Hace unas semanas, cuando quise buscar una foto para la newsletter sobre la letra cursiva, recibí la sugerencia de hacerla con una herramienta de IA, que de ahora en más llamaré señor Bing. Esta es la dirección por si querés probarla: bing.com/images/create. Debo advertirte que me resultó sumamente adictiva, en menos de un minuto tuve cuatro propuestas de fotografías y 15 chances para seguir probando. Y las usé todas. Sentí también algún sobresalto porque entre las opciones salía el rostro de una niña tan real que me pareció conocerla. Entonces la descarté y me decidí por una opción más impersonal, aunque para mi gusto un tanto recargada.
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Imagen creada con inteligencia artificial
bing.com/images/create
Cuando fui a publicarla me surgió la duda de qué crédito ponerle. ¿De quién es la foto? ¿Es mía porque le di dos o tres instrucciones al programa? ¿Es del señor Bing o de todos los sitios de donde toma datos la IA? ¿De qué niñas serían esos rasgos que se incorporaron a un solo rostro? La respuesta no me quedó clara, entonces le di el crédito al señor Bing y su inteligente programa generador de imágenes.
Estas dudas adquirieron otra dimensión en nuestro país el año pasado, cuando se hizo el llamado al IX Premio de Ilustración organizado por la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), a través del Instituto Nacional de Artes Visuales. En las bases figuraba la siguiente cláusula: “Técnica utilizada. Detallar si se utilizó algún programa de IA”. A raíz de esa mención, la ilustradora Verónica Alvarado elaboró una carta dirigida a las autoridades del MEC, que fue firmada por 40 ilustradores, con su preocupación por lo que consideraba una falta de respeto hacia los artistas. Las autoridades, por su parte, argumentaron que esa cláusula apuntaba al uso de la IA como otra de las herramientas digitales que habitualmente usan los artistas.
La discusión, que puede leerse en esta nota de la diaria, puso el foco en la validez o no de la IA como generadora de arte y en la falta de legislación clara al respecto.
¿Copia del original o nueva creación?
Como me volví un poco adicta al sitio del señor Bing, empecé a crear imágenes “al estilo de…” para comprobar los resultados. Decidí que el prompt, la guía que escribe un usuario para interactuar con un sistema de IA, iba a ser el nombre de una obra de los grandes genios del arte. Empecé por el Guernica de Pablo Picasso.
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Imagen creada con inteligencia artificial
bing.com/images/create
Obviamente, no es Picasso, pero su estilo está allí y alguien distraído podría confundirse. Para mí, es un gran plagio, pero como el crédito es del señor Bing, también él es el culpable. La pregunta que me surge es cuántos plagios encubiertos se producirán a través de herramientas de IA con obras de artistas menos conocidos.
Probé con otra obra también famosa: La joven de la perla, de Johannes Vermeer. Y este fue el resultado que me dejó muy asombrada por el parecido:
Imagen-de-IA-inspirada-en-Vermeer.jpeg
Imagen creada con inteligencia artificial
bing.com/images/create
Con Las meninas de Diego Velázquez, surgió algo distinto, que evoca algunos detalles del original, pero es más creativo (con perdón de Velázquez) que los anteriores:
Imagen-de-IA-inspirada-en-Las-meninas.jpeg
Imagen creada con inteligencia artificial
bing.com/images/create
¿Quién legisla sobre la IA?
Todo ocurre a tal velocidad que la legislación ha quedado tal vez obsoleta, tal vez retrasada, para establecer ciertos límites a la creación mediante IA. La pregunta es si en materia creativa tendría que haberlos. Consulté sobre este tema a Luis Fernando Iglesias, que está de los dos lados del mostrador: es abogado especializado en propiedad intelectual y nuevas tecnologías, materias sobre las que enseña en sus cursos universitarios, y también es escritor, entre otras obras, de novelas (El tiempo es una gran mentira, 2022), de cuentos (Razones de la pelota, 2019) y de libros de no ficción ( Ideación/Psiglo, 2018). Además, conduce el programa radial Historias de música en Radio Cultura.
Iglesias afirma que para el derecho latino, el que rige en nuestro país, la IA no puede ser autora. “La ley de derecho de autor y los tratados internacionales de derecho de autor establecen que las obras tienen que ser una creación del ser humano, individual, colectiva o en colaboración. El derecho latino le otorga a los autores el derecho moral sobre su obra, más allá de los derechos patrimoniales que tiene para explotarla. Quiere decir que una obra es la extensión de la personalidad del autor. Por este motivo, los derechos patrimoniales están acotados en el tiempo, a 70 años después de la muerte del autor, pero los derechos morales, la paternidad y la autoría, son eternos. Por lo tanto, el Quijote siempre será de Cervantes”.
¿A qué artista te hace acordar esta imagen?
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Imagen creada con inteligencia artificial
bing.com/images/create
En Uruguay y en gran parte del mundo aún no se considera a la IA sujeto de derecho. Es una herramienta que no puede ser asimilada a la obra de un ser humano. “Lo que vi en el último congreso de Al-INVEST Verde, en abril de este año, es que hay un cierto movimiento, sobre todo en los países anglosajones y en Hong Kong, que no atiende tanto el valor moral o a la persona del autor, sino al copyright. Quiere decir que quien tiene los derechos es una empresa. Hasta hace unos meses, solo en Hong Kong se está empezando a ver que la IA puede ser considerada la autora de las obras que crea y eventualmente tiene los derechos sobre los programas. La legislación del Reino Unido es más ambigua”.
Otra discusión está en el plano de los derechos que tienen las obras originales o los datos con los que se alimenta la IA. Iglesias recuerda que hay un juicio entablado por The New York Times contra OpenAI y Microsoft por el uso de millones de sus artículos para darles datos a los chatbots. El diario considera que esas herramientas de IA son una competencia desleal que se apoya en sus contenidos.
En Uruguay la discusión está abierta y no hay solo una opinión. En una reciente jornada de la Comisión de Cultura del Colegio de Abogados, Iglesias discrepó con su colega Beatriz Bugallo. “Ella opina que la creación con IA no sería violatoria del derecho de autor porque ese proceso de alimentación con obras de otros sería similar al proceso de inspiración, por ejemplo, de un escritor cuando lee obras de otros escritores. Yo no tengo esa opinión porque nadie puede definir precisamente qué es la inspiración, pero sí el plagio. Puedo estar influenciado por una novela o un cuento, pero si hay plagio encubierto estoy cometiendo delito. Entonces, la discusión sobre si se está violando el derecho de autor cuando se provee a la IA con obras protegidas sigue abierta”.
Y esta imagen, ¿a qué artista te evoca?
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Imagen creada con inteligencia artificial
bing.com/images/create
Como lágrimas en la lluvia
Los grandes autores de ciencia ficción y de distopías pensaron en un futuro que de alguna forma se ha vivido o que se está viviendo ahora mismo. Lo pensó George Orwell en su novela publicada en 1948, que llamó 1984 porque hacia ese año proyectó un mundo totalitario gobernado por cámaras que vigilan, controlan y reprimen, aunque en realidad estaba reflejando los totalitarismos de su época. O todos los totalitarismos que vendrían.
En 1984, Apple lanzó al mercado la computadora personal Macintosh y los creativos publicitarios fueron astutos para recrear el clima de Orwell y darlo vuelta. Con Macintosh las pantallas traerían un mundo feliz, no como el desventurado que imaginó Orwell. “Y verás por qué 1984 no es como 1984”, dice este comercial, uno de los más memorables de la historia.
En 2004 fue retocado con solo un agregado: la mujer que lo protagoniza lleva un iPod en la cintura.
Embed - 1984 - subtitulado Comercial Macintosh
Pero si hay que elegir una película que anticipó varios años una IA muy similar a la inteligencia humana, me quedo con 2001: odisea del espacio (1968), dirigida por Stanley Kubrick, con guion de Arthur C. Clarke y del propio Kubrick. Uno de los personajes es HAL 9000, la computadora que gobierna, más que los propios astronautas, la nave espacial Discovery. HAL 9000 es una inteligencia artificial al servicio de la ciencia, cien por ciento perfecta. Pero quienes la crearon no tuvieron en cuenta que sería capaz de idear un plan, de asesinar y de sentir miedo a la muerte.
Embed - 2001 una odisea en el espacio desconexion de H.A.L ( Subtitulado al español)
Uno de los finales más tristes y poéticos de la historia del cine está en Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Está ambientada en 2019 en una ciudad de Los Ángeles distópica. Allí fabrican humanos artificiales llamados replicantes, a quienes usan como esclavos. Son muy similares a las personas, pero tienen más fuerza y agilidad. Y aunque no los crearon con sentimientos o emociones, los replicantes fueron capaces de rebelarse en un motín, por eso los blade runners los persiguen para eliminarlos.
Aquí la escena final, legendaria y sabia, en la que el replicante Roy Batty (Rutger Hauer) salva la vida del agente Rick Deckard (Harrison Ford), aunque sabe que va a morir. Su monólogo, en el que aparecen sus legendarios recuerdos, se conoce como “Lágrimas en la lluvia”.
Embed - Blade Runner - Tears in Rain "Director´s cut" (subtitulos HD)
Algo nos dice sobre el futuro el arte. Algo nos dice la sonrisa insinuada de La Gioconda, el misterio de la palabra Rosebud en El ciudadano, la primera frase del Quijote, el bandoneón de Piazzolla o el breve poema Discrepancias de Circe Maia:
Dice la voz de la lluvia:
—Soy la misma de hace mil años
y de aquí a otros mil, seré la misma.
Pero una gota, rota en la ventana,
no está de acuerdo.
El futuro está en la ciencia y en la tecnología tanto como en el arte. Que no se pierda, como lágrimas en la lluvia.
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Antes de despedirme
Esta newsletter tendría que haber salido la semana pasada, pido disculpas porque no pude escribirla. Ahora que me doy cuenta, tendría que haberle pedido un poco de ayuda al señor Bing, pero aún no estoy preparada para hacerlo, y no sé si quiero que llegue ese momento. Si te interesa este tema, te recomiendo que prestes atención al próximo número de la revista Galería, que estará destinado a todo lo que necesitás saber y no te atrevés a preguntar sobre la IA. Que lo disfrutes.