—Hemos estado discutiendo los proyectos que han venido del Poder Ejecutivo: la reforma de la Caja de Profesionales Universitarios y la Rendición de Cuentas. Esta semana estuvieron las medidas para la frontera y nuestras contrapropuestas. Y también vamos a conversar sobre el proyecto de ley para (la regulación de) la eutanasia.
—¿Habrá libertad de acción?
—Total. Este es un partido liberal donde en temas de conciencia hay un respeto absoluto.
—Es el mismo partido donde en 2011 se aplicó la disciplina partidaria contra la despenalización del aborto.
—Yo no estaba en el Parlamento, pero entonces hubo una decisión de un sector político…
—Vamos Uruguay.
—Fue en otra etapa. En los diferentes asuntos los legisladores nos informamos y votamos según nuestro parecer. Siempre es bueno que antes de votar sepamos quiénes están a favor y quiénes no.
—Usted en particular ha estado activo en la reforma del Código del Proceso Penal (CPP), también en la negativa a la creación de un ministerio de justicia.
—Estoy de acuerdo con modificar (el CPP). Se ha demostrado que no ha funcionado bien, que se priorizó encontrar a un culpable antes de la verdad material de un delito. Eso está inserto en el accionar del actual prosecretario de Presidencia (Jorge Díaz). Él fue el gran promotor de su CPP, terminó convenciendo a todo el sistema político de sus bondades, las que luego demostraron no ser tales. Ahora quiere instalar la idea de que Uruguay está atrasado porque no tiene un ministerio de justicia. No hay ningún argumento de peso que establezca esa necesidad. Cuando se habla de la ineficiencia de algunos servicios lo único que hay que hacer es fortalecer los servicios del Poder Judicial.
—¿No hay un cuestionamiento burocrático?
—No, es jurídico y político. Sobre todo lo primero, porque cuando se pone énfasis en lo que no sería el ministerio de justicia se está abriendo el paraguas para que no lo confundan con el Poder Judicial. Eso no es lo habitual: cuando uno crea un organismo se indican cuáles son sus cometidos. Si se abre el paraguas es porque se sabe que hay resistencias muy fuertes a una posible injerencia en el Poder Judicial. En lugar de eso, se pueden nuclear algunas reparticiones del Estado en un servicio descentralizado sin que suponga mayores erogaciones.
—Eso sí es burocrático.
—Pero también de diseño institucional. Es más sano. Depender de una secretaría de Estado siempre da lugar a suspicacias de manejo político y lo único que podés hacer es llamar al ministro al Parlamento. En cambio, poner determinadas reparticiones dentro de un mismo servicio descentralizado, con autonomía y control por parte de los partidos políticos que integren su consejo directivo, es muy distinto.
—¿Cómo se entiende entonces que la creación de un ministerio de justicia haya estado en el programa electoral del Partido Colorado?
—Cuando esto se propuso, el hoy senador Ojeda era el representante del Partido Colorado en la mesa interpartidaria sobre seguridad. En un intercambio dejé sentada mi posición contraria como diputado, abogado y exfuncionario del Poder Judicial. Creo que es una herramienta muy peligrosa que siempre va a depender de la buena o mala voluntad de quien la dirija. Eso fue incluido en el programa sin que mediara una resolución de la Convención (Nacional del Partido Colorado), por lo que yo no me siento comprometido.
Conrado Rodríguez
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—Nombra a Ojeda, ¿no hay mucha fricción entre los dos grandes grupos colorados?
—Más allá de que han existido algunos cortocircuitos, que han sido públicos y notorios, en los proyectos de ley terminamos siempre votando lo mismo. Se ha dado en los últimos tiempos una situación anómala, que un sector tenga mayoría en los ámbitos partidarios y otro (Vamos Uruguay) en los parlamentarios. Eso no es lo usual: quien generalmente gana la interna luego se transforma en la fuerza mayoritaria en octubre. Hay que definir los ámbitos de actuación y sus competencias. El Comité Ejecutivo Nacional colorado tiene funciones muy claras que son ejecutar las políticas que define la Convención Nacional y, en todo caso, generar debates e intercambios para luego a su vez nutrir el orden del día de la Convención Nacional. También es un ámbito de representación. Y por otro lado tenés el ámbito parlamentario, donde se definen los asuntos legislativos. Lo que no puede pasar, y pasó, es que el ámbito partidario asuma las competencias del ámbito legislativo y viceversa. Si los ámbitos están claros, los chisporroteos se van a aminorar.
—¿Eso no minimiza al partido?
— No. Hubo dos elecciones distintas. Una cosa es la elección interna de los partidos políticos, donde participa menos de la mitad de la ciudadanía, y luego el ámbito de representación surgido tras una elección nacional obligatoria.
—¡Eso minimiza más todavía al partido!
—No, no. ¡Más colorado que yo no hay! Pero no podés minimizarle el ámbito de actuación parlamentaria, donde se negocia en una comisión, donde se reciben delegaciones y se terminan asumiendo posiciones, a un partido de matriz liberal.
—¿Quedó alguna herida interna en el partido o en el sector por el tema de la “caja de profesionales”?
—No lo calificaría así. Sí me quedó el sinsabor de que fue un parche, que no pudimos abordarlo con toda la profundidad que hubiéramos deseado porque no teníamos tiempo para una solución más a largo plazo. Eso es lo único que cuestiono.
—Estuvo muy involucrado en el asunto y quedó la sensación de que la postura suya y la de su compañero de bancada, Adrián Juri, que estuvieron en la comisión que trabajó el tema, sufrieron muchas modificaciones.
—Bueno, yo presenté varios artículos que fueron plasmados en el proyecto. Me parecía que la propuesta del Poder Ejecutivo era mucho más severa de lo que había sido el proyecto del 2023 y que no incorporaba algunos elementos que ayudaran a ensanchar la base de aportantes a la caja. Finalmente se terminó creando un impuesto mucho menor al inicial que traía el Poder Ejecutivo, que lo peleamos bastante.
—Es sabido que el senador Pedro Bordaberry, el líder de su sector, tiene una gran capacidad de trabajo. ¿Es posible seguirle el tren? Da la sensación de que a sus legisladores les exige.
—(Piensa). Es su forma de ser. Es muy trabajador, muy inteligente, está haciendo propuestas constantemente. Y él quiere imprimirle esa impronta al sector. Además, él tiene la costumbre de levantarse muy temprano. Y si bien uno se levanta temprano, no lo hace tan temprano. Y él empieza a trabajar desde muy muy temprano a la mañana.
—¿Qué expectativa tiene con el Presupuesto?
—Creo que el ministro (de Economía Gabriel) Oddone va a tener muchas dificultades. Ha dicho constantemente que quiere generar las condiciones para el crecimiento de la economía. Y por otro lado, diferentes sectores del Frente Amplio y organizaciones sindicales obviamente presionan por aumentos. Es claro que la situación fiscal que relata el Ministerio de Economía no permite contemplar todos los pedidos. Si hay debilidad fiscal y luego hay aumentos, habrá evidentes contradicciones.
—¿No fue un error del partido no haber ido al Diálogo Social? Su padre (Renán Rodríguez) es el referente colorado en el tema.
—Uno no se puede negar a dialogar, pero la propuesta del Poder Ejecutivo, en la que los partidos políticos eran meros testigos, con ocho representantes en 22, no se podía llevar. En eso coincido con la resolución del partido. En la previa había dicho que si participábamos tenía que ser con la condición de no tratar una nueva reforma previsional, porque eso sería tomarle el pelo a la gente. Eso ya se discutió y fue un proceso muy largo que la gente terminó ratificando: 62% entendió que no tenía que modificar el sistema mixto ni la ley del año 2023. Lo que a mí me sorprendió es que el gobierno no hubiera hecho una contrapropuesta.
Conrado Rodríguez
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—¿Cómo evalúa la marcha del gobierno?
—Ha tenido dificultades que han aflorado por designaciones de gente que evidentemente no está preparada para esos cargos de responsabilidad. Después hubo situaciones increíbles como la del pasaporte, la que demostró un cierto grado de soberbia del canciller, Mario Lubetkin, de no querer reconocer un error. Me pareció correcta la postura del presidente de enmendar los errores que haya, pero su funcionario no la aplicó hasta que la opinión pública y la realidad le cayeron encima. Por un lado veo mucha improvisación; por otro, gente que no está preparada. Y en el Parlamento preocupa la escasez de proyectos del Poder Ejecutivo; tanto nos preocupa que le planteé al coordinador del Frente Amplio para ver si podíamos acelerar, por lo pronto, la discusión de proyectos de la oposición.
—¿Y el momento del Partido Colorado?
—Este es un momento donde se tiene que plantear varias cosas: afianzar la identidad colorada y fortalecer la mística colorada sin abjurar de determinados instrumentos de cara al futuro. Pero particularmente no estoy de acuerdo con el lema único para la elección nacional (de 2029). Sería un gran error, aunque hasta ahora no he escuchado a nadie que lo haya planteado. Pero, como siempre hay un runrún sobre el tema, yo estoy en desacuerdo.
—Nadie lo ha dicho, cierto, ¿pero no es indicador de algo que ya exista un movimiento de no fusionistas?
—Eso me extrañó porque no he visto a ningún dirigente, en ningún cargo, de ninguno de los sectores, que diga de ir para eso. Me llamó la atención la insistencia en congregarse de los no fusionistas.
—Pero usted mismo saca el tema y señala la existencia de ese runrún. ¿Por qué?
—No sé, pero para despejar cualquier incógnita: no creo que sea bueno que ocurra. La coalición se fortifica por los distintos perfiles que representa. Esos perfiles hacen que puedan llegar a distintos colectivos y ensanchar su base de legitimidad, su base electoral. Ahora, un único lema que provoque que las dirigencias de los partidos empiecen a entrecruzarse provoca que esos matices ideológicos e históricos queden totalmente de lado y que el ensanchamiento electoral se achique. Es contraproducente.