El temporal de julio que azotó Salto dejó destrozos y afectación de estructuras en unas 120 hectáreas hortícolas, a pesar de que, en algunos casos, los productores tenían coberturas contratadas. Las indemnizaciones gestionadas ante el Banco de Seguros del Estado (BSE) y las compañías privadas fueron por varios millones de dólares.
Pero, a principios de este año, la sequía ya había generado pérdidas por el déficit hídrico y la afectación de los cultivos de verano.
“Mini catástrofes” y conciencia
Solo en el sector privado, las “mini catástrofes” —como se refieren en la jerga aseguradora a los eventos climáticos que no son de gran entidad, pero generan pérdidas puntuales en determinadas zonas o rubros— relevadas por la asociación que agrupa a las aseguradoras privadas (Audea) acumularon, desde 2022 hasta la última tormenta ocurrida en Salto, indemnizaciones por US$ 82 millones. En ese lapso, especificó el director ejecutivo de esa gremial, Alejandro Veiroj, hubo unos 2.500 siniestros, casi 1.000 servicios de asistencia prestados por las empresas privadas.
Explicó que casi el 77% de la cifra total correspondió a siniestros en el ramo agropecuario y el resto a pólizas de comercio, vivienda y vehículos. La cifra está influenciada, principalmente, por la sequía de principios de 2023, que fue el último siniestro de mayor relevancia, que demandó indemnizaciones por US$ 50 millones, siempre considerando las compañías aseguradoras privadas.
En el último evento de Salto se registraron unos 350 percances y auxilios, y la indemnización rondará los US$ 2 millones, detalló.
Un campo ganadero afectado por la sequía.
Ricardo Antunez/adhocFOTOS
En el caso del BSE, el capital asegurado asciende a unos US$ 11,5 millones, mientras que las indemnizaciones a raíz de los daños provocados por el temporal de julio rondarían los US$ 3,8 millones, incluidos los patrimonios de particulares.
“Es un tema desafiante porque, en general, cuando hay un pronóstico muy adverso, como ahora con el Niño, se genera conciencia, y luego en períodos donde el riesgo no es tan inminente o tan claro, la materialización de la contratación del seguro es mucho más baja”, explicó Veiroj. Aseguró que esa es la realidad “histórica” del mercado de los seguros agropecuarios.
Refiriéndose al fenómeno del Niño, el director ejecutivo de la Audea señaló que “muchos productores buscan cubrirse en momentos como el actual, cuando existen altas chances de que tengan pérdidas de producción, o bien afectación patrimonial en infraestructuras. Por eso, no es que esta sea una zafra interesante, sino más bien es desafiante para las compañías, porque seguramente haya limitaciones para cubrir todo lo que se demande y/o precios de pólizas elevados porque reflejarán el mayor riesgo”.
Por ahora, las compañías privadas estiman una “demanda elevada” de coberturas por viento, granizo y exceso hídrico, si bien en algunos cultivos aún es pronto para saber cuánto van a contratar los productores.
Explicó que hay cierta “retracción” de las aseguradoras privadas frente a este tipo de coberturas. Lo atribuyó a que hay menor capacidad de reaseguro a nivel regional, dado que las reaseguradoras internacionales también han tenido mayor demanda por los eventos relacionados al cambio climático y el precio de ese tipo de coberturas se ha disparado.
Álvaro Motta, nuevo gerente general del BSE, subrayó que la empresa estatal lidera con más del 73% de participación en pólizas para el agro, porque la competencia “ha decidido casi no estar”. Planteó que el siniestro de Salto fue importante para la zona y reconoció que la rama rural tendrá un resultado técnico “bien negativo”.
La cartera vinculada al agro es la quinta en relevancia para el banco, y Motta aseguró que este año ya arroja pérdidas y que posiblemente estas se incrementen por los episodios que vendrán. De todos modos, señaló que el ente “va a seguir apoyando la producción agropecuaria porque es muy importante para el país”.
Solo por la sequía de principios de este año, el BSE pagó US$ 26 millones a sus clientes y se prevé que, por el temporal de Salto, la siniestralidad pueda alcanzar los US$ 8 millones.
Comentó que el año pasado los productores contrataron menos coberturas por problemas económicos y porque las primas fueron más altas, por lo que el banco no logró colocar todo lo previsto.
En el resto de las carteras, como vehículos y hogar, los ejecutivos mencionaron que los clientes tienen mayor avidez por contratar seguros que les cubran riesgos por granizo o consecuencias climáticas, como inundaciones, y muestran mayor conciencia aseguradora, ya que buscan comprender hasta dónde les cubre la póliza en caso de siniestro. “Lamentablemente, son estos momentos ‘de gloria’ de las compañías, porque hay conciencia del riesgo por las malas razones, pero al menos la hay”, ilustró Veiroj.
Primer semestre
En enero-junio, la facturación del mercado asegurador fue por el equivalente a US$ 1.563 millones, lo que significó un crecimiento de 4% en términos reales, en comparación con igual período del año pasado, calculó Búsqueda a partir de los balances de las compañías publicados por el Banco Central.
Lo que empujó las ventas en la primera mitad del año fue el dinamismo de las pólizas previsionales (12,3%), relacionadas con las jubilaciones por el régimen de las AFAP; es la principal cartera del BSE, único operador de esa rama, ya que las privadas se retiraron hace décadas.
“El primer semestre tuvo un nivel de ventas dentro de lo esperado, en términos generales, y en el previsional estamos teniendo una media de 1.500 jubilados por mes; eso es prima pura, cada día el peso relativo es más grande en el total”, describió Motta.
Fachada de la sede del BSE.
BSE
Si se consideran todas las coberturas previsionales (las de renta vitalicia, los seguros colectivos y los de invalidez y fallecimiento), el crecimiento fue de 9,5% en el primer semestre, siempre en comparación con igual período del año anterior.
En la cartera en competencia, destacó el crecimiento de las ventas de pólizas de vehículos, segmento en el que la compañía estatal tiene una participación de 42,3%. Es un mercado con una “presión importante de precios a la baja” y una “competencia muy dura”, reconoció Motta.
En tanto, para el director ejecutivo de la Audea, el primer semestre fue “bueno”, aunque se observó una “relativa desaceleración”, sobre todo en las coberturas que no son de automotores.
Además de la caída mencionada en pólizas rurales, disminuyó la venta de coberturas de incendio (10%), transporte (6%), hurto (3%), responsabilidad civil (2%), ingeniería (28%), entre otras.
En tanto, en enero-junio la emisión de pólizas de automotores se expandió 1,8% en términos reales, respecto al mismo semestre del año anterior.
Ambos ejecutivos resaltaron que la cartera de vehículos siguió registrando un resultado técnico positivo, algo que años atrás no se lograba debido a la “guerra de precios” entre las compañías y los escasos márgenes para gestionar y absorber la elevada siniestralidad, que terminaba arrojando una ecuación negativa.
“En esa rama hay una competencia sana y un mercado solvente y estable”, señaló Veiroj.
Tanto el BSE como las compañías privadas destacaron el crecimiento de la emisión de pólizas para vehículos eléctricos, por la “revolución” de ese segmento en el mercado de cero kilómetros.
Con el crecimiento de los eléctricos y el impacto que puedan tener en las ventas los cambios en la tributación, por un lado, y la llegada de la marca Tesla, por otro, Motta evaluó que habrá que analizar cómo se reposicionan el resto de las marcas y cómo evolucionan los precios en los distintos segmentos.
Interés en seguro colectivo
Por otra parte, el director ejecutivo de la Audea señaló que las compañías privadas han mostrado interés en ingresar y operar en el mercado de seguros colectivos, tras el cambio que la administración anterior introdujo en ese negocio, que forma parte del sistema previsional.
Explicó que, para ello, la gremial pedirá al Banco Central y al Ministerio de Economía la publicación de información técnica del mercado, que se discontinuó hace como una década, sobre la siniestralidad, los diferentes tipos de prestaciones, de beneficiarios, etcétera.
“Hoy en día, los que tienen información técnica son las AFAP y el BSE. Sin eso, sería cotizar un negocio a ciegas, sin estimar el riesgo es muy difícil” operar, alegó.
“El seguro colectivo, con la reforma previsional del 2023, cambió el diseño y eliminó el componente de largo plazo y el riesgo de longevidad. Lo transformó en un seguro de insuficiencia de saldo. Allí, las compañías lo están mirando con interés para ingresar (a operar), pero encuentran que es un mercado con mucha opacidad”, señaló.
El seguro colectivo por insuficiencia de saldo, describió Veiroj, refiere a la póliza que contratan las AFAP en el caso de que la persona beneficiaria de una renta vitalicia por incapacidad no haya logrado el ahorro individual suficiente en su cuenta.
La compañía de seguros complementa el saldo de la cuenta y emite el seguro colectivo a la AFAP. Ese costo del seguro colectivo es uno de los que se le descuenta al afiliado.