“Estamos a una semana de hacer historia”. “Estamos donde nadie pensaba que íbamos a estar”. “Estamos en un lugar que tiene a mucha gente enojada y nerviosa”. “No les molesta los spots de mascotas; les molesta que ganemos en octubre y noviembre”. Estas fueron algunas de las frases del presidenciable en el acto, acompañadas con imágenes de la última encuesta de Radar, que lo ubica a un punto del candidato nacionalista, Álvaro Delgado, 19% a 18%, y solo a tres del postulante frenteamplista, Yamandú Orsi, en un eventual balotaje, 43% a 40%. “Estamos hoy a tres puntos de ganar la elección. ‘Caballo que alcanza no pierde’, decía Jorge Batlle”. Para sumarle épica a la tarde, recordó que su punto de arranque fue un 3% de intención de voto contra un 34% de sus “rivales en la coalición”. “¡Valoremos el momento que vivimos!”.
Ese optimismo pareció contagiarse a los cientos de asistentes que colmaron el lugar. “Luego de tanta oscuridad, estamos divisando en el horizonte un nuevo y merecido amanecer”, había dicho antes en su discurso Robert Silva, compañero de fórmula de Ojeda, parafraseando a Santiago Chalar. “Los números dan para ilusionarse”, afirmó a Búsqueda el diputado Felipe Schipani, de la lista 600, como Silva. “La campaña política ya la ganamos, hay que ver si en estos días nos da la ingeniería electoral para llegar al balotaje”, apuntó por su lado el senador Germán Coutinho, de la 10.
En off, hay dirigentes que ponen la euforia a resguardo, que reconocen una campaña “mejor de la que se esperaba”, pero cuyas expectativas de máxima pasan por superar el 17% de las elecciones de 2009, hasta ahora la mejor votación colorada en lo que va del siglo. “Pasar a segunda vuelta sería otro Maracanazo, pero nadie tiene ánimos de pinchar el globo de nadie”, resumió un nombre que figura arriba en una de las listas al Senado. La última encuesta de Cifra, el martes 22, daba a los colorados 15% de intención de voto, ocho puntos menos que el Partido Nacional.
En el ciclo Desayunos Candidatos de Búsqueda, el miércoles 24, los directores de Cifra y Factum, Mariana Pomiés y Eduardo Bottinelli, respectivamente, coincidieron en que habrá segunda vuelta y que Ojeda no estará ahí.
Pero el sábado, entre música electrónica, banderas coloradas, un dron que surcó brevemente el espacio zumbando de forma molesta, Nacho Rius (el de Días de gloria) como maestro de ceremonia, los cinco cabezas de lista al Senado junto a Ojeda en el escenario (Silva, Gustavo Zubía, Gustavo Osta, Zaida González y Pedro Bordaberry, tan aplaudido como el presidenciable y a quien muchos consideran fundamental para este momento), el dos veces presidente Julio María Sanguinetti (campera, bandera y corbata coloradas) en uno de los palcos, los dirigentes mezclados con el público y el entusiasmo del candidato, a nadie escapaba que más allá de los extraños episodios que involucraron la campaña en los últimos días, en esta recta final hay una sensación que hace mucho no se vivía.
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Andrés Ojeda a pura selfie en el acto en el Montevideo Music Group
Javier Calvelo, adhoc Fotos
Campañas electorales anteriores
A esta misma altura, en 2019, los dirigentes ya habían tirado la toalla y abandonado la idea de pasar a segunda vuelta; en su lugar, esperaban mejorar la actuación de 2009. Según publicó Búsqueda el 24 de octubre de ese año, ya había pasada de factura al candidato Ernesto Talvi, quien tras ganar las internas interrumpió la campaña dos semanas por dolores en la espalda y “no tuvo un discurso netamente opositor al Frente Amplio”, sobre todo en seguridad. La irrupción de Guido Manini Ríos y Cabildo Abierto significó una pérdida de adhesiones “por derecha”, sobre todo en departamentos fronterizos. En Rocha, Treinta y Tres y Cerro Largo los colorados terminaron, justamente, cuartos. Su votación llegó a 12,8%, una décima de punto porcentual menos que en 2014 y misma cosecha parlamentaria: los cuatro senadores y 13 diputados de hoy.
En 2014, los colorados lamentaban que hacía meses no repuntaban en las encuestas: las últimas les daban entre 13,5% y 17%; llegaron al 12,9%. Pedro Bordaberry, que repetía como candidato ese año, no perdía la fe y enarbolaba con orgullo su programa de 352 páginas en el que habían trabajado más de 500 técnicos (el actual, con el que Ojeda también saca pecho, tiene 256 y 200, respectivamente). El problema, decían en la interna, es que se había ideado una campaña con Jorge Larrañaga como rival blanco, derrotado en las internas por Luis Lacalle Pou.
“Los colorados cierran la campaña electoral confiados en superar la ‘catástrofe’ de 2004; Bordaberry sueña con pasar al balotaje”, tituló Búsqueda el 22 de octubre de 2009. El sacudón de cinco años atrás estaba fresco y ninguna encuesta les daba más que 14,3%. Para muchos dirigentes, llegar a 15% ya era un sueño. La cuestionada MPC de Nery Pinatto fue, en este caso, la que más acertó: pronosticaba un margen entre 17% y 20%. El acto de cierre sí fue grande: si en 2004 apenas habían ocupado una cuadra en las afueras de la sede partidaria de Martínez Trueba, en 2009 se reunió mucha gente frente a la Universidad de la República y la Biblioteca Nacional, por 18 de Julio.
En 2004, mientras cuatro de cinco encuestadoras vaticinaban un triunfo de Tabaré Vázquez y el Frente Amplio en primera vuelta, el derrumbe colorado era inminente: entre 8% y 12%; sacó 10,6%, la peor votación de su historia. Los mandobles desesperados apuntando al “cuco” de los tupamaros en particular y la izquierda en general del final de la campaña, la sensación de debacle inevitable y la disonancia entre colorados —no todos los sectores se hacían presente en los actos finales departamentales— eran la tónica de esa recta final.
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Andrés Ojeda en el acto final del sábado 19
Javier Calvelo, Adhoc Fotos
Peor semana
Más allá del entusiasmo sostenido especialmente por él, los elogios que había cosechado en su campaña, en la que el Partido Colorado pasó del desahucio a la esperanza, se vieron salpicados en la recta final. El martes 15 acusó a una empresa argentina de marketing digital, Quarq, a Orsi y a uno de sus asesores, el también argentino Mario Riorda, de una campaña “de enchastre” en su contra. Se trata de videos, viralizados en distintas redes, uno con declaraciones que la exesposa del candidato, la también abogada Natalie Yoffe, había realizado en junio de 2023 al programa de streaming Hacemos lo que podemos sobre su entonces reciente divorcio, y otro sobre la afición a la caza que tendría una mujer señalada como su pareja actual.
“En la semana del enchastre me queda mucha tranquilidad, porque mientras ellos tienen acusaciones de corrupción de la peor calaña, a mí lo peor que pueden decirme es quién es mi novia”, ironizó Ojeda en el acto. Desde el Frente Amplio rechazaron (incluso se burlaron) de esa acusación. El lunes 21, Ojeda estampó la denuncia respectiva en Mendoza, donde funciona Quarq. Consultado por Búsqueda, Ojeda se excusó de dar detalles del texto presentado: “Tiene información sensible de la investigación que no debería llegar a los involucrados”, expresó.
A la acusación le siguió una serie de pasos en falso de Ojeda —reconocidos en su propio comando— en la prensa. Luego de una tensa entrevista el jueves 17 en el programa Doble Click (Del Sol FM), en la que reconoció que las imágenes y los audios de la campaña de enchastre si bien no eran actuales tampoco eran falsos, el candidato dijo ese mismo día en Al pan, pan de radio Sarandí que estaba “podrido” de que le preguntaran por la mujer que aparecía cazando en uno de esos videos y que la periodista que lo había consultado primero (Lucía Brocal) “moría por un titular” y salió a volantearlo “como una psicópata”. Si bien luego pidió disculpas por el exabrupto, en un postulante que había hecho del bienestar animal y la salud mental dos de sus plataformas de campaña más fuertes, el episodio alimentó la idea —compartida por analistas y dirigentes— de que la última semana electoral de Ojeda fue, por lejos, la peor.
El episodio de los miles de bots aparecidos en su transmisión, cuyo origen no es claro y también fue centro de acusaciones cruzadas, es el último de un tramo final que terminó tocando una partitura distinta a la esperada. “Es una locura lo que hizo. Venía prolijo, haciendo ruido, y se metió a todos los periodistas en contra”, dijo un integrante del equipo de Bordaberry.
“Yo creo que la campaña de Ojeda fue muy exitosa en eso de hacerse conocer y levantar al Partido Colorado, que venía muy bajo”, dijo Pomiés a Búsqueda. “Claro que quemar todas las naves tiene sus riesgos. Es muy difícil sostener todo cuando tenés tanta exposición”, agregó.
El sociólogo y consultor político Federico Irazábal, radicado en México hace tres años y con experiencia en campañas en varios países de América Latina, apela a la metáfora futbolera: “Si vas a jugar de nueve de área, te vas a tener que bancar que te peguen dos o tres patadas por partido. Su ex hizo declaraciones hace tiempo al término de su relación de pareja, que ellos mismos habían convertido en un asunto público. Si te tirás al agua, no vale decir que está fría. Nadie le puso a nadie con photoshop un leopardo en los hombros o un búfalo al lado. Nadie publicó nada falso, nadie armó una entrevista con inteligencia artificial. En el comando de Ojeda armaron una fake news para quejarse de la fake news”. Aun así, indicó que Ojeda fue víctima de una “campaña negativa” destinada a buscar “su punto débil”, algo que es hasta “esperable” por parte de sus rivales.
Botinelli, de Factum, coincidió en que este episodio de la campaña negativa “lo sacó de eje” y lo obligó “a tener que remarla, con todas las dificultades que eso genera”. Hasta entonces, su campaña había sido muy positiva, valoró. “Claro que también hay un problema cuando no sintonizás con lo que piensa la gente: vos podés decir que tenés toda la esperanza, pero asegurar que vas a ganar cuando apenas un puñado de gente realmente piensa eso, choca”, culminó.
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Andrés Ojeda y los cabezas de lista en el acto final del Partido Colorado
Javier Calvelo, Adhoc Fotos