—Hay un proyecto en el Parlamento relativo a las tasas de usura y refinanciaciones de deudas. ¿Qué opina sobre ese tipo de iniciativas?
“Hay que sentarse en una mesa con legisladores, con el Poder Ejecutivo, con bancos” y otros prestamistas y “ver qué hacemos para que” el endeudamiento “no sea un problema cada tres o cuatro años”, dice el CEO de BTG Pactual
—Hay un proyecto en el Parlamento relativo a las tasas de usura y refinanciaciones de deudas. ¿Qué opina sobre ese tipo de iniciativas?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Uno, cuando pone una tasa de usura, es porque entiende que las tasas son altas. Para mí, la pregunta no es la tasa de usura, porque las tasas son altas; es si podemos bajar las tasas de interés. En algún punto, la tasa de interés está bancando una operación y, entonces, uno dice: “¿cuál es la tasa que tiene que ser?”. Yo no sé cuál es la tasa que tiene que ser, pero sé que podrían bajar las tasas.
Ahora, para que las tasas bajen no es con una regulación. Decís: “pongo la tasa de usura en 20%”. ¿Qué pasa? En algún momento los bancos desaparecen, dejan de dar crédito. Lo que hay que hacer es tratar de abaratar el costo financiero. Por ejemplo, con finanzas abiertas y con mejor información.
Hoy hay tasas de interés promedio y quizás algunos clientes merecerían una tasa más baja y otros, una más alta, en función de su riesgo. En una operación uno a uno con una empresa, vos tenés mucha información. Aparte de los estados de resultados y del balance, te sentás con el cliente, te cuenta sus proyectos, conocés la historia. Por eso las tasas son bajas. Cuando vas al consumo masivo, no tenés tiempo de sentarte con 100.000 clientes a analizarlo. Es un score. Cuanto más rico es el score, más podés segmentar.
También hay que trabajar mucho en educación financiera; en el ejemplo de los que se ahogan, primero hay que enseñarles a nadar, después les enseñás a no meterse donde no hacen pie. Eso baja la tasa de interés.
Uruguay es caro, pero, además, los bancos tienen costos demasiado altos. Si todos somos iguales ante la ley, desde el punto de vista tributario también deberíamos ser iguales, pero a alguien se le ocurrió alguna vez decir: “los bancos que paguen el doble de Impuesto al Patrimonio” que las otras empresas. Y, además, tienen que tener un capital alto, con lo cual es como injusto por donde se lo mire.
Hay costos laborales muy altos. Por cada peso que se paga a un trabajador, el banco le pone 56%, y el trabajador recibe la mitad, entre caja bancaria, impuestos y Fonasa.
Los proyectos que atacan las consecuencias, no las causas, tienen el problema de Nietzsche: el eterno retorno. También está el moral hazard, el riesgo moral: si a mí me van a refinanciar cada tres o cuatro años, ¿para qué voy a pagar si dentro de tres años van a volver a refinanciar?
¿Cómo se resuelve eso? Yo no sé. O sí sé, pero hay que sentarse en una mesa con legisladores, con el Poder Ejecutivo, con bancos, con no bancos —donde están las mayores tasas— y ver qué hacemos para que esto no sea un problema cada tres o cuatro años.