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    Uruguay seguirá avanzando en reformas de la gestión estatal, pero en “slow motion”, opina Conrado Ramos

    El exdirector de la ONSC y actual secretario general del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo impulsa la instalación de una oficina de representación de ese organismo en el país

    Después de intentos de reformas en el Estado uruguayo con resultados parciales, el último en el gobierno de la coalición multicolor como director de la Oficina Nacional del Servicio Civil (ONSC), Conrado Ramos asumió en 2024 una función internacional, como secretario general del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD), donde también ha empujado una reestructura interna y un reposicionamiento externo. El organismo estaba “muy devaluado”, sostiene.

    Creado en 1972, el nombre del CLAD responde al origen de los tres fundadores —México, Perú y Venezuela—, si bien su membresía actualmente va más allá de la región y abarca a un total de 24 países, incluidos España, Portugal y Angola. Su cometido estatuario es fomentar redes y análisis, así como el intercambio de experiencias y conocimientos orientados a la modernización de las administraciones públicas. Pero Ramos aclara que el foco está dejando de estar en “temas meramente administrativistas, aunque siguen siendo muy importantes, como la reforma del Estado en sí misma o la profesionalización del servicio civil”, para también prestar atención a la problemática que plantea el “cambio de época” actual: el “descontento ciudadano”, la “crisis de los partidos”, las figuras políticas que aparecen y luego quedan con apoyos “en el aire” y los “populismos de izquierda y de derecha”.

    Frente a ese panorama, afirma: se necesitan “sectores públicos que se reinventen de alguna forma. Lo que pasa es que América Latina tiene una debilidad de estatalidad muy fuerte. ¡Europa pasó siglos creando estatalidad, y nosotros queremos reinventar nuestra realidad sin tener a veces buenas fundaciones! Entonces, siempre están las tentaciones de los (poderes) ejecutivos todopoderosos”. Sobre esos cimientos y objetivos trabaja el CLAD: “A nosotros nos toca picar piedra, es decir, cómo modernizamos la gestión para apoyar el desarrollo de la democracia” prestando atención a cuestiones como el uso de la inteligencia artificial en los Estados o la reducción de la “brecha digital” entre los funcionarios.

    Respaldado por la actual presidenta del Consejo Directivo del CLAD —la ministra de Gestión e Innovación en Servicios Públicos de Brasil, Esther Dweck—, el uruguayo pretende darle “capilaridad” geográfica a este organismo, que tiene su sede en Caracas, la capital de una Venezuela “muy aislada”. Esa estrategia supondrá abrir próximamente una oficina de representación del CLAD en República Dominicana e instalar otra en el Parque Tecnológico de Canelones, “para atraer un poco la región a Uruguay y para que Uruguay también se posicione en la región”, dijo Ramos a Búsqueda.

    El “slow motion” uruguayo

    Antes de llegar al CLAD, Ramos —un cientista político especializado en gestión pública— pasó de la academia a ocupar cargos de gobierno en el primer gobierno del Frente Amplio y después, ya vinculado al Partido Independiente, dirigió la ONSC en los primeros años de la administración de Luis Lacalle Pou. Desde ese último cargo promovió una reforma de la carrera administrativa que terminó en una ley que no llegó a implementarse, así como un nuevo régimen de certificaciones médicas en el Estado, entre otras cosas.

    Con los lentes de politólogo, señala que, en materia de reformas en la gestión pública, Uruguay ha tenido en las últimas décadas un “ritmo de avance y discontinuidades, con heterogeneidades”. Entre los temas que cuesta modificar menciona como ejemplo las disparidades salariales y de compensaciones existentes dentro de la administración central. Son reformas que encuentran “muchos puntos de veto” y al país “le cuesta sacarse el velo”, aunque “en otras avanza”, como en la implementación del legajo digital de los empleados públicos.

    También anota entre los logros los cambios al régimen de certificaciones médicas. “Nuestro proyecto, con mayor negociación colectiva —que es necesaria—, va a terminar aplicándose”, celebra, aludiendo al reciente acuerdo entre el Poder Ejecutivo y la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE). Ramos opina que esto debe ir “acompañado de una buena estrategia de salud laboral” porque, más allá del “ahorro económico” por bajar el ausentismo, considerar aspectos como la sanidad mental es una forma de mostrar que “el Estado se preocupa” por sus funcionarios.

    Está convencido de que en el Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa) se avanzará: “He hablado con Jaime Saavedra y sus asesores, me gustan las ideas que se están desarrollando; son áreas muy áridas para avanzar”.

    El Ministerio del Interior, confía Ramos, puede “ir hacia un modelo eficiente pero humanista de combate a la inseguridad” y, si lo logra, “sería un muy buen ejemplo, en contraste al modelo (del presidente de El Salvador Nayib) Bukele. Nos están mirando de afuera a ver cómo nos va en esa materia”. Sostiene que en esa área se “puede avanzar” y para hacerlo “se va a necesitar mucha gestión” y, entre otras cosas, se precisará “rearmar la carrera en la Policía, en el sistema nacional de rehabilitación”.

    “Para un organismo internacional como el CLAD, lo más interesante es analizar las reformas planteadas de corte humanista en materia de seguridad y cuánto se avanza en innovación, transformación digital y aplicación de la inteligencia artificial”, señaló.

    Optimismo y gradualismo

    El secretario general del CLAD entiende que, con la actual administración del Frente Amplio, no hay “un gran paquete que esté anunciado, como en República Dominicana, que tiene un Ministerio de Administración Pública muy potente concentrando (temas de) digitalización, de función pública, de reestructuras organizativas”. Y agrega: “Acá tenemos restricciones fiscales y se va avanzando, diría, a la uruguaya” o en “slow motion”. Dicha caracterización la atribuye a las transformaciones de las últimas décadas.

    “Que un funcionario pueda hacer lo mismo con diferencias salariales abismales con respecto al otro y que no tenga mucho sentido hacer carrera administrativa sigue pasando en Uruguay. Eso no es weberiano, es pseudoweberianismo, pero con ámbitos en donde hay innovación y hay, diría, modelos, o por lo menos diseños de modelos de evaluación bastante sofisticados, todavía no implementados, pero están. Uruguay piensa, tiene ideas, lo que pasa es que los consensos, como lo demuestra lo de las certificaciones médicas, no son fáciles de lograr, no son rápidos, no es por decreto, como se puede gobernar en otros lados. Eso hace que los pasos sean cortos, y capaz uno mira la realidad internacional y la necesidad de innovación y de profesionalización” y piensa que urge una mayor velocidad.

    Ramos entiende que el actual gobierno “mantiene un estilo gradualista” en términos de reformas en el sector público. Sostiene que eso, en palabras del politólogo Jorge Lanzaro, es “típico de un presidencialismo pluralista, donde predomina la búsqueda de acuerdos”. En ese sentido, es optimista “con el rumbo que viene mostrando”, aunque no espere “cambios drásticos en la matriz de gestión pública”. “Quizás haya profundas transformaciones en algunos enclaves, aunque sujetos a restricciones fiscales importantes”.

    Su relativo optimismo se basa, entre otros aspectos, en que cree que el Ministerio de Economía tiene un equipo técnico “muy sólido”, que la Oficina de Planeamiento y Presupuesto también cuenta con “cuadros muy potentes, preocupados por los temas del desarrollismo”, y que la ONSC está respaldada por mucho apoyo político. “Es fundamental, porque si no siempre es una pata débil de las reformas”.

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