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Un pintor que vivió entre asilos, manicomios, la calle y la protección de su mejor amigo cuenta su peripecia durante una hora. Fascina, conmueve y genera “algo mágico”. La obra que cuenta la vida del artista plástico Raúl Javiel Cabrera (1919-1992), conocido como Cabrerita, se estrenó en 2005, estuvo en cartel durante varios años, fue aplaudida en varios países de Sudamérica y Europa y se ha mantenido viva durante estos 20 años, al menos con una o dos funciones por temporada. Cabrerita, unipersonal escrito y dirigido por Eduardo Cervieri e interpretado por Carlos Rodríguez, que ganó el Florencio al Actor y al Texto de autor nacional, volverá a los escenarios el jueves 31 a las 20.30 en el Teatro del Notariado (entradas en RedTickets). En su casa del Cordón, donde instaló una hermosa barra de boliche a la que bautizó Bar Maldonado, para recibir a sus amigos y hacer funciones íntimas de sus espectáculos, el director teatral montevideano que se fogueó en el Teatro Circular y que el año próximo cumple 50 años de carrera contó a Búsqueda la historia de su obra más exitosa.
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La génesis de Cabrerita tiene que ver con el gusto de Cervieri por la pintura y el dibujo, que también lo llevó a dirigir varias adaptaciones de cuentos de Roberto Fontanarrosa. Esa afición lo motivó a inscribirse en Bellas Artes, donde cursó varios años. “Un día nos mostraron una obra de Cabrerita y de inmediato me fascinó el trazo, esa libertad expresiva que comunicaba su pintura. También cuando alguien te muestra una obra suya, inevitablemente viene con toda la información sobre su vida. Entonces, fascinado por su arte y conmovido por su peripecia, pensé de inmediato en que ahí había una obra de teatro”. De inmediato Cervieri comenzó, con la ayuda de su hijo Ignacio, a recopilar información sobre el pintor. Rápidamente dieron con Lucy Parrilla, hermana del poeta José Parrilla, quien fue el mejor amigo del pintor. “Lucy era pedicura, la fuimos a ver al local donde trabajaba en una galería céntrica, y cuando le preguntamos por Cabrerita, nos respondió: ‘Ya le dije a todo el mundo que no quiero hablar más sobre ese tema’. Y cuando nos dimos vuelta para irnos, nos dijo: ‘Pero con ustedes voy a hablar, no sé por qué’. Entonces se transformó en la principal fuente de información para la escritura de la obra”.
La familia Parrilla fue el principal sostén de Cabrerita, quien pasó durante buena parte de su vida entre asilos y la calle. Entonces gracias a la hermana del poeta, Cervieri fue conociendo el frondoso anecdotario biográfico del pintor. “Cabrerita pintaba en el Sorocabana y cambiaba las pinturas por un café con leche. Y en los bares conoció a los personajes de la bohemia artística montevideana. Cuando Parrilla se fue a vivir a Barcelona le pidió a su hermana: ‘Te dejo a Cabrerita, cuidalo como si fuera yo’. Por eso ella lo conoce tan bien, porque lo tuvo en su casa durante muchos años. Fue quien más lo quiso”. Luego Parrilla lo llevó consigo a vivir un tiempo en París, donde se vinculó con el esterismo, movimiento que fundó y promovió Parrilla, inspirado en Ester, la prostituta de El pozo, de Onetti. En esa estadía parisina, Cabrerita pintó varios centenares de obras.
Luego de varios años de investigación —casi una década— Cervieri logró redondear el texto de la obra, que concibió como un unipersonal en el cual el propio artista cuenta su vida, en primera persona. “Yo había hecho solo un trabajo con Carlos Rodríguez, por los 400 años del Quijote, y cuando pensé a quién le podía ofrecer la obra pensé en él. Se la di a leer, lo hizo y me respondió: ‘Eduardo, con esta obra vamos a hacer cuatro funciones. Pero quiero hacerla (ríe). Así arrancamos, y después de 20 años la seguimos haciendo’”.
Cabrerita cuadro
Obra de Cabrerita (sin título)
En su obra Cabrerita, Cervieri dividió la obra en tres partes. “Primero, quise mostrar cuando pintaba en el Sorocabana, esa época de juventud y de libertad, de pintar en la calle y de dormir en cualquier lado. Eso se escenifica con esta mesa (señala una mesita de café, redonda y pequeña, que tiene en su propia casa). Luego, sus más de 30 años de internaciones en el Vilardebó y en la Colonia Etchepare, representadas en una cama. Y la tercera etapa es su vejez, en Santa Lucía, en la casa de la señora Luchinetti, después de las internaciones. Esa mujer lo acogió y le dio un cuartito para que durmiera y pintara. Gracias a ella pudo tener un buen final de su vida”.
No hay videos ni grabaciones de Cabrerita. Solo unas pocas fotos. No conocemos su voz y su gestualidad, lo cual permitió a Rodríguez una composición más libre e imaginativa del pintor, nada apegada a una imitación de algo conocido. Así describe Cervieri el trabajo interpretativo del actor: “Solo sabíamos que Cabrerita era menudo y flaquito. No queríamos hacer una imitación fotográfica, queríamos capturar la vivencia. Carlos tiene una facilidad impresionante para transformarse y pasar de estar encerrado y torturado en la Etchepare a estar encendido por la inspiración, invocando a la Luna para pintarla en una hoja. En la piel de Cabrerita se convierte en un narrador que le cuenta su vida al público”.
Cabrerita2
Carlos Rodríguez en Cabrerita
Difusión 'Cabrerita'
Cervieri cuenta que cuando Lucy Parrilla conoció a Rodríguez antes del estreno, le pareció que Carlitos no podía ser Cabrerita. “‘No tiene nada que ver’, dijo. Le hicimos un preestreno para ella sola y después de verla tenía los ojos llorosos. Al salir se secó los ojos, se recompuso y nos dijo: ‘Hoy volví a ver a Cabrerita’”.
La obra se estrenó en la sala 2 del Teatro Stella. “El bar Tasende nos prestó una mesa y La Tortuguita, que está frente al teatro, nos prestaba las sillas por el rato de las funciones. Al terminar cruzábamos a devolvérselas (ríe). Al principio fue todo así. Y fue maravilloso. Al año siguiente viajamos por todo el interior profundo, en dos giras increíbles. Primero recorrimos el país entero, y después seguimos de largo: Barcelona, París, Londres, con traducción simultánea al inglés, algo fantástico, y casi toda Sudamérica. Estuvimos en festivales de Chile, Argentina, en la ciudad de Azul (provincia de Buenos Aires), en el festival de Porto Alegre, en Quito, Venezuela, fuimos tres veces al festival de La Paz, donde impactó tanto la primera vez que nos invitaron dos veces más. Salvo Colombia y Paraguay, estuvimos en todos lados”.
Eduardo Cervieri2
El Bar Maldonado, museo personal de Eduardo Cervieri
Javier Alfonso
La función de Cabrerita en París hizo que una espectadora francesa llamada Fernande Dalézio, que había sido alumna de Parrilla en esa ciudad, ofreciera una colección de 100 cuadros de Cabrera que tenía en su poder y quería donar al Estado uruguayo. A su regreso, Cervieri gestionó el ofrecimiento, lo cual hizo posible una exposición montada por el Museo Nacional de Artes Visuales en marzo de 2018.
Para Cervieri, la obra provoca “algo muy especial, medio mágico”. Dice que “siempre” ha provocado “una cosa extraña” en el público que la ve. “Es una mezcla de fascinación, humor y conmoción por ese personaje que está al límite de todo, de la existencia, de la locura, de la belleza y de la creación, porque no puede parar de crear. Era incontenible, lo desbordaba. No podía parar de crear. Si no tenía pintura, dibujaba con fósforos apagados”.