ambiental, y a apuntalar ciertas cadenas o sectores que “traccionan la economía”. En ese sentido, pretende que la Ande juegue un rol distinto al que tuvo en la administración pasada, cuando, según él, ejecutó “prácticas incluso asistencialistas”.
—La agencia comenzó su actividad en 2015 con una vocación desarrollista, una mirada más amplia del desarrollo, y la necesaria atención a emprendimientos, micro, pequeñas y medianas empresas. Durante el último período adoptó un enfoque con prácticas incluso asistencialistas en estos segmentos empresariales, de intervención y atención directa. Uno puede decir que tuvo que ver con el momento histórico y un período de gobierno que, sobre todo en un comienzo, estuvo atravesado por la pandemia y, entonces, que había cierta necesidad de sostener algunos sistemas productivos. También tuvo que ver con una forma de entender la necesidad de estas empresas y una visión de país.
—¿Dice que la agencia tuvo un enfoque asistencialista en el período pasado?
—Es mi interpretación sobre eso…
—¿Le parece que el asistencialismo es algo propio de un gobierno encabezado por los blancos?
—Cuando uno mira la forma de hacer política pública en los territorios que tiene el Partido Nacional... Los gobiernos departamentales tienen una forma muy similar de trabajar, esa intención de llegar a muchos beneficiarios, independientemente de si la iniciativa, el proyecto, el programa realmente va a tener un impacto de fondo en generar mejores condiciones para un entorno, para la sostenibilidad de ese proyecto empresarial y de una comunidad productiva. A nuestro entender, estos son de los grandes temas de los cuales se dejó de hablar, de pensar, de discutir. ¿Queremos realmente mover la aguja en materia de productividad de las empresas? ¿Hay un rol potente en materia de desarrollo territorial? Cuando tenés una institución con la potencia de la Agencia Nacional de Desarrollo, por su equipo, por su estructura, porque opera con el dinamismo del derecho privado, debiéramos apostar a levantar la mira.
—En ese sentido, ¿pretende una vuelta a la lógica más desarrollista de los orígenes de la Ande?
—No una vuelta a, pero sí está claro que esta agencia sí apuesta a trabajar en los grandes o importantes desafíos que tiene Uruguay en cuanto a mejorar la productividad, mejorar la competitividad, velar porque eso tenga un reflejo en las distintas regiones o territorios del país. En definitiva, sí, es hacerse cargo de ese apellido referido al desarrollo. Luego, esto se tiene que dotar de instrumentos o de una estrategia que le ponga carne a algo que ideológicamente se describe de esta manera. En ese camino estamos.
—Para muchos, la Ande en el período pasado fueron los créditos con garantía SiGa potenciados durante la pandemia o los Centros Pymes extendidos por el país. ¿Cómo espera que sea visualizada en este gobierno?
—Primero, a Carmen Sánchez, la anterior presidenta, le reconozco su trayectoria y que conoce del tema de micro, pequeñas y medianas empresas porque ha dedicado su vida profesional a eso. Entonces, la visión, de acuerdo o no, la valoro. Ahora, las cosas que menciona en la pregunta fueron una insignia de la agencia durante el período pasado; nosotros, al levantar la mira, vemos tres grandes ejes y un cuarto, que es transversal.
—¿Cuáles son?
—Un primer eje es mover la aguja e impactar el sistema de ciencia, tecnología e innovación —y esto es un mandato presidencial—. Ahí el país presenta desafíos importantes; tenemos un rezago en materia de inversión que, según el ministro de Economía, marca que debiéramos invertir más del 20% del Producto Bruto Interno.
Otro cometido es hacer que los instrumentos con los que hoy cuenta el Estado uruguayo, las agencias públicas y algunos ministerios de la producción articulen más y mejor con un sentido de adicionalidad. Sin ir más lejos, y bien alineado con algunas de las últimas medidas que presentó el Ministerio de Economía y Finanzas, está el desafío de internacionalizar las pymes. Eso es un trabajo que no puede y no debe hacer la Ande por sí sola, más allá de que nuestra sustancia sea trabajar con esos segmentos empresariales. Es una iniciativa que estamos llevando adelante con (el Instituto) Uruguay XXI, en fase de diseño, con la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, y hay una supervisión técnica que facilita ese trabajo del programa Uruguay Innova.
Otro eje estructurante es que el país tiene un acumulado importante en estudios que han identificado aquellas cadenas de valor o sectores productivos que son prioritarios, que traccionan la economía, luego de un período anterior en el que la agencia no priorizó sectores de actividad. Ahora, en el marco de las restricciones presupuestarias que invitan a ser extremadamente eficientes en la inversión o en el gasto público, es necesario priorizar, identificar o de alguna forma seleccionar esas cadenas de valor.
—¿Cuáles?
—Estamos ahora en un proceso de definición estratégica que va a terminar en pocas semanas. Van a ser cinco o seis: forestal-madera-celulosa; el turismo como cadena de valor; las biotecnologías y las ciencias de la vida, tanto humana como animal; los alimentos, entendidos como una cadena que tracciona, y la cultura y las industrias creativas. Tanto las personas que están emprendiendo como quienes lideran una micro, una pequeña o una mediana empresa debieran ser beneficiarios y partícipes del desarrollo de esas avenidas de crecimiento.
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El presidente de la Ande, Juan Ignacio Dorrego
Mauricio Zina/adhocFOTOS
—¿Qué otros ejes estratégicos tendrá la Ande presidida por usted?
—Otro es el despliegue territorial; cuando pensamos el desarrollo, que sea en clave regional. ¿Por qué? Porque la caracterización productiva de nuestro país tiene cara de región. La producción forestal-madera-celulosa podría identificarse con el eje norte de ruta 5, en Durazno, pero también hacia Treinta y Tres y Cerro Largo. Si se habla de turismo, podemos pensar en una región más sur, Colonia y Rocha en su zona oceánica, pero también hay una región termal o de turismo minero en Artigas, Rivera y Tacuarembó. En definitiva, pensar en regiones, para Ande, es hacer un eficiente uso de esa capilaridad que tiene a través de los 24 Centros Pymes.
El cuarto eje estructurante refiere al desarrollo sustentable, sobre el cual se habla mucho, pero raramente lo tomamos con la seriedad o con las implicancias que conlleva; creemos que debe ser una insignia de este período. Parte de la digitalización de las pymes tiene que estar dirigida a la sustentabilidad. Además, queremos instalar una vigilancia permanente en que los instrumentos que desarrollamos incorporen esta dimensión; también eso requiere una vigilancia interna, para que la Ande se convierta en una agencia de desarrollo de sustentabilidad, pensando eso en cómo compramos, cuáles son nuestros proveedores, qué niveles de digitalización manejamos, la presentación regular de reportes de sustentabilidad.
—Antes se refirió a la productividad como un desafío para el país. La Encuesta Nacional de Microempresas de 2022, publicada por Ande este año, señala que sus resultados exponen un “relato alejado de la visión de emprendedores ambiciosos” y “propietarios de empresas dinámicas con grandes capacidades de generación de empleo”. ¿Cuál es el perfil del empresario de reducido porte?
—El país va a tener que pensar alternativas en la atención a empresas que, en realidad, refieren más a una condición de autoempleo que a un carácter empresarial en sí mismo. Parte de la estrategia (de la agencia) de los últimos cinco años, de alguna forma, fomentó eso.
También es importante trabajar no solamente con las empresas, sino con las formas asociativas de empresas y fomentar la innovación para mejorar, por ejemplo, en materia de productividad laboral. Un estudio que presentamos hace algunas semanas revela que, entre 2008 y 2022, la mejora en esa área ha sido muy escueta, muy baja, de 0,89% para la mediana, que básicamente nos muestra la empresa tipo. Entonces, tenemos algunas que sí son muy productivas laboralmente, pero la empresa tipo no ha avanzado nada.
Un segundo mensaje de esa encuesta es que las grandes empresas se distancian de forma marcada del resto en cuanto a la productividad laboral, lo cual acentúa esa brecha y nos muestra una necesidad de trabajar fuertemente con estos segmentos empresariales micro, pequeño y mediano.