• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Mucho más que nostalgia

    La importancia de respetar y dar valor a los aniversarios, ya sea de un país o de una empresa, reside en que son momentos privilegiados para recordar, reflexionar y proyectar

    Columnista de Búsqueda

    En agosto de 1825, un grupo de hombres tomó decisiones que marcaron el rumbo del Uruguay naciente. Doscientos años después, esa fecha pasó casi inadvertida, eclipsada por titulares más banales y por celebraciones que poco tienen que ver con la identidad de nuestra nación. El contraste fue llamativo. Uruguay conmemoró con más entusiasmo la Noche de la Nostalgia que el aniversario de su propia independencia. Se les dio más relevancia a los intercambios entre Sebastián da Silva y Nicolás Viera en el Senado que a lo que pasó en la asamblea de Florida con la participación de Valentín Gómez y José Benito Monterroso. Esta falta de reconocimiento a los hitos fundacionales revela algo más profundo: una tendencia a olvidar que las fechas no son solo símbolos del pasado, sino anclas de sentido colectivo.

    La importancia de respetar y dar valor a los aniversarios, ya sea de un país o de una empresa, reside en que son momentos privilegiados para recordar, reflexionar y proyectar. No se trata de actos protocolares ni de recuerdos vacíos, sino de instancias que permiten reconocer trayectorias, agradecer a quienes construyeron antes y renovar compromisos hacia el futuro. Cuando se pierde de vista la trascendencia de estas fechas, también se pierde la oportunidad de reforzar identidad, propósito y cohesión en cualquier comunidad.

    Un aniversario es una ocasión que merece ser capitalizada. El orgullo y la unión que despierta lo convierten en un momento único para invitar a las personas a reflexionar colectivamente sobre la relevancia de su labor y el rumbo a seguir. La mayoría de los líderes empresariales tienden a enfocarse mucho más en el futuro que en el pasado. En un entorno donde las industrias y las economías se transforman con rapidez, conciben su tarea como la de impulsar disrupción, innovación y cambios profundos, más que preservar el statu quo. No sorprende que gran parte de la literatura de gestión refuerce esta mirada, considerando el pasado como un freno a la innovación.

    Sin embargo, numerosos ejemplos de empresas alrededor del mundo muestran que la historia corporativa puede transformarse en un recurso estratégico y motivacional. Cuando se la utiliza como punto de referencia para orientar decisiones y acciones, la historia puede convertirse en motor de progreso, aportar continuidad y ofrecer a los distintos actores un sentido de identidad, orgullo y responsabilidad como herederos de un legado. Las organizaciones que reconocen este valor logran mirar hacia atrás con respeto, al mismo tiempo que se proyectan con fuerza hacia el futuro.

    Sierk Ybema es un profesor holandés de estudios organizacionales en Cambridge y Países Bajos que ha trabajado extensamente la idea de que las organizaciones construyen su identidad no solo desde lo que hacen en el presente, sino también desde cómo narran su pasado y cómo proyectan su futuro. En este marco introduce dos conceptos clave: nostalgia y postalgia.

    La nostalgia refiere a la evocación idealizada de un pasado común que funciona como un recurso emocional y discursivo para dar sentido a la identidad colectiva, reforzar la pertenencia o incluso resistir ciertos cambios. La postalgia, en cambio, es una suerte de “nostalgia adelantada”, un anhelo de futuro dorado que todavía no existe, pero que se imagina como horizonte compartido y que puede ser utilizado para inspirar transformaciones o legitimar nuevas estrategias.

    Así, Ybema muestra que pasado, presente y futuro se entrelazan en los relatos organizacionales y en la forma en que líderes y equipos interpretan su realidad. Entender la historia no es solo mirar hacia atrás: es construir un relato que otorga significado al presente y sirve de plataforma para proyectar un porvenir. De la misma manera, proyectar un futuro idealizado no se sostiene sin un vínculo con la memoria y las experiencias previas. En ese cruce entre nostalgia y postalgia, las organizaciones encuentran la materia prima simbólica para imaginar y construir su futuro.

    En la mitología romana, Jano es el dios de los comienzos, las transiciones y los umbrales. Su imagen es de dos rostros. Uno mira hacia atrás y el otro mira hacia adelante encarnando en su concepción una poderosa metáfora: no hay futuro posible sin memoria del pasado, ni pasado que cobre sentido sin la proyección hacia lo que vendrá. Jano nos recuerda que cada inicio exige detenerse en lo vivido, aprender de ello y, al mismo tiempo, animarse a abrir la puerta de lo nuevo.

    Para convertir el pasado en un puente hacia el futuro, los líderes deben primero indagar en la historia temprana de la empresa y comprender en profundidad cómo y por qué nació. Ybema propone cuatro pasos que pueden servir de guía para integrar la nostalgia y la postalgia dentro de la organización.

    Lo primero es realizar una revisión histórica exhaustiva en la que se desentrañen aquellos elementos del pasado que deben apreciarse y cristalizarlos en un propósito y valores al mismo tiempo que se identifica aquello que no debe retenerse o repetirse. El segundo paso es traducir el pasado en acciones orientadas al futuro utilizando el propósito original para inspirar estrategias, políticas y decisiones operativas que se mantengan fieles a la esencia de la empresa. El tercero consiste en movilizar a toda la organización en torno a estos esfuerzos y aclarar el rol de cada persona en la preservación o en la transformación de la historia y la narrativa de la empresa. El cuarto implica sostener ese avance mediante una revisión constante que reinterprete y profundice de forma continua la conexión de la organización con su propia historia.

    En este proceso, los líderes tienen que priorizar la transparencia y la honestidad. Es clave celebrar y reforzar lo positivo, pero también reconocer y superar lo negativo en lugar de ocultarlo. Solo así las empresas pueden seguir el ejemplo de aquellas que, en los últimos años, han sabido enfrentar transgresiones históricas y transformaciones profundas sin perder su identidad esencial.

    Es verdad que no hay recetas infalibles para poder traducir antiguos propósitos en acciones centradas en el futuro. Pero lo cierto es que lo mejor del pasado puede convertirse en una fuente de inspiración y guía, quizás en una brújula en lugar de un mapa. Para lograr esto, los ejecutivos a cargo deben esforzarse por comprender la intención comercial incrustada en el propósito y los valores originales de su empresa y cómo se tradujo en una lógica que los fundadores y los primeros empleados utilizaron en sus estrategias y toma de decisiones. Los líderes religiosos y políticos comúnmente se basan en el pasado para alinear a las partes interesadas con una visión nueva y mejorada, mostrándoles el papel que desempeñan no solo para continuar, sino también para mejorar las tradiciones de una comunidad moral duradera.

    Tomemos el caso de Lego como ejemplo. A medida que se embarcaba en cambios en su estrategia y organización, la empresa creó un museo en la casa de su fundador para exhibir los productos de Lego a lo largo del tiempo, lo que hizo tangible la historia, el propósito continuo y los valores de la compañía para dejarla visible frente a todos los posibles interesados. Otras compañías han evocado un sentido de tradición y progreso al resucitar productos que son icónicos o que encarnan principios fundacionales. El rediseño de Volkswagen de su Beetle es un ejemplo y la reintroducción de elementos clásicos del menú en McDonald’s es otro. ¿Cuántas veces se ha relanzado la Big Mac en las últimas décadas en cada hito importante de la compañía?

    Cuando un directivo lanza una transformación al mismo tiempo que celebra la historia de una organización, no solo se adelanta a los tradicionalistas que se resisten a todo cambio. También les da a las partes interesadas con visión de futuro y que adoptan el cambio un sentido de contexto y limitaciones. Al final, todos comienzan a sentirse conectados tanto con el pasado como con el futuro y dispuestos a continuar con el legado de manera responsable pero creativa.

    Mantener una conexión con el pasado de una manera que inspire la acción y mantenga un sentido de legado es una tarea continua. Los nuevos eventos y un contexto en constante cambio requieren revisiones periódicas de la historia de una organización, y los mejores líderes las tratan como oportunidades para iniciar un diálogo renovado con miras a refinar el propósito y los valores de sus empresas e impulsar el progreso.

    Aunque resulte tentador dejar de lado el pasado al buscar transformación o crecimiento, las organizaciones ganarían mucho si lo consideraran como una plataforma única para impulsarse hacia adelante, guiadas por un propósito sólido. La clave está en extraer de él inspiración, dirección y energía, al mismo tiempo que se lo examina críticamente para decidir qué conservar, qué mejorar y dónde abrir espacio a la novedad y la innovación.

    Las empresas alcanzan su mayor potencial cuando logran cultivar un sentido de legado que inspira a todos a trabajar unidos por un propósito superior. Esto exige enlazar presente y futuro, persiguiendo nuevas aspiraciones, sin perder de vista lo valioso de la herencia y la esencia organizacional. Ya sea un bicentenario o apenas dos décadas de historia, la ocasión merece celebrarse con entusiasmo. Pero la celebración no debe quedarse en el festejo, toda conmemoración debe aportar algo más que simple nostalgia.

    // Leer el objeto desde localStorage