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Un río de libertad: entretelones de un acto con nombre poético
El acto del Obelisco fue un momento crucial del pasado reciente por su potente valor simbólico para la salida de la dictadura uruguaya; hasta ahora, no se había hecho una recopilación ordenada de la información, del antes y del después
Más de cuatro décadas pasaron del mayor acto de masas contra la dictadura uruguaya (1973-1985); un tiempo suficiente para mirar hacia atrás y dimensionar lo ocurrido a través del cristal de la distancia. Precisamente de eso trata el libro Acto del Obelisco 1983. Aquel río de libertad que acaba de presentar la periodista María Noel Domínguez.
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La autora investiga un momento crucial del pasado reciente (cada vez menos reciente) del que se ha hablado mucho por su potente valor simbólico en la conquista de la democracia, pero del que no se había hecho hasta ahora una recopilación ordenada de la información, del antes y del después. Ese es precisamente el mérito del libro, que logra darle profundidad al símbolo mediante documentos de época, entrevistas actuales y análisis de algunos de sus protagonistas.
Solo quienes han pasado los 45 años conservan algún recuerdo más o menos vívido de aquel 27 de noviembre de 1983. Para muchos, el Acto del Obelisco se asocia a la fotografía de José Américo Plá que se publicó en la portada del diario Aquí. Antonio Dabezies, editor de Aquí, encontró el título perfecto para la imagen —Un río de libertad— y así contribuyó a la creación de un ícono histórico. La fotografía de Plá no aparece en el libro, pero sí lo ilustran otras del fotógrafo Armando Sartorotti que muestran las pancartas de entonces, la multitud con las manos en alto haciendo el símbolo de la victoria y distintas escenas del estrado.
La investigación de Domínguez arranca antes de aquella tarde de noviembre. El clima en los meses que precedieron al acto era de incertidumbre; las negociaciones se habían estancado y los militares daban señales de querer poner la marcha atrás. Finalmente, después de varias idas y venidas, se permitió la organización de un acto multipartidario que se había negado en agosto de ese año, hacía apenas tres meses. Tal vez, las Fuerzas Armadas, al acceder a su realización, no dimensionaron el poder de la convocatoria, no solo por la cantidad de público que asistió, sino por la fuerza del golpe para rematar la dictadura que culminaría un año y pocos meses después.
El libro se detiene en la elaboración de la proclama y en la deferencia que Enrique Tarigo y Gonzalo Aguirre, ambos encargados de la redacción, tuvieron entre sí al reconocer las debilidades de sus propios textos y las fortalezas del ajeno. Entre los dos lograron escribir una proclama única que aunó los mejores párrafos de cada uno y logró su mayor esplendor con la emotiva lectura del actor Alberto Candeau. La proclama se presenta en las páginas del libro junto a una muy buena selección de lo que publicó la prensa en los días siguientes y la lista de quienes estuvieron en el estrado, con una breve semblanza.
Vale la pena detenerse en el capítulo “Repercusiones”, que recoge fragmentos del discurso del dictador Gregorio Álvarez en respuesta al acto, transmitido en cadena nacional de radio y televisión. Según recuerdan algunos testimonios, esa noche el discurso de Álvarez se tapó con un estruendoso y espontáneo caceroleo.
Días después, el Consejo de Estado se reunió para analizar la proclama y los motivos de la masiva concurrencia. Las interpretaciones y propuestas que surgieron de esa sesión, por momentos, rozan lo bufonesco. Entre otras ideas, uno de los consejeros sugirió organizar una especie de contra acto “para homenajear a los ausentes del estrado” y “a todos los grandes muertos” que había tenido el país. Por su parte, el consejero Daniel Barreiro aseguró que se había retirado del acto al comprobar que en el estrado estaban solamente los impulsores del No en el plebiscito de 1980 (opción contraria a la reforma constitucional de las Fuerzas Armadas). El mismo Barreiro dijo que, luego de retirarse, había visto cerca de 400.000 personas que no estaban en el Obelisco a la hora señalada, aunque sí transitando por las calles de Montevideo.
En resumen, Acto del Obelisco 1983 compila e indaga sobre lo ocurrido en una jornada histórica y explica a las nuevas generaciones por qué para los más viejos será siempre un acto inolvidable.