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    Listas caseras y diccionarios atípicos: la humana necesidad de registrar

    Vivimos inmersos en listas, en catálogos, en archivos y diccionarios porque hay una necesidad ancestral de registrar. Esta nueva entrega de la newsletter Algo que quiero contarte trata sobre otros registros: los artesanales, los caseros, los atípicos

    Desde sus orígenes, la escritura quiso definir las palabras, transmitir sus significados, registrarlas. Se considera que los primeros diccionarios aparecieron en Mesopotamia, alrededor del 2.300 antes de Cristo. Eran textos cuneiformes, una de las formas más antiguas de escritura, que describían palabras sumerias. Desde entonces, investigadores, lexicógrafos y estudiosos del lenguaje y de todas las áreas del saber no han parado de elaborar diccionarios porque, cuanto mayor es el conocimiento, mayor es la necesidad de ordenarlo y registrarlo.

    Pero al mismo tiempo, de manera artesanal y casera, se van gestando listas que pueden incluir desde dichos del habla popular hasta la enumeración de una colección de objetos personales. A veces, esas listas adquieren un valor que va más allá de lo personal, entonces se transforman en un curioso diccionario.

    Sobre listas y diccionarios atípicos trata esta nueva entrega de Algo que Quiero Contarte, una newsletter sobre temas culturales. Mi nombre es Silvana Tanzi, y podés escribirme con tus sugerencias o comentarios a: [email protected]

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    Vivimos inmersos en listas, en archivos, en catálogos, porque hay una necesidad humana y ancestral de registrar. ¿Tenés alguna lista guardada? No te pregunto por la lista que pondrás en la urna el domingo de elecciones, esa es secreta. Pero seguramente hace poco escribiste una, la de los mandados, por ejemplo, o la de invitados a una boda.

    Hay listas de estudiantes, de deudores, de símbolos químicos y matemáticos, de discos para escuchar, de películas para ver y de libros para pedir prestado y nunca devolver. Y están las que no perdonan, como aquellas que enumeran las promesas que nunca se cumplieron. Y también están las tenebrosas: las listas negras de los proscritos o de los que van a morir o de los que hay que matar; o las que recuerdan a desaparecidos o a refugiados o a los que murieron en una guerra o en un atentado.

    Umberto Eco llamó a uno de sus libros El vértigo de las listas, y allí analizó, a través de la historia del arte, el afán de los creadores por elaborar listas en sus obras. De su análisis se desprende que hay algunas cerradas y otras abiertas al infinito, también las hay caóticas y otras que surgieron de la exuberante imaginación de sus autores.

    Umberto-Eco-Vertigo-listas.jpg

    La primera lista “cerrada”, escribió Eco, aparece en la Ilíada de Homero, en el escudo de Aquiles forjado por Hefesto. Todo el mundo conocido hasta entonces estaba en ese escudo, y es tan perfecta su descripción que los artistas lo pudieron llevar a la representación en diminutas figuras: hicieron del dibujo un calco de las palabras. “El escudo de Aquiles es la epifanía de la forma, el modo en que el arte consigue construir representaciones armónicas en las que se instituyen un orden, una jerarquía, una relación entre figura y fondo”, explicó Eco, con esa solvencia que da la sabiduría.

    Poderoso el escudo de Aquiles. Poderoso el guerrero Aquiles. Lástima el detalle del talón, pero eso escapa al asunto de las listas.

    escudo_de_Achiles.jpg

    Hace unos años comencé a escribir mi propia lista con las frases que he escuchado en varios lugares, pero sobre todo en mi trabajo. Tengo la suerte de tener compañeros ingeniosos y divertidos y, aunque ellos no lo saben, anoto lo que dicen y me parece curioso, me hace reír o me hace pensar. Un día me di cuenta de que estaba construyendo una lista con el único objetivo de que esas ocurrencias no se olvidaran. La titulé Desde el escritorio.

    Es una lista cotidiana, sencilla y entraría en la categoría “caótica” porque sigue el ritmo y el tiempo de diversas conversaciones. Por eso también es abierta. Lo que intento es ir registrando un pequeño mundo que es el que comparto con otros. Aquí te dejo algunas frases (dentro de la categoría “publicables”) archivadas en Desde el escritorio:

    • Hay algo triste en las galletas de arroz.
    • Para cocinar lentejas se necesita amor, y se sabe que el amor es lento.
    • Vete con tus juguetes a otro templo.
    • Vete con tus juguetes marxistas a otro templo.
    • La realidad es lo que provoca resistencia.
    • Discrepo con ustedes en el uso del perchero.
    • Me dedico a sacar tildes que toda la vida me enseñaron a poner.
    • La idiotez es atemporal.
    • Tenés la noche pegada a los ojos.
    • Todos llevamos dentro un viejo pachequista y un joven comunista.
    • ¡Estoy lleno de ideas fascistas!
    • Mejor si es verdad: lindo título para un programa periodístico.
    • Escribe con la muerte en la punta de los dedos.

    Pero ahora voy a dejar esta lista personal, casera y posiblemente solo importante para mí, para pasar a contarte una experiencia que vale la pena conocer. Es sobre una lista que comenzaron haciendo estudiantes liceales y terminó en un diccionario.

    De pura cepa adolescente

    diccionario juvenil.jpg

    Es habitual que docentes o padres no entiendan muchas palabras que utilizan los adolescentes. Esto le pasó a la profesora Gabriela De Boni en sus clases del Liceo 12. Profesora de Literatura y de Idioma Español, reparte su carga horaria entre sus horas en la biblioteca liceal y sus cursos de la materia Sociedad y Comunicación. El año pasado le llamó la atención el uso de una palabra en un escrito que decía en una de sus frases: “Lo que más me gusta es cómo el narrador expresa sus sentimientos y los compara con cosas random”. Entonces comenzó a reparar en cómo empleaban las palabras sus estudiantes y les propuso armar una lista con términos y expresiones propias de su generación. Estas fueron algunas:

    • Chapear: bobear, descansar.
    • Skere (de let’s get it): voy a conseguirlo.
    • Cazá antena, rescatá antena: atendé.
    • Gorrear: poner cuernos, engañar.

    Este año, Gabriela dio un paso más y se propuso con sus nuevos grupos hacer un diccionario con palabras de la jerga juvenil y sus definiciones. Aprovechó la conmemoración del Día del Libro el 26 de mayo y su trabajo en la biblioteca del liceo. Los estudiantes se entusiasmaron y siguieron la consigna: tenían que registrar la fuente (si la habían sacado de algún sitio de Internet o si era propia de su jerga) y en lo posible dar un ejemplo de su uso. Para entusiasmarlos les llevó el Diccionario del Español del Uruguay de la Academia Nacional de Letras. “Lo primero que buscaron fueron las malas palabras, y les encantó”, comentó la profesora.

    ahre.jpg

    El trabajo no fue sencillo. Se reunieron en grupos de cuatro estudiantes y trabajaron con algunas palabras. Las tenían que escribir en manuscrita cuidando los márgenes para que después se pudiera unir con rulo el diccionario y mantener un estilo lo más uniforme posible.

    Después estaba el significado, que en algunos términos, como ahre, tenían más de una definición, según el contexto en que se usara. Entonces, decidieron dejar las dos.

    ahre 2jpg.jpg

    “Estos jóvenes son grandes creadores y nos aportan, con creatividad, una enorme cantidad de ellas. El vocabulario de los jóvenes va cambiando constantemente. Así, este diccionario es una ‘foto’ de estudiantes de entre 12 y 16 años, en este año 2024”, escribió Gabriela en la introducción bajo el título Diccionario de términos juveniles.

    Este diccionario artesanal y único, porque hay un solo ejemplar, tuvo muy buenas repercusiones entre quienes lo vieron. Incluso Gabriela y algunas de las estudiantes-creadoras participaron el 18 y el 19 de octubre de la 12ª Feria de Buenas Prácticas Docentes que organizó el instituto Santa Elena. “Las estudiantes explicaron todo el proceso y la selección de palabras. Los que estaban presentes quedaron encantados y muchos querían una copia”. Ahora el diccionario sobrevivió a todas las manos que pasaron por él y Gabriela buscará apoyos para que se pueda digitalizar.

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    Además de profesora y amante de la fotografía, Gabriela es tanguera. En 2023, ganó el primer premio en la categoría Poesía del concurso El Bandoneón y su Mundo, organizado por Fundación Cienarte y Casa de los Escritores del Uruguay. Su libro de poemas tangueros se llama Kintsugi. “Encuentro similitudes entre estas palabras que usan los jóvenes y el lunfardo tanguero que surgió para ser usado en un grupo cerrado. Los jóvenes no utilizan estas palabras para que los demás las entiendan, las utilizan entre ellos. Solo de vez en cuando aparecen en algún escrito”.

    El diccionario resultó una experiencia no solo lingüística, sino también social. Hay palabras que aparecen en las redes sociales, sobre todo en TikTok, la más usada por adolescentes. Y realmente hay algunas muy raras, como esta:

    potaxie.jpg

    Por otro lado, desde hace años las clases de los liceos están recibiendo inmigrantes, sobre todo venezolanos, que aportan sus propias expresiones. Los jóvenes uruguayos las han incorporado a su léxico, así como han incorporado las que vienen del inglés.

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    Entre tantas palabras nuevas, aparecen otras que ya estaban en el habla de los uruguayos, pero que para las nuevas generaciones tienen un significado distinto. Es lo que sucede con la palabra turro. “En nuestra jerga de juventud la usábamos como sinónimo de ‘tronco’ o ‘burro’, pero los jóvenes la aplican para quienes se visten con pantalones bajos y gorra, es lo contrario al ‘cheto’. También tiene el sentido de alguien que es arrogante y tiene un vocabulario distinto”, explicó Gabriela.

    Si flasheaste confianza, quiere decir que interpretaste mal una situación y pensaste que había confianza; si le hiciste un regalo a alguien y te respondió anashei, no te alarmes, significa que le gustó, que está muy bien, y si escuchás un facto, estás frente a un dato verdadero.

    Ojalá que este diccionario se digitalice y se pueda difundir. Pasar sus hojas es sentir la lengua en plena transformación, casi en vivo y en directo. Si será valioso.

    Justo para la campaña electoral

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    Este año la editorial Tajante publicó un diccionario que sale de lo común y que llega en un momento muy oportuno. Su título es Diccionario de la política uruguaya y en su elaboración participaron varios periodistas: Gabriel Lagos, Marcos Morón (editor), Ignacio Pardo y Andrés Prieto. “La política uruguaya es cada vez más incomprensible. Por eso, hacía falta un diccionario riguroso que permitiera comprender el intrincado lenguaje de sus protagonistas”, dice en su contratapa.

    Lo de “riguroso” quedó en el debe, porque este diccionario está concebido desde el humor, aunque se sabe que detrás de una ironía o broma se encierra alguna verdad. Claro que las definiciones de estos términos de la política hacen reír cuando la burla se deposita en alguna persona a quien no le tenemos simpatía. Seguro que su lectura despierta también malhumor.

    Empiezo por la última letra y encuentro la palabra zurdaje con la siguiente definición: “Término peyorativo que usan las mismas personas que dicen ‘pichaje’. Tiene el mismo sufijo, pero es pura casualidad”. Me voy a la v y aparece voto útil: “Voto inútil a un candidato que no te gusta tanto”, y me voy a la e y leo error de comunicación con la definición: “Cagada que no se pudo tapar”, y en la u figuran las usinas culturales: “Política del MEC con nombre de política del MEC”.

    Tiene ilustraciones de los candidatos, a cargo de Joaquín Rodríguez Frau, y más de 800 definiciones. Es un diccionario que entra en la categoría “atípico”, sobre todo porque nadie irá a consultar en él ninguna definición. Más bien es para leerlo al azar, en voz alta en la oficina o en ronda de amigos. Y esperar las reacciones.

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    Otro diccionario fuera de lo común se publicó en 2019, y en 2023 tuvo su segunda edición. Su autor se llama Gustavo Fripp Rojas, quien además de escritor es cocinero y no le gusta que le digan chef. Durante cinco años tuvo un restaurante en la zona histórica de Colonia del Sacramento y era frecuente que los comensales porteños le hicieran preguntas sobre palabras que aparecían en su menú y no entendían. Una de las más habituales era sobre el boniato, y así quedó plasmada en el título de su trabajo: ¿Qué es boniato, maestro? (Alter Ediciones). A prestar atención porque todo comenzó con una lista casera de uruguayismos para porteños que llegó al libro. Y tuvo mucho éxito en ambas orillas del río.

    Qué es un chivito, un gurí, una persona mamadera, un tupa, un vejiga, un fisurado, un bagayero o un zum son algunos ejemplos de palabras habituales en el habla de los uruguayos que necesitaban de una traducción, y Fripp, con gran olfato, supo cómo hacerla.

    Ahora sí te pregunto por esas listas que aparecen cada cinco años y no van a formar parte de ningún diccionario. ¿Ya tenés una para la urna o preferís no tener ninguna?, ¿la leíste de arriba a abajo?, ¿encontraste conocidos?, ¿te pusiste a pensar cuánta discusión hay detrás de los primeros nombres? Nos pueden cansar o traer dudas, pero hay que defenderlas. Ya sabemos cómo se extrañan cuando no están.

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    Antes de despedirme te dejo otra recomendación: la nota de Pablo Staricco sobre la serie Envidiosa y el fugaz de E. A. L. sobre cine y comida. Se llama Hambre, y realmente dan ganas de prepararse un buen plato.

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