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    jueves 11 de julio de 2024

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    Comienza el Festival de Avignon con presencia uruguaya por primera vez en su historia

    “Hacemos teatro para ganar los combates que no podemos ganar en la vida”, dijo a Búsqueda Tiago Rodrigues, director del principal festival de artes escénicas del mundo

    Vino a Montevideo en 2019 para presentar en el Fidae (Festival Internacional de Artes Escénicas) su obra unipersonal By Heart, una alegoría poética por él mismo dirigida e interpretada sobre el arte enraizado en la existencia humana. En esa breve estadía se enamoró de las librerías montevideanas y se llevó varios libros de autores teatrales uruguayos. En esas lecturas descubrió el teatro de Gabriel Calderón y Sergio Blanco. En 2022 el portugués Tiago Rodrigues se transformó en el primer no francés en dirigir el Festival de Avignon, para muchos el principal encuentro de artes escénicas de Europa y del mundo, que reúne cada mes de julio en esa ciudad cercana a los Alpes franceses más de 1.000 espectáculos y a 6.000 profesionales de las artes escénicas de todo el mundo (entre la muestra oficial y el off).

    La edición número 78 de este festival fundado en 1947 por el actor y director francés Jean Vilar, que comenzó el sábado 29 de junio y se extenderá hasta el domingo 21 de julio, tiene al español como lengua invitada por primera vez en su historia. El amplio conocimiento de Rodrigues de la escena teatral latinoamericana fue determinante para que este año haya presencia uruguaya en la cartelera oficial, también por vez primera en Avignon: Història d’un senglar, de Gabriel Calderón, estrenada años atrás en España, y Sea of silence, de Tamara Cubas, que fue preestrenada la semana pasada en el Teatro Solís, al que volverá luego del estreno europeo.

    Avignon es, en estos días, la capital teatral del planeta: además del festival oficial, compuesto de unas 40 obras que se presentan en unas 400 funciones, se instala en toda la ciudad un gigantesco circuito off. Son más de 1.000 obras en un tiempo que varía entre uno y dos meses. Elencos grandes y pequeños de todo el mundo confluyen en esta ciudad de 90.000 habitantes que se ve completamente desbordada de teatro. Los espectáculos se presentan a toda hora en teatros, casas, garajes, plazas, parques y todo tipo de espacios improvisados. También suceden otros festivales antes y después de julio, en Avignon y en enclaves cercanos. “Se arma un bosque de festivales en torno al árbol más viejo, que se aproxima a cumplir 80 años”. Así describió Rodrigues la demencia de una ciudad que durante julio suspende gran parte de su actividad comercial porque todo lo que sucede gira en torno al teatro.

    A continuación, una síntesis de la charla telefónica que el portugués mantuvo con Búsqueda.

    ¿Es muy atractivo para un director teatral dirigir el festival de teatro más importante del mundo?

    —La primera vez que estuve en Avignon fue como artista. Lo descubrí como artista y como público al mismo tiempo. Es un festival único en el mundo porque es una ciudad pequeña, de escala humana, con 90.000 habitantes, que durante el mes de julio se convierte en la capital mundial del teatro. Lo más importante que pasa en la vida de todas las personas que están en la ciudad en julio es teatro. Entonces, para alguien que habla en teatro, que hace teatro, ver toda una ciudad convertida en una sociedad con el teatro en el centro es ver una verdadera utopía hecha realidad. Es muy impresionante la pluralidad de artistas y estéticas que puedes descubrir en este festival. También lo es darse cuenta de que el público que viene a esta ciudad no hace otra cosa que ver espectáculos de teatro y danza. Lo normal es ver una obra por la mañana, una o dos por la tarde y otra por la noche. Comen y toman algo entre obras. Si estás corriendo, lo estás haciendo hacia una función. Si estás durmiendo, lo estás haciendo entre funciones, para recuperar energía. El público local, que está en su casa, no tiene que ir a trabajar a la mañana siguiente porque gran parte de los negocios cierran para que la gente pueda ir al teatro. Esa realidad de que durante un lapso efímero el teatro es el centro de la vida de la gente me impactó y me sigue impactando. Por eso siempre volví, como público y como artista. Y cuando apareció la oportunidad de postular a la dirección, que solo se produce una vez cada nueve o 10 años, no lo dudé. Estaba muy bien como artista y como director del Teatro Nacional de Lisboa pero ahí estaba desde hacía siete años. Era el momento de intentar esta aventura. Por suerte me tomaron en serio. Pensé que sería una dificultad no ser francés, porque en sus más de 75 años el festival siempre fue dirigido por franceses. Pero no fue un obstáculo. Y aquí estoy, desde hace dos años.

    Tu primera vez en Avignon fue con Antonio y Cleopatra, después presentaste varias obras, la última de ellas La medida de lo imposible, el año pasado.

    —El festival es el principal acontecimiento no solo cultural sino social, político y económico que ocurre en la cuidad durante todo el año. Eso hace que el festival también funcione de agosto a junio, porque la ciudad se prepara durante todo el año para la siguiente edición. Eso genera una gran conexión de la gente con su identidad, y genera que el amor por su territorio se exprese a través del teatro y del festival. Conozco grandes festivales, apasionantes y muy fuertes en todo el mundo, pero no conozco una realidad así en otro lado, donde el teatro esté tan en el centro. Y por eso se ha hecho conocido por los teatreros de todo el mundo. Yo escuché hablar de Avignon en un suburbio de Lisboa cuando tenía 14 años y empezaba a hacer teatro amateur. Es un lugar mítico y tiene una influencia que puede generar cambios. Cuando decidimos presentar artistas que no tienen acceso a una visibilidad porque son parte de una minoría étnica, religiosa o política, sabemos que hacerlo en Avignon es inaugurar posibilidades para artistas, para ideas, para estéticas. La importancia patrimonial y mitológica del festival es una oportunidad para proponer cambios en la forma de pensar la cultura y el arte.

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     Patio de Honor del Palacio de los Papas, escenario central del festival

    Patio de Honor del Palacio de los Papas, escenario central del festival

    La palabra Avignon estaba presente en Uruguay casi únicamente en el canto infantil. Era hasta ahora un festival inaccesible para artistas uruguayos. Pero este año el español es la lengua invitada y se verán obras uruguayas por primera vez. ¿Cómo fue posible?

    —Al inicio interpreté que la llegada de un no francés estaba ligada a un deseo de apertura del festival al mundo. Entonces, pensamos que mejor que invitar países o continentes sería mejor invitar lenguas. Proclamar que desde Avignon vemos el mundo conectado por lenguas y no necesariamente dividido por fronteras o nacionalidades. Ya hay demasiadas instituciones que ven el mundo de esta manera. Y nosotros tenemos la obligación como aventura artística de verlo distinto. Invitar una lengua es por un lado invitar su patrimonio, lo que conocemos de esa lengua, pero también es invitar la sorpresa, la diversidad, la innovación y también invitar una mirada crítica y contemporánea hacia ese pasado, que puede ser, como en el caso de la lengua española, colonial. Entonces, el primer criterio fue buscar una lengua con una gran riqueza teatral, coreógráfica y dramatúrgica. Y en ese sentido al español no hay que explicarlo. Es una lengua con una enorme riqueza y calidad en todos esos sentidos. Entonces invitar al español es invitar a un montón de artistas que ya son conocidos por el público de Avignon, pero también procuramos las sorpresas, los desconocidos. Por un lado están Angélica Liddell (dramaturga española), que ya estuvo varias veces, y La Ribot (María José Ribot), que nunca fue a Avignon pero es la coreógrafa española más conocida en Europa. Y por otro lado están algunos artistas no tan reconocidos mundialmente que he conocido en mis viajes por el mundo. Uno de ellos es Gabriel Calderón, a quien conocí en 2018, cuando visité Uruguay para presentar By Heart (en la quinta edición del Festival Internacional de Artes Escénicas). Ahí pude conocer su trabajo y comprar los libros con sus obras en una de las muchísimas fascinantes librerías de Montevideo. Es la ciudad con más bellas librerías del mundo para mí. Leí a Gabriel con regularidad durante los últimos años pero sin contactar con su teatro directamente porque me limitaban los viajes, y he mantenido encuentros en Suiza, donde da clases regularmente.

    ¿Qué te interesó de su teatro?

    —Me impresiona su capacidad de escribir un teatro que puede enseñar mucho al teatro europeo. Escribe muy buen realismo pero también maneja con maestría los hijos del teatro fantástico y al mismo tiempo sabe adaptar obras clásicas. Tiene una gran flexibilidad. Me motivó el sueño de que el público de Avignon descubriera el teatro de Gabriel. ¡Ya, venga! Así empezamos a dialogar. Y con Tamara Cubas tuve el mismo impacto, cuando vi una obra suya en un festival europeo. Aún no es conocida en Francia pero Magda Bizarro, encargada de la programación internacional de Avignon, la viene siguiendo muy de cerca desde hace años. Procurábamos la oportunidad y ahora se dio. De eso se trata: de ofrecer el festival como plataforma de difusión. Cuando me invitó Avignon en 2015 con Antonio y Cleopatra yo no estaba ni en el top cinco del teatro portugués. Esa invitación cambió la mirada del público portugués de mi teatro. Entonces, si bien Gabriel es muy conocido en Uruguay, eso puede suceder también con Tamara en Uruguay. Quizá cambie la mirada de los uruguayos sobre Tamara.

    ¿Qué virtudes le encontrás a su trabajo, que se mueve entre la danza y el teatro?

    —La tremenda humanidad de un contacto muy directo con lo real en su coreografía y su dramaturgia. Hace un trabajo muy intenso de laboratorio, de documentación de lo real, de búsqueda sobre cómo crear a partir de fenómenos sociales, lo cual demuestra una muy fuerte implicación con lo que sucede en el mundo. Me impresiona cómo puede producir una poesía muy singular, muy propia, a partir de una pesquisa documental. Hay una socióloga y una periodista en Tamara Cubas, que después se exprime muy fuerte en escena. Eso nos interesa mucho.

    ¿Y qué te parece Sea of silence, el espectáculo que estrenará en Avignon, que reúne a siete mujeres de distintos lugares el mundo?

    —Bueno, es una creación que presentará en el festival. Esa es una de las particularidades de Avignon, que es un festival de producción. Son siete mujeres de todo el mundo que comparten poeticamente sus experiencias de migración desde el punto de vista, muy particular, de la mujer, y de la mujer extranjera. Es una mezcla de fenómenos políticos importantes como las violencias contra las mujeres y la migración especialmente en fronteras conflictivas. Tamara tiene una gran capacidad de traducir en poesía escénica algo que parece imposible de tornar poético como la mujer migrante explotada, algo muy duro y concreto. La síntesis poética de lo político es fulgurante en Tamara. Porque además no es nada panfletaria ni explícita. Su trabajo tiene un lugar aparte en la escena, habla en un lenguaje muy particular, con una fuerte identidad, un universo propio. Es muy difícil decir que lo que hace Tamara se parece a lo de cualquier otro artista. Es de una gran intensidad y calidad. ¡Y es muy Tamara! Los grandes artistas que marcan una huella en Avignon son los que tienen un universo propio. No suelen ser parte de una familia, de una moda, sino que los distingue su singularidad.

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    Tiago Rodrigues, director del Festival de Avignon

    Tiago Rodrigues, director del Festival de Avignon

    ¿Y por qué elegiste Historia de un jabalí, la obra de Calderón multipremiada en España?

    —Con Gabriel evaluamos todas las posibilidades. Lo que queríamos era presentar su trabajo, no necesariamente esta o aquella obra. Hablamos sobre la creación de una obra nueva o de que presentara uno de sus trabajos existentes, en cartel en España o uno con la Comedia Nacional, uno de los únicos elencos públicos estables, si no el último, de Latinoamérica. Tuvimos diversas discusiones y optamos por Historia d’un senglar (título original en catalán de esta pieza inspirada en Ricardo III, de Shakespeare, y estrenada en Uruguay en junio de 2014 como Algo de Ricardo). Es una mezcla de oportunidad, porque la obra puede ser presentada con el hecho de que en el contexto de una lengua invitada tiene una historia muy singular: un uruguayo que trabaja en España con una obra que se presenta en catalán. Es la primera vez que una obra se presenta integralmente en catalán en la historia del Festival de Avignon.

    Eso es muy curioso: Avignon y Cataluña están a dos minutos de distancia...

    —Yo también me sorprendí mucho cuando me di cuenta. Es de esos errores de la historia. Nadie tiene la responsabilidad. No es ningún prejuicio francés hacia el catalán, que está muy cerca. Hay una gran conexión cultural entre el francés y el catalán, una lengua muy conectada históricamente al español. Es un testigo de las fricciones históricas de la lengua española y sus problemas con otras lenguas. Lo mismo sucedió cuando presentamos el trabajo de Tiziano Cruz (artista interdisciplinario argentino oriundo de la provincia de Jujuy, que presentó un espectáculo hablado en quechua), que exhibe los conflictos entre la lengua española y las culturas americanas en el marco histórico de la España colonizadora de América. Ese tipo de complejidades son muy deseadas en un festival como Avignon, por su capacidad de generar debates. Historia d'un senglar es muy interesante por todo lo que muestra de Gabriel como autor y tiene la ventaja de que es una obra que ha ganado muchos premios, que sigue reponiéndose y que permite apreciar el gran trabajo como actor del catalán Joan Carreras. Pero no creo que sea la única obra de Calderón en los próximos años en el festival.

    ¿Qué otras obras suyas pueden estar?

    —Me gusta mucho Ana contra la muerte. Me parece una obra fantástica. Es seguramente un artista al que tendremos cerca en los próximos años. Nos interesa mucho participar de sus creaciones en el futuro, porque somos un festival de creación. Por eso ahora Tamara hará su estreno en Avignon pero el caso de Historia d’un senglar es atípico. De 40 obras que presentamos este año, más de 30 son estrenos recientes y más de 20 son estrenos mundiales producidos o coproducidos por Avignon. Por lo general cuando un programador de Avignon ve un espectáculo que le interesa en una ciudad cualquiera no intenta contratar esa obra sino que le pregunta al artista: “¿Qué piensas hacer el año próximo?, ¿qué planes de creación tienes para el futuro?”. No nos interesa ser distribuidores de productos existentes y exitosos sino que nos interesa acompañar a los artistas cuando más lo precisan, que es cuando tienen una idea.

    Y hablando de ideas, ¿cuáles son las propuestas temáticas en esta edición del festival?

    —No hay temas que procuramos sino temas que identificamos cuando ya están ahí, en el escenario. Tenemos el cuidado de no proponer temas a los artistas. Hay que preservar su libertad. Por supuesto que cuando proponemos la lengua española no es como tema, no es un objeto de estudio, sino como un criterio de elección de artistas. Este año identificamos dos fuertes intereses de muchos creadores: la justicia y la memoria. La cuestión de la justicia está muy presente en variadísimas obras. La justicia trágica, o sea, la venganza, y la justicia jurídica, es decir, las leyes que aplican los tribunales. Es muy curioso, es una reflexión que se hace en muchos países sobre la importancia de la justicia en la sociedad. Otro elemento muy presente es la transmisión; la memoria en la historia del arte. Calderón está ahí con Ricardo III transformado en otra obra. También la transmisión de la memoria histórica en las sociedades. Cómo podemos hoy construir algo nuevo tomando como base la memoria histórica.

    El género, que ha sido un tema muy fuerte en los últimos tiempos en Latinoamérica, la identidad y la reivindicación de los derechos de las nuevas identidades, ¿sigue siendo potente en la escena europea o está perdiendo vigor?

    —Es un tema todavía muy importante, que está muy presente en el trabajo de muchos artistas. Como muchos otros asuntos, cuando tratamos artísticamente temas políticos o sociales muy presentes en la opinión pública, el desafío pasa por mantener la soberanía de lo artístico. Hay artistas que hacen trabajos fenomenales, que son muy sensibles a las cuestiones de identidad de género y el tema está muy presente también en la mirada del público y en los debates que se generan en el festival. La cuestión del género llegó para quedarse en la sociedad y en el arte; hay que hacerla evolucionar porque seguirá estando presente en los próximos años en las obras y en el pensamiento de cómo se organiza hoy un festival. Hoy es central el tratamiento de la igualdad en sociedades donde las cuestiones de género son centrales. Es muy rico para generar controversias y polémicas, que son el hábitat natural del Festival de Avignon.

    ¿Qué resaltas entre las lecturas de autores hispánicos que hiciste para esta edición?

    —Bueno, Bolaño siempre es un autor que te mueve a pensar, y siempre hay que volver a leerlo. También he leído mucho a Enrique Vila-Matas, quien estará presente en el festival para charlas y lecturas. regresé al Quijote porque hacemos toda una cosa alrededor del Quijote y de gente que escribe sobre el Quijote. Leí de nuevo casi toda la obra de Angélica Lidell (de quien se estrenó recientemente en Montevideo su obra Perro muerto en tintorería) y también leí bastante a otro uruguayo, Sergio Blanco, que no estará en el festival pero que tiene una obra que me interesa muchísimo para el futuro. A veces invitar una lengua al festival no es un medio para programar obras para un año sino que es una forma de trabajar para ediciones futuras. Además de compartir lecturas, con el equipo del festival vimos muchísimo teatro en español y puedo decir que en el teatro latinoamericano hay una gran generación de nuevos artistas que aún no fueron descubiertos por los festivales y el público europeo. Este año vendrán los argentinos Mariano Pensotti y Tiziano Cruz, el chileno Malincho Vaca y Tamara Cubas. Esperamos que estar en Avignon por primera vez sea el comienzo de una buena carrera internacional.

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     Patio de Honor del Palacio de los Papas, escenario central del festival

    Patio de Honor del Palacio de los Papas, escenario central del festival

    En tiempos de la omnipresencia de dispositivos tecnológicos en la interacción social, ¿el teatro sigue siendo una plataforma para poner temas candentes sobre la mesa y que se queme todo?

    —Absolutamente. Sin contar la política, el teatro es el espacio de pensamiento más político que tenemos, porque es capaz de llevarnos después de vuelta a la política. Es la antecámara de la acción. Es aún un espacio que conserva su libertad de pensamiento, la complejidad, la ambigüedad, la posibilidad de un verdadero debate. El espacio teatral, por su escala humana, donde las cosas no se reproducen industrialmente, o sea, para decirlo sencillo, donde no hay mucha plata, quizá no es tan deseado por el poder económico y entonces está menos amenazado. Así ha preservado una libertad aún hoy más escencial para la democracia que hace 25 siglos en Atenas.

    ¿Cómo ves el rol y el sentido del teatro en medio de la actual aceleración vertiginosa de la inteligencia artificial, que pone en cuestión nuevamente conceptos como la creación y la autoría humanas?

    —El teatro no necesita una función. El teatro no necesita una misión para existir. El teatro es. Punto. El teatro es parte primaria de la experiencia humana, de la aventura de la existencia. Punto. Fuera de lo que es una obra de teatro. El teatro como arte existe, sin necesidad de tener una función social para ser legítimo. Existe como existe el placer de cantar, de dar un beso, de beber una copa. Más allá de eso, vivimos en democracia y entonces el teatro tiene la capacidad de mejorar la calidad de vida, los derechos y las libertades de la gente. Pero eso es una tarea de la sociedad, no del teatro en cuanto arte. Es una responsabilidad de los artistas, porque son ciudadanos. Lo que sigue siendo revolucionario en el teatro es que hoy, cada vez más, vivimos en sociedades organizadas en individuos consumidores a quienes se les dice que el mínimo esfuerzo es el máximo valor, que no tienes que salir de tu casa y que todo lo que necesitas lo tienes con un click en una pantalla. Entonces, en una sociedad así configurada, salir de tu casa, perder tiempo y dinero, llegar a un teatro donde vas a gastar tiempo y dinero en una silla que no es tan confortable como tu sillón, al lado de gente que no conoces, en un lugar que quizá está demasiado frío o demasiado caliente, para ver algo que va a empezar y que no sabes si te va gustar o no, al contrario del yogur que compras en el supermercado que siempre tiene el mismo sabor que te gusta, si aún así hacemos todo eso, entonces es porque lo necesitamos muchísimo. El teatro es una verdadera asamblea típicamente humana, de gente alrededor del arte para vivir una experiencia colectiva. Eso, con más gente o menos gente, con más apoyo o menos apoyo público, va a existir siempre. Si un día llegaran a cerrar todos los ministerios de cultura y todos los teatros públicos, seguiremos haciendo teatro. El problema es que tendremos un acceso menos democrático, pero seguiremos haciendo teatro. Por eso seguimos peleando para que el acceso sea democrático, descentralizado y lo más próximo posible de la gente, y especialmente de la gente que todavía no sabe que necesita el teatro. Estos son los más importantes propietarios del teatro público. Seguirá siendo revolucionario y un corazón de democracia si la sociedad desea que lo sea pero mismo sin democracia el teatro va a sobrevivir siempre. Hace unos días leí un texto de Roberto Bolaño en el que dice que el escritor tiene el coraje de empezar un combate que sabe que va a perder y que eso para él es la literatura. Me dejó pensando: para mí hacemos teatro para ganar los combates que no podemos ganar en la vida.

    ¿El portugués puede ser lengua invitada en Avignon o el conflicto de interés te lo impide?

    —El portugués tiene toda la calidad, el mérito y la diversidad para ser lengua invitada... pero no tengo prisa.