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Pobreza multidimensional en Uruguay es de las más bajas, según comparativo regional
Según Cepal, menos del 6% de la población uruguaya era pobre con este enfoque —que tiene en cuenta el acceso a la vivienda, la salud, la educación, el empleo y las pensiones—, frente a un promedio regional de 26,5% para el 2022
Aunque la incidencia de pobreza es baja en Uruguay, algunas zonas aún enfrentan carencias estructurales
Complementando la medición tradicional centrada en el ingreso de las personas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) calculó la pobreza con la visión más amplia de un índice que busca capturar con mayor precisión las múltiples privaciones que afectan el bienestar.
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Con ese enfoque, Uruguay aparece como uno de los países con mejores resultados en su Índice de Pobreza Multidimensional para América Latina (IPM-AL) de la Cepal, publicado recientemente, aunque no sin desafíos pendientes, especialmente en el territorio rural y en los hogares con niñas, niños y adolescentes.
El IPM-AL parte de los enfoques de capacidades y de derechos: el bienestar no depende únicamente de los ingresos. Por eso, el índice considera cuatro dimensiones —vivienda, salud, educación, empleo y pensiones— a través de 11 indicadores, como el material de la vivienda, el acceso a internet, la cobertura de salud, la asistencia escolar o la afiliación a la seguridad social. Permite identificar a las personas en situación de pobreza multidimensional según el número de privaciones que acumulan y su intensidad.
El índice se construyó con microdatos armonizados de las encuestas de hogares de 17 países entre 2008 y 2022, lo cual permite ver tendencias regionales y posicionar a cada país en un mismo marco analítico. La Cepal aclara que, con su medición, no busca reemplazar las que hacen las oficinas estadísticas nacionales, sino ofrecer comparabilidad entre países.
Uruguay, hasta febrero pasado, carecía de un indicador de pobreza multidimensional hecho por el Instituto Nacional de Estadística. El 18,9% de la población tenía privaciones en al menos dos dimensiones de las cinco consideradas en esa medición.
Reducción lenta
En el documento de la Cepal donde se publica la medición del IPM-AL, Uruguay figura como uno de los países con menor incidencia de pobreza multidimensional: 5,7% en 2022, frente al promedio regional de 26,5%. A modo de comparación, en países como Paraguay los pobres con este enfoque eran el 47,6%, en El Salvador 56,4% y en Honduras 71,6%.
También destaca por la menor intensidad de las privaciones: las personas consideradas pobres en Uruguay suelen acumular menos de dos dimensiones afectadas, mientras que en varios países la intensidad promedio supera las tres.
Sin embargo, el ritmo de mejora fue moderado. Entre el 2008 y 2022, la proporción de población pobre en la perspectiva multidimensional bajó en menos de un punto y medio porcentual por año. Esa dinámica ubica a Uruguay, junto con Argentina, Chile y Costa Rica, entre los países con pobreza baja pero con lenta reducción. La incidencia “no ajustada” bajó del 20% al 5,7%, y la incidencia ajustada también disminuyó, pero en menor proporción.
Ruralidad e infancias
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es la persistencia de brechas territoriales.
En la región, la incidencia de la pobreza multidimensional fue consistentemente mayor en las zonas rurales que en las urbanas entre 2008 y 2022. La disminución de la incidencia fue más pronunciada en las áreas rurales (1,6 puntos porcentuales anuales) que en las urbanas (1,3 puntos). En Uruguay, la proporción de pobres residentes en zonas rurales mostró una reducción significativa, pasando de aproximadamente 40% en 2008 a cerca del 10% en 2022; sin embargo, sigue siendo el doble que en áreas urbanas.
La tendencia regional muestra también que la pobreza multidimensional ha sido persistentemente más alta entre las niñas, niños y adolescentes (0-17 años) que entre los adultos (18-59 años y 60 años y más). Alrededor de 2022, afectaba al 32% de los menores de 18 años, al 20,9% de las personas de 18 a 59 años y al 21,7% de las personas de 60 años y más.
En Uruguay, el patrón se repite: la pobreza multidimensional entre niños, niñas y adolescentes se ubicaba cerca del 10%, por encima del promedio general. Esto revela que, incluso en países con buena posición relativa, las infancias siguen siendo las más expuestas a múltiples privaciones.
Un cruce revelador
Una de las virtudes del IPM-AL es que permite comparar sus resultados con los de la pobreza por ingreso (según la cual una persona es pobre si no le alcanza para adquirir determinados bienes y servicios básicos). En Uruguay, alrededor de 2022, entre el 85% y 90% de la población no era pobre por ninguno de los dos métodos aplicados por la Cepal.
El porcentaje de personas pobres por ambos indicadores no superaba el 5%, al igual que quienes eran pobres solo según el IPM de esta oficina de las Naciones Unidas. La pobreza únicamente por ingresos también era baja —menos del 5%— y, a diferencia de la mayoría de los países, bajó levemente entre 2008 y 2022. Solo Chile tuvo una evolución similar.
Para el promedio regional, la proporción de población pobre por ambos métodos bajó de 25,8% a 12,9% en esos años. La pobreza solo multidimensional cayó medio punto porcentual por año, mientras que la monetaria (por ingresos) aumentó 0,3 puntos porcentuales anuales.