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    Tan ilustrados como creativos

    El 26 de mayo del año pasado se celebró, como todos los años desde 1940, el Día Nacional del Libro; la fecha recuerda el aniversario de la creación de la Biblioteca Nacional de Uruguay

    El 26 de mayo del año pasado se celebró, como todos los años desde 1940, el Día Nacional del Libro.

    La fecha recuerda el aniversario de la creación de la Biblioteca Nacional de Uruguay (BNU), que fue la primera biblioteca pública que hubo en el país, fundada cuando el país todavía no era un país, en ese día del año 1816, por el obispo Dámaso Antonio Larrañaga. Los libros que la integraron provenían de la donación del P. Larrañaga, que aportó su propia biblioteca personal.

    Los huesitos de la tumba del padre Larrañaga se sacudieron cuando, en ese día tan celebrado, su directora actual, doña Rocío Schiappapietra, anunció el cierre de la sagrada institución que el recordado sacerdote había creado, avisando que sería “hasta nuevo aviso”, con el fin de proyectar “la biblioteca del futuro”. Es como si la NASA cerrara sus puertas hasta nuevo aviso, con el fin de proyectar el próximo viaje de los astronautas a la luna. En fin.

    Desde entonces, con reaperturas parciales e insuficientes, desde mediados de diciembre pasado la Biblioteca Nacional vegeta, a la espera de los planes que la transformarán en una entidad adaptada a los tiempos por venir.

    Como doña Schiappapietra parece que no tiene demasiadas ideas propias (salvo la de la clausura, de la cual es la única responsable) la BNU habilitó, hasta el pasado domingo 1 de febrero, un plazo para que la ciudadanía pudiera presentar propuestas sobre la “biblioteca del futuro”.

    La edición de El País del viernes 30 de enero recoge algunas de las iniciativas presentadas por los creativos ciudadanos orientales que, tras devanarse sus sesos, entraron en la página web llamada Plataforma de participación ciudadana digital y propusieron sus respectivos proyectos.

    Lo que sigue es el resumen y las ideas principales de varios de los proyectos, aunque —luego de informar acerca de ellos— les agregaremos algunos otros que no llegaron a tiempo, pero que nuestros contactos secretos nos proporcionaron, para que la información que ustedes reciban sea más completa.

    Los proyectos comentados lamentablemente no mencionan los nombres propios de los autores, lo que nos dificulta proponer a varios de ellos para el premio Nobel de la Planificación Digital Futurológica. Una injusticia.

    El “Colectivo de bibliotecólogos afrouruguayos”, benemérita institución cultural compatriota, propone la “identificación, preservación, organización y difusión de materiales vinculados a la historia, cultura y producción intelectual afrouruguaya, así como criterios de equidad en las políticas de digitalización”. Todo bien, pero uno se pregunta qué tiene que ver esta noble idea con la Biblioteca Nacional del futuro. Ahora, eso sí, no olvidar mencionar los “criterios de equidad en las políticas de digitalización”. ¿Qué querrá decir esa frase? ¿Que la BNU discrimina a los ciudadanos afrouruguayos a la hora de digitalizar libros o documentos?

    El que tenga la respuesta que me la pase, por favor.

    Otra propuesta, de un tal “Sabio Lector”, propone “integrar a la inteligencia artificial (IA) en la biblioteca”, lo que la transformaría, según el proponente, en “un compañero intelectual especializado que acompaña la lectura y profundiza la comprensión intelectual del contenido”. Un suponer —dijera Peloduro—, en clase de literatura te mandan a leer El Quijote y presentar un comentario y vos apretás el botón que te lo lee en 20 segundos y te hace un resumen comentado de la obra, lo presentás en clase y te sacás un 10. Ta buena la idea, ta.

    Otro usuario proyectista del futuro bibliotecnológico propuso “una nueva estructura de diseño arquitectónico y funcional”, que va desde “cambiar el mobiliario” hasta “crear un chabot presencial”. Aquí me detengo por un detalle: busqué qué demonios es un “chabot”, palabreja que copié textualmente del artículo periodístico, y no sé si el que lo escribió así es el autor de la propuesta o el periodista del diario. Como “chabot” no quiere decir nada, lo más cercano que encontré en internet fue el “chatbot”, que es un “programa informático diseñado para simular conversaciones humanas, ya sea por texto o voz, permitiendo a los usuarios interactuar con servicios digitales de manera automática, con inteligencia artificial”. Querido “Sabio Lector”, procuremos que primero los futuros usuarios encuentren rápido los libros que buscan, que los funcionarios no estén tomando el té cuando vos pedís un libro y que los baños funcionen razonablemente bien. Después pedile a la IA la simulación de conversaciones humanas y tratá de que las que aparezcan sean amigables y sin avisos comerciales.

    Este mismo proponente agregó otra fantasía, proponiendo la creación de un techo abierto en la sala de lectura para que cuente con luz natural. Loco, antes de abrir el techo, acordate de las palomas que sobrevuelan la biblioteca, las cuales podrían arruinarte un archivo antiguo original y único que estás consultando, así como la campera que tenías puesta cuando otra paloma descargó sobre ti sus municiones naturales. Y no te digo nada si llueve.

    No les copio más propuestas de las que recogí del artículo periodístico, porque eso supondría que no puedo agregar un resumen de otras que obtuve entre las que llegaron fuera de plazo.

    Hay una que propone “estimular la confraternidad entre los usuarios de la BNU, estableciendo cortes de lectura entre los que están presentes, sirviéndoles refrescos y cervezas durante media hora, con intercambio de charlas interactivas, que incluyan concursos de chistes verdes, pequeños discursos y partidas de truco, de manera de distender la árida circunstancia de la lectura académica”. Se sugiere que el costo de estas actividades “sea financiado por la propia BNU, con cargo a su propio presupuesto”.

    Hay otros más audaces, que proponen que los sábados, al cierre del horario de lectura, se organicen veladas musicales con la actuación de murgas y conjuntos de reguetón, y hasta algún otro audaz que sugiere que de viernes a domingo la BNU siga abierta para fiestas electrónicas “que contribuirán sin duda a la confraternidad e integración de los usuarios”.

    He dejado para el cierre otra cita textual de la nota periodística. En ella se recogen las reflexiones de las autoridades (BNU, MEC y OPP) sobre una “hoja de ruta” que presentarán en mayo.

    En su conclusión, este texto dice que “en este siglo, las bibliotecas evolucionaron de espacios de conservación a centros donde los saberes se cruzan e interactúan, que funcionan como nodos interdisciplinarios que fomentan el pensamiento transversal, permitiendo que una búsqueda en un área lleve a descubrimientos en otras”.

    Ahí fue que los huesitos del pobre obispo Larrañaga castañetearon de nuevo en su tumba, hasta volverse un polvillo histórico, disperso para siempre en las nubes del tiempo.

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