• Cotizaciones
    lunes 17 de junio de 2024

    “Uruguay está jugando un papel más y más importante en el mapa del narcotráfico” y ya es una ruta “útil” de cocaína a Europa

    InSight Crime, una fundación internacional especializada en seguridad pública, comenzó a cubrir la situación de Uruguay por el aumento de las operaciones de grupos criminales extranjeros; “las cosas lentamente están empeorando” en el país “y las cosas que empeoran lentamente pueden empeorar rápidamente”

    La sangrienta incursión de cárteles mexicanos como Los Zetas en Guatemala, el surgimiento en Colombia de grupos delictivos disidentes del acuerdo de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, la evolución de la temida pandilla Mara Salvatrucha 13 en El Salvador y el crecimiento exponencial de la corrupción ligada al narcotráfico en Venezuela. Desde 2010 InSight Crime ha producido algunos de los informes más esclarecedores sobre el crimen organizado en Latinoamérica.

    Con sede en Washington D.C. y Medellín, esta fundación fue creada para investigar el estado de la seguridad pública de la región: análisis, monitoreos, bases de datos y perfiles de grupos y personas, con un enfoque inicial que apuntaba al norte del continente —la zona tradicional y clave del narcotráfico— que fue luego deslizándose hacia el sur, la zona en expansión. Esta mirada bajó primero a Brasil, luego a la triple frontera y ahora está puesta también en Uruguay, al punto tal que InSight Crime por primera vez tendrá al país como una de sus áreas específicas de trabajo.

    Mucho tuvo que ver el descubrimiento público de Sebastián Marset, el narcotraficante uruguayo buscado por las autoridades paraguayas tras definirlo como líder de una poderosa organización sudamericana.

    Chris Dalby, jefe de redacción de InSight Crime, asegura que Marset confirmó el posicionamiento de Montevideo como engranaje del comercio de cocaína hacia Europa, lo que despertó el interés definitivo de la fundación en Uruguay porque evidenció la operación en el país de grupos extranjeros pesados que actúan en la región. Dalby acumula trabajos en el terreno en algunos de los países latinoamericanos más infiltrados por el crimen organizado. Su diagnóstico es que el proceso de una sociedad todavía habitable a una dominada completamente por el delito no necesariamente es largo, aunque sí suele ser anunciado por ciertos síntomas, algunos de los cuales se pueden notar en Uruguay, donde “las cosas lentamente están empeorando”.

    “Y las cosas que empeoran lentamente pueden empeorar rápidamente”, dice.

    Este es un resumen de su charla con Búsqueda.

    —¿Por qué decidieron enfocarse en Uruguay?

    —Nosotros cubrimos toda Latinoamérica y el Caribe pero Uruguay ha sido un país al cual no le hemos dado una gran prioridad. No por falta de elementos interesantes, sino porque la situación de seguridad y de crimen del país era mucho mejor que la gran parte de Latinoamérica. Sin embargo, nuestro interés creció con Sebastián Marset. Y mientras más conocí sobre Marset, el papel que tiene internacionalmente y su relevancia en Uruguay, más interesante me pareció todo. Entonces ahora a nosotros nos interesa saber más, estar más atrás de esto que sucede en Uruguay.

    —¿Tendrán un periodista asentado en Uruguay?

    —No, no tenemos a nadie al 100% en Uruguay y sí tenemos periodistas en Argentina, Brasil y Paraguay. Pero estamos ya incluyendo a Uruguay en nuestra cobertura geográfica del Cono Sur, porque en muchos aspectos ya no se puede hablar de Paraguay sin Uruguay, o de Brasil sin Uruguay.

    —¿El interés de la cobertura radica en el narcotráfico internacional?

    —Nosotros cubrimos todas las formas de crimen organizado —lavado de dinero, tráfico de drogas, tráfico de armas, trata de personas— pero es cierto que en este momento en Uruguay resalta más el narcotráfico. Empezamos con Marset y sus conexiones de narcotráfico con Brasil y Paraguay. Después con el tema del pasaporte que se le entregó a Marset también es posible ingresar en otros temas, como la acción gubernamental y el lavado de dinero, algo sobre lo que el propio presidente de Paraguay, Mario Abdo, ya hizo un comentario al mencionar el pasaporte de Marset y la corrupción. Entonces eso te abre la ventana para hablar de conexiones de corrupción y narcotráfico entre Paraguay y Uruguay, por ejemplo, porque como dije todo el crimen organizado está hoy muy interconectado entre los países.

    —Mencionó que la situación de Uruguay en seguridad pública era mejor que la del resto de la región. ¿Dejó de ser así?

    —La comparación regional no ayuda mucho en términos objetivos, porque Uruguay obviamente todavía sale muy bien posicionado ante México, Colombia o Brasil si comparamos la tasa de homicidio o la tasa de corrupción o la percepción de la corrupción y del crimen organizado en la población. Eso no ayuda porque quizás permite al gobierno uruguayo o a los analistas ignorar un poco lo que está pasando, porque dicen: “Pues no somos Colombia, no somos Brasil”. Pero esta comparación no borra la realidad del país: una tasa de homicidio creciente, hay más y más droga pasando por Uruguay, hay más conexiones criminales con otros países y más grupos criminales operando, entonces hay una preocupación creciente en Uruguay.

    Policía de vigilancia en el centro de Montevideo

    —En 2018 el entonces director de Policía de Uruguay, Mario Layera, pronosticó, si no había políticas de Estado contundentes, un escenario criminal similar al de países centroamericanos. ¿Coincide?

    —Yo hago la comparación con Ecuador, con el cual de todas formas Uruguay todavía tiene una diferencia grande, porque Ecuador está en una situación mucho más delicada y mucho más frágil. Pero la situación en Ecuador cambió drásticamente en los últimos dos o tres años, tan drásticamente que las instituciones no tienen cómo adaptarse a la sofisticación de las pandillas, a la entrada de arsenales de armas en gran escala y a las conexiones criminales que lo han llevado a ser el país con la tasa de homicidios que se incrementó más rápido en toda la región. No creo que Uruguay esté en peligro de ser Ecuador, pero sí en términos de ser un país que se sentía más seguro y está viendo una nueva realidad.

    —¿Cuáles son los indicios de esa nueva realidad?

    —Las pistas clandestinas para aviones narcos, las fronteras porosas, las fallas en los radares, las incautaciones en el puerto y en el aeropuerto de Montevideo, los índices de corrupción, los casos de mala actuación policial… Estamos viendo cosas que lentamente están empeorando. Y las cosas que empeoran lentamente pueden empeorar rápidamente.

    —¿Cómo evalúa la respuesta del gobierno uruguayo?

    —Lo que veo es un discurso positivo del gobierno y de las autoridades, que ahora parecen estar mucho más pendientes de esto. Ojalá esto lleve a políticas concretas y cooperación regional, una cosa que siempre destaco porque Uruguay no puede por sí solo detener la entrada de droga ni rastrear a los grupos criminales, necesita al menos trabajar con Argentina, Brasil y Paraguay.

    —La Policía uruguaya parece tener más confianza con Brasil que con Argentina y Paraguay.

    —Es que la Policía brasileña está más habituada a compartir inteligencia con sus vecinos más pequeños; por ejemplo, en Paraguay muchas de las operaciones se basan en inteligencia que proviene desde Brasil. Quizás esta relación ya sucede con Uruguay, pero si no sucede sin dudas deberá entablarse. Porque se sabe, por ejemplo, que el Primer Comando de la Capital (PCC), el grupo de crimen organizado más grande de Brasil, tiene una presencia en Uruguay. No se sabe qué tan grande es esa presencia, pero tiene al menos un dedo en el país y se sabe que el grupo de Marset también trabaja con ellos. Hay pruebas además de la presencia de otros grupos de alto nivel, más allá del PCC. La mafia calabresa, por ejemplo, la ‘Ndrangheta, obviamente marcada con la presencia de Rocco Morabito en Uruguay. Se sabe también que el puerto y el aeropuerto de Montevideo durante la pandemia fueron de las puertas de salida más importantes para la ruta de la cocaína hacia Europa. Había mucha cocaína que salía y sale por el Puerto de Santos, en Brasil, que es la puerta principal de la región, pero Montevideo ya es una opción secundaria y útil para los narcotraficantes.

    —¿InSight Crime ha detectado la presencia de otras organizaciones internacionales?

    —En Rivera obviamente es público que hay una realidad más violenta por la acción de los grupos brasileños que operan allí: Os Manos, Tauros y Bala Na Cara. Luego es difícil determinar. Hay muchos vuelos narcos en Uruguay y es difícil saber qué grupos están detrás de esos vuelos que aterrizan o lanzan mercancía al país, porque hay grupos paraguayos, brasileños, bolivianos y argentinos. Más allá de no conocer sus nombres, claramente Uruguay está jugando un papel más y más importante en el mapa del narcotráfico del Cono Sur.

    Alejandro Astesiano custodia al presidente Lacalle Pou

    —Como medio internacional, ¿han notado ustedes un daño a la imagen de Uruguay por los casos de Marset y el excustodio presidencial Alejandro Astesiano?

    —Uruguay en los rankings de transparencia internacional es el menos corrupto en Latinoamérica y es un rango merecido porque obviamente tiene instituciones fuertes. Pero la corrupción siempre existe. En el caso de Marset todavía no está comprobado si la ayuda que recibió para su pasaporte era por corrupción o por falta de atención institucional. Obviamente es sospechoso. En el caso de Astesiano es una red de abuso de poder, de corrupción, muy cercana al presidente, pero, según el Ministerio del Interior, el presidente jamás estuvo al tanto porque incluso fue avisado de que Astesiano tenía un legajo limpio. La buena noticia es que Uruguay ha identificado ambos casos y los está investigando. El resultado de las investigaciones va a ayudar a entender la capacidad de resistencia y de investigación que tienen las instituciones uruguayas. Quizás hasta la fecha no habían demostrado lo que podían hacer cuando la corrupción era detectada. Vamos a ver qué resultados tiene el caso Astesiano, más allá de que no termine con 20 arrestos. Es un momento bastante interesante.

    —¿Hay algún país latinoamericano que haya tenido éxito en la lucha contra el crimen organizado?

    —Hay algunos con mejoras momentáneas, pero no con políticas sustentables a largo plazo. Costa Rica es un país que puede hacerlo porque tiene instituciones policiales bastante fuertes. Chile lo puede hacer. Uruguay lo puede hacer. Es un momento bastante importante para Uruguay porque ahora puede demostrar que puede resistir a esta ola de crimen, pero manteniendo su récord en términos de respeto a la democracia, de corrupción y de derechos humanos. Ahora, la capacidad de Uruguay no se va a mostrar en las leyes sino en la aplicación de las leyes. Si lo hace, Uruguay entonces podrá convertirse en un modelo para la región, aún más fuerte de lo que es. Podrán decir: “Miren, nosotros tuvimos un pico de homicidios, de hacinamiento, tuvimos investigaciones con funcionarios públicos, y aquí están los resultados concretos”.

    —Más allá del crimen organizado internacional, a la población le afecta el tráfico de drogas local, base de los homicidios y la violencia en la sociedad. En el primer semestre del año hubo 188 homicidios, 39% más en comparación con el mismo período de 2021. ¿Es un número bajo al analizarlo regionalmente?

    —Es un número muy preocupante. Uruguay tiene un PBI alto para América Latina y, a pesar de ser un país pequeño, tiene internamente una base de clientes que demandan drogas duras como la cocaína. Sabemos muy bien que hay varias bandas de microtráfico que se disputan plazas de Montevideo y de otros centros urbanos del país y que los homicidios muy frecuentemente son ajustes de cuentas entre estas bandas locales. Es preocupante porque un 40% de crecimiento es muchísimo. Es un porcentaje muy alto. Y en nuestro informe de homicidios 2022 que saldrá el año que viene vamos a hablar de este tema. Se debe actuar rápidamente para contrarrestar a estas bandas, entender cómo es la logística que las hace funcionar y tratar de romper la cadena de suministro. Y también se debe atender el tráfico de armas, porque, si hay un aumento de homicidios y la mayoría es con armas de fuego, hay un eslabón que tiene que identificarse.

    Información Nacional
    2022-10-19T19:37:00