En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Los adolescentes son quienes menos suicidios cometen, pero también quienes más lo intentan, según tasas del MSP
Por cada persona de entre 15 y 19 años que se quitó la vida en Uruguay en 2024, hubo 33 de esa misma edad que lo intentaron, de acuerdo a cifras oficiales
En Uruguay, por cada uno de los suicidios ocurridos en 2024, se registraron 7,5 intentos de autoeliminación (IAE). Esto surge de los datos divulgados el jueves 17 por el Ministerio de Salud Pública (MSP). Dentro de ese total, es en la población adolescente, entre los 15 y los 19 años, en la que ocurren menos muertes, pero más intentos.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
El año pasado, 764 personas se quitaron la vida en Uruguay. Eso arroja una tasa de 21,35 suicidios cada 100.000 habitantes. Aunque esto representa una leve mejoría respecto a 2023 y una más notoria con relación al pico de 2022 (23,20), sigue siendo una de las más altas del mundo. Desglosado por edad, y excluyendo a los niños de 14 años o menos (con solo tres casos registrados), la franja que va de los 15 a los 19 años fue la que reflejó la menor tasa de todas: 13,38 cada 100.000 (32 episodios). Pero, al mismo tiempo, en ese mismo grupo etario es en el que se registraron más intentos: 440,31 por 100.000.
Dicho de otra forma, por cada 33 adolescentes que intentaron suicidarse en 2024 en este país, uno lo concretó. Esta proporción multiplica por más de cuatro a la general.
Esto es una tendencia internacional y los números de IAE —y, por consiguiente, la tasa— pueden ser mayores debidos al subregistro de los intentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima, desde 2014, que por cada persona que se suicida hay de 10 a 20 IAE. En los adolescentes, esta proporción se multiplica exponencialmente: aquí, por cada muerte hay entre 100 y 200 intentos, según indica el psiquiatra estadounidense Stephen Stahl en su manual de referencia Suicide Prevention, de 2021. En cualquier caso, los números en Uruguay están muy por encima del promedio internacional.
En el suicidio es ya conocida la llamada “paradoja de género”, recuerda Alejandra Moreira, profesora grado 4 de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República. Es un fenómeno notoriamente masculino: en Uruguay, en 2024, el 76% de los fallecidos eran hombres. Sin embargo, las mujeres representaron el 71% de los IAE. “Eso pasa porque los hombres usan métodos más letales que las mujeres y porque las mujeres consultan más al médico. El estigma social también juega: es más difícil que un varón acepte sus vulnerabilidades; además, es más difícil que una mujer pierda todas sus redes sociales”, afirma Moreira.
Sin embargo, quien también fuera directora de Salud Mental del MSP en el período pasado, precisa que no hay una explicación similar para esta otra paradoja más referida a la edad. Sí hay acercamientos para intentar entenderla.
La psicóloga, doctora en Ciencias Médicas e integrante de la Red Mundial de Suicidólogos, Cristina Larrobla sostiene que esto tiene que ver con “la consolidación de la estructura de personalidad, de adaptabilidad al mundo y de construcción de identidad sexual y de género”, con especial énfasis en las poblaciones LGBT+, que el individuo vive a esa edad. “Eso los hace más vulnerables que en otras franjas etarias”, agrega. La única excepción a esto último serían los adultos mayores de 75 años, por cuestiones vinculadas a la soledad y la desesperanza.
Por su parte, Larrobla menciona los indicadores de pobreza (uno de cada cinco menores en Uruguay es considerado pobre) y las situaciones no suficientemente mensuradas de maltrato y abuso. Moreira también apunta a fenómenos modernos, como el ciberbullying —muy frecuente en casos ampliamente mediatizados—, y otros más antiguos, como el copycat.
Esto último no es nuevo. En la novela Las penas del joven Werther, de Goethe (1774), el protagonista es un joven que se suicida de un disparo mientras sonaban las campanadas de medianoche. Esto llevó a muchos jóvenes europeos de la época a terminar con su vida de forma similar e incluso vestidos de manera parecida. En 2008, el suicidio de una actriz surcoreana de 39 años, Choi Jin Sil, una de las más populares en su país, derivó en un aumento en el mes siguiente del 70% de estos casos. “El adolescente que está en plena fase de construcción de su identidad, de la misma forma que se puede identificar con una tribu urbana, se puede identificar con estos relatos de salida a sus problemas”, dice Moreira.
Fenómenos virales como el “desafío de la ballena azul”, compuesto por 50 consignas a cumplir cuyo desenlace era la propia vida y que habría causado la muerte de un centenar y medio de chicos en Rusia en la década pasada, también están relacionados con estas conductas. Esto —como el ciberbullying— ocurre en la comodidad de sus dormitorios, con los padres tranquilos y ajenos a lo que sus hijos están viviendo. Los dos mundos no se entienden. A esa edad, dice Batalla, no se tienen “muchos recursos para manejar la frustración y los sentimientos de tristeza, que no siempre representan un cuadro de depresión, que sí es un diagnóstico. Ellos te dicen que sienten que no tienen cerca interlocutores emocionalmente disponibles”.
Impulsos
De cualquier forma, la gran diferencia entre lo que se intenta y lo que se concreta es otra característica de la adolescencia. Así como influye que las mujeres utilicen métodos menos letales que los hombres —es muy raro que un varón adulto decidido a matarse no logre su objetivo—, que en esa edad lo impulsivo prime sobre lo reflexivo conspira contra el desenlace letal. “Un adulto puede pasar años en concretar el acto, pero en la adolescencia la secuencia de ideación-planificación-intento es muy rápida. Por eso muchos intentos son burdos, poco elaborados, con pastillas, autolesiones con trinchetas. Si hay un entorno protector, puede quedar todo por ahí”, afirma Alfredo Parra, magíster en Psicología Clínica en niños y adolescentes.
El subregistro de los IAE lleva a que muchas veces ni siquiera los padres se enteren de que sus hijos tomaron deliberadamente un cóctel de pastillas, en dosis fuertes pero no mortales. “Para ellos, fue solo una siesta grande de sus hijos”, dice Larrobla.
Además, por instinto, el cuerpo “rechaza” las autolesiones. Pero, a medida que se sigue probando (aumentando la dosis, los cortes, los golpes autoinfligidos), la “escalada suicida”, al decir de Moreira, va eliminando esa aversión natural. “Eso de que solo quiere llamar la atención, como mucho ruido y pocas nueces, no corre”, subraya.
Los padres, salvo los muy ausentes, son otro factor que explica la relación entre intentos y concreciones. Entre los 15 y los 19 es la última etapa en la que la autonomía está más restringida y el control parental está más presente, recuerda Parra. Como ejemplo, este profesional apunta a lo que pasa en el período inmediato siguiente: la tasa de suicidios entre los 20 y 24 años, la llamada “adultez temprana”, ya más autónomos y menos controlados, es de 33,21 cada 100.000 habitantes (85, el valor más grande en números absolutos).