La profesora Mariana Seoane es la primera mujer electa decana en casi 100 años de existencia de la Facultad de Odontología de la Universidad de la República (Udelar), exceptuando el interinato de la doctora Delia Gago en los años noventa.
La carrera sigue siendo cara para los estudiantes y ese “es un problema”, dice Mariana Seoane, primera decana en casi 100 años
La profesora Mariana Seoane es la primera mujer electa decana en casi 100 años de existencia de la Facultad de Odontología de la Universidad de la República (Udelar), exceptuando el interinato de la doctora Delia Gago en los años noventa.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Esto es parte de un proceso y una respuesta de las instituciones que transitamos por recambios generacionales (...). Ya había pequeñas señales de apertura en la facultad”, dice al explicar que su postulación al Decanato “surgió de forma natural”, trascendiendo al género.
“Yo no me achiqué y rompí un poquito el molde”, agrega con humor la docente grado 5, quien a sus 47 años es también la más joven entre los decanos del Consejo Directivo Central (CDC), órgano máximo de gobierno de la Udelar, seguida por el rector Rodrigo Arim, con 52.
Con vocación por el servicio social, acaso por su temprana formación salesiana, Seoane optó por Odontología “un poco por descarte”. Empezó como becaria en la Sala de Microscopios, fue docente en Histología —rama biológica que estudia tejidos orgánicos de seres vivos— y es experta en prostodoncia, especialidad en prótesis dentales.
Hoy es la decana de una facultad altamente feminizada, donde las mujeres representan las tres cuartas partes de los 600 ingresos, promedio, anuales —en un total de 1.000 estudiantes que cursan en la institución, sin incluir posdoctorados, entre las carreras de grado y las tres tecnológicas—, más otras tres cuartas partes de egresadas y casi tantas docentes.
La pandemia impactó en las trayectorias educativas y deterioró los vínculos institucionales, advierte la decana, también hija de Pedro Seoane —caricaturista del semanario Marcha en los sesenta, que firmaba con el seudónimo Jemajo—, en su despacho decorado por cuatro cuadros cedidos a préstamo por la Facultad de Artes.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.
—¿Qué implica ser la primera mujer electa decana de una facultad altamente feminizada como Odontología?
—Me resulta muy difícil contestar eso. Yo me considero una trabajadora. Me cuesta mirarme desde una perspectiva de género. Evidentemente analizarme como primera decana tiene un cierto impacto. Entiendo que se me pregunte, aunque me gustaría pensar que estoy aquí por mi trayectoria académica y capacidad.
Esta es una facultad totalmente feminizada. En el ingreso hay un 75% de mujeres. Ellas son las tres cuartas partes entre estudiantes de primero a quinto año, y en el egreso igual. También entre docentes son mayoría. Y en todos los principales cargos hay mujeres: la directora de la escuela de graduados, de carreras de grado, de contaduría, de biblioteca, de recursos humanos, de secretaría del Consejo, de división y la decana. Este cambio es parte de un proceso y una respuesta de las instituciones que transitamos por recambios generacionales.
—¿Cómo se produjo ese recambio generacional?
—Vivimos un cambio generacional, de época. Esto es parte de un proceso y una respuesta de las instituciones que transitamos por recambios generacionales. Ya había pequeñas señales de apertura en la facultad y todo surgió de forma natural, trascendiendo al género. Hubo una generación muy fuerte académicamente y de mucho compromiso institucional que se fue, y eso en las instituciones genera un cierto vacío que no es fácil de llenar. Y un grupo de jóvenes vimos este recambio como algo muy natural. Por eso desde afuera puede llamar la atención la llegada de una mujer al decanato. Yo también lo analizo desde la perspectiva de una mujer que no tiene hijos a cargo ni personas que cuidar y que organiza su trabajo de manera muy independiente. Distinto es el rol de la mujer que ocupa un lugar de poder y que logró vencer ciertas barreras, la que convive con la maternidad, el cuidado, el hogar. Al analizar la perspectiva de género hay que incluir todas esas cuestiones que a veces generan desigualdad.
—Asumió en plena pandemia y la crisis sanitaria impactó fuerte en carreras de la salud, ¿cómo fue en su caso?
—Muy complejo. Cuando asumí, en 2021, los casos de coronavirus se fueron por las nubes. La facultad mantuvo abierta la urgencia y un espacio para los pacientes que estaban en tratamiento en facultad. Hubo que organizar todo el sistema de vacunación vinculado al área asistencial. No tuvimos grandes crisis de contagio. Estamos acostumbrados al uso de barreras, tapabocas, guantes y hasta gorros. Pero tuvimos que adecuar los procedimientos para evitar que se generara un brote. Fue muy duro. La pandemia cambió los vínculos y es probable que estemos menos tolerantes. Cuando terminó volvimos a una socialización que se había fracturado. En esta institución, el estudiante pasa mucho estrés, porque parte de aprobar el curso implica terminar un tratamiento, lo que ya es un proceso de aprendizaje naturalmente estresante, porque, además, es trabajar sobre el cuerpo de otra persona. Si, además, al estudiante le sacás durante dos años todos los momentos divertidos de la vida social institucional y solo viene a la facultad a pasar estrés, algún efecto tendrá, y más en un contexto de miedos de contagios, de crisis. Es imposible pensar que esto no impacte en las trayectorias educativas.
—Y en el medio también se procesó el cambio de estatuto...
—Sí. Entré con todo: pandemia, cambio de estatuto… (Ríe) Tremendo, porque las instituciones que tenemos un perfil profesional muy fuerte generalmente contamos con docentes que no tienen muy alta dedicación. Porque tienen una vida profesional fuera de la institución. Y el estatuto estableció la adecuación horaria, las adscripciones, el cumplimiento de las funciones sustantivas; hizo que transitáramos un proceso que nos benefició porque veníamos preparando una reorganización académica que gracias al estatuto se catalizó y hubo una departamentalización. Pasamos de más de 30 unidades organizativas muy pequeñas —cátedras o servicios, liderados por grados 5 o 4 al frente de una decena de personas— a siete departamentos. Esa reagrupación por temáticas disciplinarias afines rompió con la tradición lógica de las instituciones que se organizan en cátedras desde sus orígenes, y en una facultad con una estructura académica hiperfragmentada. Ahora justo estamos en el proceso de unificación de cargos.
—En estos años también se produjeron cambios vinculares, al aprobarse protocolos contra la violencia, discriminación y acoso interinstitucional.
—Ese es otro capítulo. Una vez que la propia universidad abre la puerta a discutir estos temas, uno empieza a ver dificultades. Si hay una ordenanza para actuar en situaciones de acoso, discriminación, si hay protocolos y se estudian estos temas, empieza a aflorar algo que ya estaba, pero que ahora vemos con claridad que hay que actuar. Aquí alcanzamos el primer nivel de calidad con equidad de género —junto a Ingeniería y Psicología, la mejor posicionada es Veterinaria—, que son apuestas que hacen las instituciones para cumplir con una serie de indicadores. Pero tenemos que trabajar un poco más en cómo nos vinculamos entre nosotros.
—¿Qué balance hace de su gestión?
—Avanzamos con más velocidad en la reorganización académica, en el fortalecimiento de las carreras tecnológicas y en una adecuación edilicia con perspectiva de planificación más a mediano plazo. Este año iniciamos una obra importante, que tomó dos años entre planificación y procedimiento. Está destinada al fortalecimiento del área asistencial asociada a la instalación del compresor de abastecimiento a las clínicas y racionalización de espacios institucionales. La obra tiene un costo aproximado de $ 27 millones. El área asistencial se mantiene básicamente con presupuesto del pago de aranceles, porque no tenemos presupuesto Udelar. Por eso se cobra un arancel que es más bajo que los costos de mercado, dependiendo del tratamiento. Otra iniciativa es la Fundación Rostros, que brinda el servicio de prótesis bucomaxilofacial que es referencia para la rehabilitación de personas con mutilaciones faciales.
—Odontología es una de las carreras más caras. ¿Cuánto ha podido cambiar eso en estos años?
—Sigue siendo así y es un problema, aunque avanzamos muchísimo. Lo que pasa es que somos una institución altamente específica y con características muy particulares; por ejemplo, desarrollamos enseñanza e investigación y la asistencia clínica en el mismo edificio. No contamos con un hospital aparte para nuestras actividades clínicas. Tampoco somos un prestador del sistema de la salud, somos un centro de formación. Y cada estudiante tiene su sillón y su box (238 unidades odontológicas en total), con todo lo que hay cuando vamos al odontólogo. Está la beca del Fondo de Solidaridad de la Udelar y en la facultad desarrollamos una beca de préstamo de materiales para la que se destinan fondos de libre disponibilidad (a partir de una donación específica) por unos $ 2 millones anuales en instrumental.
—Entrevistada años atrás por un medio de la Udelar, dijo que “no es fácil acordar y negociar con personas que no están acostumbradas a hacerlo con una mujer” y aún menos “de aspecto juvenil”.
—Sí, ese es un karma. (Ríe) Ya estoy más acostumbrada. Pero en general he tenido buenas experiencias de negociación y creo ser bastante articuladora. Yo no me posiciono mucho en mi rol de género cuando lo que importa lo trasciende. Llega un punto en que uno pasa a ocupar espacios donde siente que puede aportar porque sabe de lo que habla y siempre me vi más como una buena gestora. Como todo grado 5 era decanable, institucionalmente surgió de manera natural, atado al recambio generacional. Y yo no me achiqué y rompí un poquito el molde. (Ríe)
—¿Buscará ser reelecta decana?
—Pienso que sí. Cuatro años de decanato es poco. En un decanato hay todo un período de apropiación, de diagnóstico, muy al estilo de salud. Como meta está la actualización del plan de estudios para que la reorganización académica y curricular vayan de la mano. Queremos que el primer año de estudios sea más de tránsito horizontal de los estudiantes para que se pueda capitalizar lo que hizo en odontología en otra área si quiere cambiar de orientación. Ese es un gran desafío. Otros objetivos son consolidar el área para asistencia al discapacitado y tener más presencia en el interior. Además, el año que viene se realizará el relevamiento de salud bucal de la población uruguaya.
—¿La Udelar está preparada para una rectora?
—Está preparada para todo. Es importante en cualquier sociedad que llegue a una situación de igualdad que no sorprenda que una mujer alcance cualquier liderazgo. Pero no es que tiene que llegar una mujer porque ahora en todos los espacios tiene que haber una mujer. Yo comparto que sería muy beneficioso que llegue una mujer, pero si es la ideal para tal lugar o que pueda liderar. La vida política se ha construido en años y años de dinámicas masculinas. La problemática es que nosotros hoy somos producto de algo que se construyó mucho tiempo atrás y es muy difícil romper con una historia. Por eso mi principal apuesta es la gente joven. Igual creo que hemos salido de aquella idea de que tales roles de liderazgo es mejor que sean ocupados por hombres. Yo en ningún momento me sentí en condiciones de inferioridad por mi género.