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Por la fecha 13 del Torneo Clausura 2025, Nacional visitó a Montevideo Wanderers en el Parque Viera. Un triunfo le aseguraba ser primero en la tabla anual del campeonato y esperar en la final del Uruguayo por Peñarol o Liverpool. Fue, sin embargo, un pálido 0-0 ante un equipo que deambuló toda la temporada en las últimas posiciones.
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La gente, descontenta, insultó a los jugadores y al cuerpo técnico a la salida de la cancha. Los directivos, también descontentos, cambiaron el fusible más fácil: Peirano fue despedido horas después del partido, en la culminación de un ciclo de poco más de seis meses como entrenador de Nacional.
Este tipo de decisión se ha vuelto una costumbre en Nacional, que acumula un entrenador cada cuatro meses desde 2023 hasta hoy. Aunque los cambios de técnico son moneda corriente en el fútbol uruguayo, la racha reciente de Nacional resulta particularmente llamativa: se trata de un equipo grande, atraviesa dos directivas distintas y contrasta con el eterno rival, Peñarol, que encontró estabilidad mediante Diego Aguirre.
Pablo Peirano, uno de los cuatro entrenadores que Nacional tuvo en 2025.
Daniel Rodríguez/adhocFOTOS
Ricardo Zielinski, Álvaro Gutiérrez, Álvaro Recoba, Rafael García, Martín Lasarte, Martín Ligüera, Peirano, Jadson Viera y Jorge Bava, en ese orden, ocuparon el banco de suplentes de Nacional desde noviembre de 2022 a hoy. El último en irse fue Viera, quien llegó en octubre en reemplazo de Peirano, a falta de dos fechas para que termine el Torneo Clausura 2025.
“Estamos cumpliendo un viejo anhelo. Estamos convencidos de que vamos a tener un entrenador por un largo rato. Esperamos terminar el mandato con él al mando del equipo”, dijo el vicepresidente de Nacional, Flavio Perchman, al presentar en aquel momento a Viera en conferencia de prensa. Justamente, con el objetivo de que permaneciera en Nacional por el resto del período de la actual directiva, Viera firmó contrato hasta diciembre de 2027.
Con Viera, Nacional empató los últimos dos partidos del Torneo Clausura 2025 y derrotó en la final del Campeonato Uruguayo 2025 a Peñarol. Perchman dijo entonces que, en lo que refiere al entrenador, podía transformarse en el nuevo Hugo de León, quien dirigió a Nacional en 253 partidos durante cinco años —en dos ciclos distintos— y obtuvo 10 títulos. “Es un pichón de Hugo. Nos puede llegar a dar lo mismo y que quede como un referente”, señaló en diciembre a El Espectador deportes.
El 21 de marzo, ocho partidos oficiales después, Viera fue cesado con un registro de tres victorias, tres derrotas y dos empates. Su breve paso por Nacional vuelve a evidenciar la dificultad de un entrenador para completar al menos una temporada en el club. El último en lograrlo fue Pablo Repetto en 2022 y, antes que él, Alexander Medina en 2018.
Un escenario ventajoso en el fútbol uruguayo
El contexto en el que se da esta sucesión de cambios no es, en sí mismo, negativo. Políticamente, la directiva anterior —encabezada primero por José Fuentes y luego por Alejandro Balbi— en la práctica no tuvo oposición; la actual, liderada por Vairo como presidente, cuenta con Perchman como responsable absoluto de la planificación deportiva y de la comunicación.
En los últimos años, además, Nacional avanzó en la profesionalización de su área deportiva. Hoy cuenta con casi una decena de cargos rentados entre gerentes, directores, equipo de scouting y especialistas en métricas y análisis de rendimiento, a lo que se suman mejoras constantes en la infraestructura tanto del Gran Parque Central como de su complejo de entrenamiento, Los Céspedes, denominado oficialmente como Ciudad Deportiva por la capacidad de sus instalaciones.
También amplió y consolidó un equipo de trabajo dedicado al cuidado del plantel principal. Más allá de los cuerpos técnicos de turno, hay un staff fijo de entrenadores, preparadores de arqueros, profesores físicos, kinesiólogos, médicos, nutricionistas y psicólogos, entre otros.
Nicolás López disputa una pelota frente a Defensor Sporting, durante un partido en el Estadio Franzini.
Daniel Rodríguez/adhocFOTOS
A esta estructura se suma una realidad económica más favorable. Nacional, en línea con Peñarol, cuenta con un número creciente de socios y una sostenida asistencia cuando juega de local, en promedio casi 20% mayor que a inicios del siglo XXI, de acuerdo a cifras oficiales de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Sus ingresos mensuales también se fortalecieron con mayor venta de merchandising oficial y una extendida cartera de patrocinadores, gracias a la aparición de nuevas plataformas comerciales y tecnológicas. Además, recibe suculentos premios de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) por su participación recurrente en la Copa Libertadores o la Copa Sudamericana.
Entre 2019 y 2024, la Conmebol distribuyó casi US$ 1.470 millones en premios y pagos por participación en estos torneos y en la Recopa Sudamericana. En ese período, Nacional se ubicó undécimo entre los clubes sudamericanos que más ingresos obtuvieron, con un total de US$ 28,7 millones. Para 2026, la Conmebol anunció que la distribución total de premios en la Copa Libertadores superará los US$ 220 millones, incluyendo US$ 340.000 por partido ganado, mientras que en la Copa Sudamericana pasará los US$ 84 millones. Se trata, en todos los casos, de cifras récord.
Por último, a través del nuevo contrato de derechos comerciales y audiovisuales del fútbol uruguayo, Nacional espera recibir alrededor de US$ 8,5 millones por año desde 2026 hasta 2029, aproximadamente el doble de lo que percibió hasta el año pasado.
El resultado son presupuestos históricos para el plantel de Primera División, que incluye la adquisición de porcentajes de fichas, el abono de primas y el pago de sueldos —comparables y en ciertos casos superiores— a los que costean equipos de Argentina, Brasil, Chile e incluso México. El delantero Nicolás López, por ejemplo, renovó su contrato en marzo de 2025 para aproximarse al salario que percibía en el Club León de México. En tanto, el volante Rómulo Otero, que mantiene vínculo vigente con Nacional, fue cedido en enero al Criciúma de Brasil: si bien el club dejó de pagarle a Otero US$ 50.000 mensuales, aún afronta el resto de su salario.
Peñarol, la otra vereda
Pese a los cambios constantes de entrenador, Nacional todavía mantiene predominancia local en el Campeonato Uruguayo, aunque con menor protagonismo en el resto de las competiciones que la que tuvo en el resto del siglo XXI. Desde 2020 disputó 33 torneos oficiales domésticos: seis Apertura (ninguno ganado), seis Clausura (uno ganado), seis Intermedio (tres ganados), cuatro Copas AUF (ninguna ganada), cinco Supercopas (dos ganadas) y seis Campeonatos Uruguayos (tres ganados). Un 33% de efectividad en títulos, sin considerar amistosos ni torneos internacionales. En la Copa Libertadores, por ejemplo, logró alcanzar los cuartos de final solo en una ocasión durante ese período.
En el mismo lapso, Peñarol ganó en dos ocasiones el Campeonato Uruguayo y tuvo una efectividad de 38%, con 12 títulos en 31 torneos locales disputados. Peñarol, que atravesó una dinámica similar de ceses y despidos, encontró estabilidad desde noviembre de 2023 con Aguirre, una figura que amortigua las tensiones internas y que cuenta con el respaldo popular para desalentar cualquier cuestionamiento o intento de remoción desde la dirigencia.
Maximiliano Silvera, delantero de Nacional, durante un partido en el Gran Parque Central.
Daniel Rodríguez/adhocFOTOS
Para Perchman, la diferencia también radica en la exigencia del hincha de uno y otro equipo. “Hay un paladar diferente. El año pasado ganamos 13 partidos consecutivos y no había conformidad. Eso, en la vereda de enfrente no pasa, es ganar y nada más. Acá es ganar y muchas otras cosas más”, dijo esta semana a Sport 890. Pocos días antes del despido de Viera, Perchman argumentó que “Nacional tiene muchos más” medios, periodistas y creadores de contenido partidarios que Peñarol, y que esa dinámica —con una mayor propensión a la crítica— termina por afectar el ánimo y el rendimiento de sus entrenadores y jugadores.
Por lo pronto, Bava asumió su cargo el 23 de marzo, con un acuerdo que vence en diciembre. De cumplirlo, serán nueves meses como entrenador del club, más tiempo que sus tres inmediatos antecesores. “Riesgo hay siempre, esta profesión es riesgosa, es parte del trabajo. Es sabido que en los clubes grandes existe este riesgo. Hay que asumirlo y tratar de que nos vaya bien”, respondió sobre la posibilidad de no llegar a terminar su contrato.
Título papel: Un nuevo entrenador cada casi tres meses: Nacional, el último ejemplo de la inestabilidad deportiva crónica del fútbol uruguayo