En 2026 el mapa de internet cambiará. Será el año en que la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (Icann, por sus siglas en inglés) habilite una nueva apertura para la creación de dominios genéricos de primer nivel (gTLD, por sus siglas en inglés): direcciones web personalizadas que permitirán, por ejemplo, que una ciudad tenga su propia terminación —como ya ocurre con .berlin o .nyc— o que una organización impulse un negocio digital con una identidad propia. Ese proceso, que abrirá oportunidades novedosas en la red pero también puede generar roces entre intereses públicos y privados, tendrá por primera vez a un uruguayo en la mesa de decisiones: Raúl Echeberría.
Hace apenas unos días, el director ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Internet (Alai) fue designado miembro del Directorio de Icann. Representará a América Latina y el Caribe en un organismo que, aunque invisible para la mayoría de los usuarios, es clave para que internet funcione cada día. “Es un honor. La elección es muy competitiva y pasa por un comité diverso que evalúa cuidadosamente a numerosos candidatos. Que me hayan nominado ya fue un motivo de satisfacción, y haber sido elegido, aún más porque Icann cumple un rol central en la arquitectura de internet”, dice en diálogo con Búsqueda.
Nuevos dominios, nueva red
El desafío inmediato es la apertura a nuevos dominios genéricos de primer nivel en 2026. No hay un límite técnico para la creación de estas direcciones, pero sí existen políticas y criterios de evaluación que Icann define con sus comunidades. Para América Latina y el Caribe, se trata de una oportunidad única.
“Hasta ahora, los grandes movimientos se han visto en el hemisferio norte, con ciudades como Berlín o Nueva York que tienen sus dominios. En nuestra región apenas tenemos el antecedente de .rio. El reto es difundir, informar y dar igualdad de condiciones para que también el sur global se beneficie de estas oportunidades”, enfatiza el uruguayo.
¿Podría existir un .uruguay? Sí, aunque dependerá de múltiples factores: políticas nacionales, estrategia de promoción y disponibilidad de recursos. “Mi tarea, junto con otras personas que ya trabajan en este tema, será difundir estas oportunidades para que todos los actores puedan participar en igualdad de condiciones. En América Latina solo existe el antecedente de .rio, y no mucho más. Cada iniciativa deberá, además, ajustarse a las políticas vigentes, como en el caso de los nombres de ciudades, que deben alinearse con la estrategia de promoción, el turismo y los recursos disponibles”, aclara.
La importancia de la gobernanza
Más allá de lo técnico, Icann es el ejemplo más visible de un modelo de gobernanza de múltiples partes: gobiernos, empresas, sociedad civil, academia y comunidad técnica participan en igualdad de condiciones. Ese esquema, conocido como multistakeholder, es para Echeberría uno de los grandes aportes de la organización. “Es fundamental que este modelo funcione, porque necesitamos llevarlo a otras áreas de discusión tecnológica. Hoy nadie tiene todo el conocimiento para resolver los problemas por sí solo. La sabiduría está distribuida y eso obliga a construir políticas públicas desde la diversidad de actores”, sostiene.
En ese marco, identifica tres grandes objetivos para su rol en Icann. El primero es fortalecer los mecanismos de participación. “Necesitamos estructuras sólidas que integren a la sociedad civil, al sector privado, a los gobiernos y a la comunidad técnica desde el inicio de las discusiones. De lo contrario, las políticas suelen llegar tarde a esa diversidad de miradas y terminan siendo ineficaces o con efectos no deseados”, advierte.
Raul-Echeberria
Raúl Echeberría en un evento de Alai.
El segundo es proteger las características “fundamentales” de internet. “La apertura, la interoperabilidad, la interconexión son propiedades que explican el éxito de internet y que muchas veces corren riesgo por políticas bien intencionadas, pero que pueden impactar negativamente en su infraestructura”, señala. Y el tercero apunta a reforzar la representación regional. “Es clave que América Latina, Uruguay, y en general la mayoría del mundo, tengan voz en estos espacios de decisión. Llevaremos esa bandera, porque necesitamos que cada vez que se abren instancias de participación, nuestra región sea tenida en cuenta”, señala.
Uruguay en el mapa digital
El nombramiento del uruguayo también tiene un componente simbólico para el país. “Pone a Uruguay en el mapa. Refuerza la idea de que somos un país pequeño pero con un papel destacado en la gobernanza de internet. No es casual que la Casa de Internet para América Latina (Lacnic) esté en Montevideo, ni que tantas personas uruguayas se destaquen en estos foros”, sostiene Echeberría.
Ese reconocimiento, agrega, no es casualidad: “Se apoya en una política de Estado de largo plazo. Desde el Plan Ceibal hasta la labor de organismos como Agesic, ANII y CUTI, el ecosistema uruguayo ha logrado consolidarse”.
A su juicio, la estabilidad democrática y económica también ha sido un factor clave. “Claro que tenemos desafíos, como la conectividad aérea o la escala de mercado, pero Uruguay ha sabido proyectarse como un hub confiable”, afirma.
Icann es también un espacio donde confluyen gigantes tecnológicos, proveedores de internet, gobiernos y organismos de todo tipo. ¿Cómo se manejan intereses tan distintos? Para Echeberría, la clave es e
l consenso. “A diferencia de la política tradicional, que se basa en mayorías, en estos foros se trabaja hasta alcanzar el mayor consenso posible. No se trata de imponer, sino de minimizar oposiciones. Eso exige más tiempo, pero genera decisiones más estables”, explica.
La estabilidad de internet, recuerda, es la base de la economía digital y del comercio electrónico. “Los bancos, las plataformas y los usuarios pueden innovar porque saben que la capa básica funciona de manera segura y confiable, dice. De ahí la relevancia de “adoptar nuevas tecnologías como IPv6” —la nueva versión del protocolo que
multiplica casi infinitamente la cantidad de direcciones disponibles en internet— y de garantizar que el sistema de nombres de
dominio (DNS) funcione de manera estable y confiable.
En cuanto al impacto de la inteligencia artificial (IA), Echeberría admite que aún no se han visto cambios directos en la administración de recursos críticos de internet. “Pero quiero estar seguro de que no estamos subestimando nada. Si la IA impacta en todo, también impactará aquí, aunque hoy no lo veamos claramente”, reflexiona.
De forma más amplia, reconoce que la IA ya está en el centro de todos los debates de gobernanza digital, desde Naciones Unidas hasta foros regionales. “Se han creado nuevas instancias de discusión, pero aún falta mucho trabajo concreto. En América Latina, por ejemplo, hay más de 500 proyectos de ley sobre regulación de IA y solo dos aprobados (El Salvador y Perú). Eso muestra que no estamos siendo eficientes”, advierte.
Para él, la región necesita un modelo propio: “No tenemos que copiar a Europa, a Estados Unidos o a China. Debemos encontrar un equilibrio entre la protección de los ciudadanos y la rápida adopción de tecnologías para el desarrollo. No son objetivos incompatibles: hay que avanzar en paralelo”.
La mirada desde el sur
Echeberría evita la etiqueta de “sur global”, aunque la utiliza por costumbre. Prefiere hablar de “la mayoría del mundo”. Y en esa mayoría, sostiene, América Latina debe ocupar espacios con más protagonismo. “Si no, naturalizamos que las decisiones se toman en el norte. Tenemos que demostrar que estamos listos para asumir responsabilidades”, afirma.
Para un país como Uruguay, añade, la clave está en las redes: “No podemos depender de un solo socio. Hay que mantener puertas abiertas hacia Estados Unidos, Europa, China y también hacia otros países pequeños que, como Estonia o Israel, han construido modelos exitosos de desarrollo digital. La utilidad de ser chicos es que tenemos más flexibilidad para movernos”.