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La música de Illya Kuryaki and the Valderramas sigue encontrando su tiempo
La combustión musical de Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur nunca se apaga y ésta vez renace como el ave fénix sobre el escenario del Cosquín Rock
El dúo argentino de rock alternativo formado por Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur en 1990, pionero en el rap argentino, fue y es reconocido por fusionar funk, hip-hop, rap y soul con ritmos latinos, y evolucionó incluyendo funk metal, acid jazz y pop, caracterizado por una energía muy audaz, disruptiva e influyente.
Hay artistas que envejecen bien —cumplido que suena más a consuelo que a elogio— y otros que simplemente pasan de moda, ellos o su música. Después están Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur con Illya Kuryaki and the Valderramas (IKV) que hacen otra cosa bien diferente: persisten.
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Sus regresos salpicados, como el que se dará el próximo domingo 22 de marzo (originalmente era el sábado 21 pero se reprogramó por condiciones climáticas) en el marco del Cosquín Rock Uruguay, no están llenos de nostalgia ni tienen una connotación revival; en realidad, surgen cuando les pinta, enseguida después de un: "Che, boludo, ¿tocamos?". Así mismo lo cuentan ellos, y es que la anomalía de IKV hoy no tiene ni que esforzarse por ser viral. Ya fueron exceso de groove, cruce de límites y rareza en una escena que no sabía qué hacer con ellos, pero Spinetta y Horvilleur aprendieron a domar, hasta el punto de domesticarla para los que vinieron después.
Antes de que el cruce de géneros fuera tendencia, de que ser distinto cotizara en éxito precoz y de que el algoritmo dictara el pulso, ellos ya jugaban a la sensualidad explícita, tocando un funk sudoroso, y luciendo una estética que desafiaba la corrección, mezclando Prince con la noche porteña.
Illya Kuryaki and the Valderramas Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur música argentina
Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur.
Guido Adler
Como suele pasar con las anomalías —al menos eso eran en 1990 cuando decidieron existir—, no estaban fuera de tiempo sino fuera de sistema. Se podría llegar a pensar que fueron una idea que nunca se terminó de comprender del todo y por eso cada tanto siguen haciendo música juntos, pero en realidad, su gracia era esa, no ser comprendidos, y ahora es ser referencia.
Los años 90: demasiado pronto para la música de IKV
Pocos lo saben, pero antes que IKV estuvo Pechugo (sátira de Menudo), una banda infantil formada por Dante y Emmanuel, recordada por colaborar en El mono tremendo del álbum Téster de violencia de Luis Alberto Spinetta. Hijos —literal y simbólicamente— de una generación artística, Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur empezaron a tocar con 12 y 14 años. Aparecieron como un glitch y convirtieron la herencia en mutación. No hicieron rock nacional en el sentido clásico, hicieron Illya; una mezcla cargada de referencias —Prince, Boosty Collins, Stevie Wonder— pasada por el filtro de un Buenos Aires noventero que todavía no había sido domesticado por ninguna corrección estética. ¿Qué pasaba? El funk y el soul, combinados con el rock, no eran universos que en los 90 convivieran muy bien con el español. Y tampoco con ellos.
Illya Kuryaki and the Valderramas Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur música argentina
Illya Kuryaki representó lo primero del funk argentino con una estética noventosa sin filtro: bandanas, lentes ámbar, lycra, tachuelas, cadenas y una actitud permanente de backstage.
AFP
Mientras otros cantaban desde la protesta, ellos decían “Mi nombre es Coolero Connor…” y abrían un portal donde las artes marciales con el erotismo convivían, elevadas por múltiples géneros y estilos. Pero ser jóvenes, sexys y talentosos les jugó en contra. Durante años, más que escucharlos, la sociedad tuvo que soportarlos porque eran demasiado excéntricos, demasiado libres, demasiado todo para una escena que premiaba la melancolía. Ellos hablaban de deseo, cuerpo y goce, sin resignar su virtuosismo. A pesar de la actitud rapeada, el dúo proponía (propone) un viaje energético a través de la música al mejor estilo de Pink Floyd. Basta con escuchar la guitarra de Dante en el álbum Horno para calentar los mares, entre muchos otros ejemplos.
El quiebre llegó con Abarajame, un hit total que sonó en todos lados, que llenó el Estadio Obras, que convirtió a dos pibes en fenómeno a partir de su álbum Chaco (1995). Esta canción se convirtió en un himno del funk latino pero también fue la que de alguna manera empezó el problema: y es que el éxito no viene acompañado de comprensión. Versus estaba raro, Leche fue de-ma-sia-do, (¡de ese álbum nació Coolo!) y el público —al menos una parte de él— se corrió.
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Ellos sabían muy bien que iban más rápido que su tiempo. Lo curioso es que a la misma generación a la que entonces incomodaban hoy pertenecen quienes los reivindican, usándolos como vara para medir nuevas irrupciones igual de desfachatadas como Ca7riel y Paco Amoroso.
El nombre de la banda es una mezcla genial: Illya Kuryakin era un espía soviético de una famosa serie de los 60, y Valderramas está ahí puesto por el futbolista colombiano Carlos Valderrama, de melena rubia legendaria, quien era símbolo del talento sudamericano de los años 90 y representaba a la perfección su onda mitad blanca/sajón/retro, mitad latino/callejero/funky.
Una banda que se apaga y se prende
Hubo premios; reconocimientos clave que confirman su impacto ya desde el temprano videoclip de Abarajame, que ganó el MTV Latino a Mejor Video del Año (1995). Discos como Chances y L.H.O.N. (2016) obtuvieron Premios Gardel para consolidar su vigencia, si es que fuera necesario, porque Chaco figuró y figura en varios rankings entre los mejores discos del rock argentino, lo que no habla solo de éxito, sino de huella.
Illya Kuryaki and the Valderramas Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur música argentina
Illya Kuryaki & The Valderramas ganó en 2013 un Latin Grammy a Mejor Canción por Ula Ula, pero el premio llegó a sus manos recién en 2014 porque quedó varado en la aduana argentina.
AFP
La historia de IKV no es algo lineal, es intermitente y caprichosa, como ellos. Se separaron en 2001, volvieron en 2011 para separarse en 2017, y se volvieron a juntar en 2025 apareciendo como si nada en la grilla de varios festivales internacionales. Esto hasta que decidan volver a decir "ya somos solistas de nuevo", como si la banda pudiera prenderse y apagarse así tan fácil.
El último trabajo de la voz Kuryaki fue el álbum L.H.O.N. (La Humanidad o Nosotros) de 2016, título que parece una pregunta pero en realidad es una declaración de guerra, de diferencia. IKV siempre exploró de una manera abstracta (por llamarle de algún modo) esa tensión entre lo individual y lo colectivo, entre el ego y el vínculo. Y ahora, cuando anuncian un show, cuando dicen llanamente que van a desaparecer por un tiempo indefinido pero programan una mega gira de despedida, lo que hacen es reafirmar su lógica: no responden al sistema, todo el tiempo lo bordean.
Son la creación más borderline del Rio de la Plata de los 90 y lo siguen siendo un poco hasta ahora. No fuerzan regresos, aparecen cuando sienten que tiene sentido y las grandes convocatorias dicen que le embocan. Por eso siguen siendo relevantes. El dúo y su banda original regresó a los escenarios para un show exclusivo el 22 de febrero en el Festival Buena Vibra en Ciudad Universitaria, Buenos Aires, y partir de allí, el itinerario del 2026 marcó ciudades como Santo Domingo, Ciudad de México, Lima y Montevideo.
Dante, el combustible
Illya Kuryaki and the Valderramas Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur música argentina
Dante Spinetta.
AFP
Dante Spinetta es un virtuoso impulsivo que entiende la vida entera en clave de música porque no tuvo una infancia común. Creció entre guitarras, dentro de estudios y ensayos, viendo de cerca a figuras como Luis Alberto Spinetta —nada menos que su padre— pero también a toda una constelación de artistas del rock argentino. Incluso debutó en un show de Fito Páez en el Gran Rex en 1989. Y es que, antes de hablar bien ya golpeaba ollas con ritmo, y antes de entender qué era una canción, ya era el protagonista de una.
En IKV, Dante es el vuelo, el que lleva la música al límite físico a través de ese funk charm. Su guitarra es técnica absoluta, sí, pero sobre todo su forma de conectar con el mundo, y su carrera solista su manera de correrse del mito familiar. Nunca fue solamente “el hijo de”. Dante es un artista que quiere verse como suena.
Emmanuel, el comburente
Illya Kuryaki and the Valderramas Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur música argentina
Emmanuel Horvilleur.
AFP
Emmanuel Horvilleur es, dentro del caos Kuryaki, el ancla emocional. El romántico, el que baja a tierra, la parte suave, nunca débil, pero con mucha, mucha onda de una maquinaria que funciona a base de osadía. Si Dante es impulso, Emmanuel es el pulso, y su recorrido solista lo expone todavía más en la forma que trabaja sobre la melodía, con esa introspección que carga cierta oscuridad elegante y a la moda. Su lugar entonces no es el del exceso, sino el del equilibrio. Es el que entiende que incluso en el desborde tiene que haber una narrativa.
Illya Kuryaki and the Valderramas Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur música argentina
La relación de amistad entre Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur empezó en la infancia.
Su vínculo con Dante no es solo artístico, ellos comparten todo un sistema de signos y símbolos, un idioma, con el que se entienden con referencias mínimas y códigos internos. Además, guardan una memoria común —que empezó en la infancia y atraviesa décadas— que hace que todo fluya, y eso se traduce en canciones donde el absurdo no anula la profundidad. Mientras las letras de IKV pueden ir del delirio a la provocación, siempre pero siempre mantienen una línea emocional que sostiene la canción.