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    El Banco Central mantiene “activa” su agenda contra la “popular” dolarización

    Gerardo Licandro, gerente de Asesoría Económica del BCU, dice que es un fenómeno “muy difícil de cambiar” y aboga por el desarrollo de un mercado en moneda doméstica”, mientras el presidente del organismo anuncia propuestas

    Con la inflación situada en poco más de 5% anual y la promesa de abatir el nivel de precios como uno de sus caballitos de campaña, el candidato presidencial blanco, Álvaro Delgado, llegó a la definición electoral en la segunda vuelta prevista para fin de noviembre. Para el economista Gerardo Licandro, el intento actual de estabilización es un capítulo más en una historia que todavía Uruguay está escribiendo: “Para nosotros, el tema de la inflación todavía no está terminado (...) y esto está vinculado a la dolarización” de la economía.

    Junto con Diego Labat, quien presidió el Banco Central (BCU) desde el inicio del actual gobierno y hasta que renunció a mitad de año para ser el designado ministro de Economía de un eventual gobierno de Delgado, Licandro lideró una campaña bancocentralista que buscó posicionar el peso uruguayo como una “moneda de calidad”, en la que confíe la gente; es una idea que, años atrás, había tenido otros promotores dentro de la autoridad monetaria. Pero ese impulso desdolarizador entró en pausa cuando, a raíz de la pandemia de Covid-19, la inflación —que erosiona el poder de compra del peso— subió a escala mundial y también en Uruguay. Después, la tasa anual de aumento del Índice de Precios al Consumo (IPC) cedió y desde junio de 2023 se metió dentro del rango de 3% a 6% fijado por las autoridades como objetivo. Pero aquella agenda pareció pasar a un segundo plano.

    El presidente del BCU, Washington Ribeiro, declaró, sin embargo, a Búsqueda que “la agenda sigue activa. Estamos en el punto en que la inflación perseverantemente baja tiene que conducir a que se procese un cambio cultural asociado a que los uruguayos sintamos que el peso protege nuestros ahorros”.

    En los 12 meses a setiembre, el IPC acumuló un incremento de 5,32%.

    La “clave” fiscal

    A mediados del mes pasado, Licandro —gerente de Asesoría Económica del BCU— disertó en las Jornadas Monetarias y Bancarias organizadas por el Banco Central de Argentina en un panel junto a Adrián Armas, su par de Perú; hablaron sobre los desafíos de estabilizar en las economías bimonetarias. En el Central uruguayo, el peruano ha sido visto como un caso del cual se pueden recoger lecciones en materia de desdolarización.

    El economista tituló su presentación Uruguay: una historia de estabilización de la inflación y desdolarización en tres (?) pasos. Desde la “inflación crónica” de mediados del siglo pasado, historió allí sobre los intentos para contener el ritmo de incremento de los precios minoristas hasta llegar a la etapa presente. Según él, en esa perspectiva de largo plazo, “la clave número uno” para llegar a una inflación “baja y preservarla” en ese estadio es “tener un ancla nominal fuerte” en las finanzas públicas, para evitar la necesidad de recurrir al financiamiento vía monetaria.

    Aceptó que, para una economía como la uruguaya, cierto grado de uso del dólar es inevitable; “por más que uno haga reformas, la dolarización va a permanecer”. Añadió: “Una vez que tenés dolarización, la dolarización está acá para quedarse”. Como explicación, señaló: “La dolarización es popular, a la gente le gusta, y tiene sentido. (...) Un argumento fundamental es que la riqueza de los hogares es una riqueza no transable; tanto el capital humano como la propiedad de vivienda son activos no transables, por tanto, el dólar es un buen hedge (cobertura) contra la concentración de riqueza en el sector no transable. Eso es muy difícil de cambiar cuando el sector privado lo conoce; en la mayor parte de los países del mundo no conocen eso, pero nosotros acá sí lo conocemos”. En el caso de las empresas, dijo, la dolarización de su actividad “es más transaccional, (lo) que tiene sentido también. Las firmas necesitan dólares en economías pequeñas y abiertas”.

    “Está bien que algo de dolarización tenga que pasar, pero también tenemos que tener presente que reducir la fragilidad financiera derivada de la dolarización no es suficiente. Eso lo muestra la experiencia de Uruguay hasta el 2020. Bajamos la inflación, hicimos todas las reformas regulatorias, eliminamos los descalces de moneda en el sector público y privado, pero la evidencia (de la) que disponemos es que la ausencia de financiamiento en moneda doméstica es un problema para una economía pequeña y abierta que tiene shocks asimétricos con Estados Unidos. Cuando se dan (shocks), la moneda doméstica cumple un papel de hedge contra eso; cuando a la economía le va mal, el tipo de cambio salta, y si tengo la deuda dolarizada, también es más caro el financiamiento de las empresas”, se explayó. En ese sentido, sostuvo que las firmas uruguayas “afectan su gestión física, y afectan su productividad también” y, por eso, “no tener un mercado en moneda doméstica es un obstáculo al crecimiento” económico. “Por lo tanto —machacó—, hay que vivir con la dolarización, pero también hay que pensar en el desarrollo de un mercado en moneda doméstica”.

    Licandro aseguró que, tras la crisis bancaria del 2002, Uruguay “revisó toda la regulación financiera para eliminar subsidios que hubiera a la dolarización”, lo cual ayudó a reducir la “fragilidad financiera” y los “descalces del sector privado desaparecieron”. Por su lado, en el sector público, con la acumulación de reservas, la posición de monedas es hoy “ligeramente comprada en dólares”. Sin embargo, esos cambios regulatorios no contribuyeron “al desarrollo del mercado en pesos; hay que tomar medidas específicas”.

    Dólares “en la cabeza”

    En su exposición en el evento en Buenos Aires, el economista comentó que en la Encuesta Financiera de los Hogares se sondeó la “dolarización que tiene la gente en la cabeza”. A la pregunta de “qué parte de la totalidad de los activos financieros se encuentra en pesos uruguayos (incluyendo unidades indexadas)”, la tercera y última edición (2017) aseguró que aproximadamente la mitad están en moneda nacional y cerca de un 30% respondió que “nada”.

    A partir de ese “proxy de la dolarización cultural”, el BCU infirió una relación en particular con el “pricing” de las viviendas, sostuvo Licandro. “La permanencia del pricing en moneda extranjera tiene un efecto sobre la forma en que ahorran los hogares y trabajan las empresas. Si un hogar tiene que comprar una casa en dólares, va a ahorrar en dólares, eso es difícil de cambiar”.

    E interpretó este fenómeno: “En el fondo, hay que tener presente que la moneda es, desde el punto de vista de la micro, lo que podríamos llamar un equilibrio de coordinación; nadie tiene incentivo a moverse de forma idiosincrásica de ese equilibrio, incluso” aunque “haya una situación que fuera mejor para todos, como es un equilibrio de coordinación. Lograr que la gente se cambie es difícil”.

    “Si tenemos que pensar en una política para reducir la dolarización desde una perspectiva de mercado, tiene que ser una política más activa. Si vamos a solucionar un problema de coordinación, necesitamos convencer a la gente de la necesidad del cambio y generar un dispositivo de coordinación, un incentivo que los cambie de un equilibrio al otro”, planteó.

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    El presidente del Banco Central argentino al inaugurar las Jornadas Monetarias y Bancarias 2024

    El presidente del Banco Central argentino al inaugurar las Jornadas Monetarias y Bancarias 2024

    Más allá de eso, el economista evocó otra vez la Encuesta Financiera de los Hogares para hablar de “una ventanita de esperanza, en el sentido de que los jóvenes tienden a estar menos dolarizados que los viejos, (desde el) punto de vista cultural”, lo que lo lleva a pensar que “la renovación de generaciones va a ir favoreciendo la desdolarización”.

    Ribeiro dijo a Búsqueda que el BCU “sigue el diálogo” con actores de la construcción e inmobiliario, un mercado donde, al igual que el automotor, los negocios se hacen casi exclusivamente en dólares. “Seguramente generemos un documento con propuestas en los próximos meses”, adelantó el jerarca.

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