Lucas se suicidó en febrero de 2022. Tenía 19 años y problemas de consumo. Había acordado con su madre intentar una nueva internación, la segunda, en un centro de rehabilitación. Eso sería en Montevideo, porque en su Treinta y Tres no hay un lugar así. La mujer fue a preparar el bolso. Cuando lo fue a buscar, se encontró lo peor.
En ese año, Treinta y Tres tuvo la tasa de suicidios más alta de un país que tiene una de las tasas de suicidios más altas del mundo: 37,6 cada 100.000 habitantes. El año anterior, 2021, había pasado lo mismo, pero con un número aún más espeluznante: 53,5. Y los últimos datos oficiales del Ministerio de Salud Pública (MSP), correspondientes a 2024, también tienen al “pago más oriental”, como reza su escudo, al tope de esta estadística desglosada por departamentos, con 39,6. Con matices, siempre ha estado en los primeros lugares.
En Uruguay, la tasa promedio en los últimos cuatro años es de 21,89 suicidios cada 100.000 personas; en Treinta y Tres, 40,6. Solo Rocha se le acerca en ese período comprendido entre 2021 y 2024: 35,95. La tasa mundial ronda nueve casos cada 100.000 habitantes.
Pero en Treinta y Tres, que en todo el departamento tiene menos de 50.000 habitantes, el segundo menos poblado después de Flores, una persona que se suicida no es un número. Lucas era hermano, novio e hijo. Tenía un hermano un año y dos meses mayor, una novia que estudiaba y trabajaba, varios compañeros del bachillerato deportivo en la UTU que dejó inconcluso, un padre en Maldonado que lo llevó un tiempo a trabajar en la pesca para alejarlo de los lugares donde se conseguía droga en su ciudad, conocidos por todos los olimareños. Tenía una madre, Marcia Padula, enfermera que trabaja en la sala de psiquiatría del hospital departamental José Percovich, de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE).
“Yo no me imaginé que esto iba a pasar”, cuenta Padula, de 43 años. “Cuando él me contaba de la desesperación que sentía por consumir, yo le pedía que no hiciera nada en su contra. Él me decía que me quedara tranquila”. De todas formas, convivir a diario con el suicidio y los trastornos mentales le enseñaron que hay que tomar con pinzas eso de las “señales”. No hubo intentos previos, no hubo nada hasta que hubo. “Él era muy cercano a mí. Yo estoy segura de que, si no hubiera estado consumiendo, no hubiera hecho nada de lo que hizo”.
Acceso difícil
Los suicidios no son solo un problema de salud pública, “sino que abarcan a varias áreas sociales”, dice a Búsqueda el director departamental de Salud, Nelson Álvez. Una de esas áreas es la laboral. La última medición del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondiente al trimestre móvil abril-junio, señala que Treinta y Tres también tiene la mayor tasa de desempleo del país: 17,3% (el promedio nacional es 7,7%).
Salvo en la industria arrocera, Treinta y Tres no tiene un polo laboral significativo. La falta de oportunidades fue señalada por todos los actores consultados para este informe a la hora de explicar los números. Álvez también apunta al “tema de las adicciones” como una problemática relacionada: “No tenemos los números afinados, pero sí sabemos que acá hay un consumo problemático de drogas. Alcanza con ver la realidad, se nota en la calle, yo soy médico de atención primaria”.
Más allá de la prioridad anunciada por el MSP de atender la salud mental, que incluyó el llamado a mediados de mes a la inscripción de organizaciones y actores vinculados a la temática a que presenten sus propuestas para trabajar en territorio, Álvez admite que en Treinta y Tres es “difícil” acceder a atención psiquiátrica y psicológica. El abordaje es, sobre todo, con la atención primaria, médicos comunitarios y médicos de familia.
Hay un solo psiquiatra de guardia y trabaja en el subsector privado; en ASSE ha habido problemas para su radicación, lo que hace que los profesionales sean itinerantes, indica Álvez. Se está tratando de apelar a la telemedicina como herramienta para paliar estas carencias. Como noticia positiva, se ha reactivado el Grupo Departamental de Suicidio, integrado por el MSP, los prestadores departamentales, el Instituto del Niño y el Adolescente, el Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio del Interior y la Administración Nacional de Enseñanza Pública (ANEP). La primera reunión fue a finales de julio y para este viernes 29 está prevista la segunda.
Treinta-Y-Tres
Ciudad de Treinta y Tres.
Presidencia
Ese grupo no está integrado por organizaciones civiles, como el movimiento Salud Mental Ya, que se presentó al llamado del MSP. La psicóloga clínica Catalina Yapor, quien trabaja tanto en el ámbito público como en el privado, señala que ese es otro de los problemas relacionados. “Es necesario que acá la gente se movilice por la salud mental, por los suicidios. Pero que se junte y esa movida se sostenga en el tiempo. Lo que suele pasar acá es que haya un suicidio, la gente se escandalice, diga de hacer algo y eso luego se diluya en el tiempo”.
Según Yapor, hubo un momento donde a la salud mental en Treinta y Tres se le dio un impulso grande en ASSE, con espacios físicos y énfasis en la rehabilitación. Sin embargo, la pandemia cortó todo. No es casual que Álvez diga que en los suicidios se ha detectado un incremento marcado desde 2019 hasta hoy.
Recientemente retirado, el psiquiatra Carlos Loyarte ejerció en Treinta y Tres durante 30 años. “Es muy difícil que un especialista se instale acá. Hace poco estuvo uno, pero le hicieron un ofrecimiento un poco mejor en otro lado y se fue”, cuenta a Búsqueda. Además de trabajar durante casi una década en el subsector público, fue referente del Instituto Asistencial Colectivo (IAC), una mutualista local. Como tal, elaboró un estudio que decía que los lunes eran el día de la semana con más suicidios y más intentos de suicidios, y las peores horas, de las 18 en adelante.
Comunidad
“En el suicidio influye mucho el aislamiento, la falta de comunicación entre las comunidades”, señala Yaraví Roig, fundadora de la ONG Resistiré, que nuclea a sobrevivientes (familiares y amigos cercanos) de quien se quita la vida. Ella, que es de Piriápolis, asegura que en departamentos como Treinta y Tres (con una capital homónima con más de la mitad de la población y otros seis municipios) y Rocha esta realidad es particularmente dura. “Son lugares llenos de gente linda, pero que viven en soledad, sin vincularse entre ellos. Y el aislamiento es proclive a las ideas suicidas”. Conocedora de la atención sanitaria en casi todo el interior, ella lamenta que al Hospital Percovich “solo vaya un psiquiatra una vez al mes”.
En Vergara, que con sus 4.000 habitantes es la segunda ciudad de Treinta y Tres, a 50 kilómetros de la capital departamental, solo hay una psicóloga. Y de nuevo, como resalta la alcaldesa Nazarena Barreto, “lo que realmente hace falta es trabajo”.
Pero si en Rocha —el otro departamento señalado por las altas tasas de suicidios— hay costa y turismo (que a su vez generan empleo), en la tierra de Los Olimareños, Ruben Lena y Dionisio Díaz la realidad es otra. “Acá falta todo: trabajo, motivaciones, oportunidades de desarrollo, de estudio, lugares de esparcimiento. Es un lugar donde no ves progreso, la juventud no tiene adónde ir”, afirma Marcia Padula. Más allá de algunas tecnicaturas dictadas en el Centro Universitario Regional del Este (CURE) de Treinta y Tres, ella misma tiene que viajar todos los días a —justamente— Rocha para cursar una licenciatura.
El año pasado, añade, dos enfermeras y un empleado administrativo del hospital —a su vez, también hijos, hermanos, padres, vecinos— también decidieron suicidarse. Una de ellos, la más joven, la más vivaz, había hablado ese mismo día de sus ganas de armar una reunión en su casa para comer unas pizzas. “En ninguno de los casos hubo ninguna señal, un aviso”, resume Padula.
Hay algo en el ambiente, desliza Loyarte. Como referente local en salud mental, supo ser frecuente anfitrión de colegas y de autoridades del MSP en esa área. “Y ni bien terminaban la actividad a la que venían decían que se querían ir, que les abrumaba el ambiente depresógeno que encontraban. Si el uruguayo es gris, acá parece que fuera más”, afirma. Parecida sensación ha tenido Padula: “Este lugar es raro… He hablado con psiquiatras que han venido de otros lados y todos tienen una visión negativa de este lugar, no sé a qué se debe. Como que se convive con el dolor… Yo estoy conviviendo con el dolor”.