Ana Cardozo puede ser una pionera. En 2019, ella era una de las cursantes del Ciclo Inicial Optativo (CIO) en Salud en el Centro Universitario Regional (Cenur) del Litoral Norte. Ahora, cerca de comenzar su año final, el de internado, ella puede ser parte de la primera generación de médicos completamente formados en Salto y Paysandú.
A Ana, sanducera, le llegó la buena nueva mientras estaba en ese ciclo inicial exclusivo de la regional del norte, la que permite a los que lo cursan proseguir sus estudios tanto en Medicina como en Psicología, Biología Humana, Odontología y Nutrición. Festejó y mucho. Ella estaba mentalizada a mudarse a Montevideo al año siguiente. En su caso, eran 337 kilómetros; en otros casos es mucho más. Para algunos estudiantes, es una distancia insalvable, que se mide bastante más que en kilómetros. Hasta entonces, ir a Montevideo era necesario hacerlo para quien quisiera ser médico. Pero de repente, con la instalación de laboratorios y la llegada de docentes de alta dedicación, podía seguir estudiando lo que quería en su ciudad natal.
“Poder estudiar acá fue una oportunidad increíble e inesperada”, cuenta esta casi médica a Búsqueda. “Lo fue para mí y para un montón de gente que no necesariamente es de acá o de Salto”. No es solo un tema de plata: juega mucho también algo que escapa a la realidad de los montevideanos, acostumbrados a distancias, barrios, ómnibus y vértigos muy distintos a los de cualquier otra ciudad de Uruguay. “Ir a Montevideo y revolverse ahí no es fácil, sobre todo para gente que quizá va por primera vez cuando tiene que estudiar”, dice. Salto y Paysandú, en el entorno de los 100.000 habitantes cada una, pueden ser grandes para estudiantes de Durazno, Artigas o Fray Bentos, y muy grandes para aquellos de Tambores o Gallinal, pero el contraste siempre será menor que con Montevideo. “Las dinámicas que hay acá, donde todos se conocen con todos, son muy parecidas a las de los distintos lugares de origen”, agrega. La cercanía no es solo geográfica.
Facultad de Medicina. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS
Facultad de Medicina, en Montevideo
Javier Calvelo / adhocFOTOS
Con 1.083 estudiantes en toda la carrera y 30 en el internado, la Facultad de Medicina en Salto y Paysandú está más poblada que nunca. Los 194 que cursaron el CIO Salud en 2019 se convirtieron en 373 este año. De acuerdo con el decano Arturo Briva, la formación y el nivel de aprobación de exámenes son los mismos que en la sede central de Montevideo; el egreso está en ambos lados en el entorno del 30% y 35%, aunque hasta ahora los del norte hayan cursado parcialmente la carrera allá.
Pero otra ventaja del Cenur es que cada docente tiene menos alumnos por curso, lo que facilita el vínculo y el aprendizaje, más personalizado. En una de las unidades académicas (excátedras) más importantes, la de Medicina Familiar y Comunitaria, si en Montevideo hay entre 50 y 60 estudiantes por docente, en Salto y Paysandú hay entre 20 y 22, indica Briva. Aún así, reconoce el decano, lo ideal para la enseñanza en territorio sería entre 10 y 15.
Curso inicial
La asistente académica del Decanato para esa regional, Diana Domenech, dice a Búsqueda que los estudiantes del norte son “regionales”. Si bien el CIO Salud, ese que quieren replicar en Montevideo, se hace solo en Paysandú, los años siguientes se hacen en ambas capitales litoraleñas. Puede ocurrir que por una materia o un curso en particular los alumnos deban trasladarse de un lugar a otro, separados por 120 kilómetros. En el interior, y más al norte, todo parece más distante.
“Esto no los complica”, asegura la asistente académica. “En Montevideo, además, los estudiantes ya tienen que trasladarse mucho, a San Ramón, a otras ciudades del santoral canario, a Canelones del Este. No es algo nuevo. Acá las carreras no están exactamente duplicadas (en Salto y Paysandú), pero no es mucho lo que se tenga que duplicar”.
Hay otro aspecto evaluado positivamente. En Montevideo, la Facultad de Medicina sigue recibiendo unos 5.000 estudiantes por año, la mitad de ellos interesados en ser médicos y la otra mitad para las otras 19 licenciaturas y tecnicaturas que ahí se cursan. “No cambió la matrícula de ingreso en Montevideo, mientras que en Paysandú y Salto explotó. Esto es relevante: quiere decir que los que cursan acá son aquellos que no hubieran hecho la carrera si esta no estuviera en el norte, no le quitamos estudiantes a Montevideo”, asegura Domenech.
Los que cursan en Salto y Paysandú son jóvenes que no hubieran hecho la carrera si esta no estuviera en el norte, Montevideo no perdió estudiantes Los que cursan en Salto y Paysandú son jóvenes que no hubieran hecho la carrera si esta no estuviera en el norte, Montevideo no perdió estudiantes
Además, la experiencia ha sido lo suficientemente exitosa como para que el Consejo Directivo Central de la Facultad comience a estudiar si implementa en Montevideo el CIO Salud. En este caso, el interior le muestra a la capital cuál es el camino a seguir.
“Queremos ofrecerles a los que ingresan a Medicina en Montevideo una entrada en común, la que les permita a los estudiantes luego elegir más fácilmente entre las 20 opciones. Si se arrepienten ahora, tienen que arrancar desde cero en la otra carrera, y es común que a los 17 o 18 años los jóvenes se arrepientan”, indicó Briva. Contó que el miércoles 19 empezaron “a tocar el tema en el Consejo”, con la idea de formar “un grupo de trabajo” que establezca una agenda. “Hay que ver qué posibilidades hay, no hay que olvidar que esta es una facultad que en diciembre cumple 150 años”, agrega.
Radicaciones
Ana Cardozo, que ha hecho toda su carrera viviendo en su casa paterna, algo desde siempre reservado para los montevideanos, tiene pensado ejercer la profesión en Paysandú. “Estudiar acá, formarte con la gente que trabaja en el hospital de acá, te genera un compromiso: tenés que devolverle a la sociedad lo que te ha dado”, asegura quien ya ha hecho prácticas clínicas en lugares tan desconocidos por el sur como la policlínica Chaplin, la comunitaria Santa Mónica, la de Nuevo Paysandú o en Salto. Ella piensa especializarse en Medicina Interna, una de las opciones que hay en el Cenur Litoral Norte.
Que haya médicos que puedan estudiar y recibirse lejos de Montevideo busca disminuir la evidente desigualdad de profesionales entre la capital y el resto del país. En la Federación Médica del Interior (Femi) señalan que si en Montevideo hay 74 médicos cada 10.000 habitantes, fuera de él esa proporción se reduce a la tercera parte: 24 cada 10.000. Al norte del río Negro apenas está el 7%.
Por más cariño que se le tenga al pago chico, no es lo más común que uno vuelva a su ciudad natal para recibirse. Hay estudios en la Cátedra de Ginecología que indican que el 80% de estos especialistas se queda a trabajar ahí donde se recibe. Ginecología, por caso, es otra de las especialidades que se puede estudiar en Salto y Paysandú. Desde la Udelar, la explicación es obvia: en los años universitarios uno suele aumentar sus vínculos sociales, crear los laborales y hasta formar pareja. “Cuando el estudiante del interior viene a Montevideo, a lo largo de la carrera el interior lo ‘pierde’”, grafica Briva.
Salto y Paysandú son la punta de lanza en el interior. No están todas las especialidades; sí las denominadas “troncales”: las dos mencionadas, más Cirugía, Pediatría y Medicina Familiar y Comunitaria, considerada fundamental ahí donde hay menos población y médicos. La apuesta sigue: Briva destaca también “algunas tecnicaturas y una pata de Cardiología” en el Hospital de Tacuarembó y un intento “muy incipiente” de desarrollar parte de la carrera en Maldonado.
Juan Gesuele, otro asistente académico del Decanato, dice a Búsqueda que uno de los desafíos de este quinquenio es crear residencias en diferentes puntos del interior. La posibilidad de llevar todas las especialidades es de muy difícil concreción.
En todo caso, “va a ser más factible que se muevan” nuevos médicos al interior y al norte del río Negro desde Salto y Paysandú, según el decano. Esas plazas, además, “se van a llenar en algún momento”, lo que provocaría efecto derrame de profesionales en sus cercanías, agrega.