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    viernes 12 de julio de 2024

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    Las chances de Uruguay de ser “eslabón” del negocio tecnológico según Eduardo Levy Yeyati

    “La escala” de las grandes empresas tecnológicas “se les ha ido de las manos” a los Estados, piensa el argentino Eduardo Levy Yeyati, y reflexiona sobre las chances rioplatenses de participar en el negocio

    —Con estas disrupciones seguramente se consolidarán las grandes corporaciones tecnológicas con más poder que muchos Estados. ¿Cuál es el riesgo de todo esto desde el punto de vista geopolítico?

    —La importancia y escala de estas empresas tecnológicas es esencial y está en el centro de la discusión sobre la regulación de la inteligencia artificial y de la tecnología en general.

    La primera reacción frente al avance tecnológico, incluso de algunos economistas conocidos como Daron Acemolu, es: orientémoslo, condicionémoslo con regulación y con incentivos en el esquema tributario de manera que favorezcan tecnologías más complementarias al saber humano y más productivas. Esa visión obviamente hay que intentarla, pero a mi juicio es naif, ingenua. Me cuesta mucho pensar cómo los países —como Estados Unidos o cualquiera grande— puedan condicionar a empresas del tamaño de las tecnológicas. Porque muchas veces no tienen el know how para actuar desde el punto de vista regulatorio y no terminan de entender lo que está pasando, porque está pasando muy rápido. Aparte, el nivel de inversión asociado a estas tecnologías supera con creces los niveles de inversión de los Estados nación; en inteligencia artificial estamos hablando de US$ 25.000 millones, de US$ 50.000 millones para armar un proyecto, un hub. Entonces, la escala se les ha ido de las manos.

    Otro tema es que, en un mundo multipolar, si un país regula en exceso, estas empresas tecnológicas tranquilamente pueden mudarse a otro que las regule menos. Hay un arbitraje regulatorio que se ve claramente entre Estados Unidos y China, pero que más adelante se verá en otros países. Es muy difícil coordinar la regulación y muy probablemente las empresas vayan a marcar el ritmo tecnológico independientemente de lo que se discuta en los congresos nacionales. En ese sentido, no creo que las empresas vayan a dominar el mundo, pero veo muy difícil que los Estados vayan a condicionar a las empresas.

    —Nosotros estamos un poco al final de la cadena. Hace poco fue nuestro presidente y un grupo de gente a Palo Alto a hablar con algunos de los CEO de las gigantes tecnológicas para ver cómo nos podíamos insertar en esas cadenas.

    Si uno piensa qué tenemos para ofrecerles, por ejemplo en el caso argentino, son tres cosas. Primero, mercado, pero eso claramente no es para beneficio de Argentina sino básicamente es una apertura comercial. Segundo, materia prima, como energía y el clima frío, pero esa es una ecuación estrictamente extractiva y que no genera mucho valor. Después está el capital humano —y en esto Uruguay ha avanzado bastante, en el frente emprendedor y de la economía basada en el conocimiento—, y ahí está la pregunta de si hay algo de todo lo que se hace en la gran cadena de valor de la inteligencia artificial y la tecnología que nosotros podamos hacer de manera remota, aunque sea un pedazo. ¿Es realista y valdrá la pena perseguir esta aspiración? No creo que vayan a montar un hub de inteligencia artificial en nuestros países porque ni Uruguay tiene el tamaño ni Argentina tiene la certidumbre para que una empresa invierta US$ 25.000 millones, pero sí puede haber algunos eslabones de esa cadena que podamos usar explotando nuestra mano de obra. En ese caso, lo que sí hay que hacer es una reforma educativa que genere trabajadores para satisfacer esas demandas. Porque puede pasar que las empresas de Palo Alto vengan un día a ver qué pueden hacer en Argentina o en Uruguay y no encuentren suficiente gente para llenar una oficina especializada para lo que ellos hacen. Entonces, tenemos que preparar a la gente, la infraestructura y las condiciones para que al menos una porción de ese negocio gigantesco venga a nuestras costas.