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    El Gran Gustaf celebra sus 30 años de carrera en el Teatro de Verano

    La dimensión de la felicidad, monólogo escrito, dirigido e interpretado por el comediante montevideano, se presenta el viernes 8 a las 21 horas

    Su documento dice Gustavo Lorenzo Perini Paredes, pero se hizo conocer como Gustaf Perinoski, Gustaf Van Perinostein, El Gran Gustaf o simplemente Gustaf. Nació en Montevideo en abril de 1976. Se crio en el barrio Capurro y es hincha de Fénix. Casi no hay charla en la que no reivindique esas coordenadas geográficas y futboleras. Ha ejercido la actuación en el teatro, el cine, la televisión, la publicidad y la radio. Se hizo muy conocido a escala popular en 2002, por el personaje publicitario Atilio Capanga. Actuó en las series Uruguayos campeones y Porque te quiero así, en el filme Otra historia del mundo y en producciones extranjeras rodadas en Uruguay, como Oliva y Margarita, la serie de Cris Morena. En radio interpretó más de 35 personajes, en Sarandí, Sport, Océano y Radiocero. Pero el cañón central de su carrera es el escenario.

    El viernes 8 a las 21, Gustaf celebrará sus 30 años de trayectoria en el Teatro de Verano con la última función del monólogo La dimensión de la felicidad, por él escrita, dirigida e interpretada(entradas en Tickantel a $ 800), que agotó ocho veces el Teatro Movie en 2023 y este año se presentó en gira nacional, en ciudades de todo el país. Será el título que reinaugurará el anfiteatro a cielo abierto, ahora con capacidad para 5.000 espectadores, todos con butacas individuales. Basado en una historia real, y en un tono que combina humor y un relato “inocentemente picaresco y absurdo”, Gustaf le propone al espectador un ida y vuelta “de la risa a la emoción”. Cuenta la historia de “un niño salvaje cuya única escapatoria era el cine de barrio sin distinguir la fantasía de la realidad”.

    Gustaf comenzó a formarse en 1994 en Casa del Teatro, la sala de la compañía Teatro Uno, dirigida por los legendarios Alberto Restuccia y Luis Cerminara, y ese mismo año debutó en un escenario en el Encuentro de Teatro Joven que tuvo lugar en la sala de la Facultad de Arquitectura. La obra se llamaba Dónde está el baño, y por esa actuación Gustaf ganó el premio al mejor actor del festival.

    Entrevistado esta semana por Búsqueda, así recordó esa primera vez en público, cuando tenía 18 años: “Dos años antes había hecho un taller en el Liceo 6 y ese año, aún con 17, había empezado a estudiar en Teatro Uno en marzo. La obra era una comedia de enredos con un inodoro en el medio del escenario y personajes que entraban y salían buscando un baño. Era muy cómica y también muy primaria, propia de alguien de 18 años. Pero bueno, gané el primer premio entre 600 actores, en un jurado en el que estaban referentes como Mariana Percovich, Jorge Esmoris, Sergio Blanco y María Dodera. Fue muy fermental. Ese encuentro me permitió anotarme en talleres con Fernando Toja. Yo lo tomo como debut porque me inicié escribiendo, actuando y dirigiendo a la vez, en un elenco de siete u ocho integrantes”.

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    El Gran Gustaf

    El Gran Gustaf

    Gracias a Restuccia y Cerminara, Gustaf cuenta que aprendió sobre el teatro del absurdo, sus principales referentes, y el humor que trae implícito ese tipo de teatro, basado en la discordancia entre la palabra y la acción. “De ellos también aprendí sobre el arrojo y la imaginación. Me enseñaron la frase de (el escritor estadounidense) John Burroughs que siempre utilizo como principio: ‘Salta y la red aparecerá’. Eso me enseñó que hay que hacer, siempre hay que hacer. Ellos me sumaron un mundo de ilustración. Con ellos y con el teatro fui una persona más ilustrada. Alberto me decía: ‘El artista tiene que ser un detective’. Y yo empecé a bucear. Leía un libro, veía un nombre que me llamaba la atención e iba a la biblioteca o a la librería a buscar un libro de ese autor. Y así con las películas y con las obras de arte. El teatro y esa escuela en particular me llevaron a aprender mucho del resto de las artes. Hablábamos mucho de música en las clases y de personajes como Antonin Artaud, sobre quien teníamos talleres específicos muy a menudo. Restuccia tenía esa impronta. De hecho, la primera vez que actué en Teatro Uno fue en una obra suya llamada La historia de la estupidez humana”.

    El padre de El gran pez

    Gustaf creció en una familia de trabajadores con escasa presencia del arte. Su padre era artesano de platería criolla y su madre peluquera y trabajadora textil. Comenzó a trabajar con su padre a los 15 años y, sin darse cuenta, fue fuertemente influido por su carácter risueño y afable. “Mi padre fue determinante en mi perfil humorístico. Él siempre fue el padre de la película El gran pez (Albert Finney). Era el protagonista de la fiesta, con una imaginación extraordinaria y un tiempo de comedia insólito para alguien que nunca había aprendido nada de actuación. Claro, se había criado en la calle y era un personaje fascinante porque a la vez actuaba que tenía una alta educación. Hizo solo hasta quinto de escuela y tenía unos modales excelentes y trato de igual a igual con gente de todas las clases sociales. Además, tenía una gran manualidad para dibujar, que usaba para sus bombillas, rastras, bocas de mate y botones para cinturones de gauchos, todo en oro, plata y alpaca. Ricardo fue mi gran maestro, yo heredé el humor de Ricardo”.

    Los boliches de los noventa

    Gustaf se hizo conocer en la escena under montevideana como Gustaf Van Perinostein, en boliches céntricos como Barrabás, Nunca Jamás, Amarcord e Intramuros. Como integrante del grupo Teatrotrash (junto con Sara de los Santos y Denis Fernández), encarnó personajes grotescos y absurdos como Big Poroto, en espectáculos igual de grotescos y absurdos como el The Hot Comic Show, Vampigángster e Invasión exTRASHterrestre. “Ahí se empezaron a llenar los boliches para vernos. Ojo, éramos unos desconocidos con poca experiencia, pero la escena estaba muy bien lograda. El vestuario era increíble, lo hacía Felipe Maqueira y la utilería la hacía Títeres la Gotera, que era el grupo de Daniel Ovidio. Eran obras para boliche, que duraban 30 o 40 minutos, pero eran potentes, con música de David Bowie, La Polla Record, Prince. Nos hicimos muy conocidos en el circuito de boliches, que eran muchos y muy diversos en aquella Montevideo. Llegué a hacer temporada en los boliches gay, que eran muy potentes. En una época teníamos función todos los viernes a las 4 de la mañana en Espejismos. En El Muro, que era un boliche de rock en el Prado, actuábamos con bandas que empezaban, como Hereford y La Triple Nelson. A veces solo teníamos un metro cuadrado libre para actuar. Y allí hacíamos el espectáculo”.

    Por más que la mayor parte del público lo conoce como comediante, la carrera teatral de Gustaf es muy diversa en géneros y ambientes de la escena. Actuó en varias obras de Restuccia y Cerminara y hasta hizo un Sánchez (El desalojo), un Ubú rey, de Jarry, y un Harold Pinter (El último). En 2002, hizo un papel dramático al extremo: el asesino de la obra teatral La sangre, obra del catalán Sergi Belbel, que dirigió Álvaro Ahunchain, con un elenco que reunió grandes nombres como César Troncoso, Gabriela Iribarren, Adriana Da Silva, Roxana Blanco y Jenny Galván, y que ganó el Florencio al Mejor espectáculo. “Un dream team de aquellos, difícil volver a reunir esos nombres”, afirma. Otro mojón poco recordado en su carrera, que habla de su versatilidad como actor, es su participación en Las mil y una noches, la superproducción con la que la Comedia Nacional regresó al Teatro Solís tras su reforma, en 2004 y 2005. Allí estuvo en uno de los relatos de la obra, dirigido también por Ahunchain.

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    El Gran Gustaf

    El Gran Gustaf

    El gran Gustaf

    En 2003, Gustaf estrenó su monólogo consagratorio, El gran Gustaf, que estuvo en cartel durante cuatro años y se transformó en el primer título teatral uruguayo en ser editado como audiovisual, en DVD, el soporte que sucedió al VHS y que se mantuvo vigente durante al menos unos 15 años. Desde entonces los números se multiplicaron, sus actuaciones fueron pasando a salas mayores como Undemovie, hasta que se afincó en el Teatro Movie, para 650 personas, transformándolo en su sala estable. Entre 2005 y 2009 hizo La venganza, y en 2009 y 2010, La vida del actor.

    Su convocatoria siguió en alza y en 2010 se transformó en comediante de estadios, cuando se convirtió en el primer actor uruguayo en presentarse en formato unipersonal en el Teatro de Verano (Hiper Tensión), donde volvió a presentarse en 2020 y 2021 (esta será su cuarta vez en el Ramón Collazo). Desde entonces, su popularidad lo llevó a actuar una y otra vez ante miles de personas en sitios impensados para un humorista, con obras como El humor salvará al mundo, Todo es posible y Moltobene, en escenarios como el Defensor Sporting (2011), Hipódromo de Maroñas (2012), Polo Prado (2013), Parque Rodó (2014), Museo del Carnaval (2015), Tribuna América del Estadio Centenario (2016), Landia (2017), Auditorio del Sodre (2018) y Antel Arena (2019). En 2013, batió el récord de presentaciones consecutivas en el Movie: 21 salas seguidas con Todo es posible. En paralelo se desarrolló como conductor televisivo. Actualmente conduce la tercera temporada del programa Ahora caigo, en Canal 4.

    Atilio Capanga

    Su camino tiene un antes y un después cuando, en setiembre de 2002, en plena crisis económica, irrumpió en la televisión con Atilio Capanga, un personaje humorístico que promocionaba, en un lenguaje rotundamente barrial, una campaña del diario El País que incluía el sorteo de autos. La soltura y espontaneidad del personaje generó una alta identificación popular, que Gustaf comenzó a comprobar con el reconocimiento en la calle y el aumento de la cantidad de público en sus espectáculos. “Una vez me vio, en el boliche Nunca Jamás, Pepi Goncalvez, que era una productora audiovisual, artista plástica y fotógrafa muy influyente. Le gustó tanto lo que vio que justo El País la llamó para una campaña y ella me presentó al casting. Me dijo que había un personaje que era ideal para mí. Fue un proceso larguísimo. Un año de casting entre 1.000 actores de Uruguay y Argentina. Un día, cansado después de tres casting, le dije a Morandi, un publicitario de la agencia: ‘No busques más, yo soy el actor que va a hacer Atilio Capanga’. Se veía que era algo grande, que ese personaje iba a ser un bombazo. Y así fue. Quedé yo y fue un bombazo. Empezamos el 25 de agosto de 2002 con el personaje hablando en cadena, en todos los canales, y terminó en diciembre. Se transformó en un asunto público. El personaje, como venía en el brief, era más porteño, más langa, y yo lo volqué a un típico mitómano de barrio, de esos que hay miles. Y le agregué algo vital que era hablarle a alguien que estaba afuera, que para mí era hablarle al público. ‘¡No te quemés, bombero!’. Atilio tenía algo del lenguaje plancha que entonces era nuevo. Y yo metía cuchara en el texto. Y desde ahí en adelante todo fue diferente”.

    Absurdo y picaresco

    Gustaf dice que el tamaño de las salas no condiciona con el tono de sus espectáculos. “El viernes 8 van a ir todos mis públicos. Los que vienen de los noventa, que me iban a ver con Teatrotrash, los que me ven desde hace 10 años y los que me conocieron ahora por la tele en Ahora caigo. Caben todos. No es nada segmentado. Yo no me planteo el espectáculo por la cantidad de gente. Yo me muevo con dos líneas humorísticas: el absurdo, que viene de mi origen barrial y de la impronta de Teatro Uno del repentismo, la rapidez, de lo incoherente; y la otra línea es un picaresco muy popular y familiar, un picaresco de abuela, con doble sentido, pero sin ser explícito a nivel verbal. Muy inocentón, muy arraigado a la familia uruguaya. Se dicen disparates prohibidos, pero sin decirlos. Esas dos vetas vienen conmigo desde siempre”.

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