Tras este informe, el fiscal Luis Pacheco aceptó la petición de la defensa y la jueza Verónica Pena, quien en ese entonces intervenía en el caso, autorizó el egreso del Vilardebó y su ingreso a una casa de medio camino. Sin embargo, Peralta no llegó a trasladarse a un centro de este tipo, en el que los usuarios tienen la libertad de salir cotidianamente para cursar estudios, realizar actividades de rehabilitación y recreativas o trabajar.
“Se informa a la sede que las casas de medio camino al ser abiertas no garantizan que los usuarios no se fuguen” ni aceptan “pacientes con procesos judiciales por no contar con las garantías necesarias”, aclaró un informe de los técnicos de la sala 11 del Vilardebó de noviembre de 2022. En dicho documento también se explicaba que estos espacios trabajan en un proceso para lograr la “autonomía” del usuario en un plazo de dos años.
Sin embargo, para el equipo tratante del Vilardebó era “imprescindible y urgente” el traslado a una casa de medio camino y recordaron que la ley de salud mental establece el deber de “priorizar ante todo la voluntad del paciente”, que en este caso era salir del hospital. “Tal como lo expresa la ley de salud mental la situación social no es causa de internación psiquiátrica”, subrayaron.
Un año después, en octubre de 2023, los mismos médicos le explicaron a la Justicia que el equipo de desinstitucionalización de la Asociación de Servicios de Salud del Estado (ASSE) respondió que el paciente “no tenía el perfil para ingresar a (una) casa de medio camino”, dada su autonomía y su capacidad de autogestión. El equipo tratante del Vilardebó “continúa gestionando el proyecto de egreso del punto de vista social, logrando que su madre se mude a la ciudad de Carmelo donde cuenta con familiares mejorando el sostén sociofamiliar y que se haga responsable de los cuidados que el paciente necesita”, esto es, tomar la medicación y realizarse controles frecuentes en una policlínica psiquiátrica, de los cuales deberá presentar constancia de concurrencia en la comisaría local.
Para ese momento, Peralta había pasado a la sala 10 (preegreso), en donde dictó clases de alfabetización para pacientes con dificultades de lectoescritura. La ausencia de alteraciones en su conducta, el “impecable funcionamiento y relacionamiento con los demás pacientes y personal asistencial” y su propio arrepentimiento derivaron en la liberación largamente buscada.
Durante dos años fiscal y juez habían negado cualquier posibilidad de liberación que no contemplara un hogar intermedio. Pero, ante la negativa de ASSE y la insistencia de los técnicos del Vilardebó, avalaron una salida en la que estuviera bajo la supervisión de un familiar. Eso fue lo que sucedió el pasado 7 de noviembre: Peralta egresó para continuar su tratamiento de forma ambulatoria en una policlínica de ASSE en Carmelo, en donde actualmente vive junto con su madre. Se establecieron consultas mensuales tras las cuales Peralta deberá presentar constancia de concurrencia en la comisaría local.
Evaluaciones y peritajes que se le hicieron a Peralta desde 2016 en adelante le atribuyeron “alta peligrosidad” en caso de que no esté debidamente tratado. “Es un paciente que debe estar en tratamiento permanente (de por vida) supervisado por terceros confiables. Presenta alta peligrosidad si deja la medicación”, diagnosticó la perito del ITF, Ximena Ribas, en setiembre de 2016. Siete años después el concepto era el mismo: “Se plantea que el periciado se encuentra en condiciones de alta psiquiátrica para lo cual es imprescindible contar con terceros (institución de medio camino o familiar capaz) que sean capaces de supervisar su tratamiento psiquiátrico y puedan advertir y dar cuenta a la autoridad competente las siguientes situaciones: abandono de tratamiento (abandono de toma de medicación o inasistencia a controles en policlínica); cualquier elemento de descompensación psiquiátrica”, detalló la pericia forense de Emiliano Pagano en octubre de 2023.
La supervisión quedó a cargo de la madre, con quien Perlata mantuvo una relación tormentosa a lo largo de su vida, según se desprende del expediente. Su madre fue “psicoeducada” junto con Peralta por el equipo del Vilardebó respecto a síntomas y signos que requieran una consulta precoz en el hospital de la zona.
El último peritaje que se le hizo daba cuenta de su “evolución” de esta forma: “Refiere que no profesa ninguna religión. Niega haber matado a la víctima por razones religiosas, no recuerda con claridad los hechos”, anotó la psiquiatra del ITF en julio. “Fue como un torrente de agua que me invadió”, apuntó, al registrar las palabras que Peralta usó para explicar el acto, en una versión distinta a la que mantuvo durante meses, cuando decía que había matado para cumplir con un designio divino.
“Algo simbólico”, “un mensaje”
—¿Sabe por qué está aquí?
—Se me acusa de haber matado a una persona.
—¿Y usted qué piensa?
—Yo no fui.
—¿Qué es lo que usted recuerda de ese día?
—Ese día me desperté, oré a Alá y él me encomendó una misión. Me dio un nombre y me pidió que le disparara en la cabeza… pero tenía miedo. Después me acuerdo de que estaba corriendo por la calle y dos hombres me agarraron.
—¿Conocía usted a la víctima, había sufrido algún problema con él?
—No. Pertenecía a la colectividad (judía), fue algo simbólico, un mensaje. El mensaje era no sigan oprimiendo más.
Este diálogo entre el médico psiquiatra Germán Decuadro y Peralta se registró en un informe del 23 de junio de 2016, tres meses y medio después del crimen. En esa entrevista Peralta reiteró varios de los conceptos que había transmitido durante el primer peritaje que se le practicó, a pocas horas de ser detenido, y que llevaron al técnico que lo evaluó entonces a determinar que actuó con “conciencia y voluntad de ilicitud”. Su conceptualización del homicidio como “un mensaje” y un acto simbólico es uno de los elementos que algunos expertos toman para catalogar el asesinato de David Fremd como un acto terrorista, en el entendido de que fue una acción premeditada, motivada por un fin político-social y diseñada para tener efectos psicológicos de largo alcance más allá de la víctima o el objeto inmediato del ataque, es decir, la colectividad judía local.
Desde Washington D.C., el especialista uruguayo en terrorismo Pablo Brum repasa en conversación con Búsqueda: “El terrorismo es una forma de violencia política. Los pronunciamientos ideológicos al momento del acto, así como el ensañamiento con una víctima por un origen étnico o pertenencia a una comunidad, son elementos característicos del accionar terrorista. Hay incidentes ampliamente vistos como terroristas en el mundo que encajan de forma menos directa que el de Fremd en la definición de terrorismo”.
De las palabras de Peralta, consignadas en su declaración policial, el primer peritaje y dos informes del Hospital Vilardebó del año 2016, se desprende que su decisión de “matar a un judío” como acto de justicia y resistencia contra la “opresión” no surgió en la mañana del 8 de marzo, sino que forma parte de un proceso de varios años que expertos como Brum denominan “radicalización”.
De aquellas pericias realizadas a Peralta se desprende, además, que su radicalización contó con un grado de socialización en ambientes virtuales. “La radicalización de una persona hacia el accionar terrorista no ocurre de la noche a la mañana. Suele ocurrir en mayor volumen en contextos colectivos, pero hay también diversos casos de ‘lobos solitarios’. Aun así, al investigarse esos casos se suelen descubrir interacciones online y en persona que permiten trazar el espiral de preparación mental para la acción terrorista, aun sin pertenecer a una organización”, explicó Brum.
Un lobo solitario en Paysandú
En los múltiples relatos que Peralta repitió ante peritos y psiquiatras durante las horas y meses posteriores al ataque contextualizó su acto en el marco de un discurso de victimización, que incluye la percepción de discriminación por su conversión al islam en 2006 y una supuesta persecución que se habría iniciado el día que, siendo un estudiante de Magisterio, le reveló al embajador de Israel en un acto público que era musulmán y lo cuestionó por los bombardeos en Palestina.
Peralta profesa odio por su madre y por las mujeres en general, incluyendo a sus psicólogas. Tuvo breves encuentros con el sistema de salud mental, pero sin mayores consecuencias. Tiempo antes de atacar a Fremd mencionaba con frecuencia su admiración por Adolf Hitler; se dibujaba y describía a sí mismo como un soldado e incluso se vestía como tal con pantalones camuflados. Era hábil con los idiomas: escribía sus diarios en inglés y cultivaba los idiomas ruso y árabe.
Las dificultades para avanzar en sus estudios y la frustración por no haber podido progresar en su carrera docente —y en particular un sumario que le hicieron en 2012-2013 ante denuncias de padres de estudiantes— las adjudicó a un ensañamiento persecutorio de la comunidad judía uruguaya y nombró a otros judíos que se habrían interpuesto en su camino.
“Ataqué a una persona… Se me culpa pero nadie toma en cuenta la situación que estaba viviendo… Estaba como agua que quiere salir de una cañería”, se justificó ante el perito del ITF Ángel Menoni pocas horas después del homicidio.
En este contexto, el encuentro con la ideología yihadista le habría de explicar el porqué de sus males y también le habría de dar una respuesta. Mundialmente, el yihadismo sostiene que Occidente está en estado de guerra con el islam, que la expansión del islam es la solución y que la yihad es un deber individual.
“Yo me terminé convirtiendo en lo que me trataban, el islam siempre atacado”, dijo Peralta en su primer peritaje. Peralta sufría por la situación de sus “hermanos musulmanes” en Medio Oriente y también sufría por la persecución de la cual se sentía víctima. Para él, la solución también era el islam: “Todos estos años vine pidiendo a Alá paciencia y me decía que ellos iban a cambiar la actitud, cuando yo rezaba, que los pueblos iban a ser castigados”.
Peralta narró las horas previas al crimen en una de las evaluaciones psiquiátricas.“Ese día me desperté, oré a Alá y él me encomendó una misión. Me dio un nombre y me pidió que le disparara en la cabeza… pero tenía miedo. (…) Yo recé y pedí a Alá que me sacara de la situación, que no aguantaba más, y me mostró imágenes, decapitaciones, y un recitado ‘matamos en camino de Alá’ (…). Sentía que me decía ‘hay que matar un judío’”. El modo operativo no fue con un arma de fuego sino con un cuchillo, tal como ocurría por esos años con ataques terroristas individuales en ciudades europeas y de Israel.
Pero en ese proceso Peralta no estuvo solo. En los años anteriores había desarrollado una red de contactos virtuales a través de Internet que lo animaban a cruzar fronteras y sumarse a la yihad. “Me empezaron a llegar mensajes de Yahoo, ‘venite para Afganistán, pasa por México, venite’…, y empecé a buscar sobre la cultura del islam en Internet. Un musulmán de Egipto o de Arabia Saudita me empezó a explicar el islam por Internet”, narró pocas horas luego del asesinato.
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Sanduceros colocaron piedras sobre la placa homenaje a David Fremd, 2022
El Telégrafo
Los yihadistas han hecho un uso exhaustivo de las posibilidades que ofrece la red para comunicación, propaganda, radicalización y reclutamiento a través de foros, páginas webs, redes sociales, servicios de mensajería por celular.
Peralta describió vínculos que formó por Internet, en particular con “un egipcio” que lo contactó con otra persona. “Me sentí remotivado”, expresó en una de las evaluaciones psiquiátricas que le hicieron. Por esa misma época, miles de personas radicalizadas online hicieron el viaje a Oriente Medio para unirse al Estado Islámico. También narró que en 2005 estuvo a punto de viajar a Marruecos. “Después de la segunda charla con el egipcio comenzó la conversión, me ofreció irme a Marruecos y me contactó con una mujer para casarme”.
Pese a las comunicaciones que mantuvo a través de la web, actuó solo al momento de decidir y ejecutar el acto.
—¿Conoce el término “lobo solitario”? —le preguntó el psiquiatra Decuadro.
—Sí —contestó Peralta.
—¿Se puede aplicar a usted? —repreguntó el técnico.
—Sí, quizás sí —dijo Peralta, quien de todas maneras negó que hubiera cometido un “acto terrorista”.
Con esa opinión difiere la línea de trabajo de la Secretaría de Inteligencia Estratégica del Estado, que entiende que casos de radicalización autóctona como el de Peralta reflejan buena parte de las dinámicas y acciones terroristas más recientes según un modelo de inspiración individual que alienta a la acción a todos los anónimos que se sientan parte de la causa y que buscan legitimarse como parte de un movimiento de escala global. El llamado a la yihad como una responsabilidad individual ofensiva compromete a los seguidores de la causa a asumir el “acto de justicia” por mano propia y con los elementos que estén al alcance de la mano —un explosivo, un rifle, un camión o un cuchillo— en el lugar del mundo que se encuentren: Bagdad, Jerusalén, Londres, Sídney, Nueva York o Paysandú.
“En el caso de Uruguay, aunque la probabilidad de ocurrencia de un acto terrorista es más baja que en otros contextos, sería una ingenuidad creernos a cubierto de una agresión. La bendita memoria de David Fremd nos exige, día a día, cuidado, atención y trabajo”, dijo el director de la Secretaría de Inteligencia Estratégica, Álvaro Garcé, a Búsqueda.
Así lo ve también el Congreso Judío Latinoamericano (CJL), que ha seguido este caso con detenimiento. “En Uruguay, cuando piensan en terrorismo recuerdan las Torres Gemelas, Charlie Hebdo, AMIA, pero no se termina de internalizar que el país fue víctima de ese terrorismo. Y tiene el agravante que, si bien se detuvo al responsable del acto terrorista, no fue condenado por el crimen que cometió”, dijo el director ejecutivo del CJL, Claudio Epelman, a Búsqueda.
Lo mismo había argumentado la fiscal Carolina Martínez Pereyra cuando, en abril de 2019, apeló la decisión de la jueza Rossana Martínez Fernández de declarar inimputable a Peralta, privilegiando el resultado de una segunda pericia practicada seis meses luego del homicidio que se contradecía con la primera y una junta médica que procuraba zanjar la cuestión. “Claramente, las integrantes de la junta médica no han querido visualizar a Carlos Peralta como a un lobo solitario, quizás por los escasos casos que se han dado en Uruguay y la región o por una simple ignorancia al respecto. Lo cierto es que Peralta actuó en estos delitos como un lobo solitario”, afirmó la fiscal en un alegato que procuraba revertir la decisión judicial marcando las “inconsistencias” de las dos pericias que siguieron a la primera al catalogarlas como un “castillo de naipes frágiles”.
Psicópata vs. terrorista: la polémica sobre la imputabilidad
La Fiscalía argumentó en su acusación de octubre de 2018 que el homicidio de Fremd fue “fríamente” premeditado y tuvo alevosía. Fremd fue escogido de forma deliberada por su visibilidad como miembro exitoso entre los judíos (“el que movía los hilos”, según Peralta) y, por consiguiente, fue hecho depositario de los males sociales que atormentaban al victimario. “Me miraban como si yo fuera una bomba, él y en la pizzería de al lado”, confesó en el Vilardebó.
“Peralta escogió el arma blanca con mayor poder para infringir heridas letales. Decidido a causar daño a la colectividad judía, escogió a uno de los miembros más influyentes de dicha colectividad en el departamento de Paysandú, el Sr. David Fremd, para hacer llegar el mensaje que pretendía comunicar. Estudió todos los movimientos de su víctima, escogió el momento preciso en que estuviera solo y desprevenido y aguardó para herirlo mortalmente. El día de los hechos rezó a la divinidad en la que cree pidiéndole fuerzas para cometer el homicidio que ya venía pergeñando desde tiempo atrás”, narró la fiscal Martínez Pereyra al pedir 27 años de prisión para el acusado.
Sin embargo, la Justicia declaró, en primera instancia, la inimputabilidad de Peralta amparada en dos peritajes —el segundo de ellos, de una junta médica— que diagnosticaban a Peralta como portador de una “enfermedad alienante de larga data —psicosis crónica con características de delirio paranoico—” cuya implicancia directa es que no había sido “capaz de apreciar el carácter ilícito de sus actos ni de determinarse libremente”.
La fiscal Martínez Pereyra criticó los criterios usados para descartar la pericia realizada a pocas horas del homicidio y catalogada como “primaria” y privilegiar, en cambio, a la segunda pericia y a la junta médica por incluir la intervención de varios facultativos y consultar antecedentes.
“No se comparte que se le haya asignado preeminencia a pericias realizadas casi seis meses y 16 meses después de ocurridos los hechos, y se haya descartado sin más argumento de que es primaria (sin explicar a qué se refiere con ello) la pericia realizada el día siguiente a los hechos”, afirmó.
Y agregó: “Es importante entender que aún en el caso de que Peralta tenga marcados rasgos esquizoparanoicos y psicopáticos de personalidad, como señala la pericia original, ello no implica que sea inimputable”.
En esta línea de pensamiento, Brum sostiene, al igual que otros expertos en la materia, que el terrorismo y la psicopatía no son necesariamente dos categorías excluyentes. “Que un terrorista tenga diagnósticos de psicopatías o no es secundario a las consideraciones de seguridad pública. Incluso puede considerarse un agravante para su peligrosidad y no un atenuante. Abundan casos de terroristas y asesinos en masa con ese tipo de diagnóstico. El hecho primario es el acto de violencia política con proyección a familias y comunidades enteras. Las características psicológicas individuales del atacante son subsidiarias y de interés académico, pero no pueden colocarse por delante del interés público y la seguridad nacional”, afirmó.
La liberación: “Un problema de seguridad”
El argumento de la fiscal no logró persuadir al Tribunal de Apelaciones que, en segunda instancia, confirmó la sentencia en febrero de 2020. Esa declaración de inimputabilidad y las evaluaciones positivas del ITF y el Vilardebó posibilitaron que Peralta recobrara su libertad con el visto bueno de la Fiscalía a partir de 2022. En los peritajes de los últimos años ya no había ningún indicio de referencias religiosas o alusiones a la narrativa yihadista, sino que la explicación del hecho en manos de Peralta oscilaba entre la falta de memoria y la aparición de un “brote psicótico”.
“Cometí un homicidio, terminé matando a una persona, me levanté una mañana y sentí una voz que me decía ‘mata’”, dijo en una pericia que el ITF le hizo en 2021. “Una cosa bien de locos, al azar”, dijo sobre la víctima. “Yo nunca me percaté de que escuchaba voces, me di cuenta cuando empecé a tomar las pastillas estando acá internado”, agregó. “Había abrazado el islam, me atraía el idioma, me gustaba que podría hablar otro idioma (…). Ahora no lo practico más, no estoy motivado para seguir por el islam”, concluyó. “Estoy acá por homicidio, del delito no recuerdo nada, me entró una paranoia. Tuve un brote psicótico porque estaba sin medicar”, dijo ante una nueva pericia en octubre de 2023.
Pese a todo ello, Peralta seguía de cierta forma vinculado con hechos de violencia. El 29 de abril de 2020, un hombre que había coincidido temporalmente con Peralta en el Vilardebó amenazó de muerte a un integrante de la familia Fremd en su comercio de Paysandú. “Yo soy amigo del que está en el Vilardebó, que mató al otro. Decile que le manda saludos, porque yo lo conozco. Los voy a cocinar a todos”, dijo Ángel Budez, según la declaración de uno de los testigos. Budez ha cometido distintos delitos en los últimos dos años que le valieron al menos dos nuevos ingresos al hospital.
Este antecedente y las dudas que persisten sobre la naturaleza del caso siembran la crítica del Congreso Judío Latinoamericano en dos niveles: “La liberación del responsable no solo es un problema de seguridad para la comunidad judía y la sociedad uruguaya sino que también es un mensaje de falta de entendimiento del flagelo del terrorismo y de cómo los discursos de odio pueden convertirse en violencia física”, dijo Epelman.