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    domingo 16 de junio de 2024

    Jaime Roos en el Sodre: una noche en el siglo XX para dar inicio a su ciclo Cierre de Temporada

    Tres años, nueve meses y diez días. Ese es el tiempo que transcurrió entre el 6 de agosto de 2020, la fecha anunciada para el estreno de Mediosiglo en el Auditorio Adela Reta y el 16 de mayo de 2024, cuando Jaime Roos por fin puso sus pies en el escenario de su ansiada sala Eduardo Fabini del Sodre. Sabía que allí sus canciones podían sonar de la mejor manera. “Pero vino el Covid, vinieron lluvias, vino Plaza Colonia-Peñarol, y las siete plagas de Egipto. Créanme que estar aquí en este escenario cuatro años después es el premio a la porfiadera más grande que hay”, dijo en una de sus primeras alocuciones, el jueves 16.

    Jaime y su banda completa de 20 instrumentistas, a la que define como una filarmónica popular, interpretaron 26 canciones, 27 —si se cuenta la instrumental Se va la murga unida a Las luces del Estadio— durante dos horas y 20 minutos. Tocará todas las noches hasta el domingo 26 y completará 10 conciertos para un total de 19 mil personas, la misma cantidad de público que lo recibió en el centenario aquel 17 de diciembre de 2021, cuando logró vencer las calamidades que se habían confabulado en su contra.

    En esencia, se trata del mismo repertorio que viene haciendo desde aquella noche en la Olímpica, diseñado en forma de W: comienzo, medio y final bien arriba, con segmentos más calmos, en los que suenan bellezas como Milonga de Gauna, Golondrinas y Lluvia con sol. Ahora se suman dos temazos como Que el letrista no se olvide y Al Pepe Sasía y Esta noche, un cúmulo alquímico perfecto de las principales vertientes que alimentan la música de Jaime Roos. “Hay como 70 años de amigos en la platea. Sería un lío nombrarlos a todos. Por eso, a mis 70 años de amigos les dedico esta y todas las canciones de esta noche”, dijo antes de tocar, precisamente, Esta noche, una canción que conjuga el candombe beat de Totem, el pop-rock de The Police, el funk de Stevie Wonder y el swing de Jaime Roos.

    Ya se ha dicho muchas veces: la banda de Jaime, como la de Rada, es una verdadera selección nacional de instrumentistas y él los reconoce al final de cada tema: Nicolás Ibarburu está por cumplir 30 años a su derecha. Su labor es, como siempre, deslumbrante. Martín, en la batería, es el corazón de una sección rítmica que llega a sumar ocho percusionistas, contando la batería de murga, la cuerda de tambores y Juan Ibarra, el benjamín de la banda, un músico que aquí solo muestra una pequeña porción de su talento (escuchen sus discos). El bajo de Gerardo Alonso es un basamento sólido y a la vez virtuoso de todo este cancionero. De hecho, por momento adquiere las luminosas facciones macartnianas. Gustavo Montemurro es el gran heredero de Hugo Fattoruso en la música uruguaya. Lo sabe Jaime y también lo sabe Rada, y por eso ambos le han confiado esa gerencia orquestal que tan bien desempeña este todoterreno de las teclas y los fuelles. Solo le falta un disco solista al Monte. Poly Rodríguez es otro que juega con Jaime y con Rada, se ensambla divinamente con Nicolás cuando es la hora de los arreglos guitarreros. Si hay un sonido particularmente bello en el espectro sinfónico es el de la flauta. Y cada vez que Pablo Somma la hace sonar, la canción florece en musicalidad. Gran acierto del director técnico en incluir a este jugador.

    Quizá –y esto merece un párrafo aparte– el único rubro que no está en su mejor momento es el coro. Si bien mantiene ese ataque que despeina hasta a Juan Andrés Ramírez cuando los siete murgueros arremeten en conjunto, en algunos pasajes aparecen ciertas desprolijidades en el plano solista (el jueves 16 quizá influyeron los nervios del debut). No es sencilla la tarea de sustituir a Freddy Bessio, a quien Jaime saludó con cariño sin detallar el motivo de su ausencia. Y repartió esa función entre algunos de los cantantes, como Nicolás Grandall (Adiós Juventud) Maxi Pulpa Méndez (Amor profundo), Agustín Pittaluga (Si me voy antes que vos) y Pedro Takorian, la más experiente de las siete voces (Al Pepe Sasía, Brindis por Pierrot). En algunas otras, como Que el letrista no se olvide y Los futuros murguistas, el rol solista se reparte entre todos. Ahora bien, Takorian hace su propia Brindis por Pierrot. Y está muy bien.

    A propósito de esta canción escrita por Raúl Castro –una de las mejores letras de la historia de la música uruguaya–, el relato que hace Jaime de cómo surgió la idea, fruto de una charla con Dalton Rosas Riolfo en la que el pope de los tablados le señaló una ausencia clave en la letra de Brindis por Pierrot (la de Eduardo Gamero), es prodigioso. Mejor que reproducirlo aquí es consignar que en este concierto y en todos los que ha hecho en esta etapa, las abundantes alocuciones de Roos parecen estar libretadas, escritas con la misma dedicación y elocuencia que las letras de sus canciones. Y se ensamblan orgánicas con las canciones a las que ilustran. La alusión a sus ancestros en Victoria Abaracón, la dedicatoria al recientemente fallecido Roberto Darvin en Aquello, la didáctica explicación de la afinación de las guitarras, la evocación de Pepe Estrázulas en Al Pepe Sasía, el recordatorio del inminente centenario de la gesta de Colombes antes de Cuando juega Uruguay, y la presentación de Nadie me dijo nada, que arrancó la carcajada generalizada: “Uno se da cuenta de que le erró al título de la canción cuando la gente te la nombra mal. Con ustedes, El último tren”. De hecho, en el acorde final de esta gran milonga pop ocurrió el único yerro del ensamble, que dibujó una leve mueca de contrariedad en el rostro del director de orquesta.

    Pero por supuesto que hay palabras que no caben en ningún libreto. Y Jaime las dice con arte, son ejercicios de oratoria ejemplares, a los que no sobra ni falta nada. Como por ejemplo, el que pronunció para saludar la presencia, entre los espectadores de la noche inaugural, del presidente Lacalle Pou, la vicepresidenta Beatriz Argimón y otras figuras de la escena política. “Cuando uno sale al escenario puede pasar cualquier cosa. La aventura. Nunca toqué para un presidente de la República”, dijo, y le agradeció, sonriente, al mandatario “por romper esa tradición presidencial de nunca venir a verme”.

    En una de sus intervenciones, Jaime dijo que este show “se podría llamar Una noche en el siglo XX”. Mejor título imposible para esta nota. Es la sensación que queda al escuchar Durazno y Convención. Todo el siglo XX montevideano concentrado en esa joya cancionística –que en realidad son dos canciones fusionadas- que Jaime ahora canta “con la ayudita” de sus amigos, que ensambla candombe, murga y batucada, y que reúne por primera y única vez en todo el concierto, a los 21 músicos de esta maravillosa orquesta que engalanará el aire de la ciudad durante nueve noches más. Un privilegio del que esta ciudad puede alardear sin complejos ante cualquiera del resto del mundo.

    Entonces, claro. Esta noche, Jaime Roos.

    Vida Cultural
    2024-05-17T13:50:00