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Este lunes 8 se conoció la noticia de que a los 93 años había muerto Yamandú Marichal, uno de los grandes referentes de la crítica teatral y cinematográfica en Uruguay, y principal creador de los Premios Florencio, que desde 1962 reconocen la producción teatral uruguaya de cada temporada. Marichal fue el único crítico que, salvo el año en que no pudo ir al teatro por enfermedad, integró el jurado del Florencio en todas las ediciones de un premio que solo dejó de entregarse cuando la dictadura lo prohibió.
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Con su sonrisa y amabilidad como un sello indeleble, mantuvo su presencia en las salas teatrales durante más de 65 años en forma ininterrumpida. Presidió durante un largo período la Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay (ACTU) y cuando sus fuerzas mermaron dejó ese cargo, pero siguió al firme, integrando la institución y el jurado de los premios, incluso hasta el año pasado.
En los últimos años mantuvo la labor crítica en Radio Carve, ya no al aire sino a través de un espacio en su página web, en formato podcast. Durante la pandemia sufrió un ACV y permaneció más de un año sin ir a ver teatro, hasta que logró recuperarse y retomó el hábito de toda la vida de estar sentado en primera fila en los teatros uruguayos, ya fuera el Solís o una pequeña sala alternativa. Pese a que en la última década experimentó dificultades físicas y de desplazamiento propias de su edad, siempre mantuvo la determinación irrevocable de estar presente en las salas, de seguir cubriendo las temporadas, siempre al máximo de sus posibilidades, y siempre junto a su esposa, permanente e incansable compañera de butaca, Nevers Díaz.
Yamandú Marichal 2
Yamandú Marichal y su esposa, Nevers Díaz.
Nicolás Der Agopián
En 2022 la ACTU lo homenajeó con una distinción especial por los 60 años de la creación del Florencio, y en diciembre de 2024 Marichal recibió una de las menciones, denominadas Rubén Castillo, por su trayectoria, de parte del Colectivo de Críticos Independientes. Allí estuvo Yamandú, en la primera fila de la sala Terminal Goes, para recibir de pie y agradecer la distinción con su sonrisa ancha y generosa, la de siempre.
Con Jackie Rodríguez Stratta condujo, en los 80 y 90, el programa de cine Detrás de la pantalla, en Canal 10, un espacio que se transformó en un clásico del periodismo cinematográfico en Uruguay. Su trayectoria periodística tiene hitos, como haber entrevistado a íconos como Jorge Luis Borges, Vivien Leigh y Vittorio Gassman.
Marichal se crio entre Tres Cruces y Pocitos, en un hogar de clase media carente de una fuerte influencia artística. Así lo recordó en una entrevista con Búsqueda, publicada en 2019. “Mis padres nos llevaban al cine a mí y a mis hermanos, a las matinés, que eran la cultura popular por excelencia. Ese siempre fue el incentivo de mis padres. Nos dejaban en la puerta del Casablanca, el Metropol o el Ópera y nos iban a buscar cinco o seis horas después, a la salida”.
Se educó en los Maristas de 8 de Octubre, donde descubrió el teatro. “A fin de año hacíamos pequeñas obras teatrales en las que interpretábamos personajes sencillos, como el mozo de un bar o un empleado de oficina. Pero un día, cuando tenía unos 12 años, fuimos a ver una cosa bastante amateur que hacían unos amigos de mis padres en el viejo Estudio Auditorio del Sodre, sobre obras cortas de Eugene O’Neill. Y me impactó fuerte ver a los actores ahí, en vivo. No sé si eran buenos o malos actores, pero pensé: quiero seguir viendo esto”.
Eran tiempos fundacionales del teatro uruguayo, con la Comedia Nacional en su primera y fermental década, de la mano de Margarita Xirgu, y de las compañías independientes, como El Galpón, La Máscara, el Circular y El Tinglado.
El primer texto parecido a una crítica que escribió fue sobre Seis personajes en busca de un autor, de Pirandello. “Lo que escribí no fue una crítica sino un cuento sobre lo que había visto. Me prendió tanto ver obras y escribir que empecé a ir a ver teatro sin parar. (…) Vi actuar por primera vez a Berto Fontana, Pepe Vázquez y Jorge Denevi. Vi la llegada de las compañías europeas al Solís, el 18 de Julio y el Artigas. Europa estaba pobre y los elencos venían en barco y se quedaban semanas en cada ciudad. (…) En esa época, en Montevideo había teatro de martes a domingo, y se vendían millones de entradas de cine. Mi rutina era cine de lunes a miércoles y teatro de jueves a domingo”. Entre las figuras protagónicas que entrevistó en aquellos años, así recordó a Margarita Xirgu: “Le hice algunas notas pero la conocí muy poco. Era una mujer muy seria, distante. La adoraban pero le tenían terror.
Marichal estudió Derecho pero el teatro fue más fuerte. “Cuando llegaba el invierno y se llenaba de europeos por dos meses ni pisaba la facultad. (…) Los italianos traían siete estrenos, uno por día”. Hasta que le dieron una oportunidad en un nuevo semanario llamado El Ciudadano. “En esa época no había escuelas de periodismo. Me ofrecí y me dieron la oportunidad de escribir de teatro, junto a un crítico de cine muy joven, un tal Jorge Abbondanza. Ahí empezamos nuestra amistad. El día en que se publicó la primera nota fui al quiosco y me compré todos los diarios y revistas para comparar mi nota con las de los otros críticos. Cuando vi que no me había equivocado, supe que podía hacerlo bien”.
Desde entonces publicó sus críticas en varios medios hasta que comenzó a trabajar como periodista a tiempo completo en el diario BP Color, medio que tuvo un gran impacto en la prensa uruguaya. Luego extendió su labor a la radio y la televisión, en Carve y Canal 10.
Al ingresar a la ACTU comenzó a vincularse con referentes de la crítica cultural, como Ángel Rama y Carlos Martínez Moreno. La creación de los Florencio, tanto su nombre como su reglamento y la idea de su icónica estatuilla (diseñada por Eduardo Yepes), que combina el jopo de Sánchez con el ojo de la crítica, fueron suyos. Y así lo recordó: “Nos reuníamos mucho en peñas literarias y tertulias en bares. La necesidad de dar unos premios al teatro, fundada en la creciente cantidad de espectáculos, se fue instalando en las charlas. Casa del Teatro daba unas medallas a fin de año a los mejores actores del año. ¿Y por qué los críticos no damos un premio?, pensábamos. Un día Rama me invitó a integrar la lista para una nueva directiva y quedé. Rama me nombró secretario de actas y ya en la primera reunión a la que fui planteé la idea del premio. Para mi sorpresa, nadie se opuso, y Rama rápidamente me dijo: ‘¿Te animás a escribir los reglamentos y los traés a la próxima reunión?’. Me fui para casa y me pasé toda la noche escribiendo. A la reunión siguiente tenía las bases del premio y el nombre. Me sirvieron mis años en Derecho. Y, con algunos cambios, son los reglamentos que se siguen utilizando hasta el día de hoy”.
Su estilo crítico y periodístico siempre se basó en destacar lo positivo. Nunca fue un crítico demoledor de espectáculos: “He intentado mantener siempre el respeto por los creadores, por la obra que me están ofreciendo. Me guste o no me guste, si lo hacen con entrega, amor y compromiso, tengo que respetarlos al máximo. Y como tengo buena relación con todo el mundo, converso mucho, durante muchos años compartí mesas de café llenas de actores. Me senté siempre con ellos sin ningún problema y cuando tuve que hacer la crítica la hice siempre en forma respetuosa. A veces elogiosa y a veces no. No podés pretender ser el rey que tiene la última palabra y que los súbditos acaten. Creo que la crítica debe ser ante todo constructiva y siempre con fundamento”.
Finalmente, en esa charla, recordó cómo es que una de esas estatuillas de bronce, que lógicamente nunca ganó, fue a parar a un pedestal junto a la estufa a leña de su apartamento, en Villa Biarritz. “¡Ese Florencio lo afané! La historia es increíble. Yo no puedo tener un Florencio, tenemos prohibido quedarnos con ninguna estatuilla. Pero un día, hace como 20 años, fui a un remate de obras de Yepes de un tipo que había muerto, y cuando llegó el momento del Florencio no ofertó nadie. ¡Me la llevé por 100 pesos!”.