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Álvaro Delgado se estrenó como candidato y prometió un “segundo piso” de cambios
Salteando la disputa interna del Partido Nacional, apuntó en su discurso a la elección presidencial y se expuso como el líder para “reelegir” a un gobierno de modelo “exitoso”
Precandidato presidencial del Partido Nacional, Álvaro Delgado, durante el acto lanzamiento de su campaña. Fotos: Javier Calvelo / adhocFOTOS
“Dame cinco minutos y nada más / Solo cinco minutos y así verás / Mirándome a los ojos que no te mentí /que mi amor es todo solo para ti”, canta Lucas Sugo y los militantes blancos deliran en el Palacio Peñarol. Esta es la previa. La antesala musical de una prueba de fuego política para el precandidato del Partido Nacional y exsecretario de Presidencia, Álvaro Delgado. El popular cantante va calibrando los ánimos y subiendo la temperatura de un público embanderado que aguarda ansioso por el único orador de la jornada en su primer gran acto de masas. Sugo se trepa al entusiasmo de las tribunas y se le anima –un poco, con cierto pudor– al rito nacionalista, a la famosa liturgia blanca. Entona las primeras estrofas de Como un jazmín del país, pero se detiene justo y estratégicamente antes de llegar a decir “Yo me voy con Aparicio”.
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“No quiero mezclar las cosas”, se disculpa. Habla tímidamente de algún vínculo familiar con el Partido Nacional, pero busca evitar que todo eso quede “muy alevoso”. Reivindica la independencia del artista de los partidos políticos. Y la gente aplaude. Lucas Sugo canta una más. Es sábado 16 por la tarde. Hace calor en el Palacio. Suda el senador Sergio Botana, uno de los más enérgicos abajo del escenario. Suda también el intendente de Colonia, Carlos Moreira, que intenta seguirle el ritmo a la canción. Hace palmas el subsecretario del Ministerio del Interior, Pablo Abdala. Arengan y bailan a su lado el subsecretario de Ambiente, Gerardo Amarilla, la exintendenta de Lavalleja, Adriana Peña. Mira todo de reojo, casi camuflado en un sector oscuro, buscando un poco de aire, el diputado Rodrigo Goñi. Dispersa por los rincones del recinto está buena parte de la plana mayor del actual gobierno. Está la vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón. Hay legisladores, ministros, exministros, subsecretarios, intendentes, directores de entes. Delgado lanza finalmente su campaña. Se presenta como candidato. Se enfrenta a un auditorio repleto. Y por eso todo este despliegue.
Es una puesta en escena, una muestra de musculatura militante bastante similar a la que hizo el hoy presidente Luis Lacalle Pou cuando se postuló por primera vez en 2014 en este mismo Palacio Peñarol. Hay previsibles puntos de conexión. Caras que se repiten en los comandos. Pero también hay muchas diferencias. En ese momento, Lacalle Pou era el retador. Primero en una carrera interna contra el favorito, Jorge Larrañaga y después en otra nacional contra el también favorito, Tabaré Vázquez. El camino de Delgado es distinto. Abrigado por el calor del poder y la gestión de gobierno, señalado como el delfín del presidente, va primero y despegado en las encuestas rumbo a las elecciones de junio. Y acaso imbuido de ese ánimo triunfalista, en el acto del Palacio Peñarol pareció saltearse una etapa. Buscó mostrarse de entrada como presidenciable, como si la interna estuviera superada.
“Ahora llegó el momento de presentar al candidato de Presidencia, Álvaro Delgado”, anuncia la presentadora del evento. Un lapsus involuntario. Pero sí. Delgado es el candidato de la Torre Ejecutiva. Y su bautismo como líder está por comenzar.
Segundo piso
Salió al escenario acompañado de su esposa y sus tres hijos. Estuvo un largo rato saludando a la militancia de los distintos sectores que están bajo el paraguas del flamante movimiento Uruguay para Adelante. Habló por cerca de una hora. Y dejó bien clara la intención de continuidad expresada en su candidatura. Luego de los saludos de rigor, a los pocos minutos de su discurso, llegó la primera referencia a Lacalle Pou, que según una encuesta de la consultora Equipos, difundida el miércoles 20, ostenta un 49% de aprobación de gestión a menos de un año que termine su mandato.
En su discurso, Delgado recordó la génesis de la agrupación que los llevó a la Torre Ejecutiva. Y, era inevitable, mencionó las crisis que tuvieron que enfrentar desde que asumieron. Habló de la pandemia: “Nos permitió entrar todos los días a la casa de todos los uruguayos para contarles y decirles la verdad. Lo bueno y lo no tan bueno. Pero dando la cara, haciéndonos cargo, cuidando a la gente. Y eso fue lo que hicimos en la pandemia, en la sequía, en el déficit hídrico del invierno, cada vez que había un problema que permeaba al Uruguay”. Dijo que ese encare, esa gestión de crisis, es el “principal activo” que le da “credibilidad” para “pedir de nuevo la confianza” y describió a las próximas elecciones como una “oportunidad histórica” para que Uruguay siga “avanzando”. Destacó logros, entre ellos que “Uruguay pasó de destruir el empleo a crear empleo” y subrayó un “aumento del salario y una baja de los impuestos”.
“El Uruguay pasó de negarse a discutir la reforma más importante que tenía por delante, a encararlas todas, porque queríamos asegurarle a Uruguay el futuro. Uruguay pasó de tener un gobierno condicionado por las cúpulas sindicales, a ritmo de asamblea, a tener un liderazgo con diálogo, nítido, que nos marca el rumbo y que nos aseguró la libertad”, siguió. De esa manera dejó el pie para la segunda guiñada a Lacalle Pou: “la libertad responsable”, porque así la usó la gente, dijo. De inmediato acusó a la oposición de “negarse a todo y no proponer nada alternativo”.
“No es capaz de reconocer un logro del gobierno a pesar de tener la mayor cantidad de trabajadores de la historia. Récord de uruguayos trabajando, esa es la realidad”, sostuvo. Pidió “mirar para adelante en base a lo logrado” y propuso “construir un segundo piso de transformaciones para convertir a Uruguay en el país más desarrollado de América Latina”. Dijo que se puede encarar “un salto al desarrollo” gracias a los cimientos en los que están ahora parados. Habló de cuestiones económicas. Dijo que con “responsabilidad fiscal y económica”, le cuidó “la plata a los uruguayos”.
“Bajamos el déficit, bajamos la deuda, bajamos la inflación a la mitad, bajamos el informalismo, aumentamos la inversión, generamos 80.000 puestos de trabajo más, aumentamos el salario real”, enumeró. La ministra de Economía, Azucena Arbeleche, aplaudió detrás de él, sentada en la primera fila del escenario. Destacó la noticia sobre la mejora en la calificación de riesgo internacional. Y reconoció y le agradeció al equipo económico liderado por Arbeleche.
“Ahora podemos dar el salto a la competitividad. (...) Ese es el segundo piso de transformaciones en materia económica”, puntualizó. Y reiteró que no iba a subir los impuestos para lograr esto. Luego habló sobre la seguridad ciudadana. Destacó el “freno a la suba constante de delitos” y prometió una lucha frontal contra el crimen organizado y el narcotráfico con la promesa de la creación de un Grupo Antimafia como el que opera en Italia.
Delgado ofreció “rumbo”, “certezas” y “previsibilidad”. El modelo “funcionó”, aseguró y entonces llamó a “reelegir” al gobierno porque “da garantías”, antes de envolverse en una bandera de Uruguay, y no en una del Partido Nacional.