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El embajador Martín García Moritán entregó las cartas credenciales al presidente Luis Lacalle Pou el pasado mayo
Presidencia
—¿Con qué misión llega a Uruguay?
—La relación era casi inexistente. A medida que vamos profundizando en conocimientos y llevando a la práctica muchas de las cosas que queremos reactivar, nos dábamos cuenta de lo mal que estábamos. Y no es porque las relaciones fueran malas, sino porque había un grado de indiferencia muy grande que no tiene que volver a pasar. Mecanismos que estaban institucionalizados y otros que se habían creado hacía cinco o seis años no llegaban a implementarse. Ese fue el primer desafío, y gracias a ese conocimiento que tiene el personal de la embajada pudimos ir sacando por debajo de la alfombra muchos de los temas que estaban olvidados. Y el primero fundamental es el sabido por todos: la anuencia argentina al dragado de 14 metros del Puerto de Montevideo. Perdimos 10 años. Y hablo en plural porque lo que hay que encarar en este presente y futuro próximo es la complementariedad, no la competencia.
El que tiene un trabajo más grande por adelante es Argentina. Estamos empezando a remontar. Por eso es muy importante la aprobación de la “ley de base”. Es un puntapié inicial para la Argentina, para un desarrollo económico con sustentabilidad política. Una de las grandes ventajas que tiene Uruguay, a mi juicio, es que tiene políticas de Estado. Uruguay no solamente tiene instituciones fuertes, sino que también tiene políticas de Estado, lo que hace que en este proceso electoral que tiene por delante a nosotros como observadores no nos produce demasiado problema en identificar que hay muchos temas que va a haber continuidad, está asegurada la continuidad en los temas que a nosotros nos interesan.
—Al inicio de su respuesta dijo que la relación estaba congelada. ¿Eso fue por desavenencias políticas, ideológicas de los gobiernos?
—Puede ser. Como me cuesta aceptarlo, también me cuesta ser enfático en que ese sea el motivo. Las relaciones personales en la política no debieran existir salvo para solucionar las cosas, no para entorpecerlas. Y en este caso creo que el gobierno argentino de las últimas dos décadas ha hecho nada más y nada menos que favorecer relaciones personales sin haber tenido en cuenta los intereses nacionales.
Entonces, en materia de derechos humanos creo que hemos estado zigzagueando, lo que también pasó en la relación con nuestros vecinos más próximos. Y hemos creado amistades que no tienen nada que ver con nuestros antecedentes históricos de defensores de los derechos humanos. Hemos desconcertado mucho. En esos 20 años en Uruguay hubo cambios de gobierno y, mientras en muchos principios nosotros dábamos señales equivocadas, Uruguay no lo hacía. Entonces, pensar que había cuestiones ideológicas que nos apartasen, no. Si uno tuviera que preguntar con cuál gobierno uruguayo o argentino hubo mejor relación en los últimos 20 años, yo diría que con el de Macri. Y cuando (a Argentina) la gobernaron los Kirchner, curiosamente, no.
—Cuando gobernó Macri en Uruguay el presidente era Tabaré Vázquez.
—Exacto. Los distanciamientos que hemos tenido se podían haber solucionado a través de la diplomacia. ¿Por qué no se hizo? No lo sé, yo no me ocupaba de eso en esa época. Así que hay temas sobre los que puedo tener una opinión personal, pero no la puedo decir oficialmente. Lo que sí sé, y de eso estoy seguro, es con qué misión hemos venido en esta etapa. La instrucción número uno que recibí del presidente Milei fue reactivar nuestra relación bilateral.
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Tabaré Vázquez y Mauricio Macri durante una conferencia de prensa en Anchorena, 2016
—¿La reactivación es por afinidades ideológicas entre los gobiernos o por intereses nacionales?
—Hay una afinidad, pero no creo que sea el motivo principal. Tenemos varios temas en común, las comisiones que tenemos en los ríos, el frente marítimo, la frontera. Todas son cuestiones en las que se necesita trabajar conjuntamente con la mayor cordialidad y con proyectos conjuntos. Por ejemplo, la construcción del futuro puente Monte Caseros-Bella Unión. Estamos viendo cómo va a ser el financiamiento. La decisión política está dada, y eso es un tema fundamental para la provincia de Corrientes, del lado argentino, y para Artigas, del otro lado.
Hay muchos temas que empiezan a encararse y deben encararse para el beneficio de las poblaciones de un lado y del otro, como ha sido en el pasado. Y en esa relación de hermandad tenemos situaciones que no podemos comprender todavía, como el enfrentamiento entre Gualeguaychú y Fray Bentos. Tenemos un comité de frontera que no se reúne hace 23 años. Eso no puede ser. Es uno de los temas que a mi juicio debe ser resuelto lo antes posible.
—Usted decía que en este año político-electoral no ve que los grandes temas que le preocupan a Argentina puedan verse afectados si hay un cambio de signo en Uruguay. ¿Es así?
—No veo que haya ninguno que pueda realmente modificar la relación que tenemos hoy. Tenemos que aprovechar el momento actual, que tiene una agenda positiva. Y sobre ella estamos trabajando y pensando en el 2025, obviamente. Como Uruguay tiene políticas de Estado, y yo pretendo que también nuestro país las tenga, estoy seguro de que a partir del 1° de marzo, gane quien gane, seguiremos la misma senda. Eso es lo importante para los dos pueblos.
—Usted hablaba de lo político y de lo ideológico en las relaciones bilaterales. En el caso de Brasil, Milei ha sido muy explícito en su apoyo al expresidente Jair Bolsonaro, el perdedor de las elecciones frente a Lula da Silva. ¿Es posible que un eventual triunfo del Frente Amplio lleve a Milei a tener una actitud parecida con Yamandú Orsi?
—No lo creo. No, en absoluto. Yo lo he escuchado a Yamandú Orsi y no ha dicho absolutamente nada agraviante contra el presidente Milei. En los otros casos, caso Lula da Silva o el mismo Gustavo Petro en Colombia, era un apoyo directamente muy explícito a determinado candidato. Hubo una intromisión en asuntos internos, y la forma como mencionaba al presidente Milei como candidato era agraviante. Acá pasa todo lo contrario. En el Desayuno de Búsqueda al que ustedes convocaron al candidato Orsi, cuando se le hizo esa pregunta, respondió muy correctamente con respecto a Milei. Así que no veo ningún motivo para que las relaciones no sean buenas, más allá del ideológico, porque entiendo que en política exterior no debiéramos tener ninguna posición ideológica que condicione nuestras relaciones.
Embed - BUSQUEDA on Instagram: "El presidente Luis Lacalle Pou habló en la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur y señaló la ausencia del presidente argentino Javier Milei."
—¿Cuál es la mirada argentina con respecto al Mercosur?
—No me quiero meter en el terreno de nuestro representante permanente en el Mercosur, el embajador (Alan) Beraud, que sabe mejor que nadie la posición argentina. Sin duda está más cercana de lo que estaba antes la posición argentina con la uruguaya.
—¿Le sorprendió el comentario del presidente Lacalle Pou sobre la ausencia de Milei en la Cumbre del Mercosur?
—Creo que no buscó confrontar sino simplemente marcar una realidad: que no estaba el presidente argentino y que le hubiera gustado que estuviera. A mí me gusta mucho el estilo del presidente Lacalle, es muy directo. Y del lado argentino no se sintieron molestos.
—Sin hablar del Mercosur, entonces, ¿cuál es la mirada argentina de su rol en la región? ¿Busca ejercer un liderazgo?
—El tema de la falta de liderazgo es un problema internacional, no solo regional. Nos pasa en el mundo. En este momento no hay una potencia hegemónica. Eso motiva que los organismos multilaterales, concretamente Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad, que se supone que tiene que ver por la paz en el mundo, al no existir una potencia hegemónica, está debilitado. Si uno mira para atrás, la década del 90 fue muy rica. ¿Por qué? Porque existía una potencia hegemónica, que era EE.UU. Rusia estaba totalmente abatida. Entonces se empezó a desarrollar un mecanismo de Naciones Unidas que fue el consenso, que fue un adelanto fenomenal no solamente en cuestiones de seguridad, en los temas sociales, derechos humanos.
En los últimos años ha habido un parate. Cuando Rusia se convierte otra vez en una potencia amenazante y empieza a tener mayor presencia en los organismos multilaterales, hay muchos problemas, como ocurre en Medio Oriente. En la región de alguna manera pasa lo mismo. Hoy tenemos a México, a Brasil, a la Argentina no luchando quizás por un liderazgo, pero siguen en una situación muy diferente a la que estaba el continente hace 20 años o 50. Hoy predominan las cuestiones ideológicas, con gobiernos repartidos, un poco de izquierda, otro de derecha. Para mí la mayor ideologización es un defecto.
Argentina es un país que viene muy castigado por sus crisis económicas y eso derivó en una debilidad institucional y política. Tiene un gran poder de resiliencia. Argentina ya consiguió, cada cuatro u ocho años, renacer. Lo que esperamos es que ahora estemos en un camino en el que podamos pensar a mediano plazo, no solo para hacer proyectos conjuntos, sino para empezar a crecer internamente y desarrollarnos. Ahora tenemos una clase dirigente nueva que puede darnos esperanza, lo que tenemos que evitar es continuar confrontando internamente. Es fundamental.
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Martín García Moritán durante la entrevista con Búsqueda
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—El presidente Milei está asumiendo un rol de liderazgo internacional en ciertos sectores político-ideológicos. ¿Cómo se explica?
—Despierta mucho interés. Tiene un discurso diferente al que tienen los políticos, inclusive en su forma de relacionarse, en la forma en que busca con quiénes relacionarse. Es muy temprano para saber si esta forma es la que nos va a dar los dividendos que esperamos. Y me refiero principalmente a la inversión. Ese es un tema fundamental.
Por eso, volviendo a lo que he dicho hace un rato, la “ley de base” permite crear un ambiente favorable para la inversión, para la reactivación de la economía. Tiene toda una cantidad infernal de artículos que guían en esa dirección. Y darle al Estado una participación diferente a la que antiguamente tenía no es poca cosa en países donde el clientelismo y la presencia del Estado ha sido siempre tan fuerte. Y no digo que sea malo, tiene que ser eficiente y bien administrado para que el Estado pueda continuar teniendo el rol que tiene que tener. Y para eso necesitamos tiempo.
A ese nuevo estilo de Milei, que para mucha gente es muy interesante escuchar porque es novedoso, creo que hay que darle la confianza para que pueda ir contagiándose y que pueda ser el estilo de la clase dirigencial en Argentina. Todo esto ha producido un gran cambio: si uno tuviera que remontarse a la campaña electoral del año pasado y a los políticos argentinos que escuchábamos, hoy han desaparecido de los medios. Es notable porque creo que el apoyo que tiene todavía el presidente Milei ha hecho que, si cualquiera volviese con el discurso anterior, la gente cambiaría de canal. Y es notable cuando aparece el presidente, que es bastante a menudo en los medios, cómo despierta interés lo que dice. Para mi generación es un cambio muy grande, inclusive en los paradigmas que uno tiene sobre cómo es la diplomacia. Y por eso todavía siento que tengo mucho para ver y para poder darme cuenta de que, a lo mejor, muchas de las formalidades y cuestiones en las que yo me apoyaba quizás tienen que ser revisadas. No solamente la tecnología nos lleva a una forma diferente de relacionarnos, también de comunicar. Y en eso también el presidente Milei ha sido bastante novedoso en su estilo. A mi edad y después de tantas horas de estar en el servicio exterior, me sigo sorprendiendo y aprendiendo de nuevas cosas.
—Dirigentes oficialistas de Uruguay celebraron el triunfo de Milei, en parte también porque la relación entre Alberto Fernández y Lacalle Pou era nula.
—Tampoco había motivos para que no fuera buena. Hay cosas que no puedo llegar a entender. Además, lo que se necesita siempre es diálogo. Tiene que ser un diálogo sincero, directo y sin que los medios estén por medio.
—Usted decía que no espera que Milei cuestione a Orsi, quizás sería bueno que no le muestre la foto que se sacó con…
—... con Pedro Sánchez.
—Con Alberto Fernández. Aunque tiene razón, también se sacó con Sánchez ahora.
—Mientras sea una foto nada más... (ríe).
—En Uruguay hubo gente que se preguntaba cuánto podría durar un gobierno de Milei, que asumió casi sin apoyo legislativo. ¿Está superando las expectativas?
—Sí, muchos argentinos se preguntan lo mismo. Pero tratando de ser objetivo, que a veces no es difícil serlo por mi cargo, debo decirle que en lo macroeconómico ha habido resultados muy buenos hasta el momento. Las expectativas del Fondo Monetario (Internacional) con respecto al gobierno argentino son superiores a lo que inicialmente pensaban que podían lograr justamente por esa falta de apoyo que tenía al principio de su mandato. Milei tiene el apoyo de 19 gobernadores, que no es poca cosa en un país de 24 provincias. Por eso, ahí hay elementos que sorprenden de esa debilidad inicial que mostraba y que hoy está más fuerte que hace seis meses. Entonces, (se puede) tener la esperanza de que dentro de seis meses estemos mejor.