El maíz es por lejos, y cada vez más, el grano más producido y consumido en el planeta, dando sustento a la alimentación animal, la expansión, particularmente en la producción de carne de pollo y cerdo, aunque también del engorde de ganado a corral, que este año será récord en Uruguay.
Con Estados Unidos a la cabeza, la producción mundial de maíz crece de forma sostenida, y se traslada a una producción creciente de proteína animal, generando una advertencia de mediano plazo respecto al precio de la carne de ave y de peces cultivados, las proteínas que mas eficientemente convierten grano a carne.
Hace 10 años que la producción y el consumo de maíz cruzaron los 1.000 millones de toneladas, y este año cruzarán los 1.250 millones. Es decir, tanto la producción como el consumo vienen creciendo sostenidamente en más de 20 millones de toneladas por año, un caso sin igual en toda la agricultura.
En el año que está por delante, el ejercicio 2025-2026, lo más destacado estará dado por el salto de la producción de Estados Unidos, que superará por primera vez los 400 millones de toneladas, pero que también crece –como la soja– en los países del Mercosur y en los del Mar Negro, Rusia y Ucrania.
A nivel global la oferta de maíz aumentará 44 millones de toneladas, o 5%. Es decir, acelera la ya elevada tasa de crecimiento que traía. De ese aumento, 24 millones corresponden al incremento esperado en la producción estadounidense, que es además determinante de los precios en Chicago, principal referencia mundial.
También hay un salto en la producción de Brasil, que sostiene las altas cosechas de este año, y se espera también un crecimiento importante en Argentina, que generaría 3 millones de toneladas más que en la cosecha en curso.
Pero es interesante notar que, a pesar de un aumento tan fuerte de la oferta, la expansión de la demanda es de tal magnitud que las reservas globales de maíz bajan, porque en paralelo es igualmente intenso el aumento en el consumo. El stock caerá en 10 millones de toneladas por segundo año consecutivo, pero viniendo desde niveles muy altos, y con un aumento fuerte en las reservas de Estados Unidos, y con alta producción en la región.
Dados los altos rendimientos de Uruguay, el resultado para los agricultores será bueno, aún con un precio muy moderado que hoy no llega a US$ 200 por tonelada. Los usuarios de maíz en Uruguay, como avícolas, tambos, productores de cerdos y corrales de ganado, tendrán precios accesibles, probablemente por dos años.
Todo dependerá de que los cultivos en Estados Unidos, que están recién sembrados, tengan un buen desempeño. Y luego, de que en la próxima primavera y verano en la región se desenvuelvan normalmente, por ejemplo, sin los graves problemas sanitarios que tuvieron en la cosecha 2023-2024, tanto en Argentina como en Uruguay.
Producción récord de trigo
Aunque con un crecimiento notoriamente menor en productividad, también las primeras proyecciones mundiales para el trigo apuntan a una producción y un consumo récord, más comercio y mayores existencias finales.
El principal cultivo cerealero invernal tiene un aumento de la producción proyectado que lo llevaría a generar por primera vez más de 800 millones de toneladas, con cosechas y un aumento de las exportaciones, proyectado para la Unión Europea, Argentina y Rusia.
Aunque menos conocido y en menor volumen que en maíz, también en trigo hay un aumento del consumo, que no solo deriva de la alimentación humana, que cada año suma entre 70 y 80 millones de personas en la población global, sino también por la diversificación de los usos, tanto el crecimiento del destino forrajero como el de biocombustibles.
Como sucede con el maíz, aún con estos niveles productivos récord, el consumo también es mayor, pero en el país más formador de precios a nivel global y en el creciente protagonista regional, Brasil, la producción crece gradual pero persistentemente.
Y lo mismo está pasando en Argentina, por lo que es muy poco probable un aumento de precios en Uruguay, salvo que el clima en Estados Unidos genere una caída de la producción importante. La próxima siembra en Argentina también puede derivar en una producción récord. Y en Uruguay será importante, porque la bonanza climática invita a apostar, a que el rendimiento alto haga al resultado, como en el maíz y la soja que se están cosechando.
Las reservas mundiales no tendrán cambios significativos, en 265 millones de toneladas, dado que la producción y el consumo coincidirán en 805 millones de toneladas.
En el caso del trigo la diferencia respecto al año anterior la hacen las altas producciones de la Unión Europea, Argentina, Brasil y Canadá.
Como en el caso del maíz, la posibilidad de algún problema climático que modifique el panorama en Estados Unidos puede ser de ayuda para mover al precio de la cebada en Uruguay.
En Estados Unidos el rezago de rendimiento del trigo respecto al maíz lleva a que el área triguera se vaya acotando, y la producción estadounidense no crezca. Algunas zonas de Estados Unidos en el noroeste están bajo riesgo. Pero son áreas acotadas de trigo de primavera.
Hay pocas posibilidades de que la situación derive en una suba importante en los precios de Uruguay, donde la cotización ha pasado de US$ 195 a US$ 185 por tonelada, y hay riesgo de que siga presionado a la baja.
Arroz: de la cumbre al valle
El tercer gran componente de la dieta cerealera, el arroz, tiene un panorama similar. En este caso se ha dado un cambio fuerte en el balance mundial por el crecimiento de India, que poco tiempo atrás tuvo una crisis de oferta que la obligó a interrumpir las exportaciones.
Los precios del arroz han pasado del pico máximo histórico para la cosecha 2024 de Uruguay a una situación incierta en 2025, pero que debe devolver el precio por bolsa al eje de US$ 12 a US$ 13 (desde US$ 17,05 en la anterior)
Se prevé un ligero aumento del comercio mundial, con India como principal exportador, seguida de Vietnam. Las existencias mundiales se mantienen prácticamente sin cambios, con aumentos en China y Tailandia, compensados por disminuciones en India e Indonesia.
También en este caso la producción proyectada es récord, pero sin grandes variantes respecto a la zafra pasada, que marcó el retorno de India al protagonismo central de las exportaciones, complementando a Tailandia y Vietnam.
Globalmente el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés) proyecta que se pase de 538 a 539 millones de toneladas producidas, pero es un segundo año de producciones muy altas. Nunca antes de 2023-2024 se había llegado a 525 millones de toneladas producidas. La India hace la diferencia, ya que nunca había llegado a 140 millones de toneladas producidas, y estaría sumando dos cosechas, de 147 millones la pasada y de 148 millones la próxima.
Como en el caso del trigo, hay una situación equilibrada entre producción y consumo, con el stock permaneciendo estable por los próximos 12 meses en un abundante nivel de 185 millones de toneladas, que marcan un precio que difícilmente tenga sobresaltos.
Pero a diferencia del trigo, el bajo precio llevaría a una reducción de la producción arrocera de Brasil y Argentina, lo que puede aliviar parcialmente la dinámica de precios regionales. Sin embargo, al tratase de un cultivo irrigado, las variaciones productivas son menores, salvo en el caso de los países asiáticos, especialmente de India, que es muy dependiente de la dinámica de los monzones, que generan lluvias estacionales.
Soja: el empuje de Brasil
En el caso de la soja, el factor desequilibrante sigue siendo Brasil, que cada año suma más millones de toneladas producidas. De acuerdo a la primera proyección del USDA, pasará del récord de 169 millones de toneladas –de la cosecha que está terminando– a 175 millones de toneladas. Brasil es el único productor al que no lo fren el bajo precio actual.
Estados Unidos cede hectáreas de soja para el maíz, y lo mismo pasaría en Argentina, de modo que los dos países sostendrían una producción similar a la cosecha anterior. En el caso de Estados Unidos con 118 millones de toneladas, y en Argentina algo menos de 50 millones.
Desde una mirada positiva, el USDA espera una recuperación de las importaciones de China en el próximo ejercicio agrícola, de 108 millones de toneladas en 2024-2025 a 112 millones en 2025-2026, igualando al máximo alcanzado en 2023-2024.
Pero en el caso de la soja, el stock tendrá un leve crecimiento, pasando del récord de cierre de este ejercicio en 123 millones de toneladas, a 124 millones. Se tratará de una confirmación de estabilidad desde el alto abastecimiento.
Como en los otros casos, un rendimiento récord en Uruguay llevará a disimular el gran desafío que significa un precio de soja estabilizado en US$ 350 por tonelada, por un mundo bien abastecido. Tras la producción récord de este año, ¿puede la agricultura uruguaya seguir creciendo en un contexto de costos altos y precios bajos?
Un desafío fuerte para Uruguay
La agricultura uruguaya logró una muy buena cosecha, la mayor de su historia en el ejercicio 2023-2024. Eso permitirá bajar algo del fuerte pasivo que dejaron los años de sequía y lluvias excesivas, situación que volverá a ser “apostada” en la zafra de cultivos de invierno.
Con estos precios para estos cuatro cultivos los rendimientos de equilibrio son muy altos. Y con este dólar, que en lo que va del año bajó más de 5%, el factor cambiario también empieza a jugar. La situación de estos cuatro cultivos contrasta con el panorama ganadero, donde la escasez predomina en el mundo y los precios están por encima del promedio de los últimos años.
Para la mayor parte del trigo del hemisferio norte el partido ya está casi jugado y el abastecimiento de la Unión Europea y de Canadá debe complementar a las cosechas modestas de Rusia y Ucrania para asegurar la persistencia de la estabilidad de los precios.
En maíz y soja la zafra de Estados Unidos está recién en sus comienzos, pero la siembra ha avanzado de buena manera, y la mayor parte de la superficie a sembrarse ya está implantada. El comienzo es favorable.
Para defender el resultado agrícola hay varios caminos. Por un lado el de la productividad, que ha tenido mejoras en los últimos años en trigo, cebada, maíz, y desde hace mucho sostenidamente en arroz.
Una segunda vía es el escape hacia los cultivos de alto contenido de aceite, que evitan la competencia con Brasil. Los combustibles sustentables, principalmente destinados a la aviación, tienen una demanda en fuerte crecimiento. La salida hacia las oleaginosas no sojeras depende en buena medida de decisiones políticas de Estados Unidos, que se vienen demorando y tienen al mercado expectante.
La generación de granos con trazabilidad y diferenciación por calidad, como ya sucede con la cebada, los trigos Urutrigo, colzas y camelinas que tienen valor agregado ambiental, es una tercera vía de escape a las vicisitudes de los commodities.
Finalmente, una cuarta vía de evadir las presiones de los bajos precios radica en convertir los granos en proteína animal, que contrariamente a la lógica agrícola, atraviesan una fase de altos precios. Uruguay batirá récords de uso de grano en la producción de carne vacuna, aves y lácteos.
Es difícil que los precios ayuden a esquivar los problemas de competitividad de la agricultura uruguaya para los granos que no transitan algunas de esas autopistas en el mediano plazo. Pero en esos tiempos más prolongados seguramente cabe esperar que alguna sequía altere este panorama o un conflicto comercial lleve a que los compradores valoren la seguridad de abastecimiento desde aquí. Y mientras pensar cómo construir un proceso de diferenciación que permita obtener un precio diferencial para lo originado en el país.
La condición de libre de deforestación, que empezará a regir en pocos meses, puede ser una llave que abra mercados más allá de Europa.