La economía parece dejar atrás el peor momento tras la crisis del Covid-19, mientras empresas pelean por su “supervivencia”

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Nº 2082 - 30 de Julio al 5 de Agosto de 2020

escribe Ismael Grau

Entre los datos diarios que miran las autoridades del gobierno está el consumo de electricidad y la venta de combustibles, y la lectura que hacen es que la economía se va reactivando. También otros indicadores de divulgación mensual refuerzan su idea de que el peor momento ya pasó —la recaudación de impuestos baja pero menos, hubo cierto repunte del empleo en mayo y el índice Líder de Ceres cortó en julio una racha de ocho meses de caída—, aunque algunos funcionarios son cautos y evitan cantar victoria porque saben que, si se disparan los contagios de Covid-19, podría ser necesaria una marcha atrás.

En estos tiempos de pandemia, lo que miran a diario los empresarios es cuánto dinero le entra a la caja y si alcanza para cubrir los costos —recortados en muchos casos afectando a sus empleados— y las deudas contraídas. Aunque el panorama es muy diverso, dependiendo del tamaño del negocio y la espalda financiera, algunos se angustian porque los números no cierran.

Muchas empresas arrastraban problemas antes de que el Decreto Nº 93 de “emergencia sanitaria nacional”, firmado por el Consejo de Ministros el 13 de marzo tras confirmarse los primeros casos de Covid-19 en el país, virtualmente cerrara las fronteras, prohibiera los espectáculos públicos e instara a reducir el contacto físico interpersonal. Es que en los últimos años el consumo de la población venía frenado y la inversión cayendo, en una economía estancada; eso, sumado a costos crecientes en varios sectores, hizo caer la rentabilidad. Según unos 2.000 balances de empresas —en general pequeñas y medianas— de los años 2018 y 2019 analizados por la consultora Exante, la cuarta parte o dieron pérdidas netas o tuvieron ganancias muy chicas, inferiores a 5% de su patrimonio. De todos modos, en el primer semestre del año no se produjo una corrida masiva de firmas hacia la figura del concurso para renegociar deudas con bancos o proveedores comerciales (hubo 35, incluso menos que los 41 de igual lapso de 2019, según el recuento que lleva la Liga de Defensa Comercial) ni se dispararon los incumplimientos ante la DGI o los entes, en parte porque hubo aplazamientos en los vencimientos. También los bancos tuvieron tolerancia para cobrar los préstamos ya dados y otorgaron nuevos para capital de giro —con el respaldo del recapitalizado sistema de garantías gubernamental—, por lo que la morosidad se mantuvo relativamente baja. La cartera crediticia más complicada es la de la industria de la construcción; en mayo un 5,6% estaba vencida, pero es un registro bajo si se compara por ejemplo con la morosidad de hace un par de años, superior al 15% (ver página 26).

Ese sector estaba en recesión desde hacía varios años y perdiendo puestos de trabajo; la crisis del Covid-19 encontró a la construcción empleando a poco más de 40.000 personas (frente a las 72.000 del pico de 2012). Después de un mes parada, esta industria retomó las obras a mediados de abril. El impacto para las empresas fue “dispar”, y la esperanza está puesta en convencer al gobierno de que impulse un “fondo de infraestructura” vial —bajo un modelo más ágil, en el que el Estado no sea dueño, sino que pague por la disponibilidad de la obra— y un plan de “vivienda popular” que no fracase, como ocurrió en intentos anteriores, dijo Pablo Bocchi, presidente de la constructora Berkes, en una charla vía web organizada el miércoles 29 por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

Para las firmas exportadoras, el problema de la pandemia llegó antes de que los uruguayos debieran acostumbrarse a usar tapabocas y muchos a trabajar desde su casa. China empezó a comprar menos después de que, en diciembre, apareció allí el SARS-CoV-2 y una provincia entera —con 17 veces la población de Uruguay— quedó en cuarentena. Luego también el Covid-19 comenzó a causar estragos sanitarios y económicos en Europa y otros mercados que son destinos relevantes para las carnes, granos, cueros y derivados de la madera uruguayos. Con cuarentena obligatoria en Argentina y una política sanitaria errática en Brasil, también cayó la demanda desde los vecinos.

Según datos proporcionados por el Instituto Uruguay XXI analizados por Búsqueda, casi 700 empresas mejoraron su performance exportadora entre el 1º de enero y el 24 de junio respecto a los mismos días del año pasado (al aumentar el monto de sus envíos o por haber exportado, cuando no lo habían hecho en 2019). Pero fueron más (501) las que redujeron los negocios —entre ellas, algunas de las mayores exportadoras del país, como Conaprole y varios frigoríficos— o que ni siquiera concretaron ventas (512), cuando en esos casi primeros seis meses del año pasado sí habían hecho ventas a clientes de fuera de fronteras (ver página 23).

En una reunión mantenida el miércoles 29 en la Cancillería con el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Bustillo, y la titular de Economía, Azucena Arbeleche, directivos de cámaras empresariales pidieron a las autoridades que ayuden a mejorar la competitividad, relataron a Búsqueda fuentes oficiales. La jefa del equipo económico les transmitió que ya se está yendo en esa dirección a través de medidas aprobadas en la Ley de Urgente Consideración y otras que se incluirán en el próximo proyecto de Presupuesto quinquenal, entre otras previstas.

Por otro lado, el miércoles 29 el Consejo Superior Tripartito —Poder Ejecutivo, empresarios y el PIT-CNT— definió que en un mes deberá tener sobre la mesa un informe que permita tomar medidas rápidas para preservar empleos y dar “sustentabilidad” a las empresas. Pero antes, el próximo lunes 3, volverán a conversar sobre esta temática.

Caída “a cero”

Gran parte del comercio volvió a la actividad, aunque los empresarios aseguran que debido a la retracción del ingreso de las familias y las medidas de precaución sanitaria las ventas están lejos de los niveles de la prepandemia, que tampoco eran los mejores. Si bien fueron pocos los locales de los shoppings que no reabrieron a partir del 9 de junio bajo los protocolos aprobados, “eso no significa que la crisis pasó”, ya que si no recuperan los volúmenes de actividad “alguno más va a fallecer”, dijo Carlos Lecueder, director del estudio Luis E. Lecueder, que administra media docena de centros comerciales (Búsqueda Nº 2.080).

En los servicios, en especial los enfocados al mercado interno, el panorama sigue complicado; muchos son emprendimientos unipersonales, familiares o con unos pocos empleados. Ante esta crisis “la gente dejó de realizar sus actividades cotidianas”, desde “arreglar el auto, la cortina o cortarse el pelo. Hay todo un sector de servicios pasando por un mal momento”, dijo a Búsqueda el presidente de la Asociación de Micro y Pequeñas Empresas (Anmype), Pablo Villar. Para algunos, la facturación “cayó a cero, literalmente”, y aún no se recuperó del todo con la reapertura de ciertas actividades; puso como ejemplo los transportistas de escolares que trabajan con los centros educativos públicos. Mencionó como otros giros en problemas al de los organizadores de fiestas y eventos, los talleristas y los food tracks.

Para muchos microempresarios, explicó, enviar personal al “seguro de paro” es inviable porque supone prescindir de alguien con determinada capacidad y eso distorsiona el funcionamiento del resto del negocio. A algunos los está ahorcando el alquiler del local, y si bien hubo corrimientos de vencimientos con el BPS o la DGI, fueron “irrisorios”, por unos pocos días, se quejó Villar.

En mayo, la Anmype le planteó por nota a la ministra Arbeleche —entre otras cosas— que se baje el impuesto a la renta empresarial de 25% a 10% para las micro y de 25% a 15% para las pequeñas firmas, y que el 50% del beneficio se destine a invertir en activos de capital; la gremial discrepó con la respuesta que dio la jerarca en cuanto a que las medidas de apoyo tomadas por el gobierno ya contemplaban algunos de sus reclamos.

“Dejar de perder”

“No es de llorón”, pero el turismo “es una de las actividades que con la pandemia ha sufrido más, sin duda”, aseguró Mario Garbarino, del estudio que administra los shoppings Punta Carretas, Costa Urbana y Las Piedras, además de presidente de las sociedades dueñas de varios hoteles, como el Sheraton de Punta Carretas y Radisson Colonia, al hablar el miércoles 29 en el foro virtual de ACDE. Como desarrollador, comercializador y operador de proyectos, dijo, se vio sorprendido por la dimensión de la crisis actual. “No nos encontrábamos preparados para esto; viví la crisis del 2001, la del 2008, pero como esta... La paralización que afectó nuestra industria, la verdad que nunca”, confesó.

Como en otros rubros, las dificultades venían de antes, en el caso del turismo debido a que, si bien seguían llegando argentinos y brasileños, gastaban menos ante los problemas económicos en sus países. Tras la emergencia sanitaria y el cierre de fronteras la demanda “cayó a cero”, ilustró ese empresario. “Pensamos que era por unos meses, pero se va a extender por más de un año”, por lo que “no es un momento de ganar, sino de dejar de perder y cuidar” al personal y a los clientes. Por eso, el “2020 y parte de 2021” será un “período de supervivencia”, lo que implica realizar una “gestión de costos como nunca antes” en el caso de los hoteles que administra, revisando “todos los contratos, de los más chicos a los más grandes” —como el mantenimiento de ascensores, TV cable, electricidad, telefonía— y con proveedores “para capear la crisis”. Así, se pasó de “presupuestos anuales” a elaborarlos “mes a mes”, enfocándolos en “dejar de perder operativamente” y lograr un “punto de equilibrio”.

Según Garbarino, la ayuda estatal en esta etapa fue “fundamental”, pero informó que los hoteles “de gran porte” —como el Sheraton, Enjoy o el Sofitel— “no pudieron salir del cierre (…) y no lo podrán hacer hasta que se abran” las fronteras, ya que su público principal son extranjeros.

La extensión del seguro de paro para los trabajadores del sector turístico es, para él, imprescindible. También lo será la actitud de los empleados y sus sindicatos, porque se “van a tener que flexibilizar las tareas: que un recepcionista pueda servir el café, y no que nos digan que esa es una multitarea que no puede realizar”. Este tipo de cosas son claves para “evitar un masivo cierre de las empresas”, aseveró. “Nos resistimos a tener que cambiar el giro de nuestros negocios”.

Contratapa
2020-07-30T00:00:00