Si la historia es repetición, decía Jorge Luis Borges, la Argentina representa por excelencia esa expresión. El escritor argentino lo explicó así en su cuento El otro, la idea de un loop permanente con la historia del siglo XX.
Si la historia es repetición, decía Jorge Luis Borges, la Argentina representa por excelencia esa expresión. El escritor argentino lo explicó así en su cuento El otro, la idea de un loop permanente con la historia del siglo XX.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa Argentina en crisis es la misma obra de siempre. El episodio que vive hoy en día no es muy diferente a los anteriores.
Por ejemplo, un gobierno peronista acosado por una economía con signos visibles de agotamiento luego de una fase expansiva en el gasto del gobierno, de la política monetaria del Banco Central, de medidas restrictivas para el sector privado y de desintonía con los mercados internacionales, y que ahora busca resetear su sistema operativo reequilibrando la macroeconomía y saliendo a pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Todo esto que hace el gobierno sucede en un contexto internacional cada vez más desafiante por el aumento de los precios de la energía.
Sergio Massa, el ala de la derecha de la coalición oficialista del Frente de Todos que ganó la elección en 2019 y balancea la izquierda kirchnerista, asumió el cargo de ministro de Economía el mes pasado luego de una corrida cambiaria que removió a dos ministros en un mes, Martín Guzmán y Silvina Batakis. El dólar llegó a valer $ 350 y ahora está abajo de $ 300.
Luego de anunciar medidas para equilibrar las cuentas fiscales, Massa viajó a Estados Unidos, donde mantuvo conversaciones con la Casa Blanca, empresarios y el FMI. A todos les manifestó que su objetivo es cumplir con el acuerdo que la Argentina firmó con el organismo multilateral en marzo pasado.
Se dice que en la Argentina todo es cíclico no solo porque recurrentemente registra períodos de crisis y auge en su economía sino también por los reflejos de su dirigencia política.
En 1975 también había un gobierno peronista que buscó la ayuda del FMI para evitar una brusca devaluación. Y también fue luego de una experiencia socialista y en un mundo desafiado por el aumento de la inflación internacional a raíz del crac petrolero de 1973.
Si la inflación en el mundo subía en aquel entonces (EE.UU. terminaría subiendo las tasas hasta 22% para frenar la disparada en los precios), en la Argentina más.
En el gobierno del peronista Héctor Cámpora, el ministro de Economía José Ber Gelbard logró bajar la inflación de 80% anual en 1973 a 14% en 1974. ¿Cómo? Congelando los precios de las tarifas de energía, alquileres y del dólar para que los costos de los insumos importados se mantuvieran inalterados para la industria argentina.
Como era de esperar, los desequilibrios se acumularon con esa receta y, en setiembre de 1975, otro peronista de derecha y ministro de Economía, Antonio Cafiero, viajó a Washington para destrabar un desembolso del FMI que nunca llegó a tiempo.
Massa hoy es como Cafiero, aunque, gracias a Dios, tendría mejores resultados al menos en lo inmediato.
El FMI desembolsará a la Argentina este mes unos US$ 4.000 millones como parte de un préstamo que le otorgó en marzo de US$ 45.000 millones. Es una ayuda que el organismo le brinda al país para repagar aquella ayuda que se le concedió a Mauricio Macri. En 2018 la Argentina recibió del FMI el préstamo más grande que alguna vez haya dado a un país (US$ 54.000 millones) para enfrentar una fuerte salida de capitales y evitar una brusca devaluación de la moneda que de todas maneras sucedió (si se miden los préstamos del FMI en participación del PBI, la ayuda más grande que el organismo haya otorgado a un país fue al Uruguay en 2002).
A cambio, Massa se comprometió a bajar el déficit fiscal, acumular más dólares en las reservas del Banco Central y dejar de financiar el rojo del Tesoro emitiendo pesos.
Las posibilidades de bajar la inflación para la Argentina lucen remotas con este plan. Primero, porque si el gobierno pretende bajar la ayuda a las familias para pagar las boletas de gas y electricidad, el precio de la energía que se paga en la Argentina aumentará y presionará sobre la tasa de inflación.
Segundo, porque las expectativas de inflación en Argentina van en aumento y los reclamos salariales de los sindicatos no ceden. El gobierno no querrá enfrentar encontronazos con ellos en medio de un ajuste fiscal. Según el último relevamiento de expectativas de mercado que elabora el Banco Central, la inflación para este año estaría en 99,4%. Y la consultora Eco Go estima que con los ajustes en los precios que debiera hacerse la inflación en 2023 no sería menor.
En tercer lugar, y por último, la inflación en la Argentina no podría descender (no al menos rápidamente) porque es la llave de Massa para licuar el peso del gasto público. ¿Qué quiere decir esto? Que la inflación aumenta la recaudación y los ingresos crecen por encima de los gastos, que el gobierno procurará contener.
“La posibilidad de llegar a un déficit primario de 2,5% del PBI este año requiere que la inflación se siga acelerando. Algo parecido a lo que pasó con la consolidación fiscal en 2018-2019”, dijo Eco Go.
El gobierno de Macri llegó al equilibrio fiscal en 2019 con esta fórmula a la que ahora recurre Massa y cita Eco Go: aumentando la inflación y congelando el gasto. Lo del expresidente no fue producto de una reforma de fondo en los principales propulsores del gasto público argentino, básicamente, el sistema de jubilaciones y el resto de la seguridad social (salud, entre ellos). El ajuste que hizo Juntos por el Cambio fue un manotazo de ahogado de un gobierno que buscaba terminar su mandato.
El plan con el FMI tiene un objetivo: que la Argentina reúna los dólares necesarios para repagar el préstamo que el organismo le otorgó y bajar la inflación. Hoy se calcula que las reservas netas podrían llegar a unos US$ 5.000 millones.
La misión que la Argentina enfrenta de aquí en más es recesiva.
El FMI sostiene que la economía argentina está sobrerrecalentada y que por ello demanda más importaciones de las que los dólares que genera pueden financiar. El superávit comercial viene cayendo. Punto a favor del Fondo Monetario.
Y la fórmula para cuidar esos dólares es imponiendo más restricciones para acceder a esas divisas (lo que en la Argentina se denomina cepo) o aumentando el precio del dólar (depreciación del tipo de cambio).
El kirchnerismo le teme a esta última opción porque sería dilapidar sus chances electorales para 2023. Pero también sabe que la primera es insostenible hasta el momento de las elecciones. Falta demasiado.
Massa ya inició una devaluación cuando semanas atrás otorgó un precio del dólar de $ 200 a los sojeros, un alto porcentaje más que si recibieran el oficial.
El dólar soja es hasta fin de mes. ¿Qué pasará en octubre? ¿Y para el resto de los sectores?
La consultora Equilibra, con sede en Buenos Aires, calculó que si Argentina cumpliera la meta de acumulación de reservas en el año, la economía debería sumergirse en una recesión equivalente a una caída de al menos 4% del PBI. Si la actividad se contrae, la demanda de importaciones cae, y la de divisas también. Habrá más chances de que el Banco Central acumule dólares en sus reservas, de por sí diezmadas.
También enfriará más la economía el aumento de las tasas de interés, hoy casi en 70%.
La Argentina se encuentra sin dólares suficientes y el gobierno busca evitar una devaluación discreta. “Cuenta con instrumentos para hacerlo”, dice Equilibra, refiriéndose a mayores restricciones.
Pero la intensificación del cepo también será costosa. “El gobierno deberá lidiar política y administrativamente con las demandas y quejas del sector privado que necesita importar”.
En la Argentina hay faltantes de productos. A la falta de dólares se suma la prolongada medida de fuerza del Sindicato del Neumático (Sutna), que ya lleva 120 días. En la Argentina hay tres fábricas de cubiertas: Pirelli, con planta en Merlo, Firestone (Llavallol) y Fate (San Fernando). Entre las tres producen, en épocas normales, unas 500.000 por mes. Hoy hay un faltante de al menos 1,3 millones de cubiertas. Como sucede siempre, cuando la oferta escasea los precios suben. Hoy puede pagarse hasta 80% por una cubierta en Buenos Aires y esperar hasta cuatro meses.
“La recesión y la mayor inflación parecen inevitables entonces para la Argentina —dice Equilibra—, quedará latente la expectativa de una devaluación del dólar oficial”.
Así, todo indica que la Argentina está por delante de un largo desierto hasta abril de 2023, que es cuando ingresarán los dólares de la cosecha gruesa. Nada que no haya recorrido ya.
Por último, y no menor, una mención especial para el contexto internacional. La Argentina es una economía que depende de la marcha de la economía mundial, principalmente de Estados Unidos, China y Brasil. El mundo está delante de una desaceleración como producto de las secuelas del Covid-19 y de la guerra, que seguirá sintiéndose. También porque Estados Unidos enfrenta un proceso de aumento de las tasas de interés para bajar la tasa de inflación.
Como dice Borges en El otro, la historia del siglo XX de la Argentina es una repetición de la del siglo XIX.
“Buenos Aires, hacia 1946, engendró otro Rosas, bastante parecido a nuestro pariente. El 55, la provincia de Córdoba nos salvó, como antes Entre Ríos. Ahora, las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio. Cada día que pasa nuestro país es más provinciano. Más provinciano y más engreído, como si cerrara los ojos”.
En la Argentina no hay eventos que tengan probabilidad cero. La frase de Borges podría aplicarse quizá también para el siglo XXI.
* El autor de la nota es periodista y editor de Economía del diario Clarín. Especial para Búsqueda.