—La Senad es concebida como el organismo clave de Paraguay para la lucha contra el narcotráfico. ¿Es así?
—Sí, nosotros tenemos el pilar de reducir la oferta y la demanda en todo el país a través de la prevención y la represión, por lo que aplicamos la política antidrogas a nivel nacional, damos los criterios en la lucha contra el narcotráfico, tanto a gran escala —local y transnacionalmente— como del microtráfico y narcomenudeo. Desde que estoy en el cargo hemos intentado llevar adelante cambios en lo administrativo y en lo operativo para mejorar esa lucha. El organigrama anterior era funcional a un sistema neta y exclusivamente político, con dependencias y cargos que no tenían razón específica o se superponían con otras dependencias. Eliminamos algunas dependencias, cambiamos recursos humanos y estamos intentando ser más eficientes en nuestro objetivo.
—El Ministerio del Interior y la Policía Nacional de Uruguay no tenían una relación tan fluida con sus pares paraguayos hasta que comenzaron a investigar a Sebastián Marset. ¿Es correcto?
—Sí, en la Senad se comienza a dar ese vínculo a partir de Marset, lógicamente, porque es uruguayo. Pero creemos que continuará ante la necesidad de enfrentar la modalidad de utilizar el comercio marítimo para el tráfico nacional de drogas. Al estar tan afectado Uruguay con este esquema, el tráfico de información entre ambos países cambió a favor, positivamente, con estas situaciones. El entonces ministro Luis Alberto Heber nos visitó aquí para entablar una política a futuro entre ambos países y tenemos pendiente una visita nuestra para encarar juntos esta problemática.
Sebastián Marset Cabrera
Sebastián Marset Cabrera, narcotraficante uruguayo
—La Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos fue la que ejerció de nexo entre la Senad y la Policía de Uruguay. ¿Es aún nexo entre ambas instituciones?
—La Senad trabaja con muchas fuerzas de seguridad de otros países. Con la Policía Federal de Argentina, con la Policía Federal de Brasil, con la Policía de Investigaciones de Chile, por ejemplo, y con el gobierno de Estados Unidos lo hacemos a través del Programa SIU, una iniciativa global mediante la cual la DEA asiste a países a establecer unidades especializadas dedicadas al tráfico de estupefacientes y el lavado de activos. La DEA efectivamente actuó en 2022 en el caso A Ultranza PY, por el cual la Senad investigó y accionó contra la organización de Marset. Fue una investigación que se llevó a cabo a través de la cooperación internacional, entre ellos, con Uruguay, y a través de la DEA.
—Usted mencionó que el exministro Heber pretendió profundizar la relación de Uruguay con la Senad. ¿El nuevo ministro Nicolás Martinelli se contactó con ustedes?
—Con Heber se generó esa crisis política en Uruguay por el tema del pasaporte de Marset y se terminó yendo del Ministerio del Interior, pero de todas formas logramos mantener el vínculo, la cooperación y el intercambio de información fluida con Uruguay. Como dije, uno de los temas que nos interesa es el esquema del narcotráfico trasnacional marítimo, y trabajar con Uruguay nos permite estudiar el perfilamiento de los contenedores que se usan para esconder cargas de drogas.
—¿Considera que Uruguay ya se estableció como una ruta usual de tráfico de cocaína internacional en el nivel de otras rutas históricas globales?
—El esquema existe en la región, pero también hay una problemática muy grande en Uruguay con relación al microtráfico y el narcomenudeo. Se están dando casos de sicariato ahí que antes no ocurrían, que eran inconcebibles. Uruguay pasó de ser uno de los países más seguros del mundo a tener un poco comprometida su seguridad interna, justamente debido a la problemática del microtráfico y el narcomenudeo. Porque, más allá del tráfico internacional, lo que genera el problema social de violencia es el microtráfico y el narcomenudeo.
—¿Han discutido esto con el gobierno uruguayo?
—Acá en Paraguay se tomaron medidas drásticas contra el clan Rotela, una organización que manejaba el microtráfico de todo el país desde las cárceles. Ocurre en Uruguay el mismo fenómeno que ocurrió acá en Paraguay respecto a eso. El microtráfico y el narcomenudeo generan problemas desde el lado social, desde el lado de salud mental, desde el lado ambiental. Creo que, aparte del tráfico internacional de drogas, a nivel regional deberíamos enfocarnos en esto y semanas atrás en el Mercosur hablé de esta necesidad.
—Recientemente se comunicaron con la Policía Nacional de Uruguay ante la posibilidad de que una megacarga de cocaína encontrada en Asunción, con destino a Bélgica, pudiera involucrar a Marset. ¿Confirmaron algo al respecto?
—Puede ser que haya algún que otro elemento de la organización de Marset, pero el caso es muy reciente y muy complejo, y cada vez se agranda más. Seguimos investigando pero hasta el momento no tenemos nada concreto sobre su organización. El tema es que la incautación deriva en el mismo esquema de tráfico marítimo del que hablamos, el que supo coordinar Marset en varias oportunidades: una logística local asociada a una estructura internacional que recibe la droga en el puerto de destino final en Europa.
—Más allá de este caso, ¿creen que Marset mantiene activas sus operaciones de narcotráfico?
—Al estar prófugo está limitado para seguir realizando sus actividades de manera tan abierta como antes. Hay posibilidades de que siga trabajando, pero estar prófugo es un problema para él. Trabajar abiertamente sin una orden de captura internacional no es lo mismo que hacerlo con cientos de países en alerta, buscándote.
—¿Dónde creen que está?
—Hay un indicio muy fuerte de que esté o pueda haber estado en Dubái porque su señora fue aprehendida en España cuando venía de un vuelo desde Dubái. Y si hay algo que lo caracteriza a Sebastián Marset es que siempre estuvo rodeado de su círculo íntimo, de su familia más allegada, entonces ese es un indicio de que pueda estar ahí. Pero tampoco podemos descartar que sea una estrategia, un despiste, que sacrifique a uno de sus elementos de más confianza como su esposa para despistar.
—La defensa sostiene que Paraguay no tiene pruebas que demuestren que su esposa efectivamente forme parte de la organización de tráfico y lavado de activos.
—El proceso de extradición recién comenzó. Ellos no están de acuerdo con que sea extraditada a Paraguay desde España, pero hay una causa penal abierta, es una causa muy grande y muy importante en donde ella está imputada. Y la mejor manera de ejercer su defensa es presentándose aquí en Paraguay. No hay otra forma, no se puede litigar a distancia o estando en rebeldía.
—Marset está hace más de dos años prófugo. En Uruguay creen que, si la DEA se suma activamente a su búsqueda, será más fácil encontrarlo. ¿Qué rol ha tomado Estados Unidos?
—Es de interés de ellos porque hace poco fue extraditado a Estados Unidos uno de sus elementos logísticos más importantes dentro de su estructura, Federico Santoro, que también es uruguayo. Esta persona era la encargada de recibir los maletines de dinero, las sumas de dinero, y blanquearlos en el mercado legal, y uno de esos medios de blanqueo afectó el sistema económico-financiero de Estados Unidos, por lo cual justamente lo extraditan. Es dinero proveniente del narcotráfico que utilizó transferencias, tokens y otros mecanismos del sistema estadounidense.
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—¿Esto hace que se le esté “cerrando el círculo” a Marset, como dijo el ministro del Interior paraguayo, Enrique Riera?
—Y en algún momento va a caer porque no puede estar corriendo siempre. La historia así lo marca. En algún punto de la región creo que va a caer. Él es un objetivo de altísimo valor estratégico para el continente. Es un objetivo de Uruguay, de Brasil, de Bolivia, de Paraguay, de todos los países que recorrió, es el centro de A Ultranza PY, una operación histórica que marcó un antes y un después.
—¿Marset era efectivamente el centro de esa investigación, era el líder de la organización o compartía ese rol con la familia Insfrán?
—Era una estructura muy grande y muy compleja donde claramente el clan Insfrán también era importante: está demostrado que por su grado de participación ellos eran estratégicos para todo el funcionamiento de la organización. Pero Marset también lo era, por lo cual sin duda representa la cabeza de esta organización.
—¿Existe como tal el Primer Cártel Uruguayo (PCU), del que Marset se atribuye su creación y liderazgo?
—Yo mencioné un rasgo de la personalidad de Marset, que es que es una persona que no puede estar muy lejos de su círculo familiar. Pero además estamos hablando también de una persona egocéntrica, entonces por ahí podría venir la mano del PCU. Fíjate que él siempre genera entrevistas, envía audios, hace ruido... Es bastante mediático, le gusta ostentar, hacer fiestas grandes, jugar al fútbol, codearse con gente de la alta sociedad. Creo que por ahí podría venir la mano.