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    Carme Fenoll, asesora de la Biblioteca Nacional: “Los países que más invierten en bibliotecas son los que tienen democracias más potentes”

    La bibliotecaria catalana estuvo en Montevideo para trabajar con el equipo de la Biblioteca Nacional; en la Facultad de Información y Comunicación brindó la conferencia “Gestión cultural y bibliotecas públicas”

    Es directora de Políticas Sociales y Comunidad en la Universidad Politécnica de Cataluña, pero antes, de 2012 a 2018, dirigió la red de bibliotecas públicas catalanas. Se llama Carme Fenoll (Palafolls, 1977), estudió Biblioteconomía (Bibliotecología) y Documentación en la Universidad de Barcelona, y está segura de que las bibliotecas pueden cambiar vidas. Por eso se suma a los proyectos que las impulsan. Así se sumó este año como asesora de la Biblioteca Nacional de Uruguay (BN), contratada por la OPP, para impulsar el proyecto Biblioteca del Futuro.

    La semana pasada trabajó con el equipo que lidera Rocío Schiappapietra, y el jueves 18 ofreció la conferencia “Gestión cultural y bibliotecas públicas” en la Facultad de Información y Comunicación (FIC), organizada junto con la Asociación de Bibliotecólogos del Uruguay. Allí se presentó el nuevo modelo de gestión de la BN, que retomó el horario sin agenda previa (de 9 a 15 horas) y con un equipo renovado.

    En la conferencia, Fenoll les planteó a los asistentes: “Si una bibliotecaria española como yo vuelve dentro de 10 años a Montevideo, ¿qué os gustaría que viera en la BN?”. Las respuestas fueron desde la reflexión sobre la preservación del acervo hasta ver menos niños en las calles gracias a las bibliotecas públicas. La conferencia puede escucharse aquí.

    “Me identifico con mi nombre en catalán, Carme, sin ‘n’, pero, si te queda más cómodo, puedes llamarme Carmen”, dice al comienzo de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    —Supongo que siempre tuviste mucho amor por los libros...

    —Sí, mi madre era profesora y vivíamos en la escuela que albergaba la biblioteca pública de mi pueblo. Siempre fui una ratita de biblioteca y tuve claro desde los 14 años lo que quería hacer. Las bibliotecas son mi pasión y creo que nos ayudan a dar oportunidades. Es de los pocos servicios que se han pensado absolutamente para cualquier persona y estos valores son disruptivos en la sociedad actual. Fomentan que haya un acceso abierto y gratuito a la formación y a la cultura, y el mundo no va por ahí. Por lo tanto, tenemos que reivindicarlas.

    —En tu trayectoria estableciste redes con editores, periodistas, libreros… ¿Cuál es la importancia de estos vínculos?

    —Cuando se tiene responsabilidad en la biblioteca, me parece muy importante salir de los despachos, tender puentes. Medio en broma, medio en serio, siempre digo que somos como el croupier, la persona que reparte las cartas. Hay que hacer relaciones públicas, buscar ayuda y colaboración. Siempre he intentado que los proyectos tuvieran ramificaciones, y veo la biblioteca como un centro de posibilidades. Una casa donde debemos dar juego a todo el mundo.

    —¿Cómo fue el proceso de renovación de las bibliotecas catalanas?

    —En España tuvimos como referentes a los países nórdicos. Hace unos 20 años hubo una revolución bibliotecaria en España, con una mirada abierta y amplia, que tuvo una acogida fantástica. Pasamos de tener las bibliotecas que toda nuestra generación tiene en la memoria, del silencio y solo para determinadas personas, a ser los centros culturales más potentes de todos nuestros municipios y ciudades. Y pasaron a ser imprescindibles.

    —Habrás viajado y conocido bibliotecas de varias ciudades. ¿Algunas fueron inspiradoras?

    —He tenido la suerte de viajar a cuatro continentes y, como buena rata de biblioteca, es lo primero que visito, igual que las librerías. Siempre tengo en la cabeza la biblioteca de Helsinki, la de Copenhague, la de Ámsterdam, la nueva de Oslo, que es una maravilla. Pero siempre abogo para que cada ciudad siga su propio modelo. Hay que seguir las buenas prácticas que vemos en el mundo, pero preservando el carácter de cada ciudad. Esto me gusta destacarlo con el equipo actual de la BN.

    Biblioteca-Oslo
    Biblioteca pública de Oslo.

    Biblioteca pública de Oslo.

    —Habrás visto también bibliotecas públicas con problemas presupuestales o edilicios como la nuestra.

    —Vine a Montevideo hace 10 años y en aquel entonces vi una primera explosión de buenas librerías. También de pequeñas editoriales. Pero fui a visitar bibliotecas y no vi que esa renovación se hubiera dado. Diez años más tarde, encuentro un panorama similar. Estáis en el momento de hacer un salto, de otra forma, los ciudadanos no podrán reivindicar lo que no conocen, ni ver una biblioteca como las que vemos cuando viajamos. En Barcelona el proceso no tiene más de 25 años. Tenemos el convencimiento técnico y político de que las bibliotecas son el servicio cultural más rentable y más eficiente económicamente. Hay que buscar el carácter propio para Uruguay. Tenéis en este país unos puntos fuertes para lograrlo.

    —¿Cómo se dio tu vínculo con la BN?

    —Cuando vine la primera vez a Montevideo, un amigo catalán, Toni Puig, me contactó con un amigo dramaturgo muy joven. Era Gabriel Calderón. Después, gracias a mi conexión con el mundo del teatro pude seguir su trayectoria y alegrarme por sus triunfos. Entonces, cuando Gabriel se vinculó con la transformación en la BN me empezó a explicar cómo estaba tejiendo un equipo para este gran proyecto y me pidió si le podía ayudar.

    —¿Cuál fue tu primer diagnóstico de la BN?

    —Que estaba en un stand by, que es evidente que necesita una reconversión e inversión tecnológica muy importante. Las bibliotecas se han puesto muy al día a nivel tecnológico y a la BN le faltan todavía varios escalones. Está todo por hacer y tenéis un muy buen equipo en un emplazamiento fantástico, pero le falta aún para ser la casa abierta que nos gustaría a todos. Una casa en la que se tenga una experiencia significativa, en la que todos los días pasen cosas. Antes de venir esta mañana he estado en el Centro Cultural de España y estuve recorriendo el tejido museístico de la Ciudad Vieja. Lo que enseguida pensé es que faltaba una biblioteca. Es una buena oportunidad para que la BN se conecte con el territorio. Las bibliotecas nacionales funcionan como locomotoras del sistema bibliotecario, por eso necesitan más oxígeno, es decir, más recursos.

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    Carme Fenoll, la bibliotecaria catalana está colaborando con la renovación de la Biblioteca Nacional.

    Carme Fenoll, la bibliotecaria catalana está colaborando con la renovación de la Biblioteca Nacional.

    —Los recursos son escasos en nuestro país. ¿Se pueden hacer esas transformaciones con recortes presupuestales?

    —Sí, porque la primera transformación pasa por el equipo, por las personas que están al frente de los servicios. Cuando vamos a una tienda, a un museo, a un hotel, lo primero que vemos es a la persona que nos atiende y evaluamos el lugar por esa atención. Fíjate lo que se anota en el TripAdvisor: cómo es la atención en el hotel, si el conserje te escuchó. Para cualquier ciudadano, el conserje es el director de la BN. El primer paso es que los profesionales que están al frente sean los mejores funcionarios para dar un buen servicio. Con los recursos que se tengan hay que darlo todo, ofrecer la mejor experiencia. Tratar a las personas como les gustaría ser tratadas. En la BN hay muchísimas personas con experiencia y gestores culturales, hay que exprimir ese conocimiento para hacer un programa más potente.

    —El 26 de mayo, la BN decidió cerrar parcialmente por falta de funcionarios y varios problemas edilicios. Hubo unas cuantas críticas por esa decisión. ¿Cómo viste este proceso hasta hoy que abre con mayor horario?

    —Lo que más me entusiasma es un cambio de paradigma. No es solo una apertura de puertas, sino un cambio mental. Eso es lo que hay que comunicar muy bien al ciudadano, que debe de sentir orgullo de su BN. Para eso se deben enseñar mejor los tesoros bibliográficos, se deben generar debates. Los países que más invierten en bibliotecas son los que tienen democracias más potentes. Las bibliotecas fomentan la transparencia en tiempos de desinformación.

    —Otra discusión fue sobre quién tendría que dirigir la BN. ¿Cuál es tu opinión, tendrían que ser bibliotecólogos, escritores, pedagogos?

    —Siempre aconsejo que los equipos de las bibliotecas sean polivalentes, integrados por diferentes perfiles. Un museo con solo museólogos empobrece, un diario en que todos hayan estudiado solo periodismo, también empobrece. En el siglo XXI, estos compartimentos no tienen sentido. No soy gremialista, aunque estuve siete años en la junta de la Asociación de Bibliotecarios catalanes. La persona al frente de una biblioteca pública debe saber escuchar y tener suficiente sensibilidad con el colectivo bibliotecario. Me consta que la actual directora sí tiene esa sensibilidad y está rodeada de bibliotecólogas potentes. La dirección tiene que buscar cómo hacer brillar a cada persona en su función, más allá de su background profesional.

    Gabriel-Calderon-y-Rocio-Schiappapietra

    —La BN llama a su proyecto Biblioteca del Futuro. Según tu trabajo como asesora y lo que has visto hasta ahora, ¿llegaremos a tenerla?

    —Sí, nos romperemos la cabeza para que sea posible. Hace un par de días tuve una charla con todos los integrantes del equipo y fue muy participativa. Se apuntaron en varios grupos de trabajo para pensar sobre el mejor funcionamiento. Es rápido entusiasmar a la gente cuando se siente parte de un proyecto. En Barcelona fue muy importante el plan de bibliotecas, que fue impulsado por un gran arquitecto. Desde 2022 tenemos la Biblioteca Gabriel García Márquez, que ganó el premio a la Mejor Biblioteca del Mundo. Pero no se logró en forma aislada ni solo por un arquitecto que la impulsó. Se necesitó entusiasmo en el equipo y que la gente se sintiera orgullosa de la biblioteca. Es importante que el relato que acompañe sea el de la necesidad. Algo hacemos mal los bibliotecarios en ese sentido, nos falla la comunicación. Por eso los periodistas en las bibliotecas son imprescindibles. Tiene que haber alguien que relate, que pueda ayudar al equipo a explicar lo que está pasando.

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    Biblioteca Gabriel García Márquez en Barcelona.

    Biblioteca Gabriel García Márquez en Barcelona.

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