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    Un diplomático venezolano fue detectado por el gobierno de Batlle ingresando bolsos con dinero para grupos de izquierda

    Las actividades en el Río de la Plata de un teniente coronel amigo de Hugo Chávez, en momentos en que la "revolución bolivariana" buscaba expandirse, llevó a que el entonces presidente uruguayo exigiera su salida del país, reconstruye un libro de Martín Natalevich

    El problema era tan delicado como para que el presidente Jorge Batlle decidiera encargarse de manera directa. Y no es que tuviera una agenda tranquila a mediados de 2002. Sin embargo, la información que había recibido su gobierno podía derivar en un conflicto diplomático de primer orden.

    Emiro Brito Valerio, un militar cercano a Hugo Chávez que trabajaba en la embajada de Venezuela en Montevideo, ingresaba a Uruguay y Argentina bolsos con dinero que luego llegaría a manos de grupos de izquierda. La información había llegado a la Presidencia de la República “a través de la inteligencia militar y policial uruguaya, con base en datos aportados por los servicios estadounidenses”, relata el libro Petrodiplomacia. Valijas, negocios y otras historias del chavismo y Uruguay, del periodista Martín Natalevich.

    La embajada uruguaya en Caracas también recibió información, aunque en ese caso parcial, sobre las actividades del teniente coronel venezolano en el Río de la Plata. Un mensaje reservado, fechado el 26 de agosto de 2002 y firmado por el representante uruguayo en Venezuela, Juan José Arteaga Sáenz de Zumarán, advirtió al canciller Didier Opertti que “un militar acreditado como diplomático en la embajada de Venezuela en ROU (República Oriental del Uruguay) viaja permanentemente a Buenos Aires con el fin de mantener contactos con el movimiento piquetero”.

    El gobierno de Batlle compartió toda la información con Argentina y establecieron medidas de seguimiento al teniente coronel venezolano en Montevideo y Buenos Aires. Esas operaciones tuvieron buenos resultados. A Brito lo atraparon “infraganti, ingresando al país con bolsos llenos de dólares prontos para la entrega en el punto de encuentro: un garaje de la calle Ejido, en las cercanías del Cementerio Central”.

    Pese a los intentos del ministro Opertti y su viceministro Guillermo Valles de convencerlo, durante una reunión en el Edificio Libertad, de que el canal de comunicación fuera la Cancillería, Batlle no cambió de posición. Sería él quien hablaría personalmente con Chávez para plantearle que Brito debía abandonar Uruguay o sería expulsado.

    Cuando el canciller de Venezuela, Roy Chaderton, le preguntó al embajador Arteaga por qué querían la salida del militar cercano a Chávez, el diplomático evitó dar una respuesta directa. “Mira, Roy, me parece que esta persona tiene problemas en Argentina”, respondió.

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    Roy Chaderton

    Roy Chaderton

    "Exportar la revolución"

    Brito era una figura conocida entre los sectores de izquierda que apoyaban el proyecto chavista en Montevideo. Al menos desde el 2000 había un Comité de Defensa de la Revolución de Venezuela en Uruguay, luego nació el Círculo Bolivariano del Uruguay, con fuerte impronta trotskista, y después se sumaron otros.

    Brito participó en una de sus últimas actividades en Montevideo, el 17 de noviembre de 2002, precisamente en un evento organizado por el Círculo Bolivariano del Uruguay. Disertó sobre Venezuela: un estado social revolucionario en el Foro Social Uruguay Otro mundo es posible. En la actividad también hablaron dirigentes del gremio de Ancap, de la Federación Uruguaya de Cooperativas Viviendas por Ayuda Mutua y del Partido Obrero Revolucionario.

    El teniente coronel volvió a Caracas en enero de 2003, pero no como castigo. Al poco tiempo asumió un cargo en la Oficina de Asuntos Presidenciales, un lugar que lo ubicaba cerca de Chávez.

    Un artículo publicado en mayo del 2003 por el Wall Street Journal, citado por el libro, ya mencionaba que los gobiernos de Argentina y Uruguay habían seguido “de cerca las actividades de Emiro Brito”, quien tenía el cargo en la embajada venezolana de “agregado de Asuntos Internacionales”. La nota decía que el teniente coronel tenía como misión “explicarle la revolución bolivariana a estudiantes universitarios”.

    Los círculos bolivarianos siguieron funcionando en Uruguay más allá de la partida de Brito. En febrero de 2004 el embajador uruguayo en Caracas envió un cable clasificado como de “absoluta confidencialidad” al canciller Opertti para contarle detalles de su reunión con Fernando Bossi, un argentino que presidía los círculos bolivarianos.

    Bossi “señaló que el objetivo” de los círculos “es la unión de las fuerzas populares latinoamericanas, independientemente de su nacionalidad”, escribió Arteaga. “Respecto al Círculo Bolivariano del Uruguay (Bossi) indicó que está integrado por trotskistas, lo cual no le convence del todo por su internacionalismo y que por eso están tomando contacto con otros sectores progresistas pero nacionalistas. La creación de nuevos círculos obedece a la necesidad de prestar apoyo, solidaridad y divulgación al proyecto bolivariano venezolano y también para exportar la revolución”. En su conversación, según el relato del embajador, Bossi dijo que la “expansión en Uruguay” era “muy positiva”. Aseguró también que se había reunido con Tabaré Vázquez, entonces líder del Frente Amplio, al que calificó de “moderado y todavía no suficientemente interiorizado del proyecto bolivariano”.

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    Otros valijeros

    El libro de Natalevich, que edita Planeta y llegó este jueves a las librerías, recorre la relación entre Venezuela y Uruguay mucho más allá de los "círculos bolivarianos". Detalla la evolución de los negocios bilaterales, con sus ganadores y perdedores, los intentos frustrados de cobrar deudas y los esfuerzos de diplomáticos uruguayos por ayudar a perseguidos políticos.

    En cuanto al movimiento de dinero venezolano en las sombras, destinado a grupos de izquierda regional, recuerda que la dinámica quedaría expuesta años después de la expulsión de Brito de Uruguay. El libro recuerda el escándalo que estalló después de que Guido Antonini Wilson fuera detenido en el Aeroparque Jorge Newbery, en 2007, después de bajarse de un avión oficial con US$ 790.550.

    Antonini Wilson tenía vínculos con empresarios uruguayos que querían hacer negocios en la Venezuela de Chávez. Sin embargo, en esa ocasión, la valija con dinero era de Claudio Uberti, un funcionario kirchnerista que 16 años después reconocería en la Justicia que los dólares eran suyos.

    Mientras estaba preso en España, el exdirector de la Dirección de Contrainteligencia Militar de Venezuela, Hugo Carvajal, dijo en enero de 2022 que varios países, entre ellos Uruguay, estuvieron dentro del circuito de dinero chavista.

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    Guido Antonini Wilson, en una imagen de 2007

    Guido Antonini Wilson, en una imagen de 2007

    “¡Ahora nadie sabe nada! No sabe Ecuador, Perú, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Brasil, Honduras, solo por nombrar algunos, que desde Venezuela se financian sus movimientos de izquierda, incluidos a grupos violentos y extremistas. No saben en esos países los nombres de los dirigentes políticos que apoyan y se benefician de esa iniciativa. Lamentablemente, tienen su precio y con ello le dan oxígeno y legitiman a ese gobierno cruel y asesino”, escribió Carvajal en 2022 al periódico digital español Okdiario.

    En aquel momento, Búsqueda contactó a su abogada, María Dolores de Argüelles, quien dijo que Carvajal “estudiará” dar más detalles públicos sobre la relación entre los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro con las administraciones del Frente Amplio en Uruguay; de todas maneras descartó que información sobre este vínculo le sea de interés a la Justicia de España en la investigación que está llevando adelante.

    Carvajal fue extraditado en diciembre del 2023 a Estados Unidos, donde enfrentaba cargos por delitos de narcotráfico, cometidos, según la acusación, “con intención de ‘inundar’ Estados Unidos con toneladas de drogas”.