El nuestro es un país con una clase media bastante extendida. De los que se ubican a los extremos de la escala socioeconómica, los pobres tienen su propia estadística oficial: son el 9,1% en la medición que considera si la plata alcanza o no para acceder a una canasta básica de bienes y servicios, y son casi 19% los que tienen carencias o “privaciones” en cuatro o más de los 15 indicadores relativos a la educación, las condiciones habitacionales, los servicios básicos del hogar, la protección social y el empleo (los llamados pobres “multidimensionales”). En cambio, el estrato alto es más difuso; no existe una “línea de riqueza” que cuantifique a los más pudientes, aunque algunas investigaciones les han puesto números. ¿Es posible ponerles “cara” a nuestros “ricos”?
En esta entrega de Detrás de los números intento hacer una caracterización de ese 1% más rico al cual el PIT-CNT y algunos legisladores frenteamplistas proponen aplicarles un tributo para financiar políticas contra la pobreza infantil. Mi aproximación, esta vez, no le hace justo honor al nombre de esta newsletter: no abundan estadísticas públicas que puedan relacionarse con nuestros “ricos” de manera rigurosa. Soy Ismael Grau, editor de Economía en Búsqueda y parte de ese otro 99% de los uruguayos.
De estudios hechos por investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, como Mauricio De Rosa, surge que, en Uruguay, aproximadamente unas 25.000 personas poseen un patrimonio neto por encima del millón de dólares, aunque dentro de ese grupo son pocos los que tienen fortunas muy grandes (en la famosa lista de la revista Forbes solo han figurado los dos milmillonarios fundadores del “unicornio” fintech dLocal). Según esos trabajos académicos, en conjunto, todos estos ricos acumulan algo más de un tercio del patrimonio total del país.
Por su lado, el banco suizo UBS calcula que son 17.675 quienes tienen al menos US$ 1 millón de patrimonio neto de deudas, como recogí en esta reciente nota en Búsqueda. La cifra aumentó respecto al año previo.
Investigaciones como la de De Rosa y sus colegas académicos se basan en registros de declaraciones de impuestos de los contribuyentes, que, si bien son innominados y no identifican a cada individuo, les permiten inferir algunas cosas. Estos ricos son mayormente varones, cobran sueldos altos, aunque una parte de sus patrimonios provienen de las ganancias que reciben como dueños de empresas y de rentabilidades por colocaciones financieras en el exterior (los residentes en Uruguay tienen depósitos afuera por unos US$ 62.000 millones, según datos del Ministerio de Economía que consigné en esta otra nota).
¿Quiénes son nuestros ricos?
Para esta newsletter consulté a algunos empresarios que están en la bolsa del 1% o que conocen a alguno, así como a colaboradores, asesores y consultores para tratar de perfilar a los ricos; están entre nosotros, y salvo excepciones, como buenos uruguayos, no calzan en el estereotipo del millonario pavoneándose con su fortuna. De hecho, más de uno me aseguró que se siente y cree que actúa como una persona corriente.
Varios con los que hablé plantearon el punto válido de que es discutible con cuánta fortuna se es rico. Uno señaló que un millón de dólares de patrimonio se alcanza sumando una buena casa en un barrio residencial, otra segunda de veraneo, algunas hectáreas de campo, un auto relativamente caro y colocaciones financieras, por ejemplo.
Hechas esas disquisiciones, estimaron que algunos miles de personas tienen uno o dos millones de dólares de patrimonio, pero que hay pocos muy ricos en Uruguay; estos son “el 1% del 1%”, acotó uno. “Serán 50 tipos los bien despegados”, agregó otro.
Lo que me dijeron, en línea con esos trabajos académicos que mencioné, es que nuestros ricos son mayoritariamente empresarios. Algunos están vinculados a grandes compañías (que, de manera coincidente, representan el 1% de las empresas en Uruguay; el resto son mipymes), ya sea como dueños o como gerentes de multinacionales “del C-level” —como el CEO (sigla en inglés de director ejecutivo), el CFO (director financiero) y el COO (director de operaciones)—. Varios están en los agronegocios, un rubro con activos fijos valiosos pero “¿con qué renta?”, plantearon. También son ricos algunos profesionales exitosos —mencionaron a cirujanos de alto grado y abogados independientes— y varios futbolistas, en particular los que hicieron carrera y plata en el exterior (entre los residentes en el país, Diego Forlán fue puesto como ejemplo).
De la información pública surge que varios políticos superan el umbral del millón de dólares. Entre las últimas declaraciones juradas presentadas a la “junta anticorrupción”, el líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, poseía unos US$ 4 millones (cuatro apartamentos, una casa y dos chacras, entre otros activos) y el ahora presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado, entró por un pelo en la categoría de millonario; en esta nota de Búsqueda están las cifras con más detalle.
Varios ministros del anterior gobierno declararon en su momento tener patrimonios personales o familiares mayores al millón de dólares, y es probable que alguno del actual gabinete sea parte del 1% más rico.
Vida de ricos
En general, las familias uruguayas con altos patrimonios van a la educación privada, se atienden en mutualistas o servicios médicos VIP, frecuentan cierto circuito de restaurantes, y se los asocia con deportes como el rugby, el golf y el tenis. Uno me mencionó el Carrasco Lawn como un lugar de encuentro “típico”.
Algunos viven en barrios privados (en ese con nombre asociado a la molienda para panificados o en otros con perfil más bajo). Varios tienen casa o apartamento en el eje Punta Ballena-José Ignacio, aunque los “más descontracturados” veranean en balnearios como La Pedrera. Según lo que me dijeron, algunos hacen viajes de placer a sitios “exóticos” y buscan experiencias intensas (como tirarse en paracaídas o escalar el monte Everest).
Su nivel de gasto es alto y se dan gustos caros, pero no necesariamente ostentosos. El yate es una excentricidad —habrá “50 o 60”, especuló uno de los consultados—, mientras que un empresario, ahora retirado de los negocios financieros, tiene helicóptero.
Una élite de bajo perfil
Para doctorarse en Ciencia Política por la Northwestern University (Illinois, Estados Unidos), la uruguaya Pilar Manzi entrevistó a varios integrantes de nuestra “élite económica” para saber qué piensan sobre el desarrollo social y económico, y respecto de la pobreza y los impuestos. Como consigné en esta nota publicada el año pasado, esta profesora e investigadora en la Universidad de Chicago señala que, en un país con una “retórica profundamente arraigada de una sociedad igualitaria, donde ‘nadie es más que nadie’ y que, por tanto, mira la riqueza con desconfianza, al tiempo que proclama su preferencia por lo social/estatal en las formas de propiedad y producción”, el resultado es una “élite económica de perfil bajo y riqueza modesta en comparación con la región y el mundo, tradicionalmente asociada a la propiedad de la tierra pero ahora más diversificada”.
Integrantes de esa élite sienten una “actitud generalizada contra la riqueza en la cultura uruguaya”, según esa investigación. Eso es algo que escucho mucho que enoja a quienes llegaron a ser parte del 1% por ser empresarios, ya que, sostienen, son generadores de valor, no solo para ellos. “Yo trabajé toda la vida como un perro y soy del 1%, pero tener guita en Uruguay es un pecado”, me comentó uno de ellos.
Antes de despedirme te recomiendo lectura de Búsqueda: esta nota de Federico Castillo con la historia y el presente de los expresos de Guantánamo que llegaron a Uruguay en 2014, por lo revisteril y fuera de los temas de nuestra, a veces, monótona coyuntura informativa.
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