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    Algunas pocas preguntas

    Tenemos que crear espacios formales o informales en nuestras organizaciones para que los colaboradores puedan compartir abiertamente sus presiones, desafíos, frustraciones y, a veces, el puro aburrimiento de la vida laboral

    Columnista de Búsqueda

    La vida a menudo nos presenta giros inesperados, desafiándonos a adaptarnos y a encontrar nuevos caminos. Eduardo es un amigo de toda la vida, alguien que ha sido un pilar en mi historia personal. Sin embargo, la semana pasada su mundo dio un vuelco: tras más de 20 años de dedicación a su trabajo en México, donde vive desde hace 15, fue despedido de la noche a la mañana. El dolor y la incertidumbre lo envolvieron cuestionándose no solo el porqué de esa abrupta decisión, sino también su futuro.

    Con el deseo de apoyarlo en este difícil momento, decidí invitarlo a pasar unos días juntos, ya que ambos coincidíamos en un viaje en el extranjero. Durante esos tres días de charlas profundas y risas compartidas, exploramos las emociones y los pensamientos que lo embargaban. Hablamos sobre la importancia de reinventarse en un mundo laboral que, cada vez más, se aleja de la idea del trabajo para toda la vida. Eduardo, con su vasta experiencia pero también con cierta inseguridad, comenzó a vislumbrar nuevas oportunidades durante nuestras conversaciones.

    Este encuentro no solo se convirtió en un momento de conexión y apoyo, sino que también nos llevó a reflexionar sobre un tema crucial en la actualidad: la evolución de las carreras profesionales y el valor de la resiliencia en tiempos de cambio. Una de las cosas que más se repitió en las charlas es cómo no vio venir esta situación antes. A veces creo que es bueno hacernos este tipo de preguntas. ¿Por qué estoy haciendo este trabajo? ¿Por qué trabajo para esta empresa? ¿Cómo terminé aquí? ¿De qué se trata? ¿Hay algo más que debería estar haciendo con mi vida?

    Preguntas desafiantes que la mayoría de nosotros nos hacemos en algún momento de nuestras vidas. Pueden ser provocadas por “terremotos” personales como una enfermedad, rupturas de relaciones o crisis laborales como despidos, pérdida de un bono importante, entre otros. A menudo quedan sin respuesta pensamientos para considerar mientras hacemos alguna caminata o para encarar en las próximas vacaciones, pero no para poner realmente en acción. Tengo la sensación de que esto está cambiando al ver cada vez más más gerentes, colegas y amigos hacerse estas preguntas en charlas como la que tuve con Eduardo.

    Desde mi perspectiva, el perfil de las personas que se hacen estas preguntas es bien diverso: hombres y mujeres, gerentes o líderes de alto rendimiento, académicamente exitosos, con puestos de responsabilidad. Desde nuevos MBA (master of business administration) cerca de sus 30 años hasta altos ejecutivos que rozan la edad jubilatoria legal se cuestionan el sentido de su trabajo.

    Normalmente, la “pregunta del propósito” surge en un momento específico de un trabajo personal de autoconocimiento. Es poco probable conseguir respuestas reveladoras en el primer cuestionamiento. El solo hecho de expresar las preguntas y liberar las emociones reprimidas alcanza para generar un movimiento.

    Pero en algún momento nos encontramos con una pregunta más fundamental: ¿estoy construyendo una vida o me estoy ganando la vida? Esta es una pregunta difícil. Algunas personas tienen opciones incomparables para hacer o convertirse en lo que quieren. Otras tienen vocación o encuentran accidentalmente una carrera que aman. Ciertas personas tienen opciones limitadas debidas a la falta de educación, riqueza u oportunidades.

    Seguramente, la mayoría de nosotros nos encontramos en algún lugar en el medio: tenemos que trabajar, hacer algunas cosas que no nos gustan y nuestras opciones de carrera no son indefinidas, sobre todo si tenemos personas que dependen de nosotros. Pueden pasar años antes de que nos preguntemos si estamos obteniendo algo de nuestro trabajo más allá del salario.

    Entonces, ¿qué se puede hacer si desciende una sensación de falta de sentido? Hay muchos libros que exhortan a dejarlo todo e ir por ese sueño. Muchos leímos El monje que vendió su Ferrari, el libro escrito por Robin Sharma que combina elementos de ficción y autoayuda. La historia sigue a un exitoso abogado llamado Julian Mantle, quien sufre un ataque al corazón debido al estrés de su vida profesional. A raíz de esta experiencia, decide vender todas sus posesiones, incluido su lujoso Ferrari, y emprender un viaje a la India en busca de un significado más profundo de la vida.

    Pareciera que tenemos que seguir buscando y buscando hasta encontrar el trabajo para el que nacimos, pero ¿es esto realmente de alguna ayuda? ¿Es realista dejarlo todo y seguir tu sueño? ¿Qué podés hacer si te comprometés a apoyar a tu familia, mantener un buen nivel de vida y asegurarte de que tus hijos reciban una educación decente?

    Si bien es importante cumplir con nuestras obligaciones, también es fundamental reconocer nuestros propios sentimientos de inquietud. Un sentido inquebrantable del deber hacia el jefe, la empresa, el equipo y la familia es loable, pero tenemos que asegurarnos de no olvidarnos de nosotros mismos a lo largo de los años o podríamos encontrarnos atascados en un trabajo aburrido y sin salida.

    El mes pasado me tocó entrevistar a alguien de 45 años que estaba remodelando su carrera profesional. Había pasado 25 años en la misma empresa, alcanzando sus objetivos anuales, apoyando a sus jefes y a sus equipos y proveyendo para su familia. Sin embargo, era incapaz de nombrar una sola cosa que disfrutara fuera del trabajo. Cuando lo presioné, sus ojos se llenaron de lágrimas. “No hago nada por mí. Ni siquiera puedo recordar lo último que disfruté”, me dijo.

    Esto no es inusual. Tenemos que crear espacios formales o informales en nuestras organizaciones para que los colaboradores puedan compartir abiertamente sus presiones, desafíos, frustraciones y, a veces, el puro aburrimiento de la vida laboral. Pero cuando abrimos el debate la expectativa sobre el trabajo y lo que hacemos es altísima.

    En lo que respecta al significado de nuestro trabajo, muchos adultos todavía se aferran a una noción del príncipe encantado y la princesa feliz que aparecerá y será el futuro prometido. Buscamos el estado permanente de enamoramiento y necesitamos de ese trabajo para sentirnos plenos. Los llamamos “trabajo ideal” o “vida plena” y los imaginamos al otro lado de los pantanos del sufrimiento, a la espera de que atravesemos un bosque de incertidumbres, listos para comprendernos a la perfección y brindarnos una felicidad eterna. Esa misma creencia, sin embargo, es la que muchas veces nos mantiene confundidos y estancados en nuestras carreras.

    Es importante tener una discusión honesta y aclarar las cosas. Luego pueden pasar a las ambiciones olvidadas la importancia de encontrar tiempo para sí mismos y las formas de reconfigurar las relaciones con sus cónyuges, hijos y padres. Cuando esto sucede, los niveles de energía aumentan y las personas se vuelven más animadas y comprometidas con sus puestos de trabajo. Doy fe de ello.

    Me hice estas preguntas hace algunos años mientras contemplaba mi propio cambio de carrera. Tuve la suerte de tener como mentor a alguien un poco inusual, y durante meses conversé con Julio Decaro. Me hizo una pregunta en nuestra tercera o cuarta charla: “¿Vos querés hacer una vida o ganarte la vida?”. A partir de dos preguntas muy simples, comenzamos un viaje de autorrevelación y conciencia que continúa hoy en día. ¿Qué es el trabajo para vos? ¿Por qué trabajás?

    Son preguntas que tenemos que seguir haciéndonos. ¿Cuál es tu forma de entender el trabajo? ¿El trabajo tiene que tener un propósito mayor o es simplemente transaccional? ¿Creés que cada vez somos más los que nos estamos cuestionando el sentido del trabajo?

    Entrevistado por el periodista argentino Andy Kusnetzoff en Perros de la calle (recomiendo escuchar), el lama uruguayo Rinchen Gyaltsen decía: “El problema está en pensar que las cosas son un fin en sí mismo, que el dinero promete felicidad… Si pensamos que el trabajo es un fin en sí mismo, estamos pidiendo mucho de las cosas”.

    Eduardo volvió a México renovado, entusiasmado y ansioso del futuro que puede construir. No fue producto de nada que le haya dicho. Por primera vez en mucho tiempo quiere repensar qué es lo que desea hacer y para qué quiere hacerlo. No quiere pedirle más al trabajo de lo que el trabajo es. El resto corre por su cuenta y depende solo de él. Se llevó un montón de preguntas y desafíos para trabajar. No hace falta tener todas las respuestas, a veces alcanza con tan solo hacerse algunas preguntas adecuadas.

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