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    El piano y el humor despiden al Maestro Julio Frade

    El músico y humorista, el último de los grandes cómicos uruguayos que conquistaron Argentina, murió el viernes 19 a los 81 años

    El terrorífico niño Abelardito; la sobrina de las hermanas Rivarola que fumaba a escondidas y se ligaba un tortazo; Siempre Listo, el asistente de Eduardo D’Ángelo en el programa radial infantil El capitán Cañones; Herminio Aaron Guitelman, el estudiante eternamente rechazado que arrastraba los zapatos; El Contador, pedante defensor de ideas neoliberales en El Chicho, siempre con un habano; el intelectual —no menos pedante— de El Boliche, que aleccionaba sin piedad a un tipo muy poco leído encarnado por Ricardo Espalter; y, por supuesto, El Hijo de Buda, maestro del chiste político de una sola línea. Pero, por sobre todos sus personajes, Julio Frade, fallecido el viernes 19 en Montevideo a los 81 años, construyó un personaje real, a puro carisma, con su nombre y su apellido. Junto con Ricardo Espalter, Enrique Almada y Eduardo D’Ángelo, fue el más joven de un cuarteto legendario del humor uruguayo. Frade siempre fue Frade, más allá de la máscara.

    Durante varias décadas fue uno de los grandes protagonistas del humor televisivo uruguayo. Integró los elencos de Telecataplum y Decalegrón y fue uno de los cómicos uruguayos que coparon la escena argentina entre los años 60 y 80, un movimiento conocido como “Los uruguayos”, que se plasmó en la edición argentina de Telecataplum y en títulos de leyenda como Jaujarana, Hupumorpo, Comicolor e Hiperhumor. En esa histórica troupe que conquistó al público argentino y que también tuvo muy buena llegada en Chile, estuvieron también Henny Trayles, Berugo Carámbula, Raymundo Soto, Andrés Redondo y Gabriela Acher, la última sobreviviente de ese elenco. Esta historia es relatada al detalle en Historia del humor rioplatense, episodio del ciclo documental El Origen, dirigido por Facundo Ponce de León y emitido por Canal 12 en 2016.

    En un reportaje con Búsqueda publicado en 2013 y titulado El tiempo siempre te muestra la verdad, consultado sobre el final del formato de humor televisivo clásico tanto en Uruguay como en Argentina, respondió: “Siempre creí que en la vida no hay imprescindibles. Ahora tengo que cambiar esta creencia, porque a medida que fueron faltando nuestros compañeros puedo decir que eran imprescindibles. No hubo reemplazo para esa gente y en aquel 1962 se creó un grupo que fue único. Lo demuestran los números. El tiempo siempre te muestra la verdad, hay que saberlo esperar. Y acá el tiempo dijo que este grupo era único. No hay nada ni parecido”.

    Embed - El Chicho con Tabare Vazquez Decalegron Julio Frade y Enrique Almada

    Frade fue además un extraordinario pianista, con un talento musical que se manifestó en forma muy temprana. Fue un verdadero niño prodigio que comenzó a tocar el piano a los cuatro años. Antes de terminar el liceo dirigía orquestas en forma profesional y era apenas un veinteañero cuando por su magistral despliegue pianístico comenzó a ser presentado como Maestro Julio Frade. Ya en el apogeo de sus 60 años de carrera, en incontables ocasiones el humor y la música se unieron, al tocar el piano en los ciclos televisivos de comedia, por ejemplo, en el clásico número Veladas paquetas.

    Julio César Frade Pintos nació el 3 de noviembre de 1943 y fue un todoterreno de la escena y de la comunicación: fue pianista, humorista, compositor, arreglador, actor, locutor y conductor radial. También desempeñó la función pública en los dos últimos gobiernos del Partido Nacional: entre 1990 y 1995 fue director de Canal 5 y entre 2020 y 2024 estuvo al frente del Centro Nacional de Documentación Musical Lauro Ayestarán.

    Comenzó su carrera musical profesional a los 14 años, tocando jazz. En sus inicios, mientras cursaba el liceo, integró la Peña del Jazz y el Círculo Jazzístico, dos de los tres principales ciclos de jazz que había en Montevideo, junto con el Hot Club. Comenzó a estudiar derecho, pero no llegó a ser abogado. La música fue más fuerte y su condición de virtuoso del piano le permitió recibir una beca del American Field Service, de Estados Unidos, para estudiar en Nueva York con Jim Odrich y en el Berklee College of Music de Boston.

    A su regreso se transformó rápidamente en un referente del piano, en los Chicago Stompers, una de las agrupaciones pioneras del blues y del jazz en Uruguay, que fue durante varios años la banda estable de Telecataplum. Debutó en televisión en 1962, en ese grupo, y no demoraría en demostrar sus dotes histriónicos que lo harían pasar del piano a estar frente a cámaras.

    Embed - Carlitos Balá, Ricardo Espalter y Julio Frade (The Mississipies Trío)

    Sus más de 60 años de trayectoria musical son inabarcables. Por ejemplo, Frade es sinónimo de la orquesta de la Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica (OTI). Durante 26 años fue el director musical de los festivales OTI internacionales, en los que cantaban artistas de toda América y España.

    Dirigió varios sellos discográficos en Buenos Aires, como RCA y Tonodisc, y en Montevideo fue, en distintas épocas, director musical de los tres canales privados. Uno de los momentos cumbre de su carrera ocurrió en 1982, cuando acompañó a Astor Piazzolla en el Palacio Peñarol, en formato dúo (piano y bandoneón) y al frente de una orquesta de tango de 70 músicos uruguayos. Así lo recordó en la charla con Búsqueda: “Con 39 años dirigí la orquesta de 70 músicos en el Palacio Peñarol. Nunca me voy a olvidar: es un hito en mi vida. (…) Tenía fama de ser un hombre cáustico y duro. Conmigo fue buenísimo, extraordinario. Previamente al concierto, ensayé con él. Y esos tres días me dijo lo mismo: ‘Bien, pibe’. Ese fue el comentario y creo que era mucho en labios de él”.

    Frade grabó cinco discos como intérprete de jazz y tango: Música en serio (1974), Tango Sur Trío (con Lobito Lagarde en contrabajo y Mario Núñez en guitarra, 2004), Tangokaribe (con el cantante cubano Manolo Sánchez, 2006), Tangodesatado (con el bandoneonista Raúl Jaurena, 2008) y 60 años no es nada (su última producción, con Jorge Pi en contrabajo y Enrique Cairoli en batería, en 2017).

    También acompañó, con sus orquestas, a Diane Denoir (1966) y a Valeria Lima (2008), es uno de los intérpretes destacados del disco Radeces, de Rubén Rada (1975) y de Pa’ Chimasa & Los Tocadores (1982), de Mario Chichito Cabral.

    Durante la década de 2010 mantuvo un dúo muy activo con otro histórico del piano uruguayo, Panchito Nolé (fallecido en 2022), con quien hizo una decena de conciertos llamados Combate a dos pianos, un formato muy disfrutable en el que los dos veteranos tocaban a dúo, recordaban viejos clásicos, se desafiaban espontáneamente y se divertían como niños, en largas sesiones de improvisación jazzística.

    Su última etapa en la televisión fue en Decalegrón, el último de los grandes programas de humor uruguayos que se mantuvo al aire durante 25 años. Allí interpretó personajes muy recordados como El Hijo de Buda, que hacía humor breve, generalmente de tono político, con base en latigazos llenos de ironía, libretado entre otros por Cuque Sclavo.

    Embed - Decalegrón - El Boliche 1993

    En esa entrevista con Búsqueda contó cómo era la dinámica de trabajo —y de vida— con D’Angelo, Espalter y Almada. “Estábamos más juntos entre nosotros que con nuestras familias. Pero la relación nunca fue de gran amistad sino que siempre fue de compañerismo y trabajo, que me parece una buena receta: duramos 40 años juntos, difícil hasta para un matrimonio. No nos visitábamos como amigos en nuestras casas porque estábamos hartos de vernos”.

    Otra de sus más recordadas participaciones fue en el sketch El Boliche, también en Decalegrón, en el que componía a un intelectual muy verborrágico que intentaba —en vano— cultivar a Ricardo Espalter con breves extractos argumentales de novelas, películas, episodios de la historia del arte y la cultura y relatos de personajes históricos, desde la Grecia antigua hasta el siglo XX. Frustrado y ofuscado por la nula comprensión del personaje de Espalter, terminaba insultándolo con palabras inentendibles, un epíteto muy elegante, sin sandez alguna, que incluía palabras en latín, términos del español antiguo y abundante terminología científica, que así comenzaba, invariablemente: “¿Sabe lo que es usted?”.

    También tuvo una larga trayectoria como conductor de programas radiales de variedades, donde la música y los músicos siempre eran protagonistas excluyentes. Frade en Carve. Música, Maestro y Frade con permiso fueron los más recientes, este último durante más de una década en Radio Oriental, luego en Radio Cultura y en los últimos años en Radio Clarín.

    Libro Julio Frade

    Consultado por la evolución del humor en el Río de la Plata, respondió sin ocultar su pesimismo: “La gente, sobre todo la uruguaya y luego la argentina por contagio, era bastante más culta que ahora. Cuando trabajás para un público culto, te podés permitir ciertos lujos. Porque el humor es un mecanismo de relojería. Pero tiene que tener respuesta y para ello la persona a la cual lo dirigís tiene que entenderlo. Si no hay cultura, hay cosas que no se entienden. Hoy en día funciona todo lo que es obvio, procaz y vulgar”.

    Frade fue un hombre creyente. Y así unió su fe cristiana con el teatro: “Si me habrá ayudado Dios, que un día me llamó Laura Sánchez y me dijo: ‘Te llamo para hacer una temporada en la compañía Italia Fausta’. Esa temporada duró ocho años. Con Italia Fausta, dirigida por Omar Varela, en aquellos años hicimos comedias musicales en las que actué e hice la música. Era como estar en Broadway, porque el rigor con el que se trabajaba era el mismo. Me di el lujo de hacer teatro con los mejores y con salas llenas siempre. Dice el dicho ‘Ayúdate que Dios te ayudará’”.

    Tan cristiano se sentía Frade que su biografía, escrita por Ángel Atienza a partir de decenas de horas de charla entre ambos y publicada por Planeta en 2023, se titula Gracias, Señor. Es un notable y muy divertido compendio de experiencias, anécdotas, reflexiones sobre la música y el humor, con prólogo del cardenal Daniel Sturla. En la introducción, Atienza cuenta que en todas las charlas para el libro había un asunto recurrente: “Su profundo agradecimiento a Dios por los favores recibidos”. El autor recuerda que en cada encuentro Frade repitió invariablemente estas palabras: “Un día supe, después de los treinta y pocos años, que quien me mandaba las cosas no eran mis padres, era Dios, pero de eso me di cuenta después y, cuando asumí eso, con más ahínco y fervor seguí haciendo lo que me mandaban, porque Dios me dio todas las oportunidades que se le pueden dar a un músico en la vida, realmente te lo digo como un testimonio, pero además te lo digo porque es la verdad”.

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