—El centro estará dedicado a la investigación en IA y va a tener investigadores de doctorado y posdoctorado trabajando sobre desafíos del país y buscando cómo esta tecnología puede ayudar a resolverlos. La idea es trabajar junto con la academia y el sector productivo en problemas concretos y articular con el Estado. Seguramente, de acá a un año, va a haber investigadores trabajando con personas de empresas de sectores como el agroforestal y la medicina en soluciones que permitan desarrollar conocimiento nuevo y atacar esos problemas de una mejor manera.
—El centro acaba de empezar a funcionar. ¿Qué hicieron en estas primeras semanas?
—Arrancamos hace casi dos meses. Con Matías Di Martino empezamos mano a mano con el diseño y el armado del centro. Nos dieron una hoja en blanco para pensar cuál era la mejor forma de conectar academia, sector productivo y Estado. Tuvimos más de 80 reuniones. Hablamos con rectores, decanos, investigadores y responsables de cátedras para ver cómo potenciar el vínculo con las universidades. También hablamos con empresas y con organismos del Estado para entender qué problemas tienen y de qué manera la investigación puede ayudar a resolverlos.
—¿Qué definieron con las universidades?
—Una de las cosas que definimos con la academia es que los investigadores van a estar físicamente en el centro, pero los responsables de cada línea de investigación van a seguir siendo docentes de las universidades. Buscamos ampliar la cantidad de gente que investiga y que esos investigadores puedan dar clases en las facultades. El centro también apunta a atraer investigadores del exterior y uruguayos que están en la diáspora.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—¿Cómo piensan atraer investigadores del exterior?
—Muchas veces a las universidades les cuesta traer docentes que se instalen en el país, sobre todo, para materias de doctorado o maestría, porque entre que se generan los cupos y se definen las materias pasa un tiempo en el que la persona no tiene ingresos. El centro puede ser una plataforma de aterrizaje para esas personas. La idea es que durante los primeros años estén dedicadas a la investigación y después pasen progresivamente a la academia para dar clases y terminar trabajando a tiempo completo en las universidades. Para eso tenemos que trabajar en conjunto con las universidades y que ellas nos propongan personas que tengan capacidades que hoy les faltan en sus carreras.
—¿Cómo va a ser el trabajo con las empresas de tecnología?
—Con el sector productivo queremos llevar la investigación a soluciones reales con impacto. Muchas de las soluciones que hoy se necesitan para aprovechar la IA terminan siendo desarrollo de software o integración de soluciones con motores de IA. El potencial de investigación es una parte mucho más chica, y ahí es donde queremos generar valor. Uruguay ya tiene capacidades muy fuertes en desarrollo de software. La idea no es duplicar lo que ya existe. Queremos trabajar con las empresas de tecnología para identificar soluciones que tengan posibilidades de investigación de frontera y complementar el trabajo con ellas. Ellos hacen la implementación, y nosotros la investigación.
—La IA avanza a una velocidad difícil de seguir y plantea pensar en cómo pararse frente a ese cambio. ¿Qué problema busca resolver Uruguay con este centro?
—Principalmente, tener una mirada propia sobre la IA. Poder entender lo que está pasando en el mundo, que está cambiando a velocidades sin precedentes, y pensar cómo enfrentamos ese cambio y qué conocimiento tenemos que generar para resolver los problemas específicos del país. No es lo mismo una solución de IA para el agro en Uruguay que en otro país. Tampoco lo es enfrentar problemas propios. Por ejemplo, hay soluciones que se están desarrollando para situaciones de déficit hídrico en el agro. Se puede analizar, a través de imágenes, dónde están las plantas y administrar el agua para llevarla a los lugares donde realmente se necesita, sin desperdiciarla en situaciones de estrés hídrico.
El centro estará dedicado a la investigación en IA y va a tener investigadores de doctorado y posdoctorado trabajando sobre desafíos del país y buscando cómo esta tecnología puede ayudar a resolverlos. La idea es trabajar junto con la academia y el sector productivo en problemas concretos y articular también con el Estado. El centro estará dedicado a la investigación en IA y va a tener investigadores de doctorado y posdoctorado trabajando sobre desafíos del país y buscando cómo esta tecnología puede ayudar a resolverlos. La idea es trabajar junto con la academia y el sector productivo en problemas concretos y articular también con el Estado.
—¿Puede dar un ejemplo concreto?
—Uno puede ser el análisis de imágenes satelitales para detectar distintos tipos de plantaciones en el agro y después optimizar el riego o la logística. Hay imágenes satelitales que son gratuitas, pero no tienen suficiente resolución. Existe una línea de investigación sobre superresolución que permite, a partir de imágenes disponibles, generar una imagen intermedia con más información, sin tener que comprar una imagen más cara. Eso puede permitir tomar decisiones o generar productos de valor.
—¿Y en salud?
—También hay ejemplos. Matías estuvo involucrado en una investigación sobre detección temprana del autismo en niños. Se desarrolló una solución que, a partir de la interacción con una tablet, predice cuáles tienen mayor potencial de tener autismo al año y medio. La idea es que los médicos puedan concentrar sus esfuerzos en los niños que presentan mayor probabilidad.
—¿Uruguay tiene escala para hacer investigación de primer nivel en IA?
—Uruguay hace más de 30 años que desarrolla soluciones utilizando IA y exporta al mundo soluciones de primer nivel que impactan a millones de personas en decenas de países. Tenemos uruguayos trabajando para las principales empresas del mundo y también en centros de investigación en el exterior. Tenemos talento y capacidad. El centro viene a unir esas capacidades y a impulsar el impacto que pueden generar.
—¿Dónde puede hacer una diferencia Uruguay?
—No vamos a ponernos a generar el último modelo de frontera que compita con GPT-6 Astra (el nuevo modelo de IA de OpenAI). Eso no es lo que podemos hacer. Lo que sí podemos hacer es desarrollar lo que se conoce como SLM, small language models, modelos pequeños y muy especializados en una problemática concreta del país. Son modelos que se pueden entrenar con datos específicos de un problema y que necesitan mucha menos infraestructura y tienen un costo de uso menor. Se puede adaptar para que funcione en la infraestructura local de una empresa o de un cliente.
Diego Garagorry habla en el ciclo Inteligencia Artificial para la Toma de Decisiones Públicas que se realiza en el Parlamento, 14 de setiembre de 2026.
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—Se habla mucho de soberanía digital. ¿Qué significa para Uruguay y qué puede hacer el centro en ese sentido?
—Es un término muy amplio. Puede referirse a la infraestructura para cierto tipo de procesamiento de datos o a dónde se almacenan los datos. Sin duda, se puede trabajar en la soberanía digital del país. Desde nuestro rol, la idea es tener grupos de investigación. Cuando hablamos de IA, hablamos de una revolución tecnológica que también tiene un impacto social. La idea es que ese conocimiento alimente técnicamente a los tomadores de decisiones para que puedan decidir de la forma más informada posible.
—¿El Estado debe regular la IA?
—Eso es responsabilidad de Agesic (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento). Como centro, nosotros queremos desarrollar conocimiento y poder ser una fuente de información para dar material que se utilice a la hora de tomar decisiones. Después, las decisiones políticas van por Agesic.
—¿Pero cuál es su opinión?
—Es una tecnología que está cambiando muy rápido y hay que tener mucho cuidado con las regulaciones. Europa se adelantó con la regulación y tuvo un impacto que quizás no fue el esperado. Ser pionero en regular puede ser beneficioso, pero también puede ser contraproducente.
—¿Una regulación podría perjudicar al Centro Nacional de IA?
—Depende de qué se regule y de qué tan flexible sea o qué condiciones genere. Cuando se presente una potencial regulación podremos analizarla en ese rol de articulador, ver qué impacto tiene hacia el sector productivo y demás. Ser parte de esa conversación.
Uruguay hace más de 30 años que desarrolla soluciones utilizando inteligencia artificial y exporta al mundo soluciones de primer nivel que impactan a millones de personas en decenas de países. Uruguay hace más de 30 años que desarrolla soluciones utilizando inteligencia artificial y exporta al mundo soluciones de primer nivel que impactan a millones de personas en decenas de países.
—¿Con qué financiación empiezan a trabajar?
—Partimos con un fondo de US$ 10 millones para los próximos cuatro años y medio. El dinero viene principalmente de un préstamo del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) que se ejecuta a través de la ANII (Agencia Nacional de Investigación e Innovación). La idea es captar también financiación privada y de organismos multilaterales para poder expandirnos. Tomamos como referencia al Instituto Pasteur, que conecta a las universidades con el desarrollo de conocimiento y también ha captado financiación externa.
—¿Ya saben cuánto van a necesitar para investigación, infraestructura, computación y equipamiento?
—Todavía no. Tenemos algunas estimaciones, pero primero tenemos que definir qué investigaciones y proyectos se van a priorizar y qué requisitos de infraestructura tiene cada uno. Estamos hablando con Antel para aprovechar todo lo que se está invirtiendo y desarrollando en infraestructura en el país y que eso pueda servir como apoyo para el desarrollo del centro. Hay muchísimas oportunidades. No solo de ayudar a Antel a desarrollar conocimiento, sino también de que Antel pueda proveer infraestructura para montar las investigaciones que realicemos.
Matías Di Martino durante la presentación del Centro Nacional de Inteligencia Artificial en el Latu.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—¿Qué tendría que haber conseguido el centro dentro de un año para decir que está funcionando?
—Primero tenemos que establecer una capacidad de investigación. Esperamos que dentro de un año estemos trabajando en varios proyectos vinculados con nuestras prioridades, como agro, salud y educación. Pero no alcanza con producir conocimiento. Queremos que ese conocimiento termine resolviendo problemas reales y generando impacto.
—¿Cómo se va a decidir qué problemas investigar?
—Vamos a tener una ventanilla abierta para que empresas y organismos del Estado puedan presentar desafíos. Cuando prioricemos esos desafíos vamos a mirar cuáles tienen posibilidades reales de generar impacto. Muchas veces hay una presión muy grande por adoptar IA y se termina haciendo un piloto tecnológico que después no tiene continuidad. Nosotros queremos mirar desde el principio qué se necesita para que un proyecto pueda realmente implementarse.
—Si dentro de cinco años el centro es considerado un éxito, ¿qué habrá cambiado en Uruguay?
—El uso de la IA para generar bienestar en las personas, con una mirada propia. En estas más de 80 reuniones también hablamos con empresarios, rectores, investigadores y gente que ha emprendido y ha tenido muy buenos resultados. Vemos mucho entusiasmo y mucha disposición para ser parte de esto. Tiene que ser una construcción colectiva. Para que realmente tenga impacto, el centro tiene que ser un puente entre la academia, el Estado y el sector productivo.