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“Pedro vuelve al pueblo, a la casa de su infancia y allí se encuentra con la fiesta de los muertos”. En 20 palabras, la leyenda promocional de esta obra se convierte en su perfecta sinopsis. En esa oración está todo. El protagonista, el escenario físico y la dimensión emocional de esta historia. Otra frase más breve y contundente aún corona la promoción: “Una historia de suspenso criollo”.
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La obra se llama Alguien que no está, y es de lo mejor que se ha visto esta temporada en el teatro montevideano. Fue escrita por el uruguayo Domingo Milesi y la argentina Carolina Adamovsky. Ella se ocupa de la dirección y él es el intérprete de este unipersonal estrenado en el otoño en la sala Zavala Muniz, donde la semana próxima tendrá su segundo ciclo, de cinco funciones, desde el martes 19 hasta el domingo 24 (entradas en Tickantel).
Milesi es un actor, dramaturgo y director que viene dando pasos firmes en la escena uruguaya. Se toma su tiempo entre sus estrenos, y cada uno de ellos resulta una sólida muestra de talento y calidad. En 2022, Bette Davis, ¿estás ahí?, una comedia que mezcló la cinefilia, el amor en la madurez y el esoterismo, ganó el Florencio al Mejor espectáculo. Antes había logrado un potente retrato emocional de la juventud uruguaya de los años 90 en Ayer pensé en decirte adiós(2019) y con Lo que los otros piensan (2013) había logrado una muy divertida comedia de carretera, ambientada en un auto que llevaba a una familia y sus problemas por las rutas nacionales.
Alguien que no está cuenta la historia de Pedro, un tipo promedio, de mediana edad, nacido en un pueblo chico, de ambiente rural, y radicado en la ciudad, donde ha formado una familia. Una historia muy probable en un país como Uruguay, aunque no se explicita el enclave donde transcurren los hechos. No es necesario. Son muy claras las coordenadas socioculturales. El hombre decide en forma impulsiva volver al pueblo donde nació y creció y se dirige a la casa abandonada donde vivían sus abuelos, ya fallecidos.
Alguien que no está 5
La escenografía de Alguien que no está es de Noelia Toledo
Lucía Rubbo
Allí aflora el componente sobrenatural de esta historia, porque Pedro es —literalmente— invadido, casi poseído, por la presencia de sus ancestros. También aparece en ese trance el Pedro niño, una aparición determinante en esta historia, que encarna de un modo concreto aquello de el niño que llevamos dentro. Es el personaje más radical que interpreta, porque ese niño fue testigo de una cruda situación familiar, marcada a fuego por varones que sometieron a sus mujeres (esposas e hijas) a violencias extremas. Milesi lo explica con elocuencia: “Corre un velo y vuelve a su infancia para descubrir, desde una mirada adulta, los recuerdos de su niñez que fueron distorsionados por el tiempo.
En un verdadero tour de force actoral, Milesi logra encarnar a todos estos personajes mientras que el protagonista “transita en un limbo entre su presente y su pasado, no puede avanzar, está atrapado en su historia, viviendo entre fantasmas”. Así, con la ayuda de sus muertos, los queridos y los aborrecidos, y de sí mismo, el protagonista emprende la temeraria aventura de descubrir la verdadera peripecia de su familia.
Alguien que no está RA
La iluminación de Alguien que no está es de Martín Siri
Reinaldo Altamirano
En Alguien que no está reaparecen varios tópicos presentes en la obra de Milesi. Así lo describió el artista, consultado por Búsqueda: “Esta obra, como las anteriores, tiene que ver con lo presente y lo ausente, con una dimensión que no es exactamente lo que podemos ver, sino que es otro plano de lo cotidiano. Un lugar al que no es posible acceder en forma consciente. Allí vuelve a aparecer la muerte, como en otras de mis obras. Es un tema. En Lo que los otros piensan, por ejemplo, también había un viaje, también había una madre que no se sabía si estaba viva o muerta, había algo detenido, un universo circular; no se sabía exactamente en qué plano estaban exactamente esos seres, por qué habían envejecido y su madre no. El tema del tiempo también está siempre. Un tiempo que está estallado, en el que conviven varios momentos y varios tiempos en un mismo tiempo”.
En solo 60 minutos —la duración ideal para un unipersonal con este grado de intensidad— Alguien que no está consigue estremecer y emocionar al espectador en una cuerda narrativa que, en su vibración, oscila entre el drama y el humor, sin llegar nunca al terreno de la comedia. El suspenso también acude al escenario, generado por una soberbia interpretación de Milesi y una notable puesta en escena en la que confluyen tres rubros en forma brillante: la iluminación de Martín Siri, la escenografía de Noelia Toledo y el sonido de Gustavo Fernández.
Alguien que no está 4
La dirección de Alguien que no está es de Carolina Adamovsky
Lucía Rubbo
Una de suspenso criollo
Milesi explicó que en el trabajo de escritura conjunto con la dramaturga argentina Carolina Adamovsky, con quien tiene un profundo conocimiento mutuo, aparecieron los temas que él quería volcar en la obra: “La historia tenía que girar en torno a lo ancestral, lo chamánico, la presencia de lo vivo y lo muerto, lo fantasmagórico. Fuimos investigando sin palabras, sobre todo a partir de imágenes, poniendo el cuerpo. Después yo fui escribiendo a partir de lo que conectaba con mi sensibilidad, con mi propia historia”.
El concepto de suspenso criollo engloba buena parte de lo que reverbera en Alguien que no está. Así describe el autor e intérprete cómo se generó esta especie de thriller gauchesco: “Carolina me iba planteando posibilidades de manejo del cuerpo. Yo quería plasmar algo físico en la obra, con relación a lo ancestral, quería buscar algo que me invitara a desafiarme, ser un canal expresivo de algo no tan cotidiano, sino un poco más loco desde la actuación, y que al mismo tiempo tuviera fuerza. Bueno, ahí apareció lo chamánico. Y cuando la historia se fue armando apareció esta idea del suspenso, cercano al terror, y se armó esta mixtura entre el suspenso y lo criollo. El suspenso criollo, un suspenso ambientado en el campo, con un misterio a resolver. Desde que el personaje llega a la casa, trabajamos en mostrar qué significa ese lugar para él. Los fragmentos que muestran cómo va recordando la historia no están en forma lineal, sino que son flashbacks. No sabemos si recuerda o encarna. Ese es el juego ambiguo entre un personaje que incorpora a otros personajes y un personaje que trae en su recuerdo a otros. Posiblemente está recordando o están en su cabeza. O están en esa casa, son fantasmas que habitan la casa o son fantasmas que lo habitan a él”.
Alguien que no está
Si bien no se trata de una obra autobiográfica, como todo creador, Milesi se nutre de las personas que ha conocido, de situaciones que ha vivido y de historias que ha escuchado. Nada nuevo bajo el sol. “Durante un tiempo, la obra se ensayó en la casa de una bisabuela del iluminador, Martín Siri. Ese apartamento estaba cargado de historias, de energías, se había detenido en el tiempo; estaba intacto hacía veintipico de años y eso fue un insumo interesante no solo para la dramaturgia, sino también para la vivencia actoral, para afirmar y traducir la naturaleza del espíritu que la obra construye durante el devenir de ese personaje, desde que llega a esa casa y con todo lo que va viviendo. Así, fui conectando con algunas historias de mi familia, que involucran a mis ancestros. No quiero revelar nombres ni otros detalles, pero son situaciones que no me son ajenas para nada”.
Para Milesi, el cuerpo tiene una memoria ancestral de la que no somos conscientes: “Creo —es más, estoy convencido— que todas las historias que han vivido nuestros padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, de alguna manera, se guardan también en nuestro cuerpo. Esas historias están conmigo, en una parte de mi memoria. Le podemos llamar memoria reptiliana o como queramos (ríe). Eso está en algún sitio del disco duro. Esas historias también me habitan, como me habitan las células de tantos otros seres que son mis raíces”.