Esto provocó malestar en los clubes, contra sus hinchas, pero también contra la Conmebol y especialmente hacia las autoridades gubernamentales y las instituciones deportivas brasileñas. Consideran que, más allá de la normativa y los principios morales que deben guiar la lucha contra la discriminación, el control de estas conductas se ha vuelto excesivo en un país donde las hinchadas visitantes a menudo son objeto de represiones policiales y detenciones arbitrarias.
“El racismo es un tema importante, me preocupa, pero me preocupan más los temas de xenofobia en Brasil, porque cuando vienen acá los tratamos como señores y cuando vas allá te matan a palos”, afirmó Eduardo Ache, actual directivo de Nacional y futuro integrante del Comité Ejecutivo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), entrevistado en marzo por Carve Deportiva.
Del racismo a la victimización
Las declaraciones de Ache fueron en respuesta a Leila Pereira, presidenta del Palmeiras. Uno de los clubes brasileños más exitosos nacional e internacionalmente en la última década, Palmeiras es también una de las instituciones más poderosas económicamente del continente, y su presidenta, una influyente empresaria. Dirige la financiera Crefisa y en 2021 se convirtió en la primera mujer presidenta del Palmeiras. En diciembre fue reelecta y en marzo realizó una sorpresiva advertencia: “La mayoría de los clubes brasileños sufren racismo en Sudamérica. La Conmebol necesita tratar este clima con la seriedad que merece, como lo hacemos aquí en Brasil, donde las leyes son muy estrictas. Dado que la Conmebol no es capaz de prevenir este tipo de crímenes, ¿por qué no pensar en unirse a la Concacaf? Solo entonces la Conmebol respetará al fútbol brasileño”, dijo a TNT Sports.
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Leila Pereira al asumir en diciembre de 2024 su segundo mandato como presidenta del Palmeiras
Fabio Menotti/Departamento de Comunicación de la Sociedade Esportiva Palmeiras
Su salida pública se dio luego de un partido entre Palmeiras y Cerro Porteño disputado en Asunción por la Copa Libertadores Sub-20, donde el delantero brasileño Luighi, de 18 años, fue víctima de actos racistas por parte de hinchas del equipo paraguayo. El futbolista se fue llorando de la cancha tras ser sustituido y la Conmebol multó con US$ 50.000 a Cerro Porteño más la prohibición de jugar sin público el resto del torneo.
En un comunicado, Palmeiras se pronunció “totalmente en desacuerdo con las sanciones extremadamente leves” aplicadas por la asociación sudamericana. Horas después, su presidenta planteó un movimiento que podría desequilibrar a la Conmebol en términos financieros, políticos y deportivos: la posible migración de los clubes brasileños a la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf).
Por razones administrativas y de normativas de la FIFA es una quimera que la advertencia de Pereira se convierta en realidad, pero no solo Ache decidió responderle. También lo hizo Ignacio Alonso, presidente de la AUF y un dirigente muy cercano al presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez.
“Sus palabras se tornan casi una falta de respeto para el fútbol sudamericano. Hay que llamar a la reflexión a los compañeros brasileños en cuanto a no emitir este tipo de declaraciones altisonantes totalmente irresponsables”, dijo Alonso sobre Pereira, y apuntó a los problemas de organización que los clubes brasileños tienen cuando son locatarios. “Hay una preocupación creciente para perseguir el fenómeno del racismo, pero observamos muchas veces que, del otro lado, del equipo brasileño y de las autoridades de gobierno brasileñas, no dan una respuesta que nos dé tranquilidad a la hora de jugar los partidos en Brasil”, dijo entrevistado por el canal Showsport de Córdoba, Argentina.
El presidente de la AUF estuvo en esa provincia para participar de una jornada sobre seguridad deportiva organizada por el Ministerio de Seguridad de Córdoba. Tras concluir su oratoria en la conferencia, Alonso aseguró que en Brasil los equipos uruguayos, argentinos y paraguayos han sufrido “todo tipo de persecuciones y de abusos, todo tipo de desguarnecimiento”.
“A veces uno ve una suerte de victimización por algunas cuestiones repudiables y muy aisladas, y en estos hechos mucho más masivos, organizados e institucionales no se pone tanto énfasis”, manifestó.
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Un aficionado de Peñarol exhibe un cartel que pide por la liberación de hinchas detenidos desde 2024 en Brasil por incidentes previo a un partido de Copa Libertadores
Daniel Rodríguez/adhocFOTOS
Alonso dijo a Búsqueda que sus declaraciones no representaban a la Conmebol ni tampoco eran una postura oficial por parte de los clubes uruguayos, sino que fueron “autónomas” porque se trata de un tema que le preocupa desde hace muchos meses. La falta de garantías en Brasil fue criticada en el pasado por el presidente de Peñarol, Ignacio Ruglio, quien ha reclamado la liberación de 22 hinchas de su club que fueron detenidos en octubre en Río de Janeiro, previo a un partido de Copa Libertadores contra Botafogo.
Peñarol denunció que se trató de detenciones indiscriminadas provocadas por la Policía Militar, que agredió e hizo reaccionar a los hinchas. El Tribunal de Justicia de Río de Janeiro acusó a los arrestados de delitos de destrucción de la propiedad pública, destrucción de propiedad privada, asociación criminal, hurto, rapiña, porte de arma de fuego, porte de armas blancas y actos de discriminación racial. Su representación legal está a cargo de Jorge Barrera, expresidente de Peñarol (2017-2020), quien informó el 29 de abril que solo queda un hincha en prisión. Doce permanecen en Brasil con medidas cautelares y el resto retornó a Uruguay. “Seguiremos hasta que todos estén en casa”, escribió Barrera en su cuenta de X.
A partir del caso, Ruglio conversó informalmente con dirigentes de clubes argentinos para generar un frente común en la Conmebol que reduzca la influencia de las instituciones brasileñas y las haga responsables de las fallas en la organización de partidos. No solo Peñarol ha sido parte de incidentes con agencias policiales de Brasil. En agosto, 21 hinchas de Nacional fueron detenidos por la Policía Civil de San Pablo debido a desmanes en un partido contra San Pablo por Copa Libertadores en el estadio Morumbi. En noviembre de 2023, previo a la final de la Copa Libertadores entre Fluminense y Boca Juniors en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, se registraron enfrentamientos entre hinchas argentinos y brasileños en la playa de Copacabana; la Policía Militar de Río de Janeiro intervino con gas pimienta y gas lacrimógeno para arrestar a los simpatizantes de Boca Juniors.
La propia selección nacional de Argentina fue protagonista de un suceso de este tipo. También en noviembre de 2023 y en el mismo estadio Maracaná, se produjeron incidentes mientras se entonaban los himnos nacionales del partido Brasil-Argentina por las Eliminatorias al Mundial 2026. Se desató una pelea entre hinchas locales y visitantes, el partido se retrasó, la Policía reprimió y los futbolistas argentinos, liderados por su capitán Lionel Messi, fueron hasta la tribuna para intervenir y tratar de calmar la situación.
El nuevo grupo de trabajo de la Conmebol
En 2022, la Conmebol modificó su Código Disciplinario “debido al preocupante aumento en el número de infracciones cometidas por los aficionados, en materia de discriminación, específicamente racismo”, según informó en un comunicado. Desde entonces, el artículo 15 establece que cualquier jugador u oficial que insulte o atente contra la dignidad humana de otra persona o grupo de personas, por cualquier medio, por motivos de color de piel, raza, sexo u orientación sexual, etnia, idioma, credo u origen, será suspendido por un mínimo de 10 partidos o cuatro meses.
En el caso de que sea un hincha quien cometa la misma infracción, el club al que este aficionado pertenece será sancionado con una multa de al menos US$ 100.000. Si hay reincidencia, el club infractor podrá ser sancionado con US$ 400.000. Además, las instituciones también quedan sujetas a jugar uno o varios partidos a puerta cerradas, el cierre parcial de su cancha y la exhibición de mensajes en contra de la discriminación.
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La Conmebol aumentó protocolos para combatir el racismo, como la presencia de carteles publicitarios en los partidos
Daniel Rodríguez/adhocFOTOS
Peñarol, por ejemplo, fue multado con US$ 100.000 por hechos racistas que sus hinchas realizaron en octubre en Río de Janeiro, durante el partido de ida de las semifinales de la Copa Libertadores ante Botafogo que previamente había terminado con 22 uruguayos detenidos. En el partido de vuelta, los futbolistas salieron con una pancarta con la frase “basta de racismo”, y en la pantalla gigante del Estadio Centenario se emitieron imágenes del mismo tenor. También el club debió activar en sus redes sociales oficiales una campaña comunicacional contra la discriminación.
Algo similar sucedió con Nacional en junio de 2023, cuando recibió en el Gran Parque Central al Inter de Porto Alegre por la Copa Libertadores. Un hincha menor de edad hizo gestos racistas, la Conmebol multó al club con US$ 100.000 y Nacional organizó, por propia iniciativa, un taller contra “el racismo y la xenofobia en las tribunas”, a cargo del abogado Juan Pablo Castro.
En abril, la Conmebol amplió sus medidas de combate al racismo al crear un grupo de trabajo (task force, por su nombre oficial) encabezado por el exdelantero brasileño Ronaldo. Este equipo, integrado por juristas de la región y anunciado en Asunción con la presencia de autoridades de gobiernos sudamericanos, trabajará en el desarrollo e implementación de estrategias para erradicar el racismo, la discriminación y la violencia en el fútbol sudamericano. “Su misión será diseñar políticas eficaces y establecer mecanismos de prevención y sanción que contribuyan a erradicar estas conductas que afectan tanto al deporte como a la sociedad”, informó la Conmebol.
El grupo fue creado días después de una insólita polémica protagonizada por Domínguez, el presidente de la Conmebol. Domínguez condujo el 17 de marzo el sorteo de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana, donde dio un contundente mensaje de lucha contra el racismo. Tras el evento, en rueda de prensa, fue consultado por los dichos de Pereira, la presidenta de Palmeiras. Una Copa Libertadores sin equipos brasileños “sería como Tarzán sin Chita”, contestó el dirigente sobre el hipotético ingreso de clubes brasileños a la Concacaf.
Equipos de Primera, Segunda y Tercera División de Brasil repudiaron sus dichos con una carta en la que calificaron la analogía de Domínguez como “claramente racista” y “una total insensibilidad hacia cuestiones extremadamente urgentes”.
Desde entonces, el presidente de la Conmebol optó por el silencio público e impulsó en la interna de la Conmebol la creación del task force contra el racismo y una campaña de concientización: antes de los partidos de la primera fecha de Copa Libertadores y Copa Sudamericana los futbolistas de ambos equipos se posicionaron en una media luna en el círculo central, con el árbitro en el centro mirando hacia las cámaras, durante 20 segundos de inacción. “La iniciativa busca enviar un mensaje rotundo: ¡Basta ya!”, explicó la Conmebol, que coloca en los encuentros vallas publicitarias con un mensaje similar.